LA PRESCRIPCIÓN CON LM

El uso de las potencias LM desarrolladas por Hahnemann en los últimos años de su vida es todavía poco frecuente. La mayoría de los homeópatas no las usan habitualmente y en algunos casos reconocen no saber cómo indicarlas. Salvo que uno tenga la oportunidad de encontrarse con un médico avezado en el manejo de las mismas y que nos anime a seguir las pautas señaladas en la sexta edición del Órganon, lo más habitual es indicar otro tipo de potencias. Por este motivo considero importante la elección de este tema como uno de los ejes fundamentales de estas Jornadas Nacionales de Homeopatía. Para contextualizar el tema y desarrollar los resultados de nuestra experiencia vamos a tomar como referencia las menciones explícitas del creador de la homeopatía a los últimos resultados de sus investigaciones. Hahnemann dedicó cincuenta y tres años de su vida a dar forma al método terapéutico que llamó homeopatía. Esto quiere decir un proceso, en todos los sentidos, de búsqueda permanente de un medio para curar, con dos objetivos fundamentales que están recogidos en los parágrafos 2 y 3 del Órganon: restituir la salud de manera rápida, suave y duradera, siendo necesario para ello percibir lo que debe ser curado en cada caso individual de enfermedad, lo que hay de curativo en las medicinas y adaptar esto último, según principios claramente definidos. Esta adaptación concierne a la aplicación de la medicina más adecuada, al modo de prepararla, a la cantidad que se requiere y al período más conveniente para repetirla. A lo largo del proceso de conformación del método y después de observar las reacciones que se producían al tomar los medicamentos de una u otra forma, Hahnemann fue variando la forma de preparar los remedios y las dosis que indicaba de los mismos. En la sexta edición del Órganon hace referencia explícita al uso de las L.M porque en los últimos años de su vida, consiguió un manejo más adecuado y preciso de los medicamentos homeopáticos mediante el uso de estas potencias. En la última edición de su obra señala cómo deben aplicarse y los beneficios conseguidos con lo que considera un método más perfeccionado. Si todo está suficientemente indicado en la obra de Hahnemann la pregunta sería ¿por qué no se usan las LM de forma más general? Quizás sea importante recordar que esta sexta edición del Órganon no fue publicada hasta 1921. A pesar de que el Dr. Hering intentó comprar los derechos del legado literario de Hahnemann a la Sra. Boenninghausen en 1880, la realidad es que las últimas aportaciones del creador de la homeopatía no vieron la luz hasta la fecha indicada. Esto quiere decir que la tradición homeopática se curtió en el uso de las potencias centesimales, referidas por Hahnemann en la quinta edición del Órganon y ratificadas por sus discípulos más destacados. Este hecho justifica de algún modo el uso limitado en la actualidad de las potencias L.M., ya que en la formación como homeópata, en muy pocos casos el médico va a encontrar quien le hable del uso de dichas potencias. En mi caso fue la dilatada experiencia del Dr. Giampietro, la que me sirvió de estímulo para iniciar mi propia experiencia y comprobar los resultados por mí misma. Pero de forma general, podemos decir que se sigue prescribiendo según la quinta edición del Órganon, soslayando las aportaciones que Hahnemann nos proporciona en la sexta edición. Antes de entrar en la experiencia personal con el uso de las L.M durante los últimos diecisiete años de mi práctica homeopática, quiero recordar algunos parágrafos en los que Hahnemann es muy claro respecto al uso de estas potencias. En el parágrafo 246 señala que la medicina debe ser perfectamente homeopática y muy potentizada, disuelta en agua y dada en pequeñas dosis de acuerdo a lo que la experiencia ha enseñado como más apropiado y a intervalos definidos a fin de lograr una más rápida curación, pero con una precaución: que el grado de cada dosis varíe en algo respecto del de la dosis precedente y que también varíe el grado de la próxima, a fin de que el principio vital que habrá de ser alterado por una enfermedad medicinal similar no sea excitado hacia reacciones desfavorables y tumultuosas, como ocurre siempre que se repiten rápidamente dosis sin variación alguna. En la nota 132 a este parágrafo aclara la diferencia de lo que ha dicho en la quinta edición respecto a esta sexta en la que señala que la misma medicina puede ser ahora indicada diariamente y durante meses si fuere necesario, de este modo: una vez que el grado inferior de potencia haya sido usado durante una o dos semanas en el tratamiento de la enfermedad crónica, del mismo modo se avanzará hacia graduaciones superiores, comenzando con el uso de los grados inferiores de acuerdo al nuevo método de dinamización que aquí se enseña. En la nota 156 del parágrafo 270 indica que después de muchos experimentos pudo comprobar que la acción de la preparación lograda de este modo (se refiere a las LM) acusa máximo poder y la mayor suavidad. Aplicando estas pautas en la práctica clínica podemos decir que la indicación de un medicamento homeopático, seleccionado después del estudio conveniente del paciente, la iniciamos por aquella potencia que consideramos adecuada al caso, una 3, 6, 9, 12 ó 15 LM, y la vamos cambiando cada tres o cuatro semanas, subiendo de tres en tres o según la necesidad de seis en seis en las primeras tomas del medicamento. En algunos casos se puede variar también de uno en uno, la experiencia general con esta última forma es que el efecto secundario curativo de la fuerza vital tarda más tiempo en manifestarse, pero no quiere decir que en algunos casos pueda ser más conveniente. En el parágrafo 247 Hahnemann advierte que no tiene sentido repetir la misma dosis de un remedio sin haberla variado...pero si la dosis subsiguiente fuera modificada ligeramente cada vez, es decir, potentizada algo más[1], entonces el principio vital podría ser alterado sin dificultad por la misma medicina y así se aproximaría a la curación. En el 248 indica las pautas de repetición: en enfermedades prolongadas se puede dar diariamente o cada segundo día, en casos agudos cada dos a seis horas y en casos muy urgentes cada hora, incluso con más frecuencia. Por tanto, en las enfermedades crónicas, toda medicina homeopática elegida correctamente puede ser repetida diariamente durante meses con beneficio creciente, cambiando la potencia cada cierto tiempo. En el tratamiento de las enfermedades crónicas, encontramos que se puede indicar el medicamento en LM de forma diaria en los siguientes casos: - Cuando son cuadros de largo tiempo de evolución. - Si se trata de pacientes que han recibido anteriormente mucha medicación alopática. - Cuando el caso tiene mucha sintomatología mental. Cada 15 ó 20 días, se puede cambiar la potencia aumentando progresivamente su escala hasta que se produzca una mejoría notable y estable. En este caso, se puede disminuir la frecuencia de administración e incluso suspenderla por un tiempo, pasando a indicar las potencias siguientes, si todavía hay síntomas de la enfermedad, en dosis únicas, progresivas y con intervalos de 20, 25 ó 30 días. En el caso de que se desencadene una agravación de los síntomas hay que suspender la administración del medicamento. La fuerza vital nos está indicando entonces que ya no necesita más estímulo. Al principio de este mismo parágrafo (248) indica que se puede dar al paciente una o varias dosis (aumentando gradualmente) de cucharadas de las de té. Sobre este aspecto puedo decir que al principio de mi práctica con estas potencias, indicaba a los pacientes un aumento gradual del número de gotas según iban pasando los días: el primer día una gota, el segundo dos, el tercero tres y así sucesivamente. El resultado general es que había agravación en la mayor parte de los casos según se iba aumentando el número de gotas. Buscando la dosis más apropiada que fuera capaz de poner en marcha la reacción curativa de la fuerza vital, encontré que una gota del medicamento diluida en una cucharada de agua y repetida cada día o cada segundo día, previa sucusión del frasco unas 10 veces, era la cantidad mínima necesaria para provocar un efecto secundario curativo. En los casos agudos pueden indicarse potencias LM más bajas y repetidas con mayor frecuencia, a intervalos más cortos hasta que la mejoría de los síntomas es evidente. La indicación del medicamento diluido es mucho más potente y apropiada para ser indicada de forma más continua (parágrafo 272). Si estamos ante pacientes muy sensibles, en los que a la toma del remedio le sigue una agravación inicial de los síntomas, entonces es preciso rebajar la dosis haciendo una doble dilución, incluso triple: Una gota en una cucharada de agua, de ahí extraer de nuevo una gota a otra segunda cucharada de agua, tomando esta última. También se puede diluir una gota del medicamento en 5 cucharadas de agua o en 10 y de ahí tomar sólo una cucharilla. Sin embargo, en algunos casos es preciso indicar la dosis única: un solo glóbulo colocado sobre la lengua o bien diluido en dos cucharadas de agua. En casos de enfermedad moderada, también en pacientes muy sensibles que no han tolerado la forma diluida. La dosis debe ser la adecuada a cada caso particular teniendo en cuenta el grado de sensibilidad general que muestra el paciente a partir de los datos de su historia. También hay que valorar si ha tenido tratamientos alopáticos de larga duración, el grado de afectación de la enfermedad crónica, si es un paciente funcional o por el contrario si tiene alguna lesión importante en órganos vitales. Es importante buscar LA POTENCIA ADECUADA EN LA DOSIS MÍNIMA NECESARIA Y CON LA DINAMIZACION PRECISA para desencadenar en la fuerza vital, por el efecto primario del medicamento, un efecto secundario curativo capaz de producir una enfermedad artificial, semejante a la que padece el enfermo, pero más fuerte y con capacidad para eliminarla. Siguiendo las indicaciones de la ley de acción mínima enunciada por Maupertuis (1698-1759) en 1744: “La cantidad de acción necesaria para efectuar cualquier cambio en la naturaleza es la menor posible, la cantidad decisiva es siempre un mínimo, un infinitésimo”. Hahnemann lo indica en los parágrafos 275 y 283 cuando dice que la adecuada prescripción de una medicina no consiste sólo en su ajustada selección homeopática, sino también en acertar con la magnitud apropiada –mejor sería decir la pequeñez- de la dosis. Cuando se trata de enfermedades mentales es conveniente empezar por potencias más altas y subir con mayor rapidez hasta llegar a provocar el cambio de los síntomas (parágrafo 221). En estos casos la observación y la experiencia me permitieron alcanzar una mayor flexibilidad en la indicación de la primera potencia, al comprobar que los pacientes que estaban muy afectados mentalmente, necesitaban potencias más altas para experimentar la mejoría. Para hacer las sucesivas prescripciones con LM debemos tener en cuenta el estado general del paciente, la evolución de los síntomas guías del caso y valorar si la ley de curación se ha puesto en marcha. Podemos encontrarnos con diversas situaciones: - Aparición de síntomas nuevos. En este caso la mayor parte de las veces nos indica que el medicamento no es el apropiado (parágrafo 249), sin embargo, si hay una mejoría general del paciente y los síntomas no son de gran intensidad y pertenecen al remedio, entonces es mejor disminuir la dosis y seguir subiendo la potencia. - Aparición de síntomas antiguos. En este caso hay que continuar con el medicamento porque es un indicador importante de la ley de curación. Cambiar la potencia progresivamente y esperar que se produzca la agravación final. - Agravación de los síntomas guías. En este caso hay que disminuir la cantidad de medicamento pasando a una doble o triple dilución o bien a dosis única. - Agravación cuando se hace el cambio de potencia. Si hay una mejoría estable y al cambiar la potencia se produce una agravación mantenida entonces debe suspenderse el medicamento y esperar. En ocasiones sólo hay que disminuir la dosis, en otros casos puede tratarse de una agravación final. Si la agravación sólo es inicial y cada vez que se hace el cambio de potencia, entonces hay que disminuir la dosis. A modo de resumen de todo lo que hemos expuesto establecemos las siguientes conclusiones: - La prescripción de las potencias LM permite controlar mejor la evolución de las enfermedades crónicas. El abanico de posibilidades que ofrece es más amplio y proporciona una mayor flexibilidad en la indicación de los medicamentos. - El control del caso es diferente al uso de las centesimales. Hay que observar muchos matices en la evolución que afectan a la potencia y a la dosis que se deben prescribir. - El medicamento se puede indicar en la forma diluida y en dosis única. En la forma diluida se puede observar la mejoría paulatina desde el principio y se puede indicar si el caso lo requiere durante mucho tiempo de continuo variando la potencia cada 15 ó 20 días. La dosis única se puede indicar en pacientes sensibles y en caso de enfermedad reciente y moderada. - En todos los casos se empieza por las potencias más bajas y se sube paulatinamente, si bien la potencia más baja debe ser la apropiada a cada situación, siendo más alta en el caso de enfermedades mentales. - El uso de las LM permite controlar mucho mejor las agravaciones y la manifestación del efecto primario de la fuerza vital. - Con las LM se puede producir una agravación final que indica la necesidad de suspender el medicamento. - Si hay agravación inicial hay que valorar si va seguida de mejoría, en cuyo caso hay que disminuir la dosis; si no hay mejoría hay que valorar si la potencia resulta alta. Después de la experiencia adquirida estos años y tras observar los excelentes resultados con el uso de estas potencias, recomendamos el estudio minucioso de la sexta edición del Órganon como guía fiel para la indicación de las LM y animamos a todos aquellos que no han encontrado quien les diga que merece la pena comprobarlo. Imitemos a Hahnemann y como él mismo decía, imitémosle bien. [1] Hahnemann remite aquí a los parágrafos 269 y 270, en este último se refiere de forma explícita al modo de obtención de las potencias LM. Este es otro parágrafo que difiere totalmente de lo expuesto en la quinta edición. Autora: Dra. Inmaculada González-Carbajal García. Publicado en la Revista Española de Homeopatia. 2003, 15: 31-34.