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EN RECUERDO del Dr. Josep Maria Queralt i Soler, médico homeópata

En otoño o en primavera-

¿Qué importa?

En la juventud o en la vejez-

¿Qué más da?

De todas maneras desaparecerás

en la imagen de la Totalidad

Tú desapareciste, has desaparecido

ahora, hace un instante

o hace mil años

Pero Tu desaparición

persiste

 

               Gunnar Ekelöf.- “Diwan”.

 

                        Nuestro amigo

Nuestro compañero

Nuestro colega

Nuestro maestro

Ha desaparecido

Ha desaparecido para siempre

Pero Su desaparición

Persistirá para siempre.

 

Fue un pionero en nuestro campo

Conoció y aprendió

de muchos grandes de la Homeopatía:

Paschero, Eugenio Candegabe, Masi Elizalde, Ortega,…

y tantos otros.

 

Formó parte del primer grupo español de Homoeopathia Europea (H.E.),

el grupo Sepia, bajo el liderazgo de Jacques Imberechts,

que también nos dejó el año pasado.

Y lideró, él mismo, subsiguientes grupos de H.E. en España.

 

Infatigable, días y noches dedicados a nuestro arte.

Compartiendo y dando lo mejor de sí mismo

por nuestra causa mutua,

desde el principio hasta el final.

 

Organizó las 1as. Jornadas de Medicina Homeopática Unicista

en Mallorca,

germen de la fundación de la

Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH),

con espíritu unificador de todos los colegas,

en todo el territorio español,

desde su cargo de presidente

de la Associació Mèdico Homeopàtica de Mallorca (AMHM).

 

Luchó con pasión para que la Homeopatía

tuviese el estatuto de ciencia y arte

que le corresponde.

 

Integrante de una de las consultas homeopáticas pioneras

en España -tras el resurgimiento de la Homeopatía

en nuestro país en los años 80-, que ha durado más tiempo (unos 35 años)

compartida con otros tres médicos homeópatas: el

Centre de medicina homeopàtica de Mallorca,

en gran parte gracias a su esfuerzo de trabajar en equipo.

 

Estimaba su trabajo:

Entregado a sus pacientes,

-a quienes cuidaba con gran mimo

en todas sus facetas humanas,

no sólo en su dimensión estrictamente médica-

establecía fuertes vínculos de amistad;

era como un padre, un familiar, un confesor,

para muchos de ellos.

 

Investigador incansable –de la doctrina homeopática,

del Repertorio, de la Materia médica-, colaboró con ahínco

en la revisión de la traducción castellana del repertorio Synthesis,

siendo su objetivo el buscar siempre la mejor manera de apaciguar

el sufrimiento de los demás.

 

Su dedicación, su entrega,

eran incluso excesivas, envidiables,

eran inigualables.

 

Tenía madera de líder,

que ejercía con tenacidad, compromiso y máxima responsabilidad.

 

Ha desaparecido uno de los grandes de la Homeopatía, en Mallorca, en

Cataluña, en toda España.

Lo echaremos mucho en falta.

Su recuerdo iluminará el camino

de todos aquellos que lo conocieron,

porque dejaba una huella indeleble en los corazones.

 

Mantengámoslo en  la memoria

para que su ejemplo

sea un modelo a seguir por las nuevas generaciones,

para los que no lo conocieron.

 

¡Así sea!

Adiós, querido amigo.


Jacques Imberechts, MD, in memoriam

En nombre de todos los miembros de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH), a través de este sucinto y sencillo escrito, queremos rendir un pequeño homenaje a uno de los grandes pedestales -quizás el mayor- de la Homeopatía médica en España, y no sólo en España, sino en muchos otros países de casi todos los continentes.


Su llegada a España fue providencial, para avivar la chispa de la Homeopatía –mantenida casi en clandestinidad y en exclusiva por el Dr. Enric Peiró i Rando, de la Academia Mèdico Homeopàtica de Barcelona- en el corazón de unos inquietos estudiantes de Medicina, que buscaban más allá de las asignaturas impartidas en una de las dos facultades de Medicina de Barcelona que existían en aquella época.

De eso ya hace la friolera de más de 40 años. Así se fundó entonces el primer grupo español de Homoeopathia Europea (H.E.), el grupo Sepia, siguiendo la estela de algunos grupos que ya existían en Europa con nombres de remedios homeopáticos, y siendo liderado por el propio Jacques, que tenía su grupo en Bruselas, donde siempre residió.

Si algo lo caracterizaba de forma muy particular era su don de gentes y su facilidad por aprender idiomas diversos; gracias a lo cual colaboró activamente en cosechar el germen de la Homeopatía allá donde fuere, por muy yermo que fuera el terreno. Viajero incansable, era consciente de la utilidad imprescindible de conocer distintos pueblos, culturas diferentes, perspectivas diversas, para tener menos prejuicios y poder observar al paciente de manera más objetiva.

Su caballo de batalla fue, desde el principio, la investigación. Fundó Homoeopathia Europea, que más tarde se amplió a Homoeopathia Europea & Americana, con el objetivo único y primordial de investigar. Repitió hasta la saciedad que H.E. no era una escuela, sino grupos de investigación: grupos de médicos homeópatas que se reunían para homogeneizar su práctica homeopática, partiendo de unos criterios comunes de aplicación de la doctrina (o teoría) homeopática, con el fin de que los resultados prácticos fueran contrastables, y se pudieran sacar conclusiones válidas para el avance de la ciencia homeopática.

Fundó en 1990, durante el Congreso Internacional de la Liga Medicorum Homoeopathica Internationalis (LMHI) en Barcelona, en consenso con todos los vicepresidentes de la LMHI presentes, el Comité Europeo de Homeopatía (ECH – European Committee for Homoeopathy, por sus siglas en inglés), del que fue su presidente durante varios años, participando muy activamente, desde el principio, en fomentar sobre todo las comisiones de Research (Investigación) y de Provings (Experimentaciones puras), que para él eran la columna vertebral del gran edificio de la Homeopatía,  único camino para asegurar su progreso.

Le gustaba la metáfora de la vaca: investigar era para él la forma de nutrir a la “vaca” (a la Homeopatía), para que creciera y diera sus frutos, y no sólo ordeñarla, evitando así que enflaqueciera y muriera de inanición por sobreexplotación.

Por ello se mantuvo siempre independiente en sus criterios: era un librepensador, antiescolástico por naturaleza. No siguió escuela alguna, pero las aceptaba todas. Eso, a ojos de algunos podía parecer contradictorio o incoherente, cuando era precisamente todo lo contrario: extremadamente riguroso y coherente. Aceptaba todos los puntos de vista, siempre y cuando se le ofrecieran argumentos objetivos válidos. Insistía en la importancia crucial de los hechos, frente a la teoría, frente a las especulaciones. Resumiendo: era un hahnemanniano  estricto, pero no dogmático. Era de mente muy abierta.

Se interesó hasta el final de sus días en conocer diversos modos de aplicar la medicina homeopática. Le interesaban ante todo los resultados, pero no se contentaba con ello: quería saber también el proceso que había llevado a esos buenos resultados, para poderlos reproducir dadas circunstancias similares. Es decir, era un científico nato.

Fue gracias a su personalidad por lo que se codeó con toda la élite de la Homeopatía del siglo XX. Allí donde destacaba alguien, ahí estaba él para aprender algo nuevo. No se cansó de viajar y de aprender. Se consideró siempre un aprendiz de la Homeopatía, enmarcado en la tríada aprendiz-artesano-artista, en la búsqueda de otros aprendices, artesanos y artistas de quienes aprender. Nunca se autoproclamó artista, cuando los que lo conocimos sabíamos que lo era. Eso en él era la forma peculiar de manifestarse la humildad, humildad con dignidad, valentía y arrojo.

Una combinación explosiva cuando echaba mano de su hobby preferido (el gin tonic). Entonces podías descubrir quién había realmente detrás de su fachada aparentemente grandilocuente: era todo un caballero, de los que quedan pocos. Pero su fachada –su fuerte personalidad- generaba odios feroces o amores incondicionales, sin medias tintas. Y no tenía reparo alguno en exponer su criterio allí donde hiciera falta, sin reparar en la audiencia, fuera en petit comité –con su muy personal modo de liderar los grupos de trabajo, fuera en sus intervenciones públicas, vociferando desde el fondo de la sala. Ser un líder nato conlleva esas consecuencias.

Podríamos seguir nombrando otras características de su gran personalidad, pero no es el momento ni el lugar adecuados. Podríamos hablar de su sentido agudo del humor (“negro”), de su elegancia, de su impecable comportamiento, en especial con las mujeres, y así… no acabaríamos nunca.

Para terminar, queremos, desde la FEMH, desearle un caluroso viaje al más allá, sea donde sea. Y asegurarle que brindaremos en su honor por haber dejado un legado inapreciable, y una huella indeleble en nuestros corazones.

Nos quedamos con el compromiso de seguir alimentando a la vaca, para evitar que fenezca.

Allí donde estés Jacques, te mandamos un fuerte abrazo, agradeciéndote de corazón todo lo que has hecho por la Homeopatía, dentro y fuera de España.

Descansa en paz, Jacques, con la tranquilidad de que todos tus esfuerzos en pro de la Homeopatía no han caído en saco roto, que somos muchos los que te tomamos el relevo en la gran misión en este mundo de engordar a la vaca, o, al menos, de ordeñarla en la misma medida que la vayamos alimentando.

SAMUEL HAHNEMANN, SU VIDA Y SU OBRA

Tiempo de textos voluminosos, los ochomiles de la literatura. Y de “vidas y obras”. En el segundo semestre de 2011 estaba yo terminando de leer las casi 2.000 páginas de la espléndida traducción que mi compadre, el difunto Martínez-Laje, realizó y editó de Vida de Samuel Johnson, de Boswell, y que le valió el Premio Nacional de Traducción. Entonces me entero, casi estupefacto por la magnitud de la tarea, de que Editorial Mínima ha traducido y publicado en dos volúmenes nada menos que Vida y obra de Samuel Hahnemann, de Richard Haehl. La coincidencia del nombre de pila del personaje era, por supuesto, casual, anecdótica.

 Recordaba perfectamente el libro en inglés, también dos volúmenes a los que, aprovechando la ocasión, saqué de mi biblioteca a airearse un poco. Los había leído con ganas en los ochenta, no obstante lo cual o, más bien, debido a ello, adquirí presto mi ejemplar de la traducción de Larreta y Morales. Empecé a leerlo, a decir verdad, sin la pasión de la primera vez pero sabiendo lo que llegaba a mis manos. Y unos tres meses después entonaba el “ya está”, terminada la gesta (terminar airoso cualquier texto de más de mil páginas lo es, y este supera las 1.400) de su grata (re)lectura.

Dice Emilio que han invertido mucho tiempo y trabajo en esta empresa, y, a juzgar por el producto, resulta más que evidente. El resultado es una traducción impresionante, de una calidad difícilmente superable. Dicho esto no desde el punto de vista de crítico traductor que no soy, sino desde el de lector que ha leído alguna literatura homeopática en esta treintena de años. Tal es la calidad y el cuidado puesto en su edición que incluso cuesta encontrar erratas, probablemente no más de una docena en todo el texto.
Después de en torno a 90 años de su publicación, tenemos al fin la oportunidad de leer en castellano un material que conserva el “sabor”, la “sonoridad” esperables en un texto de época: toda la información que el bueno de Haehl reunió con dedicación y empeño notables sobre la vida y obra de este gigante. Con este material de partida, la declarada labor de “relativa corrección de estilo” de los traductores, mejorando sin alterar sustancialmente, y algunos arreglos de edición, el resultado es el referido. Un must, que dirían los anglosajones, un libro que hay que tener. Las bibliotecas personales y de nuestras agrupaciones, ahítas a veces de literatura homeopática de inferior y hasta ínfimo nivel, bien lo merecen.
Aquí están ambos, el personaje que le fueron haciendo y la persona que se hizo a sí misma: aquel estudiante brillante pero con recursos familiares limitados, abriéndose camino en su vocación médica con esfuerzos y sacrificios sin cuento, en un entorno de precariedad; el audaz pionero, con una visión y una misión muy claras de mejorar un estado de la medicina que no es que no le convenciera, sino que explícita y reiteradamente repudió; el autor literario de una productividad extraordinaria, incomprensible para el común de los mortales cuando la lleva a cabo el mismo hombre que, simultáneamente, retoma el ejercicio médico, traduce textos de medicina, de química y del cielo sabe qué, saca adelante a una prole considerable y desarrolla todo el trabajo de observación, experimentación, reflexión, contraste y perfeccionamiento necesario para desarrollar todos los aspectos teóricos y prácticos de su insólito método terapéutico.
Sumergiéndonos en el libro (o, más bien, cogiendo altura, si seguimos con la analogía del ochomil), percibimos el ambiente de la práctica médica de la época; de las actitudes cerriles impermeables a la crítica razonada y a la innovación en el campo convencional, algunas de las cuales persisten en nuestros días; de los escasos apoyos con los que contó y los múltiples obstáculos que hubo de superar este sabio de Meissen; de sus a menudo desconocidos u olvidados méritos pioneros en tantos aspectos de higiene y salubridad pública; de su condición de “outsider” en un entorno casi siempre hostil (y del que no siempre se libró de su parte de responsabilidad), desde la que arremetió contra tirios y troyanos, sin miramientos ni siquiera hacia los mismos homeópatas cuando no se hacían las cosas como él quería. En definitiva, el carácter Hahnemann con todas sus luces y sombras, que nos ha llegado en múltiples fragmentos a través de múltiples textos, pero aquí todo reunido. El hombre y el mito.
En verdad, aquí está prácticamente toda la memoria histórica documentada de la persona, del personaje y de su destacable obra. A partir de ahora, los lectores en lengua castellana no tendremos que conjeturar quién, qué, cuándo, cómo o con quién lo dijo o lo hizo en los orígenes fundacionales de la homeopatía; no tendremos que nutrirnos solo de lo que otros nos cuenten al respecto, de sus interpretaciones tan sesgadas en ocasiones con sus absolutamente prescindibles “aportaciones” personales. Como en tantos otros asuntos, deberíamos priorizar las fuentes. Y con esta impecable traducción y cuidada edición de Editorial Mínima, de lo que estamos hablando ahora es, prácticamente, de agua del manantial.
Si es cierto que quien desconoce su historia está condenado a repetirla, hagamos prevención. Ahí tenemos el cómo empezó todo en la homeopatía, un texto imprescindible. Permitidme un par de recomendaciones: consultad siempre que podáis las fuentes y adquirid los dos volúmenes del libro. Atreveos con los ochomiles de la homeopatía. Gracias a vosotros.
Autor: Dr. Marino Rodrigo.
Comentario al libro Vida y obra de Samuel Hahnemann, de R Haehl. Editorial Mínima, 2011.
Fuente: Libros de homeopatía

Prólogo de los traductores al español de la obra "Samuel Hahnemann. Su vida y su obra." de Richard Haehl

Samuel Hahnemann, su vida y su obra es un libro peculiar. Consta de dos tomos, el primero de los cuales lo constituye la biografía propiamente dicha, mientras que el segundo contiene los documentos que Richard Haehl utilizó en su investigación de la vida de Hahnemann. El vínculo entre ambos tomos consiste en las referencias que aparecen en el primero a los suplementos del segundo, referencias que se hacen entre paréntesis con la palabra "suplemento" y el número correspondiente. Esto permite, como indica el propio Haehl en su prólogo, conocer las fuentes consultadas y ampliar la lectura sin recargar el texto.
El principal interés de la presente obra lo constituye el exhaustivo trabajo de documentación en el que se basa y que justifica su enorme importancia como obra fundamental de la literatura homeopática. En efecto, esa ingente documentación la convierte en un texto de fondo, de lectura inexcusable para todo aquél que quiera conocer no sólo la vida de Hahnemann, sino la primera historia de la homeopatía, de la que depende en buena parte su situación actual.
Su principal defecto es la redacción. Hemos de admitirlo: la literatura no le debe nada a Haehl. Tanto la edición alemana como su versión inglesa, supervisada por el propio Haehl, se soportan en una estructura literaria de calidad muy deficiente. El estilo grandilocuente de la época junto con el no menos engorroso del propio autor, que jamás ahorra adjetivos, adverbios ni reiteraciones, nos han obligado a una relativa corrección del estilo, favorecida, como suele ocurrir, por el propio proceso de la traducción y limitada naturalmente por la fidelidad al sentido del texto.
La obra mantiene llamativas contradicciones referidas, no a los hechos que relata, sino más bien a la consideración que tales hechos merecen al autor. Tales contradicciones forman parte, por así decir, del estilo de la obra y las hemos respetado por dos razones: en primer lugar, porque su modificación nos habría obligado a desvirtuar el pensamiento de Haehl y en segundo lugar, porque, como acabamos de decir, no afectan al contenido documental. Por otra parte, la técnica de composición del libro ha contribuido a camuflarlas. Siendo ésta una obra basada en la enorme documentación obtenida por Haehl a lo largo de veinticinco años y habiendo requerido asimismo mucho tiempo su redacción, es razonable pensar que distintas notas o reflexiones pertenecientes a dos momentos distintos recojan diferentes percepciones del autor. Tal vez más tarde, a la hora de componer el texto definitivo, ni Haehl ni sus colaboradores tuvieron ocasión de apreciar tales diferencias.
Sólo conocemos de esta obra su versión original en alemán y la ya mencionada traducción al inglés. La versión inglesa es casi idéntica a la alemana, con la única diferencia de algunos añadidos correspondientes sin duda al hallazgo de nuevos documentos en el intervalo entre ambas publicaciones. En la mayor parte de los casos, esos añadidos no son sino abundamientos sobre los datos ya conocidos. Puesto que nos atenemos a la edición alemana, no los hemos incorporado, con una excepción: al final del capítulo XXV, en nota al pie, recogemos una aportación documental a la edición inglesa que se refiere a la práctica profesional de la segunda señora Hahnemann, cuyo contenido es de lo más sorprendente en relación a los datos conocidos con anterioridad.
Como traductores, hemos procurado ejercer el mínimo grado de intromisión tanto en la sustancia como en la estructura del texto. He aquí los criterios en relación al contenido documental:
En ocasiones, Haehl hace citas textuales sin dar la referencia. Nosotros, hasta donde ha sido posible, hemos eliminado el entrecomillado convirtiéndolas en citas indirectas.
Los títulos de los libros, artículos o revistas que aparecen en alemán en el original, los hemos traducido para comodidad del lector, dando al final de este tomo un listado con la traducción y su correspondiente título original. En cuanto a los títulos que aparecen en el original en otras lenguas, los hemos respetado dando la traducción a pie de página la primera vez que aparecen en el texto. Ni en un caso ni en otro esto implica necesariamente que existan versiones de tales obras en castellano.
Los nombres de las instituciones, sociedades y agrupaciones han sido traducidos al castellano desde cualquier idioma.
En cuanto a las ilustraciones que aparecen tanto en la edición alemana como en la inglesa, hemos considerado que en un momento en que a través de Internet pueden conseguirse todo tipo de imágenes con la mayor facilidad, era preferible no incluirlas.
Con respecto al procedimiento de traducción, en el primer tomo hemos empleado el mismo que utilizamos en la traducción de Órganon de la medicina racional, es decir, la confrontación exahustiva de la lectura del texto, partiendo el filólogo de la edición alemana y el homeópata de la edición inglesa y una traducción al español cuyo primer borrador inició en sus últimos años el doctor Emilio Morales Morales, padre de uno de los firmantes. Con la sola intención de disponer de un texto para lectura personal, este último continuó la labor de traducción y corrección desde el texto inglés, durante varios años y de manera irregular, hasta conseguir una versión satisfactoria en castellano. Algún tiempo después surgió la idea de crear Editorial Mínima y éste fue, tras Órganon de la medicina racional, el segundo de nuestros proyectos. Comenzamos a trabajar en él casi desde el comienzo y hemos continuado ese trabajo durante años: no sólo había que confrontar la traducción del primer tomo con el original alemán, sino que había que traducir íntegramente el segundo tomo, mucho más extenso y constituido por los documentos que Haehl había utilizado en la elaboración de la biografía. De esta colosal tarea se encargó un equipo de traductores, coordinado por Juancho Larreta Zulategui y constituido además por Esteban Bache Bernal y Víctor Borrero Zapata, con la colaboración de Cristina Martínez Fraile. Aquí, la labor del homeópata se circunscribió a las dudas específicas y a las tareas de corrección de textos. Esta labor, no obstante, ha sido ardua: a las dificultades terminológicas propias de la disciplina homeopática se le unieron las de otros campos, especialmente la química, que obligaron a homeópata, coordinador y traductores a recurrir a las más diversas fuentes para solucionarlas. Tampoco ha resultado cómoda la tarea de unificar el formato y el estilo de las numerosísimas cartas reproducidas en el tomo segundo, quehacer en el que se ha pretendido mantener las formas y el tono de la época sin, no obstante, hacer de estos textos lecturas imposibles.
Terminados los dos tomos, pasaron todavía por el filtro crítico de Matilde Rubín Córdoba y María Luisa Rey Guerreiro, habituales colaboradoras de Editorial Mínima, cuyo admirable trabajo de corrección jamás podrá ser suficientemente valorado.
En la traducción de textos griegos y latinos, han venido en nuestra ayuda los filólogos clásicos Celia Larreta Zulategui, Rocío Larreta Zulategui y Gabriel Martel Bravo, a los que desde aquí queremos agradecer sus generosas aportaciones.
También queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento por su colaboración a los médicos homeópatas Alicia Falagán Seco y Manuel Gutiérrez Ontiveros.
Finalmente, una mención especial a la ayuda recibida de la Federación Española de Médicos Homeópatas que contribuye a facilitar nuestra tarea en pro de la divulgación de la homeopatía, así como a los buenos oficios de su presidenta, la doctora Inmaculada González Carbajal que en todo momento se ha mostrado activamente solidaria con Editorial Mínima y con el proyecto que representa.
A pie de página hemos dado, aún a riesgo de excedernos, todas las aclaraciones que nos han parecido pertinentes para la mejor comprensión de los términos o los conceptos que se utilizan en el texto, y también la información que nos pareció relevante para una mejor contextualización histórico-cultural. Estas notas se mezclan con las del autor, diferenciándose de las mismas por un "(N. de los t.)"


Autores: Dr. Emilio Morales Prado y Juan Pablo Larreta Zulategui, coordinador de la traducción.
Sevilla, 10 de abril de 2011.

La historia del Profesor BENVENISTE

o el peligro de descubrir ciertos fenómenos que contradicen el paradigma científico dominante.


En estos días de burlas y críticas constantes a la homeopatía, en que grupos de jóvenes científicos imbuidos de presunta racionalidad, se atreven a organizar un “suicidio homeopático” para demostrar que no existe base alguna para creer en las dosis infinitesimales y por ende en la homeopatía, es bueno recordar la historia del Dr. Benveniste, precursor y visionario de una realidad que de momento es negada con obstinación y contundencia por el “establishment” científico dominante y sus jóvenes y feroces secuaces, pero que indefectiblemente va a ir ganando terreno y que, indefectiblemente también, va a hacernos ver otro aspecto de la realidad de los fenómenos.


Benveniste, doctor en medicina, había pasado sus años de residente en el sistema de hospitales de París y después había comenzado a investigar las alergias, especializándose en los mecanismos de la alergia y la inflamación. Más adelante fue nombrado director de investigación del Instituto Nacional Francés para la Salud y la Investigación Médica ( INSERM ) y se distinguió por descubrir el PAF, o factor de actividad plaquetar, que interviene en el mecanismo de algunas alergias como el asma.

A sus cincuenta años, Benveniste tenía el mundo a sus pies. No cabía duda de que le esperaba la aclamación internacional de la medicina convencional. Abundaban los rumores sobre la posibilidad de que fuera uno de los pocos biólogos franceses considerado posible receptor del Premio Nobel. Sus escritos estaban entre los más citados por los científicos del INSERM. Incluso había recibido una medalla de plata del CNRS, uno de los más prestigiosos galardones científicos franceses.

Entonces, en 1984, un pequeño error de cómputo hizo que su futuro brillante y asegurado se descarrilara accidentalmente. El laboratorio de Benveniste en el INSERM había estado estudiando la degranulación basófila: la reacción de ciertos leucocitos sanguíneos a los alérgenos. Un día, Elisabeth Davenas, una de sus mejores técnicas de laboratorio, le informó de que había visto y registrado una reacción en los leucocitos a pesar de que había demasiadas pocas moléculas del alérgeno en la solución. Todo esto debía ser producto de un simple error de cálculo. Ella había pensado que la solución de partida estaba más concentrada de lo que estaba en realidad. Al tratar de diluir la solución hasta la concentración habitual, en realidad la había diluído hasta un punto en que quedaban muy pocas de las moléculas antígenas originales.

Después de examinar los datos, Jacques prácticamente la echó de su despacho.

“Los resultados que presentas son imposibles”, declaró, “porque ahí no hay moléculas”. “Has estado experimentando con agua, vuelve a repetir el experimento”.

Pero cuando se volvió a repetir el experimento con la misma disolución y obtuvo el mismo resultado, Benveniste se dio cuenta de que Elisabeth, una trabajadora meticulosa, podría haber tropezado con algo que mereciera la pena investigar.

Durante varias semanas Elisabeth siguió yendo a su despacho con los mismos datos inexplicables, mostrando poderosos efectos biológicos de una solución tan debilitada que no podía tener suficientes antígenos para causarla, y a Jacques se le empezaron a ocurrir explicaciones cada vez más curiosas para poder encajar estos resultados en una teoría biológica reconocible.

Después de observar estos resultados, uno de los tutores de su laboratorio, un médico que también era homeópata, comentó que estos experimentos se asemejaban mucho al principio de la homeopatía. En este sistema médico las soluciones de sustancias activas se diluyen hasta el punto en que prácticamente no queda nada de la sustancia original, sólo su “memoria”.

En aquel tiempo Jacques ni siquiera sabía qué era la homeopatía pero al investigador científico que llevaba dentro se le había abierto el apetito. Pidió a Elisabeth que diluyera las soluciones todavía más de modo que no quedara absolutamente nada de la sustancia original. En estos estudios Elisabeth continuó obteniendo resultados consistentes con los anteriores, como si el ingrediente activo siguiera estando allí sin importar lo diluída que estuviera la solución que a estas alturas era casi agua pura.

Por su formación como especialista en alergias, Jacques usó en estos estudios la prueba de alergias normalizada, cuyo propósito es producir la típica respuesta alérgica en las células humanas. Había aislado los basófilos, un tipo de glóbulo blanco que contiene anticuerpos de IgE en su superficie.

Éstas son las células responsables de las reacciones hipersensibles de las personas alérgicas. Jacques eligió las células IgE porque respondían fácilmente a alérgenos tales como el polen o el polvo, liberando histamina de sus gránulos intracelulares, y también respondían a ciertos anticuerpos anti-IgE. Si este tipo de célula se ve afectada por algo, es poco probable que te pase desapercibido. Otra ventaja de las IgE es que podía teñirlas mediante un compuesto que él mismo había desarrollado y patentado en el INSERM. Los basófilos, como la mayoría de las células, tienen una apariencia gelatinosa, y por eso tienes que teñirlas para poder verlas y estudiarlas en laboratorio.

Pero el teñido, incluso con un tinte estándar como el tuluidina azul, está sujeto a cambios y depende de muchos factores: la salud de la anfitriona y la influencia de otras células sobre la original. Cuando estas células IgE quedan expuestas a los anticuerpos anti-IgE, su capacidad de absorber el tinte cambia. Al anti-IgE se le ha llamado el “quita-pinturas biológico” (2) porque su capacidad de inhibir el tinte es tanta que prácticamente vuelve a hacer que los basófilos sean invisibles.

La lógica final que hizo que Benveniste se decidiera por el anti-IgE tenía que ver con el hecho de que estas moléculas concretas son especialmente grandes. Si estás intentando ver si el agua retiene su efecto después de que todas las moléculas de anti-IgE hayan sido filtradas, sería prácticamente imposible dejar alguna atrás accidentalmente.

En estos estudios llevados a cabo a lo largo de cuatro años, entre 1985 y 1989, y esforzadamente registrados en los libros de laboratorio por Elisabeth Davenas, el equipo de Benveniste creó mezclas muy diluídas de anti-IgE vertiendo una décima parte de la solución anterior en el tubo siguiente y completándola con nueve décimos de un disolvente estándar. A continuación cada disolución era sacudida vigorosamente, como se hace con los preparados homeopáticos. El equipo usaba disoluciones de este tipo, una parte de solución por nueve de disolvente y después seguía diluyéndolas hasta que había una parte de solución por noventa y nueve partes de disolvente. Cada una de las disoluciones era añadida sucesivamente a los basófilos, que seguidamente eran contados bajo el microscopio.

Para sorpresa de Jacques y de todos los demás, descubrieron que estaban registrando efectos de inhibición en la absorción del tinte de hasta el 66%, incluso con disoluciones tan diluídas como una parte en 10 elevado a 60.

En experimentos posteriores con disoluciones aún mucho más diluídas, de hasta una parte en 10 elevado a 120, donde prácticamente no había ninguna posibilidad de que quedara ni una sola molécula de IgE, los basófilos seguían viéndose afectados.

Pero el fenómeno más inesperado estaba aún por llegar. Aunque la potencia de los anti-IgE llegaba a su punto máximo en concentraciones de una parte en 1000 ( la tercera disolución decimal ) y a partir de ahí iba decreciendo con cada dilución subsiguiente, como cabía esperar lógicamente, el experimento daba un giro de 180 grados en la novena dilución. El efecto del IgE altamente diluído empezaba a aumentar en ese punto y continuaba aumentando cuanto más se diluía (3). Como siempre había dicho la homeopatía, cuanto más débil sea la disolución, más poderoso es su efecto.

Benveniste unió sus fuerzas con cinco laboratorios diferentes de cuatro países ( Francia, Israel, Italia y Canadá ) y todos ellos fueron capaces de replicar sus resultados.

Entonces los trece científicos publicaron conjuntamente los resultados de su colaboración de cuatro años en la edición de 1988 de la prestigiosa revista Nature, mostrando que si se diluyen soluciones de anticuerpos repetidamente hasta que ya no contengan ni una molécula del anticuerpo, seguían produciendo una respuesta en las células inmunes (4). Los autores concluyeron que en ciertas diluciones ya no quedaba ninguna de las moléculas originales y que:

Información específica debe de haber sido transmitida durante el proceso de dilución / sucusión. El agua podría actuar como plantilla de la molécula, por ejemplo, por medio de una red infinita ligada por hidrógenos, o campos eléctricos y magnéticos… La naturaleza precisa de este fenómeno permanece inexplicada.

Para la prensa popular Benveniste había descubierto “la memoria del agua”, y en general se consideró que sus estudios validaban la homeopatía. Benveniste mismo se dio cuenta de que sus resultados tenían repercusiones que estaban más allá de cualquier teoría de la medicina alternativa. Si el agua fuera capaz de imprimir y almacenar información de las moléculas, esto tendría un impacto en nuestra comprensión de las moléculas y de cómo se “hablan” unas a otras en nuestros cuerpos, pues las moléculas de las células humanas están, evidentemente, rodeadas de agua. En cualquier célula viva hay diez mil moléculas de agua por cada molécula de proteína.

La revista Nature también comprendió indudablemente las posibles repercusiones que tendría este descubrimiento en las leyes aceptadas de la bioquímica. El editor, John Maddox, había consentido en publicar el artículo, pero lo hizo después de dar un paso sin precedentes: al final del artículo añadió el siguiente editorial:

Reserva editorial:
Los lectores de este artículo pueden compartir la incredulidad de los muchos árbitros que han comentado diversas versiones del mismo durante los últimos meses. La esencia del resultado es que una solución acuosa de un anticuerpo retiene su capacidad de evocar una respuesta biológica incluso cuando se diluye hasta tal punto que hay una probabilidad despreciable de que quede una sola molécula del anticuerpo en cualquier muestra. No hay una base física que explique tal actividad. Con la amable colaboración del profesor Benveniste, Nature ha dispuesto que investigadores independientes observen repeticiones de los experimentos. En breve se publicará un informe sobre dicha investigación.

En su propio editorial, Maddox también invitaba a los lectores a hacer agujeros en el estudio de Benveniste (5).

Cuatro días después de la publicación, Maddox mismo llegó con lo que Benveniste describió como un “equipo de falsos científicos” compuesto por Walter Stewart, un conocido cazacharlatanes y James Randy, un mago profesional que tendía a ser convocado para denunciar trabajos científicos que obtenían sus resultados de manera fraudulenta. ¿Eran un mago, un periodista y un cazacharlatanes el mejor equipo posible para evaluar los sutiles cambios de la experimentación biológica?, se preguntó Benveniste.

Bajo su ojo escrutador, Elisabeth Davenas llevó a cabo cuatro experimentos, uno a ciegas, y según Benveniste todos ellos tuvieron éxito. Sin embargo, Maddox y su equipo negaron los resultados y decidieron cambiar el protocolo experimental llevando a cabo un proceso de codificación más exigente; Stewart insistió en llevar a cabo él mismo algunos de los experimentos y cambió parte de su diseño aunque, según dijo Benveniste, no tenía la formación necesaria para ejecutarlos.

Bajo su nuevo protocolo y en medio de una atmósfera cargada que implicaba que el equipo del INSERM estaba ocultando algo, se llevaron a cabo tres pruebas más que no funcionaron. En este punto Maddox y su equipo tenían lo que deseaban y se fueron rápidamente, pidiendo antes fotocopias de 1.500 de los informes de Benveniste.

Poco después de esta visita de cinco días, Nature publicó un informe titulado “Los experimentos de alta dilución son un engaño”. Decía que el laboratorio de Benveniste no había observado los protocolos científicos adecuados y descartaba los datos de apoyo de los demás laboratorios. Maddox expresó su sorpresa de que los estudios no funcionaran siempre, cuando esto es la norma en los experimentos biológicos… Ésta era una de las razones por las que Benveniste había llevado a cabo más de trescientos experimentos antes de publicar. Maddox tampoco tuvo en cuenta que el test de teñido es muy sensible y puede ser alterado por el menor cambio en las condiciones del experimento, hasta tal punto que a veces parte de la sangre del donante ni siquiera se verá afectada por altas concentraciones de anti-IgE. La revista también expresó su desazón ante el hecho de que dos de los laboratorios que colaboraban con Benveniste estuvieran siendo financiados por un fabricante de remedios homeopáticos. “La financiación por parte de la industria es práctica habitual en las investigaciones científicas”, respondió Benveniste. ¿Estaban indicando que los resultados habían sido alterados para agradar a los patrocinadores?

Benveniste devolvió el ataque apelando a la ecuanimidad científica:

Las cazas de brujas o las persecuciones tipo McCarthy matarán la ciencia. La ciencia solo florece en libertad…El único modo de dirimir resultados contradictorios es repetirlos. Es posible que todos estemos equivocados de buena fe. Esto no es un crimen, sino una práctica habitual en ciencia. (6)

Los resultados publicados por Nature tuvieron un efecto devastador en la reputación de Benveniste y en su posición en el INSERM. Un consejo científico de esta institución censuró su trabajo, realizando declaraciones casi unánimes de que debería haber realizado otros experimentos “antes de afirmar que ciertos fenómenos han escapado a 200 años de investigaciones químicas (7)”. El INSERM se negó a escuchar las objeciones de Benveniste respecto a la calidad de la investigación de Nature y le impidió continuar su trabajo. Circularon rumores de desequilibrio mental y fraude. Llovieron cartas a Nature y otras publicaciones diciendo que su trabajo era “ciencia dudosa”, “un engaño cruel” y “pseudociencia”.

A Benveniste se le dieron varias oportunidades de abandonar grácilmente su trabajo y ninguna razón profesional para seguir realizándolo. Si defendía su trabajo original sin duda estaba abocado a destruir la carrera que tanto tiempo llevaba construyendo. Benveniste había llegado a la posición más alta posible en el INSERM y no deseaba ser director. Nunca había ambicionado una carrera, sólo quería seguir adelante con su investigación. Había descubierto pruebas que demolían todo lo que les habían enseñado a creer sobre la comunicación celular, y ahora ya no era posible volver atrás. Decía que sus experimentos eran como mirar debajo de las faldas de la naturaleza. Benveniste abandonó el INSERM y buscó apoyo de fuentes privadas como DigiBio, que permitieron que él y Didier Guillonnet, un hábil ingeniero de la Escuela Central de París que se le unió en 1977, siguieran adelante con el trabajo. Después del fiasco de Nature pasaron a la “biología digital”, un descubrimiento que no lograron en un único momento de inspiración sino tras ocho años de seguir la senda lógica de una experimentación cauta (9).

Los estudios de la memoria del agua llevaron a Benveniste a examinar cómo se comunican las moléculas dentro de una célula viva. La teoría habitual, denominada Relación Cuantitativa Estructura-Actividad (QSAR), dice que dos moléculas que se combinan estructuralmente intercambian información química específica cuando chocan una con otra. Es algo parecido a una llave que encuentra su cerradura. Los biólogos aún se adhieren a las nociones mecanicistas cartesianas de que sólo puede haber reacción si existe contacto. Aunque aceptan la existencia de la fuerza de la gravedad rechazan cualquier otra noción de acción a distancia.

Si estas ocurrencias se deben a la casualidad existe muy poca esperanza estadística de que ocurran cuando tenemos en cuenta cómo es el universo de la célula. En la célula media, que contiene una molécula de proteína por cada diez mil moléculas de agua, las moléculas rebotan por la célula como un puñado de pelotas de tenis flotando en una piscina. El problema central de la teoría actual es que depende demasiado de la casualidad y también requiere bastante tiempo. No puede explicar la velocidad real de algunos procesos biológicos como la ira, la alegría, la tristeza o el miedo. Pero, en cambio, si cada molécula individual tiene su propia frecuencia característica, su receptor o molécula con el espectro de rasgos adecuado se sintonizará con su frecuencia, del mismo modo que sintonizas la radio para captar una estación específica, aunque esté muy alejada. Algo parecido ocurre cuando un diapasón hace que otro diapasón oscile a la misma frecuencia. Ambos entran en resonancia: la vibración de un cuerpo es reforzada por otro cuerpo que vibra a la misma frecuencia o cerca de ella. A medida que estas dos moléculas resuenen en la misma longitud de onda, empezarán a resonar con las siguientes moléculas de la reacción bioquímica, creando así, en palabras de Benveniste, una “cascada” de impulsos electromagnéticos que viajan a la velocidad de la luz. Esto explica mejor que la colisión accidental cómo se empieza una reacción bioquímica en cadena prácticamente instantánea. También es una extensión lógica de los trabajos de Fritz Popp. Si los fotones corporales excitan moléculas en todo el espectro de frecuencias electromagnéticas, es lógico que tengan su propia frecuencia característica.

Los experimentos de Benveniste demostraron de manera decisiva que las células no dependen de colisiones casuales, sinó de señales electromagnéticas creadas por ondas electromagnéticas de baja frecuencia (menos de 20 kHz). Las frecuencias elecromagnéticas que Benveniste ha estudiado corresponden a frecuencias de radio, aunque no emiten ningún sonido que podamos detectar. Todos los sonidos de nuestro planeta ( el agua en un arroyo, el rugido de un trueno, un disparo, el piar de un pájaro,…) ocurren a baja frecuencia, entre 20 htz y 20 khtz, el rango de audición del oído humano.

Según la teoría de Benveniste, dos moléculas se sintonizan una con otra, incluso a larga distancia, y resuenan en la misma frecuencia. Entonces las dos moléculas resonantes crearán otra frecuencia, que resonará con la siguiente molécula o grupos de moléculas en el paso siguiente de la reacción biológica. Según Benveniste esto explica por qué pequeños cambios en una molécula (el cambio de un péptido, por ejemplo) tendrán un efecto radical en lo que esa molécula haga.

Esto no es tan improbable, considerando lo que ya sabemos respecto a cómo vibran las moléculas. Tanto las moléculas concretas como los vínculos intermoleculares emiten ciertas frecuencias específicas que pueden ser detectadas a miles de millones de años luz de distancia mediante los más sensibles telescopios modernos. Estas frecuencias han sido aceptadas por los físicos desde hace mucho tiempo, pero nadie en la comunidad biológica, aparte de Fritz Albert Popp y sus predecesores, se ha detenido a considerar si tienen algún propósito.

Antes de Benveniste otros como Robert O. Becker y Cyril Smith, llevaron a cabo abundantes experimentos con las frecuencias electromagnéticas de los seres vivos. La contribución de Benveniste fue demostrar que las moléculas y átomos tienen sus frecuencias únicas usando la tecnología moderna tanto para registrarlas como para usar esa misma grabación en la comunicación celular.

A partir de 1991 Benveniste demostró que es posible transferir señales moleculares específicas simplemente usando un amplificador y ondas electromagnéticas. Cuatro años después fue capaz de registrar y reproducir dichas señales usando un ordenador multimedia. A lo largo de miles de experimentos Benveniste y Guillonnet registraron la actividad de la molécula en un ordenador y reprodujeron la señal para un sistema biológico generalmente sensible a esa sustancia. En todos los casos el sistema biológico fue engañado: creyó que estaba interactuando con la sustancia misma y actuó consecuentemente, iniciando la reacción biológica en cadena tal como habría hecho en presencia de la molécula genuína (10). Otros estudios mostraron que el equipo de Benveniste podía borrar estas señales y detener la actividad celular mediante un campo magnético alternante, trabajo que llevaron a cabo en colaboración con el Centro Nacional de Investigación Científica de Medudon, en Francia. La conclusión inevitable es que, como Fritz Albert Popp teorizó, las moléculas se hablan unas a otras mediante frecuencias oscilantes.

El equipo DigiBio puso a prueba la biología digital en cinco tipos de estudios: activación basofílica, activación neutrofílica, pruebas de la piel, actividad del oxígeno y, más recientemente, coagulación del plasma. Como la sangre misma, el plasma, el líquido amarillento de la sangre que transporta las proteínas y los productos de desecho, se coagula. Para poner bajo control dicha habilidad, debes empezar por retirar el calcio del plasma atrapándolo químicamente. Si a continuación le añades agua con calcio, el plasma se coagulará. Añadiendo un medicamento típicamente anticoagulante evitaremos que se coagule, incluso en presencia del calcio.

En su estudio más reciente, Benveniste tomó un tubo de ensayo de este plasma sin calcio y le añadió agua que contenía calcio expuesto al “sonido” (frecuencia electromagnética digitalizada) del anticoagulante. Lo mismo que en otros de sus experimentos, la frecuencia característica del anticoagulante funciona como si las propias moléculas del anticoagulante estuvieran allí: en su presencia, la sangre es más reacia a coagular de lo normal.

El agua se encuentra entre las sustancias más misteriosas porque, siendo un compuesto formado por dos gases, es líquida a temperatura y presiones normales. En sus estudios, Del Giudice y Preparata han demostrado matemáticamente que, cuando están muy apretados, los átomos y moléculas exhiben una conducta colectiva, formando lo que han denominado “dominios coherentes”. Están especialmente interesados en este fenómeno tal como ocurre en el agua. En un informe publicado en Physical Review Letters, Preparata y Del Giudice demostraron que las moléculas de agua crean dominios coherentes, de manera parecida a un rayo láser. La luz se compone normalmente de fotones de muchas longitudes de onda, como los colores del arco iris, pero los fotones de un rayo láser tienen un alto grado de coherencia, como si formaran una única onda coherente, un solo color intenso (13). Estas moléculas de agua de longitudes de onda singulares parecen ser “informadas” en presencia de otras moléculas, es decir, tienden a polarizarse en torno a cualquier molécula cargada, almacenando y transportando su frecuencia para que pueda ser leída a distancia. Esto significaría que el agua es como una grabadora, que imprime y transporta la información tanto si la molécula original sigue estando allí como si no. Sacudir los recipientes, como se hace en homeopatía, parece ser un medio de acelerar este proceso (14).

El agua es tan vital para la transmisión de energía e información que los trabajos de Benveniste demuestran que las señales moleculares no pueden ser transmitidas por el cuerpo a menos que lo hagas en un medio acuático (15). En Japón, un físico llamado Kunio Yasue, del Instituto de Investigación para la Información y la Ciencia de la Notre Dame Seishin University en Okayama, también descubrió que las moléculas de agua desempeñan cierto papel a la hora de organizar la energía discordante en fotones coherentes: un proceso llamado “superradiación” (16).

Esto sugiere que el agua, como medio natural de las células, actúa como conductor esencial de la frecuencia característica de la molécula en todos los procesos biológicos y que las moléculas de agua se organizan para formar un patrón sobre el que puede imprimirse la información de la onda. Si Benveniste está en lo cierto, el agua no sólo envía la señal, sino que la amplifica.

El aspecto más importante de la innovación científica no es necesariamente el descubrimiento original, sino la réplica del trabajo. Sólo la réplica de los datos iniciales legitima una investigación y convence a la comunidad científica ortodoxa de que podrías tener algo entre manos. A pesar de la mofa casi universal de los resultados de Benveniste, empezaron a realizarse investigaciones reputadas en otras partes. En 1992, FASEB ( Federación de Sociedades Americanas para la Biología Experimental ) celebró un simposio organizado por la Sociedad Internacional de Bioelectricidad para examinar las interacciones de los campos electromagnéticos con los sistemas biológicos (17). Muchos otros científicos han replicado los experimentos de alta dilución (18), y algunos han repetido y confirmado los experimentos que usan información digitalizada para la comunicación molecular (19). Los últimos estudios de Benveniste fueron replicados dieciocho veces en un laboratorio independiente en Lyon, Francia, y en otros tres centros independientes.

Varios años después del episodio con la revista Nature relativo a la memoria del agua, había equipos de científicos que aún trataban de probar que Benveniste se equivocaba. La profesora Madelene Ennis, de la Queen’s University de Belfast, convocó un gran grupo de investigadores europeos con la esperanza de mostrar, de una vez por todas, que la homeopatía y la memoria del agua eran una completa estupidez. Un consorcio de cuatro laboratorios independientes de Italia, Francia, Bélgica y Holanda, dirigido por el profesor M. Roberfroid, de la Universidad Católica de Lovaina, en Bruselas, llevó a cabo una variante del experimento original de Benveniste con la degranulación basófila. El experimento fue impecable. Ninguno de los investigadores sabía cuál era la solución homeopática y cuál agua pura. Incluso las soluciones fueron preparadas por laboratorios que no tenían nada que ver con el estudio. Los resultados fueron codificados, decodificados y tabulados por un investigador independiente, también desconectado del estudio.

Finalmente, tres de los cuatro laboratorios obtuvieron resultados estadísticamente significativos con las preparaciones homeopáticas. La profesora Ennis todavía no se creía dichos resultados y los atribuyó a un error humano. Para eliminar posibles despistes humanos, aplicó un protocolo que contaba los números automáticamente. Los resultados automatizados seguían mostrando lo mismo. Las altas diluciones del ingrediente activo funcionaban, tanto si el ingrediente activo estaba presente como si el agua se hallaba tan diluída que no quedaba nada de la sustancia original. Ennis se vió obligada a ceder:

“Los resultados me obligan a suspender mi excepticismo y empezar a buscar explicaciones racionales a nuestros descubrimientos” (20).

Ésta era la última posibilidad para Benveniste. Si los resultados de Ennis hubieran sido negativos, se habrían publicado en Nature, enviando su trabajo a la basura para siempre. Pero, como concordaron con los suyos, fueron publicados en un periódico poco conocido y unos cuantos años después, garantizando así que nadie pudiera tomar nota.

Además de los resultados de Ennis, todos los estudios científicos de la homeopatía prestaban apoyo a los descubrimientos de Benveniste. Pruebas de excelente calidad, doblemente ciegas y contrastadas con placebos, demostraron que la homeopatía funciona para, entre muchas otras dolencias, el asma (21), la diarrea (22), las infecciones del tracto respiratorio superior en niños (23), e incluso las enfermedades de corazón (24). De 105 pruebas llevadas a cabo con homeopatía, al menos 81 ofrecieron resultados positivos. Las más incontestables fueron llevadas a cabo en Glasgow por el doctor David Reilly, cuyos estudios doblemente ciegos y con controles placebo, con todas las comprobaciones y equilibrios de un estudio científico prístino (25), mostraron que la homeopatía funciona para el asma. A pesar del diseño científico de la prueba, un editorial de The Lancet, recordando la respuesta de Nature a los pimeros descubrimientos de Benveniste, accedió a publicar los resultados pero se negó a aceptarlos: “Qué podría ser más absurdo que la noción de que una sustancia es terapéuticamente activa cuando está tan diluída que es poco probable que el paciente reciba una sola molécula de ella? Sí, el principio de dilución homeopático es absurdo, de modo que el motivo de su eficacia terapéutica debe de estar en alguna otra parte” (26)

Cuando leyó sobre el debate que se estaba desarrollando de The Lancet respecto a los estudios de Reilly, Benveniste no pudo resistirse a responder:

"Esto nos recuerda inexorablemente la contribución maravillosamente autosuficiente de un académico francés del siglo XIX al encendido debate sobre la existencia de meteoritos, que animó a la comunidad científica de su tiempo: “Las piedras no caen del cielo porque en el cielo no hay piedras”." (27)

Benveniste estaba tan cansado de que otros laboratorios fracasaran ocasionalmente en sus intentos de replicar sus experimentos que hizo que Guillonnet le construyera un robot. El robot era poco más que una caja con un brazo que se movía en tres direcciones, y podía hacerlo todo menos la medición inicial. Lo único que uno tenía que hacer era facilitarle los ingredientes y unos tubos de plástico, presionar los botones y marcharse. El robot tomaba el agua que contenía calcio, la ponía en un alambique , reproducía la señal sonora de la heparina (anticoagulante) durante cinco minutos para que el agua quedara “informada”, después mezclaba el agua informada en un tubo de ensayo con plasma, ponía la mezcla en un aparato de medir, leía los resultados y los ofrecía a quien estuviera llevando a cabo la investigación. Benveniste y su equipo hicieron cientos de experimentos con ayuda de este robot, pero la idea fundamental era distribuir estos aparatos a otros laboratorios. De este modo, tanto los demás centros como el equipo de Clamart podían estar seguros de que el experimento estaba estandarizado universalmente, que el protocolo era idéntico y se llevaba a cabo correctamente.

Mientras trabajaba con su robot, Benveniste descubrió a gran escala el mismo fenómeno que Popp había contemplado en el laboratorio con sus pulgas de agua: pruebas evidentes de que las ondas electromagnéticas de los seres vivos tienen un efecto sobre su entorno. Cuando Benveniste consiguió que su robot estuviera operativo, descubrió que generalmente funcionaba bien, pero con ciertas excepciones. Dichas excepciones coincidían con los días en que una mujer concreta realizaba los experimentos. Lo mismo estaba ocurriendo en Lyon pero con un hombre. El método científico de la mujer era impecable y seguía el protocolo al pie de la letra. La mujer misma, doctora y bióloga, era una trabajadora experta y meticulosa. Sin embargo no conseguía los resultados en ninguna ocasión. Después de llevar a cabo estos estudios durante seis meses, sólo quedaba una conclusión posible: algo en su presencia misma impedía el resultado positivo. Para Jacques era vital llegar al núcleo del problema. Los efectos biológicos no tienen nada de sutil. Cambia la estructura o la forma de una célula aunque sólo sea ligeramente y alterarás completamente su capacidad de encajarse con las células receptoras. Sí o no, éxito o fracaso. Un medicamento funciona o no funciona. En este caso, algo de la mujer en cuestión estaba bloqueando la comunicación celular en los experimentos que llevaba a cabo.

Benveniste sospechaba que la mujer debía de estar emitiendo algún tipo de ondas que bloqueaban las señales. Desarrolló un medio de medición y pronto descubrió que la mujer emitía campos electromagnéticos que interferían con las señales de comunicación del experimento. Como las sustancias carcinógenas de Popp, ella alteraba las frecuencias. Esto parecía increíble, algo más propio del ámbito de la brujería que de la ciencia, pensó Benveniste. Seguidamente hizo que la mujer sostuviera en la mano un tubo de gránulos homeopáticos durante cinco minutos, y después examinó el tubo con sus aparatos. Toda actividad, toda señal molecular, había sido borrada. (28)

Benveniste era un teórico; ni siquiera era físico. Había entrado accidentalmente en el mundo del electromagnetismo y ahora se encontraba experimentando en un territorio completamente extraño para él: la memoria del agua y la capacidad molecular de vibrar a frecuencias muy altas o muy bajas. Éstos eran los dos misterios que no llegaba a resolver. Lo único que podía hacer era seguir trabajando donde se sentía más cómodo ( en sus experimentos de laboratorio ), mostrando que estos efectos eran reales. Pero había una cosa que no tenía clara. Por algún motivo que ignoraba, estas señales también parecían ser enviadas fuera del cuerpo y de algún modo estaban siendo recibidas y escuchadas.

Nota: Para las referencias bibliográficas ( de 2 a 28 ), consultar páginas 307 a 309 del libro “El Campo” de Lynne McTaggart.


Autor: Dr. Joan Mora
Fuente: Joan Mora Homeopatia
Extracto del libro “El Campo” de Lynn McTaggart.

Dr. Constantino Hering

Pionero de la Homeopatía en Norteamérica
Nacido el primero de enero del 1800, en Oschatz en Saxony, hijo del asistente del rector, Constantino Hering cursó sus años de escuela en Zittau, a donde su padre había sido transferido como rector. En 1817, estudío en la Academia de Cirugía en Dresden y en 1820 se fue a la Universidad de Leipzig a estudiar medicna. En la primera parte de sus estudios en Saxon, capital de Muses, hace amistad con Hahnemann.

Presenciaba sus conferencias sin entrar en conexión cercana con los estudiantes de Hahnemann. Pues éstos eran en su mayoría más grandes que él, y ellos habían formado un estricto y exclusivo círculo alrededor de ellos mismos.

Hering era un estudiante y un asistente del cirujano Dr. Robbi, quien después de una tendencia inicial hacia la homeopatía, se había convertido en un decidido antagonista de ésta.

El publicante de Leipzig, Baumgartner, le había pedido al Dr. Robbi que escribiera un libro en contra de Hahnemann y la Homeopatía titulado Heresy. Hahnemann, habiendo sido expulsado de Leipzig, debía de ser completamente aniquilado desde el punto de vista científico.

El Dr. Robbi no aceptó esta propuesta porque no tenía el tiempo suficiente, pero mandó al publicante a su asistente Hering. El que después sería honrado por la propuesta de publicante, Hering se entregó por completo al estudio cuidadoso de los escritos de Hahnemann. De esta forma él se involucró en la comprobación de la eficacia de las medicinas y empezó a practicar experimentos homeopáticos.

En 1821 él anunció su conversión a la homeopatía sin reservas para su maestro y para Baumgartner, quien le había hecho la propuesta.
 
Baumgartner se convirtío hacia la homeopatía tiempo después y ayudó a promover el movimiento, publicando trabajos y escritos de homeopatía. Era de temerse que las nuevas convicciones de Hering y su conversión a la homeopatía pudiera perjudicarlo en los ojos de sus maestros de Leipzig. Por lo cual, se fue a estudiar a Wurzburg y se graduó el 23 de marzo de 1826. En su tesis de doctor de medicina futura(sobre la medicina del futuro), se confiesa como un homeópata. Después de eso, regresa a Sajonia, para adquirir su permiso para practicar medicina en su país natal después de una examinación posterior.

Durante su preparación para ésta, él es asignado instructor de ciencia y doctor de la casa en el Instituto Educacional de Blochmann en Dresden. Esta posición le llamó bastante la atención dado su especial interés en ciencias naturales.

Pero, al año siguiente, un pariente lejano de Suriana, regresó a casa. Éste reflejaba tal entusiasmo en los recursos naturales del país, que Hering y Weinhold. el investigador científico, decidieron viajar con este pariente a la Guayana Holandesa.

El gobierno de Saxon y el Director de Blochmann apoyaron el proyecto con gran entusiamo, y así fue como Hering pudo ir a Suriana en 1827. Pronto después de su arribo, los dos exploradores se dieron a la tarea de un viaje de estudio científico al interior de este país.

En el curso de éste, Hering decubre el 15 de diciembre de 1827, cerca de Paramaribo, la capital de Surinam, a un hombre tirado, desesperadamente enfermo, al lado de un camino y lo toma dentro de su cuidado.

Cuando Hering regresa de su viaje, el recuperado paciente lo busca y lo toma como su maestro.

Por recomendación de este paciente y como el resultado de otras curaciones exitosas -Hering ya utilizaba el método homeopático- el gobierno lo hace médico oficial de Paramaribo. Hering mantiene conexión continua con su país natal, mandando sus experiencias y los resultados de sus investigaciones en materia médica.

De este periodo de su práctica como doctor en Paramaribo, se tienen cartas dirigidas a Hahnemann y numerosos artículos del archivo de Stapfs.

Añorando su país natal, Hering regresa a Alemania en 1833, aunque sea por una visita corta. A su regreso al nuevo mundo, arribó a Filadelfia (U.S.A.)donde amigos le pidieron que se quedara.

Él se estableció en este estado de la Unión Americana y fue desde este momento en adelante, su activo trabajo para la homeopatía.

Es sobresaliente lo que Hering, además de sus deberes méicos, logró en organización y en trabajo literario. En 1835 fundó, en conjunto con el doctor Wesselhft, la Academia Norteamericana Homeopática, en Allentown, a treinta y tres millas al norte de Filadelfia.

Fue la primera institución para la educación de la homeopatía en el mundo.

La institución tan sólo pudo existir unos cuantos años. Una deshonesta secretaria mal usó los fondos y enemigos de la homeopatía tuvieron todos los medios a su disposición.

Mientras tanto, Hering tuvo que batallar con dificultad acudiendo a Hahnemann para que lo ayudara en esta intención.

Sin embargo, el amor por su país natal, lo hizo regresar en 1845, manteniéndolo un año en Saxony y aparentemente atándolo para siempre a su tierra natal, pero su nuevo hogar en el nuevo mundo también lo llamaba y regresó de nuevo a los Estados Unidos a promover la homeopatía, esta vez con fresco caraje y renovada energía.

Junto con el doctor Williamson y el doctor John Jeanes fundó una nueva institución de instrucción para la homeopatía en febrero de 1848 -el Colegio Médico de Hahnemann de Philadelphia, Hering impartío clases hasta 1869 como profesor de Materia Médica.

Esta institución educacional, también tuvo grandes dificultades que superar antes de que fuera capaz, por medio de los generosos apoyos de adherentes homeópatas, para desarrollarse en un gran y autosuficiente instituto de la Homeopatía.

Hering escribió un inusual gran número de trabajos literarios. Encontramos un gran número de volúmenes en procedimientos médicos comprobados, curas exitosas, preguntas homeopáticas en disputa en los más variados diarios americanos y alemanes.

Su estilo era extraordinariamente suave, atractivo y conciso. Tal fue así que contradicciones y vacilaciones ocurrieron, trayendo a su paso disputas con Rummel y otros. No es, después de todo, de asombrarse.

Con especial interés él empezo un movimiento en América en pro de la adopción de comprobación metodológica de la medicina y avanza en esta causa lo más que le es posible. Estos resultados fueron seguidos en Alemania con gran interés.

Hasta la muerte de Hahnemann, Hering se mantuvo en constante contacto con él. Fue por la repetida urgencia del maestro que Hering, junto con doctores homeópatas de Filadelfia, le entregaron a su viuda un diploma de doctor.

Pero a pesar de este gran respeto y veneración por el maestro, Hering siempre se las arregló para mantener su juicio independiente. Aunque, en el año de 1837, Hering confeso:
Generalmente soy considerado como un estudiante y un adherido de Hahnemann y admito soy de los que se adhirió a él con más fe, veneración y entusiasmo por su grandeza. Pero al mismo tiempo, declaro que a la vez, desde mi primer encuentro con la homeopatía (1821) hasta el día de hoy, nunca he aceptado una sola teoría del Organon sólo porque está ahí estipulado.

A los ochenta años, fuerte y activo hasta en sus últimos años, Hering muere de un ataque al corazón el 23 de julio de 1880 después de regresar de una visita a un paciente.

Hering estuvo en la homeopatía como un trabajador incansable en el impulso de la maquinaria de la nueva ciencia de la curación.

A su precipitada partida de esta vida él había completado su misión (prepararle un lugar a la homeopatía en América).


APORTACIONES DE C. HERING
Antes de la Primera Guerra Mundial había en los Estados Unidos un total de 56 hospitales generales puramente homeopáticos, con 35 a 1,400 camas cada uno, nueve hospitales para mujeres (exclusivos de comadronas) con 30 a 100 camas cada uno, 13 asilo mentales con 150 a 2,000 camas cada uno, nueve hospitales para niños con 30 a 100 camas cada uno, 21 sanatorios con 20 a 250 camas, ocho orfanatos con tratamiento puramente homeopático, teniendo acomodamiento para 50 a 825 ocupantes cada uno.

Aquel éxito se le debe atribuir a Constantino Hering por su incansable labor y por el gran autosacrificio y devoción que tuvo para la Homeopatía.

Dentro de su producción literaria encontramos:
10 tomos de los Síntomas G. de Hering.
Materia Médica Condensada de aproximadamente 1,000 páginas.
Medicina Popular Homeopática.
Medicina Homeopática Doméstica.
Repertorio Manual de la Academia de Allentown.
Repertorio Analítico de Síntomas Mentales.

Contribuyó a la materia médica homeopática individualmente y en grupo con las siguientes patogenesias:
Aceticum Acidum, Aloe Socotrina, Allium Cepa, Apis Mellefica, Bronium, Caladium Seguinum, Calcarea Phosporica, Cistus Canadensis, Crotalus Horridus, Fluoricum Acidum, Glonoinum, Hamamelia Virginiana, Hippomanes, Hydrophobinum, Hypericum, Kalmia Latifolia, Kobaltum, Lachesis Trigonocephalus, Lachnantes Tictoria, Lithium Carbonicum, Mephitis Mephitica, Phytolaca Decandra, Tellurium Metallicum, Theridion Curassavicum Psorium, Selenium.

Constantino Hering dentro de todo su ejercicio profecional pudo trascender gracias a su talentoso esfuerzo y su congruente practica Clínica del Unicismo Homeopático (Prescribir un solo medicamento por vez) como lo demuestra las Notas Clínicas que se puedieron rescatar de él.


Autor: Dr. Gabriel Martínez Fragoso, de Aguascalientes (México)
Artículo cortesía del autor para homeopatía.com.mx
Fuente: http://www.golf.com.mx/adminhomeopatia/notinoticias.cfm?p=2&idt=302

EL DR. AUGUSTO VINYALS ROIG (1886-1951)

CRONISTA DE LA ACADEMIA Y GRAN PROPAGADOR DE LA HOMEOPATÍA
En esta ocasión presentamos la figura del Dr. Augusto Vinyals que, tal y como señalamos en el título de más abajo, se significó como un gran cronista de la vida homeopática en el tiempo que le tocó vivir, en un infatigable traductor y articulista, así como en un gran divulgador de la homeopatía. La propia biografía inconclusa que viene a continuación, debidamente adaptada y con algún añadido, fue escrita por el propio Dr. Vinyals y se ha extraído de su obra La Homeopatía en España. Notas históricas y estado actual, publicada en 1924.
En el año 1990 se conmemoró en Barcelona el I Centenario de la Academia y se organizó el 45º Congreso de la Liga Médico Homeopática Internacional (LMHI). Para tal magno acontecimiento la Academia editó un valioso libro, cuyos ejemplares llenan algunas estanterías de nuestra biblioteca, el contenido del cual en la primera parte recoge los preparativos y ponencias del International Homoeopathic Council celebrado en Barcelona en el año 1924, y una segunda parte escrita por el Dr. Augusto Vinyals, obra que se cita más arriba, consiste en una historia detallada de la homeopatía y de los médicos homeópatas que ejercieron en España en el período que va desde 1827 hasta 1924. Queremos destacar también que el Dr. Vinyals fue miembro fundador de la LMHI, entidad creada en Rotterdam en 1925. A tal evento participó también el Dr. Bertrán Figueras, ambos miembros de la Academia Médico-Homeopática de Barcelona. Augusto Vinyals nació el 12 de Marzo de 1886 en la ciudad de Terrassa (Barcelona). Inició estudios de Medicina en la Universidad de Barcelona y terminó la licenciatura en Zaragoza el 20 de Junio de 1910. En Madrid prosiguió su formación con el fin de obtener el grado de Doctor. Su abuelo D. Miguel Vives y su padre D. Lázaro Vinyals se convirtieron en reputados homeópatas por lo que desde su más tierna infancia pudo asistir a los beneficios y logros de la terapéutica hahnemanniana, circunstancia que tuvo que favorecer decisivamente que con el paso del tiempo se dedicara con total ahínco a su práctica y divulgación. Ingresó en el Instituto Homeópata de Barcelona, siendo presentado en dicha institución –escindida de la AMHB en 1904- por el Dr. Jaime Peiró. Colaboró en la revista La Homeopatía Práctica, publicando en ella su primer artículo Pulsatilla, que tradujo del inglés de la Materia Médica de Dewey Essentials of Homeopathic Therapeutics. Después de este primer artículo siguieron otras traducciones antes de publicar su primer artículo original. Su actividad como traductor no se limitó únicamente en publicar artículos para revistas homeopáticas, sino que tradujo diversas obras fundamentales del conocimiento homeopático, siendo una de las más destacadas el libro Lectures on Homeopathic Philosophy de J.T. Kent, que probablemente muchos de nosotros tengamos en casa. Cuando el Instituto Homeópata y la Academia volvieron a fusionarse, en el año 1913, pasó a ser miembro activo de la renovada institución ocupando el cargo de Bibliotecario durante años. Pero es en la Revista de Homeopatía Práctica donde entregó de lleno sus energías con el fin de difundir al máximo la homeopatía. Entre alguno de los artículos originales que publicó, traducciones aparte, destacamos: “Verrugas y Lipomas”; “Nash y su obra”; “La Homeopatía es difícil”; “Individualización”; “Del Diagnóstico” “Terapéutica Hidromineral en sus relaciones con la Homeopatía”; “La Homeopatía en América”, etc. Organizó diferentes banquetes en honor de Hahnemann, destacando los realizados en los años 1918, 1919 y 1924, suponiendo este último una gran manifestación de la homeopatía catalana que recibió muchas adhesiones procedentes de Europa y América. Contribuyó eficazmente a estrechar lazos de unión entre diferentes países, pero muy especialmente con los de América Latina, al punto de ser considerado el fundador de la Liga Homeopática Iberoamericana, cuya entidad central estuvo domiciliada en Barcelona. Su ingente actividad en favor de éste proyecto se refleja en el gran número de sociedades a las que tuvo el honor de pertenecer siendo entre otras, socio de honor del Instituto Hahnemanniano do Brasil; del Instituto Homeopático de Colombia; de la Sociedad Médico-Homeopática de Yucatán (Méjico) y de la Sociedad Médico-Homeopática de Guatemala. Asimismo fue corresponsal de la Societé Française d’Homéopathie de Paris. Fue miembro fundador de la LMHI en el año 1925 en la ciudad de Rotterdam, entidad en la que llegaría a ocupar el cargo de secretario general. Se significó como un encendido y estricto defensor de la doctrina hahnemanniana, posición que le reportaría más de una acalorada discusión. Fundó y dirigió la revista El Sol de Meissen, título que refleja a las claras la admiración que sintió por Hahnemann. Autor: Dr. Xavier Cabré
Publicado en Revista Homeopática, septiembre 2005, nº 54.