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El monopolio de la verdad


La ciencia es un cuerpo de conocimientos acumulado a lo largo de los siglos gracias a la investigación humana. En cada época el concepto de ciencia ha variado según el uso y las costumbres, en cada sociedad. Lo que se consideraba ciencia en la antigua Babilonia no es lo mismo que en la Grecia clásica, ni coincide con Francis Bacon ni con los avances actuales. La ciencia como disciplina dispone de métodos de investigación adecuados a sus objetos de estudio. El método científico, que nace con Francis Bacon en el siglo XVII, no es más que un instrumento humano para aproximarnos a una parte de la realidad. Los científicos saben que con el método científico hay realidades a las que no se puede acceder, porque  el instrumento no se adapta a ellas. A partir de ahí, una de dos: o se niegan esas realidades o se aceptan las limitaciones propias del método científico.

La homeopatía, ciencia cuyo corpus se desarrolla durante el siglo XVIII, se adapta al método científico tal como estaba elaborado hasta ese momento. Los dos principios básicos de la homeopatía, la ley de similitud y la experimentación pura, cumplen rigurosamente con los requisitos del método inductivo y del método hipotético-deductivo, tales como los sistematizó Bacon. Y, de hecho, como prueba difícil de refutar, la Homeopatía ha persistido en sus mismos fundamentos durante más de dos siglos, adaptándose a la cambiante patología humana, y a pesar de los avances en el conocimiento de la fisiología humana. Si lo comparamos con la variabilidad en el diagnóstico y el tratamiento del devenir de la medicina más convencional, con sus cambiantes diagnósticos y pautas de tratamiento, y sus resultados muchas veces empíricos y aleatorios, no cabe duda que la medicina homeopática ha ofrecido durante estos últimos dos siglos mayores garantías de éxito en el tratamiento de la enfermedad humana, tanto en las grandes epidemias que asolaron el siglo XVIII, donde la Homeopatía destacó por su relevante éxito frente a las alternativas convencionales, hasta el tratamiento de las enfermedades crónicas, gran plaga de las sociedades más modernas, que no se han conseguido atajar con la avanzada tecnología médica.

Los avances científicos en varias ciencias teóricas (Física, Química, Matemáticas) durante el siglo XX han demostrado fehacientemente que la visión mecanicista de la medicina que todavía se contempla en la actualidad, ha quedado totalmente obsoleta. La aplicación de esos avances a las ciencias aplicadas, como es el caso de la Medicina, han supuesto un retraso en la efectividad de los tratamientos propuestos, sobre todo a largo plazo. El éxito se ha conseguido en ciertas áreas muy limitadas, en el campo de la Cirugía sobre todo, donde la consideración del cuerpo humano como una máquina resulta funcional para obtener resultados prácticos a la hora de reparar o sustituir órganos. Pero en el campo propiamente médico, donde la curación debería medirse por el grado de desaparición de la sintomatología y la independencia respecto a medicamentos que imponen efectos terapéuticos violentos, sin respetar la homeostasis, los fracasos y la polifarmacia son la norma.

Frente a esa realidad clínica insidiosa, la medicina debería estar abierta a experimentar con todo aquello que pueda beneficiar al ser humano sufriente, sin reparar en prejuicios teóricos. Porque… ¿cuál es el objetivo de la medicina: la curación de la enfermedad o la elaboración de hipótesis? Si la ciencia no es capaz de aliviar el sufrimiento humano con toda su complejidad, ¿porqué no recurrir a otras disciplinas que puedan aportar su grano de arena?
Parecería que el dilema es conceptual, pero frente al dolor y al sufrimiento lo determinante no son las disquisiciones teóricas sino su alivio. Muchos supuestos defensores a ultranza de la ciencia están en total desacuerdo en usar otros instrumentos que no sean los proporcionados por la ciencia; ciencia, por cierto, con la que también se han logrado algunos de los desastres más grandes de la humanidad (las bombas de Hiroshima y Nagasaki, por ejemplo). Los avances científicos no están exentos de riesgo, y eso lo vemos en los efectos secundarios de la mayoría de medicamentos químicos, habiéndose convertido en una de las principales causas de morbomortalidad a nivel mundial.

Los políticos –incluyendo también los que ejercen cargos en estamentos médicos y académicos-, que deberían estar al servicio de las necesidades sociales, deben estar abiertos a las demandas que los ciudadanos expresan, entre ellas en materia de sanidad. Las sociedades actuales son sociedades plurales, donde conviven creencias múltiples. En este contexto, la libertad de elección terapéutica se convierte en un imperativo moral de primer orden. No puede ser el estado ni el gobierno quien decide cómo nacer, cómo vivir, cómo tratarse, cómo morir. Existen diferentes alternativas y cada ciudadano elige según sus referencias. Aquí la cuestión no es quién tiene la verdad, sino quién ejerce la justicia, quién permite que esa justicia sea igual para todos los ciudadanos, quién la respeta a pesar de sus convicciones quizás incluso opuestas.

La verdad es inaccesible, en toda su amplitud, a la percepción del ser humano. Para acercarse a ella, el hombre dispone de los sentidos de la percepción, que le permiten observar, y del raciocinio, que le permite deducir y sacar conclusiones. A partir de esas mismas facultades, algunos han desarrollado percepciones y han llegado a conclusiones desde diferentes perspectivas. Les llamemos magia, ciencia o arte, lo importante es que sean útiles para mejorar la vida en el planeta.

Toda persona que se crea en posesión de la verdad, al igual que todo gobierno o todo estamento de poder, es un peligro para el resto de la sociedad, si pretende imponer su criterio por encima del de los demás. La democracia impone el respeto y la tolerancia hacia lo diferente, el respeto por todas las opciones, si no atentan a la vida, y si no son peligrosas para el resto.

En medicina, como en cualquier otra disciplina, hay perspectivas diferentes, más amplias o más reducidas, todas ellas con un mismo objetivo: mejorar la salud de la población. Y cualquier autoridad, cualquier gobierno, debe velar por el cumplimiento de ese objetivo, por encima de intereses particulares, económicos o de otra índole; intereses que siempre existirán, y a los que habrá que poner límites, para que prevalezca el bien común.

La medicina no sólo es ciencia, también es arte; y ese aspecto artístico le confiere unos rasgos de imponderabilidad por encima de lo mensurable, que le permite adaptarse e interpretar más adecuadamente la realidad del sufrimiento humano.

HOMEOPATÍA: LA GRAN ACOSADA

Mientras algunas autoridades  intentan coger agua  bendita entre las manos y oficiar el sepelio de las mal llamadas medicinas alternativas (Medicina Tradicional  y Complementaria les llama la Organización Mundial de la Salud, OMS), nuestro Congreso de los Diputados rechazó en febrero pasado una Proposición no de ley  presentada por el partido ¿liberal? Ciudadanos que alegaba la necesidad de proteger a los enfermos de las citadas  medicinas considerándolas “pseudociencias y/ pseudoterapias”  (entre las cuales se encuentran la Acupuntura y la Homeopatía)  proponiendo que los mismos médicos denunciasen a aquellos colegas compañeros  que ejercieran cualquier práctica como estas alejadas, eso dicen, de la evidencia científica.
Siguiendo la estela tan  extravagante  caza de brujas en pleno siglo XXI  la Organización Médica Colegial (OMC) constituyó el  “Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias”  cuya alta misión  es  perseguir, controlar y fiscalizar, y en su caso denunciar,  a los médicos que las prescriben a pesar de la tozuda realidad que supone  que la OMS no solo no ha puesto en duda la eficacia de tales  enfoques terapéuticos, afirmación que  puede verse en su informe “Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2014-2023”. En él se  afirma que, sobre la eficacia y su valoración,  estas terapias presentan  métodos  igualmente valiosos  instando  a los gobiernos de todo el mundo a regular e incluir en los sistemas públicos a las  mismas. En el citado informe la anterior Secretaria General de la OMS  reconoció que la función de  la Medicina Tradicional o Medicina Complementaria en el mundo  es bien “el pilar principal de la prestación de servicios de salud” bien “su complemento”.  Es más, añadió también que tal tipo de medicina es “una parte importante  y con frecuencia subestimada de la atención de salud que se practica en casi todos los países del mundo y cuya demanda va en aumento”. Por otro lado también subrayó que “muchos países reconocen ya la necesidad de elaborar un enfoque coherente  e integral sobre la atención de la salud que facilite a los gobiernos, a  los profesionales sanitarios  y muy especialmente a los usuarios de los servicios sanitarios  el acceso a la Medicina Tradicional y Complementaria de manera segura, respetuosa, asequible y efectiva”. De ahí que uno de los objetivos para la OMS  para el periodo 2014-2023 sea  fomentar la integración de la Medicina no Convencional en los sistemas nacionales de salud.
Para alguno esto ha sido como mentar a la bicha al no coincidir, en esta ocasión, sus propios criterios con los de la citada institución.  El propio  Ministerio de Sanidad  español contestó a la propuesta de Ciudadanos recordándole que si bien no existe regulación estatal específica sobre este tipo de “terapias”  los productos homeopáticos  tienen  en toda Europa la consideración legal de fármacos de venta exclusiva en farmacias. Algo que los farmacéuticos tienen  claro y que aquí, en nuestra Comunidad Valenciana, han dejado claro  a pesar  de la campaña  en contra de su venta a la que  se ha sumado la real Academia de Farmacia. Por lo tanto seguirán vendiéndola (véase el diario Información del día  27 de julio del presente) o la opinión de la  presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Alicante  aparecida  en  el diario El Mundo el mismo día, señalando que  “la Homeopatía no es una cuestión de opinión sino de ley”. Opinión en contra  del peculiar criterio desfavorable hacia la misma  de  nuestra Consellera de Sanidad que quizás desconozca  o calle los preceptos derivados de la OMS y que el ejercicio de la Homeopatía tiene la consideración de “Acto Médico” reconocido por la propia OMC el 17 de diciembre de 2009. La  citada Consellera  remitió, no hace mucho,  una instrucción a todos los departamentos de salud valencianos para recordarles que la Homeopatía está excluida de la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud (SNS) y que su promoción y desarrollo en centros sanitarios públicos están prohibidos. Además solicitó por carta a la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, que  retirase el Real Decreto Legislativo 1/2015, el que reconoce la legalidad del medicamento homeopático.
Este acto de agresión hacia la homeopatía, agravado por el establecimiento del citado Observatorio de la OMC, pertenece a  una estrategia que se inició cuando fue publicado  el informe  sobre “Terapias Naturales” que en 2011 realizo en Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad: primer documento oficial sanitario español realizado por numerosos representantes  de todas las comunidades.  Se da el caso de que la medicina convencional no tacho en ningún momento  dicho documento de no  ser  fiable  y nunca definió a tales  terapias como “pseudoterapias o pseudociencias”. Es más, en dicho documento   jamás se solicitó inhabilitar a  quienes ejercen  tales terapias o cerrar páginas web con tales contenidos.  Estrategia que continuó  mediante la utilización  interesada de los “escépticos” agrupados en dos principales  organizaciones contrarias a estas terapias,  a pesar de que sus miembros poseen escasa formación académica y profesional en materia sanitaria y de salud.  Esta fue la segunda batalla perdida por ellos. La tercera batalla es la que fue enarbolada por determinadas asociaciones de enfermos denunciando a determinados prescriptores de este tipo de terapias. Denuncias que fueron archivadas finalmente. Asociaciones, estas y otras, a las que se les ha demostrado estar financiadas por multinacionales farmacéuticas. No se nos escapa  que al frente del Grupo Español de Pacientes con Cáncer, esté una experta en empresas formada en Harvard y no un paciente afectado por tal patología. La propia patronal farmacéutica española, Farmaindustria,  ya admitió  sin ningún rubor su interés por las asociaciones de enfermos. Interés que fue  denunciado por el Comité Permanente de Médicos Europeos el 11 de septiembre de 2004 en un comunicado oficial y que evidenciaba que  el  mismo  no es más que  puro marketing. Táctica de “acercamiento a los pacientes”  que emplearon cuando se dieron cuenta de la mala prensa que tenían  por su relación “directa” con los médicos a través de sus visitadores médicos. La cuarta batalla es la que todavía se está librando: la batalla de una conspiración perfectamente organizada.
Sin embargo toda esta actividad contraria a la Homeopatía no puede esconder  otras tantas investigaciones,  estudios y posicionamientos favorables – hasta de algún que otro premio Nobel-.  Ejemplo de ello es  el Proyecto CAMbrella, impulsado por la Comisión europea para conocer la actualidad y la radicación  de tales terapias en los estados europeos. Así    19 de los 39 países  tiene una legislación general relativa  a tales terapias; 11 de ellos con una Ley específica y 8 incluyéndolas  en sus leyes sanitarias: Francia, Bélgica, Finlandia,  Alemania y Suiza. Por otro lado y según un informe del Centro de Información Europeo  sobre Medicina  Complementaria y Alternativa más de 100 millones de europeos las utilizan. La propia OMS recoge en el informe citado arriba  que en Europa más de 146.000 médicos  utilizan   terapias complementarias, de los que unos 50.000  son homeópatas. Bien es sabido que  en 1997 el Parlamento Europeo instó a la Comisión Europea  a regular  en la Unión la enseñanza y la práctica de las medicinas no convencionales con numerosos argumentos, entre los que estaban  el derecho y el deber  que los médicos tienen de utilizar  en conciencia y según sus conocimientos todos los métodos terapéuticos de los que disponen. Propuesta apoyada en 1999  por el Consejo de Europa. Es más, la anterior Directora general de la OMS (Margaret Chan) durante la Conferencia Internacional para los países de Asia Sudoriental celebrada en febrero de 2013, afirmo que “para muchos millones de pacientes este tipo de terapias representa la principal fuente de atención sanitaria…//…haciéndola atractiva  en el actual contexto de encarecimiento  de la citada atención”.
Entonces ¿por qué tanto ruido en nuestro país? ¿Qué está detrás de este aquelarre de políticos y médicos contra médicos?  ¿Qué hay en la trastienda de esta campaña de desprestigio contra la Homeopatía y contra los médicos que la prescriben?  ¿Por qué  la OMC, Ciudadanos, algunos políticos y algunas agrupaciones  de escépticos  no reconocen, es más persiguen con saña  la Homeopatía  mientras que su eficacia no la pone en duda ni la mismísima OMS?  El asunto no es baladí y su respuesta es atronadora aunque  deja en el aire varias cuestiones. La primera es que si la OMC tiene razón y estas terapias no son válidas ¿cómo es posible que las consintiesen durante años incluso dentro de sus propios colegios permitiendo que miles de pacientes fuesen estafados? Y si estas terapias, repito avaladas por la OMS, son efectivas ¿no están demonizando y fiscalizando la profesionalidad de aquellos que las ejercen? Puedo aportar documentos que demuestran que un  presidente del colegio de médicos de Alicante, ya fallecido, apoyó y refrendo, dentro del propio colegio, la formación en materia  homeopática, facilitando cursos y espacios de reunión. Eran otros tiempos.
La respuesta, por tanto,  no ha de buscarse en la falta de eficacia de estas terapias, ni en la falta de estudios e investigaciones, ni en la adecuada formación de quienes la practican (en muchos Colegios de médicos, incluido el de Alicante, se crearon para tal fin  comisiones de acreditación) ni siquiera en la pretendida capacidad de la medicina oficial  para solucionar problemas pues ahí están las estadísticas de mortalidad y morbilidad. El sistema sanitario actual, ineficaz, caro e insostenible,  no ha conseguido, pese a los avances tecnológicos, cumplir con su máximo objetivo: aumentar el  nivel de salud de la población. La medicina actual, anclada en el paradigma mecanicista, no ha incorporado los nuevos avances conceptuales ni los descubrimientos que sobre las altas diluciones se han efectuado. Véase, por ejemplo, el artículo en PloS  sobre una investigación realizada en la Universidad de Verona sobre la eficacia del árnica en diluciones homeopáticas o las investigaciones sobre la presencia de nanoparticulas  en las mismas. Por lo tanto es incapaz de dar una respuesta que no va más allá de ofrecer, en la mayoría de casos, soluciones intermedias, sintomáticas y paliativas sin llegar a entender la verdadera raíz o causa de ninguna patología. Tampoco es capaz de responder  al  25 %  de aumento en el número de pacientes que mueren por alguna “enfermedad” en los últimos 15 años. Aumento que también alcanza a los fallecidos por cáncer en nuestro país año tras año. Aumento no explicable siquiera por el aumento de población.  Es insufrible, a la par que insólito que indocumentados e ignorantes sigan negando la existencia de trabajos científicos que avalan la Homeopatía  aun a sabiendas de que muchos pediatras, obstetras y cirujanos la prescriben  de forma sistemática tras sus intervenciones.
La respuesta finalmente, y a pesar de los apoyos institucionales de la máxima autoridad sanitaria, del Consejo de Europa y de  la Comisión Europea,  hay que buscarla en la presión que sobre los estados y sus gobernantes, sobre los médicos y  sus representantes, sobre los planes de estudios dentro de las facultades de medicina y sobre la mayoría de sociedades científicas y de pacientes españolas  ejerce  la  industria farmacéutica.
No se trata, por tanto,  de eficacia tal y como se desprende de las  instrucciones dadas por la Consellera  valenciana señalando además que son “prácticas sin evidencia científica que no curan y generan confusión” y que, por ello, es necesario crear “un instrumento dirigido a sentar criterios uniformes” para los profesionales sanitarios, “contribuyendo a la claridad en la adecuada prestación asistencial”. De hecho si de eficacia  hablamos habrá que colegir que la medicina “oficial”,  a pesar de sus destellantes avances tecnológicos, no ha conseguido fármaco ni  tratamiento alguno que sea capaz de prevenir o curar ni una sola enfermedad crónica o degenerativa. En su día la revista British Medical Journal –uno de los   altares donde genuflexionan  los fervorosos creyentes de  la ciencia médica– en una investigación titulada Clinical Evidence, y que analizó unos 2.500 tratamientos convencionales llegó a la conclusión de que solo el 13 %  de los mismos eran beneficiosos, el 23 % algo beneficiosos, el 8 %  entre beneficiosos y dañinos, el 6 % poco probable de ser beneficiosos y el 4 % ineficaces o perjudiciales. Del resto (46 %)  no se sabía nada. Algún tiempo después esta investigación se  amplió   a 3.000 tratamientos convencionales demostrando que: el 11 % eren claramente beneficiosos, el 24 % algo beneficiosos, el 7 % entre beneficiosos o dañinos, el 5 % poco probables de ser beneficiosos y el 3 % ineficaces y/o dañinos. Del otro 50 % no se sabía, ni se sabe, nada. Otro estudio de la Universidad  de Duke,  aparecido en la revista JAMA  sobre las guías de práctica clínica cardiológica avaladas por el Colegio Americano de Cardiólogos y la Asociación americana del corazón, demostró que solo el 11 %  de los tratamientos  cardiológicos se basaron en ensayos clínicos aleatorios: el más alto nivel de evidencia clínica.
También recomiendo leer  el artículo aparecido en PloS Medicine de título ¿Por qué la mayoría de los resultados publicados sobre investigación son falsos? Escrito por John Ioannidis, uno de los  investigadores más destacados en metaanálisis a nivel mundial. Según sus conclusiones, el 80 % de los estudios no aleatorios y  el 25 % de los aleatorios son erróneos. En otro estudio publicado en la misma revista con el título de ¿Por qué la mayoría de la investigación clínica es inútil? da una medida de lo que está pasando en la medicina oficial.
Un trabajo, aparecido en Acta Sanitaria y fundamentado en otras tantas investigaciones, de un conocido colega, coordinador del equipo CESCA, de título La Medicina como ciencia: menos arrogancia que tiene poca ciencia,  presentó unas conclusiones que deberían hacer sonrojar a muchos. Por ejemplo que el 90 % de la investigación publicada en medicina es falsa; que la mayoría de estudios publicados no se pueden replicar; que el 85 % del dinero usado en investigación es puro despilfarro; que apenas el 11 % de los 3.000 protocolos de la medicina convencional han demostrado ser útiles; que los medicamentos de síntesis causan en la Unión Europea la  muerte de 179.000 personas al año; que las embarazadas, parturientas y madres lactantes están siendo sometidas  a tratamientos y pruebas innecesarias; que millones de varones se vuelven incontinentes e impotentes a causa de los tratamientos que prescriben urólogos al diagnosticarles canceres de próstata inexistentes; que los psicofármacos lleva cada año a la muerte a más de 500.000 personas, etc, etc.
La fracasada medicina oficial, en manos de quienes ya desregularon  la innovación farmacológica,  está causando un  aumento de enfermos y enfermedades, un  aumento del gasto sanitario y el fracaso del sistema de salud. Las Agencias sanitarias casi no intervienen en la investigación preclínica y numerosas investigaciones, véase el artículo de la organización Proyect on Goverment Oversight (POGO), por ejemplo,  describen  como “fantasmas” a los autores en áreas tan específicas como la de los antidepresivos pediátricos. Así se fabrica la “evidencia”. Véase también la denuncia aparecida en el Journal of Nervous and Mental Diseases, sobre el mismo tema efectuada por el investigador Glen Spielmans en 2008, o  la denuncia de Richard Horton, editor de The Lancet sobre este tipo de revistas y su relación con las multinacionales farmacéuticas, o las críticas de la editora del New England Journal of Medicine,o las del ex Editor Jefe del Britisch Medical Journal, o las numerosas denuncias sobre los daños ocasionados por fármacos  realizadas por muchos investigadores, médicos, pacientes, periodistas  y concienciados, incluso premios Nobel. ¿Y aún nos preguntan por qué usamos Homeopatía y defendemos otro modelo sanitario y asistencial?
No, no se trata de hacer una lista de aquello que nos pueda parecer malo o bueno de forma arbitraria, de tachar de pseudoterapias determinadas estrategias terapéuticas avaladas por máximos organismos internacionales. Hay terapias y métodos complementarios  y alternativos, con elementos discutibles como cualquier otra,  cuya seguridad  y eficacia  ya no es discutible  incluso son corrientes en muchos y prestigiosos centros sanitarios del mundo.
La política y el interés  no deben confundirse con la ciencia. El escéptico, médico o no,  y algunos políticos, incluso los  bienintencionados,  se nombran a sí mismos  defensores de la ciencia pero en realidad no se basan en la duda científica sino en la fe en la Ciencia. Y esto  es bastante absurdo porque tener fe, incluso en la ciencia, no es nada  científico. Las sesgadas afirmaciones de los escépticos están repletas   de una enorme confianza  en lo científico y por ello  establecen   una especie de cruzada contra lo acientífico, supuestamente, por el bien de la humanidad, de la cual ellos son su agente mediador y  benefactor. Con ello, utilizando la ciencia como fuente de ética olvidan que la ciencia es una herramienta para conocer las consecuencias de nuestras acciones, pero no para decidir si éstas son buenas o malas. La ciencia no  puede ni deber  ser una religión. Los que  la deifican  no tardaran en levantar hogueras allá donde consideren. Ya lo hicieron y volverán a intentarlo.  A las pruebas me remito.
Autor: Adrián Martínez
Publicado el 23/11/2017.
Fuente: alicantehoy.es

Cortesía entre médicos


Si los ignorantes me censuran o  escarnecen, otórgame que el amor de mi  arte, como una coraza, me torne invulnerable, para que pueda perseverar  en la verdad sin atender al prestigio, el renombre y a la edad de mis  detractores.  
Oración de Maimónides. Fragmento.
(incluída en la introducción del Código de Deontología médica de la Organización Médica Colegial (OMC)

“En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.
La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.
Mis colegas serán mis hermanos.
                Versión del juramento hipocrático de la Convención de Ginebra, 1948. Fragmento.

Recordaré que la medicina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico.
Recordaré que no trato una gráfica de fiebre o un crecimiento canceroso, sino a un ser humano enfermo cuya enfermedad puede afectar a su familia y a su estabilidad económica. Si voy a cuidar de manera adecuada a los enfermos, mi responsabilidad incluye estos problemas relacionados.
Versión del Juramento Hipocrático (1964) de Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, muy utilizada actualmente, sobre todo en países anglosajones. Fragmento.


La Declaración de Ginebra de la Asociación Médica Mundial (AMM) incluye esta promesa: “prometo considerar como hermanos y hermanas a mis colegas”.

Declaraciones de médicos[i] que se han ido produciendo en los últimos tiempos hacen dudar cuando menos que esa declaración de principios éticos se tenga mínimamente en cuenta. Cuando médicos de profesión enarbolan el argumento del insulto y el escarnio público para intentar desprestigiar el ejercicio médico de otros colegas, sin ningún reparo ni vergüenza hacia el mal que pueden infringir, aún sin razón, hacia ellos y, de rebote, hacia sus pacientes, ponen en evidencia por sí mismos su limitada categoría humana y, por ende, profesional.

La sociedad tecnológica digital, bajo una pretendida libertad de expresión indiscriminada, permite que cualquier exabrupto pueda ser dicho, repetido y reproducido hasta la saciedad con total impunidad. Las redes sociales facilitan el mantenimiento de flujos de opinión que, al igual que las tertulias televisivas de amplia audiencia con tertulianos opinando sobre temas totalmente ajenos a su conocimiento y experiencia, fácilmente pueden manipular y tergiversar la información, en la forma y en el fondo, sin respeto alguno hacia la veracidad.

¿Qué hacer ante tantas salidas de tono? ¿Responder con  la misma moneda rebajándose al mismo nivel que el difamador, con una contradifamación, o cuando menos una defensa a ultranza? Pero se sabe que hace más daño una mala noticia, que el bien que hace una de buena. ¿Intentar demostrar que el difamador está en un error  o, al menos, poner en cuestionamiento que su criterio sea válido? Se hace, pero al difamador “profesional” no le interesan argumentos ni razones, sólo le importa denigrar, y cuanto más mejor.

Actualmente, hay un grupo de difamadores profesionales, autodenominados “escépticos”[ii], que pretenden tener el monopolio de la verdad, sin escrúpulos a la hora de agraviar y ofender a quien no comparte sus opiniones. Son los nuevos fanáticos de la ciencia, que en nombre de ella son capaces de crucificar inocentes. Es un movimiento predominantemente europeo[iii], que funcionan como una secta, al elevar a la categoría de dios a la sacrosanta ciencia.

Como decía un filósofo de la ciencia[iv], …la ciencia, hoy en día, es nuestra religión favorita.” Cuando el lugar que pertenece al ámbito de lo divino, es decir, el de las verdades absolutas, de lo absoluto en general, se sustituye por verdades profanas, se invierte la categoría de las cosas, se confunde el observador con lo observado, lo humano con lo divino. Es una visión reduccionista de la realidad, que conlleva muchos fallos, bien representado por Goya en su grabado El sueño de la razón produce monstruos.

Sin embargo, todavía quedan médicos honrados capaces de valorar los desaguisados de esos desaprensivos,  que así llegan a la conclusión de que “La secta de los escépticos es de otro mundo, del que promueve una medicina autoritaria y biológica que ignora las cuestiones antropológicas, éticas, humanas, espirituales, psicológicas y sociales. Es lamentable su afán destructor y el linchamiento de críticas constructivas a la medicina, pues su hostigamiento impide la mejora de la misma medicina.” [v]

También desde otras perspectivas no dogmáticas se critica a esos seudoescépticos[vi] y se pone en evidencia la manipulación de sus argumentos[vii], así como la debilidad de sus postulados[viii].

Por otro lado, desde la ética médica, se reconoce que “El recurso del paciente a personal de salud tradicional o alternativo presenta un desafío particular a la cooperación por el mejor interés del paciente. Al menos algunas intervenciones tradicionales y alternativas tienen efectos terapéuticos y son escogidas por los pacientes, los médicos deben tratar de cooperar con sus profesionales. La manera de hacerlo variará según el país y el tipo de profesional. En todas estas interacciones el bienestar del paciente debe primar sobre todo.[ix]

Además “La independencia profesional es un derecho y un deber del médico, tal como lo señala el Código de Ética y Deontología Médica vigente en su art. 22”, aspecto refrendado por la Asamblea General del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, en sesión celebrada el día 23 de enero de 1.999, bajo el epígrafe de “La libertad de prescripción del médico”.

Lo grave de la situación es que esa, llamémosle –de la forma más cortés-, descortesía profesional llegue a impregnar la mentalidad de las autoridades competentes, que son las que deberían ejemplificar de la forma más cuidadosa la ética médica y el código deontológico, y les lleve a tomar acciones totalmente fuera de lugar. Me refiero concretamente a la creación del Observatorio de la OMC contra las pseudociencias y las pseudoterapias[x], a modo de cruzada en el mejor estilo inquisitorial, animando a denunciar a los propios colegas médicos, sin demasiados miramientos ni cortapisas, y con un criterio muy liviano. De hecho, algunas críticas ya se han alzado considerando que “La Organización Médica Colegial ha abierto una peligrosa y contradictoria puerta contra la libertad clínica y de prescripción” [xi], es decir, un atentado en toda regla contra una de las normas deontológicas básicas de la profesión médica.[xii]

¿Hemos olvidado el objetivo último de la Medicina: curar al enfermo? Ni el enfermo, ni la sociedad,  piden que se le cure “científicamente”. Se pide un alivio, un mejoramiento, y si es posible, la erradicación de la enfermedad, de la forma más rápida, fácil y suave, provocando el mínimo de efectos secundarios (primum non nocere).

Ante el panorama actual de aumento de las enfermedades crónicas, degenerativas, inmunitarias, cancerosas, sin tratamientos etiológicos efectivos, que condenan a la mayoría de los enfermos a la polimedicación, ¿con qué argumentos teórico-filosóficos de peso se pueden condenar técnicas terapéuticas no convencionales, algunas de ellas centenarias y milenarias, cuya eficacia en muchos casos está suficientemente demostrada, empírica y/o experimentalmente?

Los expertos sanitarios a nivel mundial (OMS) aconsejan el uso y desarrollo de esas técnicas, y aseguran que “La medicina tradicional se viene utilizando desde hace miles de años, y sus practicantes han contribuido enormemente a la salud humana, en particular como proveedores de atención primaria de salud al nivel de la comunidad.”[xiii] Por ello, han elaborado una estrategia[xiv], que resumimos a continuación.

“La estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2014-2023 ayudará a las autoridades sanitarias a encontrar soluciones que propicien una visión más amplia respecto del mejoramiento de la salud y la autonomía de los pacientes. La estrategia tiene dos objetivos principales, a saber: prestar apoyo a los Estados Miembros para que aprovechen la posible contribución de la medicina tradicional y complementaria (MTC) a la salud, el bienestar y la atención de salud centrada en las personas, y promover la utilización segura y eficaz de la MTC mediante la reglamentación de productos, prácticas y profesionales. Esos objetivos se alcanzarán por medio del establecimiento de tres objetivos estratégicos, a saber:

  1. desarrollo de una base de conocimientos y formulación de políticas nacionales;
  2. fortalecimiento de la seguridad, la calidad y la eficacia mediante la reglamentación; y
  3. fomento de la cobertura sanitaria universal por medio de la integración de servicios de MTC y la autoatención de salud en los sistemas nacionales de salud.”[xv]

 Ya no se trata de cortesía entre médicos, sino también de cortesía sobre todo hacia los pacientes. Debemos hacer todo aquello que esté en nuestras manos para favorecer el desarrollo de una medicina que aproveche todos los recursos existentes, diagnósticos y terapéuticos, para mejorar la salud de la población.



[i] Dr. Vicente Baos y otros.
[iv] Paul K. Feyerabend. Diálogo sobre el método. Ed. Cátedra. Madrid, 1989.
[ix] El médico y los colegas. Manual de Ética Médica. Cap. IV. https://miranda2901.wordpress.com/2014/11/23/el-medico-y-los-colegas/
[xiv] Estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2014-2023. http://apps.who.int/medicinedocs/documents/s21201es/s21201es.pdf 

Carta de un colegiado a la cúpula médica institucional sobre las prácticas médicas no convencionales, especialmente la Homeopatía

Carta abierta, dentro del ámbito médico profesional y colegial,
a los Dres. Rodríguez Sendín, Romero Agüit, Garrote Díaz y Fernández Torrente, miembros de la Comisión Permanente del
Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España



Distinguidos colegas:


Medios de comunicación les atribuyen las siguientes declaraciones:

-       La homeopatía es un proceso ilusorio, engañoso y sin ningún tipo de evidencia científica.
-       No se puede seguir engañando a la gente con procedimientos ilusorios que no tienen ningún tipo de justificación y que pertenecen al mundo de las creencias.
-       Otra cosa es que cada uno maneje lo que considere que no hace daño a su paciente, aunque sea del ámbito de la magia o de la fantasía.
-       Esos médicos homeópatas están convencidos de que esa pseudo-terapia funciona; la intención de la OMC en esta Asamblea es ver qué medidas se pueden adoptar para limitarla.
-       Muchas veces (los “mensajes homeopáticos”) retrasan la curación de los pacientes o entorpecen su calidad de vida, además de sacarles el dinero, que a veces es lo único que tienen.

Art. 37.2 y 37.3 del Código de Deontología Médica (CDM):

Los médicos deben tratarse entre sí con la debida deferencia, respeto, lealtad, sea cual fuera la relación jerárquica que exista entre ellos. Tienen la obligación de defender al colega que es objeto de ataques o denuncias injustas.

Los médicos se abstendrán de criticar despectivamente las actuaciones de sus colegas. Hacerlo en presencia de sus pacientes, de sus familiares o de terceros es una circunstancia agravante.

Art. 38.3:

Las discrepancias entre los médicos no han de propiciar su desprestigio público. (…) Se evitarán las polémicas públicas; las divergencias se resolverán en el ámbito profesional o colegial.

   La Asamblea General (AG) y la Comisión Permanente (CP) son los órganos colegiados de gobierno del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), que, junto a los Colegios Provinciales Oficiales de Médicos, constituyen la Organización Médica Colegial (OMC). El 15 de diciembre de 2009, la AG refrendó por unanimidad la homeopatía como acto médico. Tras la última AG, el 3 de diciembre de 2016, el CGCOM ha manifestado su “honda preocupación por las terapias pseudocientíficas, sectas sanitarias e intrusismo”. Aunque en su comunicado no se especifican modalidades, en sus declaraciones públicas dejan Uds. meridianamente claro que incluyen a la homeopatía en dicha categoría.

   En solo siete años, el CGCOM ha pasado de considerar el ejercicio médico de la homeopatía, informe técnico mediante, acto médico a transformarlo primero en acto sanitario pero no estrictamente médico, y, finalmente, a estudiar medidas para limitarlo, informe técnico pendiente. En el mismo período, sus discrepancias han desbordado el ámbito profesional o colegial que propone el Código, para dirigirlas al público general. Los factores determinantes de este radical, quizás precipitado, en todo caso sorprendente viraje merecen un análisis pausado. Entretanto, tiempos de incertidumbre para el ejercicio médico no ortodoxo.

   Cabe suponer que esta valoración en curso es solo la punta de lanza de un proceso que se intuye más amplio; que las acciones que se proponen, debaten y eventualmente ejecuten contra el ejercicio médico homeopático serían aplicables a toda la práctica médica no convencional (PMNC).

   Dejando de lado formas y foros, siento decirlo, cuestionables de referirse en tales términos a un colectivo de colegas, no me cabe duda de que sus motivaciones e intenciones son buenas, acordes a su papel institucional ante la sociedad. Que su referente es el mejor servicio médico a la población, y no el seguidismo, que algunos quieren ver en sus actuaciones, respecto a las hostilidades desatadas por múltiples agentes enfrentados a (y especialmente activos contra) la homeopatía.

   Legítimos o espurios como puedan ser, los intereses comerciales del mercadeo sanitario, las opiniones de los “azotes de las pseudo-ciencias” (entre los que medios incluyen a colegiados), las soflamas integristas de los guardianes del llamado pensamiento crítico/único, como asimismo las razonables, razonadas y constructivas críticas que el asunto merece,  poco o nada tiene que ver todo ello con los derechos y deberes de la praxis médica. A la hora de valorar ésta, convendrán conmigo en que son referentes adecuados, entre otros, el CDM, la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) y la Estrategia 2014-2023 sobre medicina tradicional, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), además de legislación, normativa y recomendaciones europeas al respecto, que Uds. deben conocer. Entiendo que ni son ni deben serlo las presiones, que a veces frisan el acoso, de los furibundos detractores de la PMNC, mediante recurrentes campañas de demonización canalizadas a través de medios reconocidamente contrarios. Y quiero pensar que tales presiones e intereses tampoco son referentes adecuados para Uds.

   En lo referente al Código, creo que se hace un flaco favor al ejercicio médico en los términos en que se redactó el Art. 26.2, el mismo que citan Uds. con frecuencia. A todo el ejercicio médico, también al llamado convencional, al condicionar la ética a la evidencia y vincular empirismo con charlatanismo. El ejercicio médico de base empírica no es charlatanismo. La llamada medicina basada en la pomposa evidencia, por masiva que ésta sea, no la convierte automática, necesariamente en ética.

   El argumento principal en sus declaraciones en contra del ejercicio médico homeopático, que, previsiblemente, harán Uds. extensible a toda la PMNC, es que no tiene evidencia científica. Ciertamente, carece de pruebas (el término correcto en castellano, no “evidencia”) suficientes, sea lo que sea lo que este término signifique, y que probablemente sea distinto según a qué se aplique. Pero cuando alguien declara que la homeopatía no tiene “ningún tipo de  evidencia”, bueno, la impresión es que no lo ha revisado.

   Por otra parte, se ha dicho que en torno al 80-90% de la práctica médica convencional carece de evidencia. Con el mismo criterio, tendríamos que reconocer ante la población (con no menor contundencia que cuando hablamos de PMNC, para ser justos) que en torno al 85% de nuestro ejercicio médico convencional carece de evidencia científica. Y, aplicando la misma vara de medir y empleando sus propios términos, declarar públicamente:

-       que en ese mismo porcentaje, el ejercicio médico empírico convencional sería asimilable a procesos ilusorios y engañosos;
-       que también en la medicina convencional recurrimos al ámbito de la magia o de la fantasía;
-       y que, no solamente aplicamos pseudo-terapias (en el sentido aceptado de carentes de suficiente base científica) sino que, además, creemos que funcionan.

   Si, como ha declarado públicamente uno de Uds., realmente no existiera más medicina que la (suficientemente) científica, asumiendo un significado tan restrictivo del término, la mayor parte de nuestro ejercicio convencional no podría considerarse acto médico. Si asumimos que toda su ética depende en tal grado de la evidencia, nos situamos nosotros mismos en una posición difícil. ¿Tendríamos que valorar también limitarlo, informe técnico mediante?

   Quizás estemos de acuerdo en que la cientificidad no es un valor absoluto, estático, una propiedad que se reconoce o niega a algo a perpetuidad, sino una actitud, una forma de hacer y de comunicar, entre otras, que han de actualizarse continuamente. Proceso, más que status.

   En ese proceso de cientificación está la medicina convencional en grado notable, y es motivo de orgullo profesional para un servidor tanto como lo es para Uds. Y en ese mismo proceso debe estar, evidentemente, la PMNC. En la medida en que el propósito de ésta sea progresar en esa vía, con las limitaciones derivadas de los escasos recursos disponibles, con las dificultades de implementar metodologías estandarizadas no siempre las más adecuadas al objeto de estudio, con el escaso reconocimiento científico y social que hoy día se concede a quienes se dedican a ello, en esa medida su ejercicio no falta a la ética. No es todavía suficiente medicina científica, cierto, pero tampoco “ilusión y engaño.

   Medicina empírica con voluntad de cientificación, no “charlatanismo”, es, por tanto, la mayor parte de la PMNC y en torno al 85% de la medicina llamada convencional. Medicina basada en la experiencia médica, no magia y fantasía”. Ética médica en el ejercicio no ortodoxo, no una forma de  “sacar el dinero.

   Y, por supuesto, frente común con Uds. ante la pura y dura sobre-explotación comercial de la PMNC, como ante cualquier aspecto de la asistencia en que pretenda imponerse el puro beneficio comercial sobre la salud. Pero, si me permiten la sugerencia, no se dejen Uds. impresionar por los referidos agentes hostiles y su cruzada anti-PMNC; no confundan Uds. el negocio que pueda ser, por ejemplo, la venta de productos “homeopáticos” a discreción con el noble, honesto, metódico y bicentenario ejercicio médico homeopático. Se ha dicho que los homeópatas fueron de los primeros médicos (si no los primeros) que registraron sistemáticamente las historias clínicas de cada uno de sus pacientes, desde principios del siglo XIX. Debían hacerlo, para asegurar la correcta prescripción y el minucioso seguimiento del paciente al que obliga el correcto tratamiento médico homeopático. Estamos hablando de ejercicio profesional, no de “mensajes homeopáticos”.

   Integración con las debidas garantías asistenciales y éticas es la opción elegida, por ejemplo, en el Consorcio Académico para la Medicina y Salud Integrativas: en torno a 70 universidades y hospitales de referencia de EE. UU. Esta vía es la contraria a la limitación, la censura y la eliminación de la PMNC, secuencia de actuaciones de fácil progresión una vez que se empieza. La que asoma en el horizonte cuando se fomenta su demonización pública. Cabe suponer que lo tienen Uds. en cuenta en el actual proceso de valoración abierto, cuando hablan de limitar.

   A esta vía de integración vengo aportando mi modesto esfuerzo en los últimos años, del que esta carta es expresión, la cual (de acuerdo con el Código) escribo con la intención de que quede circunscrita al ámbito profesional y colegial. Con todo y las dificultades que a menudo conlleva tender puentes entre orillas enfrentadas y distantes, merece la pena. He publicado mis reflexiones al respecto. No es difícil encontrarlas con una sencilla búsqueda, y estaré encantado de facilitárselas a su demanda. No obstante, cabe pensar que al menos parte de ellas no solo las conocen, sino que las reconocen como propias, a tenor de las declaraciones atribuidas al Dr. Fernández Torrente en la página institucional de la OMC, calcadas del texto de un artículo de mi autoría publicado en 2007 (véase Anexo adjunto). Si estamos de acuerdo en el diagnóstico, abórdese conjuntamente la mejor estrategia terapéutica. Por supuesto, la iniciativa depende en su mayor parte de la voluntad de la PMNC, en cumplimiento de su responsabilidad ante la sociedad. Y a la OMC corresponde ejercer la adecuada tutela, que entiendo debe hacerse en ámbitos profesionales y colegiales, de acuerdo también al CDM.

   No procede extenderme aquí sobre las oportunidades de normalización e integración que brindan las referidas LOPS y Estrategia, pero permítanme una breve referencia.

   La LOPS supuso, sigue suponiendo un poderoso estímulo y un marco adecuado para el desarrollo profesional también del colectivo de la PMNC, de cara a la mejora de su ejercicio profesional, a la optimización asistencial dentro de su campo de actuación. Un tren que en su día recomendé no debía perder la PMNC, actuando principalmente desde su ámbito asociativo, y al que, en mi opinión, no se subió con la debida presteza y decisión.

   Por otra parte, cabe esperar del colectivo médico convencional una actitud colaborativa hacia tales razonables fines de normalización del ejercicio médico no convencional. Como ejemplo, la LOPS solo reconoce la formación continua que esté acreditada. A tal fin, las actividades formativas en PMNC deben cumplir los requisitos que les permita aspirar a su acreditación y las correspondientes comisiones de acreditación no deben denegar la acreditación de una actividad formativa cuando las cumplen, por el solo hecho de tratarse de una PMNC. Ha pasado.

   Respecto a la referida Estrategia de la OMS, se trata de una propuesta a escala mundial para la adecuada integración de terapias convencionales, tradicionales y complementarias en los debidos términos de eficacia, seguridad y equidad. Otro marco integrador que nos propone avanzar, junto a los pacientes y desde el principio de su autonomía, hacia una interacción adecuada entre médicos con distintas aportaciones a la vieja ciencia y arte de curar.

   El bien del paciente, y el propio CDM a su servicio, invitan a nuestro colectivo médico a elegir las condiciones y reglas de juego más adecuadas en este asunto. En lo que es el día a día profesional y en las decisiones institucionales a medio y largo plazo: purgas en clave persecutoria, dinámicas de censura y entornos hostiles, en los que unos ganan porque otros pierden, o pautas colaborativas en entornos amistosos, cooperación para la mejor asistencia, en el que todos, pacientes, profesionales, proveedores, gestores y administradores ganamos.

   Concluyendo, si

-       en el colectivo de la PMNC predomina la voluntad de normalización de los aspectos asistenciales, formativos y de cientificación de su ejercicio profesional;
-       se reconocen abiertamente las carencias, limitaciones, dificultades y, en general, complejidades de su práctica médica, y se disponen a actualizarlas y mejorarlas;
-       a tales fines aspira a obtener la comprensión y ayuda del resto de la profesión, OMC incluida,

entonces no parece quedar mucha justificación racional, deontológica o ética para actuaciones públicas desde la OMC que pueden percibirse como hostiles por sus profesionales y pacientes.

   Reciban, Dres. Rodríguez Sendín, Romero Agüit, Garrote Díaz y Fernández Torrente, mi reconocimiento como colegiado por su labor personal e institucional en bien de la sociedad y de la profesión.


   Atte.,

   Marino Rodrigo Bañuelos
   Especialista en Medicina interna
   Colegiado Nº 313104259


En Pamplona, a 15 de diciembre de 2016



ANEXO

-       Declaraciones atribuidas al Dr. Fernández Torrente en Médicos y pacientes.com (OMC), en crónica del 38 Congreso Nacional de SEMERGEN, publicadas el 29/10/2016:

En un análisis crítico de las TTNC, el Dr. Fernández Torrente aludió a la ausencia de un campo asistencial delimitado, a la “notable fragmentación” de técnicas y procedimientos; a la “incertidumbre como condicionante de sus actuaciones asistenciales ante la escasez de evidencias científicas que la avalen”; a la “carencia de controles de calidad internos y externos”, objetivos y contrastables en lo referente a los aspectos asistenciales, docentes y formativos; a la formación fluctuante, “escasamente estructurada y generalmente no acreditada” y a la interacción con la comunidad científica “puramente anecdótica”.

-       Fragmento de mi artículo Aspectos éticos y legales de la práctica médica no convencional, Revista Homeopática, Nº 59, 2007:

Un análisis en profundidad de la situación actual de la PMNC (práctica médica no convencional) en nuestro país desborda el propósito de este escrito pero sería necesario  para el abordaje de sus implicaciones éticas y legales. Sin entrar en profundidades, podemos apuntar que, considerada en su conjunto o en cada una de sus modalidades, la PMNC presenta las siguientes características:
-          Ausencia de un campo asistencial delimitado, en el sentido ordinario de este concepto aplicado a especialidades médicas y áreas de capacitación específicas.
-          Fragmentación notable de técnicas y procedimientos, y, dentro de cada técnica, de métodos de aplicación de la misma, que condiciona una notable heterogeneidad de la práctica profesional.
-          La incertidumbre como condicionante de sus actuaciones asistenciales, ante la escasez de evidencias científicas que la avalen.
-          Carencia de controles de calidad internos y externos, objetivos y contrastables, en lo referente a los aspectos asistenciales, docentes y formativos.
-          Formación continuada fluctuante, escasamente estructurada y generalmente no acreditada. Ausencia de recertificación periódica.
-          Interacción con la comunidad científica anecdótica en cuanto a comunicaciones, publicaciones y trabajos de investigación conjuntos, condicionada por una serie de factores: falta de interés, escasa formación en revisión crítica de la literatura médica y en metodología de investigación, acceso limitado a recursos estadísticos, carencia de tradición e infraestructura investigadoras y de apoyo académico, entre otros.

La similitud de textos apunta a algo más que a una simple coincidencia, sugiere la copia de un original sin citar el nombre de su autor (fusilar, en la jerga). El Dr. Fernández Torrente sabrá, y quizás tenga a bien ofrecerme la explicación que formalmente le pido aquí. A los efectos de esta carta, lo importante es que coincidimos en la determinación de algunas de las complejidades del ejercicio médico no convencional, las cuales fueron reconocidas públicamente en su propio ámbito 9 años antes que nuestro colega de la CP. La concordancia en el análisis de los problemas no es mal punto de partida para avanzar conjuntamente hacia su solución.


Autor: Marino Rodrigo Bañuelos. Especialista en Medicina interna. Navarra. Colegiado Nº 313104259.