AGROHOMEOPATÍA

Cómo le pides al hombre, que no contamine
el agua, el aire y que no destruya los bosques, cuando lo primero que hace es depredar su propio organismo”. Michel Foucault
Prólogo Tiene en sus manos una herramienta importante para el manejo, desarrollo sano y sustentable de sus cultivos. En este manual realizaremos juntos un recorrido práctico sobre los temas más importantes de la agrohomeopatía, comprendiendo sus antecedentes históricos, los principios y técnicas básicas de elaboración de biopreparados y sustancias homeopatizadas. A través de un caudal de consejos prácticos, usted aprenderá a repertorizar los cultivos, a observar y predecir los efectos de los medicamentos del botiquín básico de la homeopatía agrícola. La agrohomeopatía es la ciencia que permite manejar las plagas y enfermedades de los cultivos y animales, incluso en condiciones rústicas, sin necesidad de sofisticados laboratorios ni dependencia económica de preparados caros, y lo que es más importante, le permitirá producir alimento sano para usted y su familia, estar en armonía con la naturaleza y consigo mismo. La agrohomeopatía se enfoca principalmente a fortalecer la planta sin dejar rastros peligrosos para la salud de las plantas, animales o humanos que la rodean o consumen. Además, la agrohomeopatía tiene una importancia cada vez más grande frente al cambio climático global. Las repentinas variaciones de condiciones climatológicas y cierto desfasamiento de los ciclos naturales acostumbrados por cientos de años facilitan la aparición y multiplicación de nuevas plagas y enfermedades hasta hace poco desconocidas en la región, presionan a los cultivos debido al estrés hídrico, ya sea en forma de sequía o en forma de inundaciones y lluvias copiosas que causan la aparición de pudriciones, hongos y pérdida de las cosechas. La tierra, cansada del constante abuso de los agroquímicos, viciada por sobrefertilización, y dependiente de estímulos externos, disminuye la producción. Y al no recibir de regreso en forma compleja por lo menos parte de lo que ofrece en forma de frutos al hombre, la tierra pierde su fertilidad, su capacidad de producir, modifica su textura, color y olor característicos, se deslava, desmineraliza y donde por siglos existían cultivos sanos y abundantes hoy aparece un suelo reseco, pedroso e inútil para la agricultura. Lo que la agrohomeopatía ofrece es una herramienta valiosa para recuperar la salud de los cultivos y de la tierra; reestablece un equilibrio entre los organismos: bacterias, virus, hongos, insectos, pájaros, mamíferos, quienes a la vez viven en una comunión íntima con el hombre. La agrohomeopatía renueva el equilibrio entre los diferentes organismos en la tierra y alrededor de ella, fortaleciendo a las plantas y su crecimiento de tal manera que puedan enfrentar la aparición de plagas y enfermedades. En principio, el objetivo de nuestra labor será aprender a respetar a la naturaleza, a superar nuestro instinto destructor, no pretender sólo aniquilar a la plaga o a la enfermedad: matarla, aplastarla o suprimirla, sino primero trataremos de entender las causas de las plagas, enfermedades en plantas y animales y entonces atenderlas desde su origen. Debemos comprender que el estado de salud o enfermedad no son estados absolutos y que existe en ellos una infinidad de grados intermedios; tenemos que aceptar incluso que algunas enfermedades y plagas tienen importancia en el equilibrio de la naturaleza, aunque desde el punto de vista humano no parezca así. La salud y la fertilidad de la tierra y de los animales tienen una relación directa con la salud física, mental, espiritual del hombre. La gente piensa: “y a mí en qué me enferma si aplico un químico, si cumplo con las instrucciones de seguridad con esto basta”. Pero más tarde o temprano tales contaminaciones llegarán a nosotros en forma de una plaga fortalecida –también conocida como superplaga– a la cual nuestros químicos le harán los mandados. Utilizaremos entonces otras sustancias más poderosas, contaminaremos otros organismos y dejaremos rastros del veneno en el subsuelo, suelo, aire, agua, en los frutos, semillas y otros organismos presentes. Podemos ver que la modificación de los hábitos de los campesinos y sus prácticas de cultivo han propiciado aparición de enfermedades poco comunes en el pasado como cáncer y diabetes. El uso indiscriminado de los organofosfados causa misteriosas enfermedades incurables del sistema nervioso central en los municipios de la sierra. En nuestra sierra habitaban hombres y mujeres longevos, y si se preguntan por qué actualmente no es así, no tardarán en descubrir que la circunstancia modificada en comparación con el pasado se resume en el uso de los plaguicidas, fertilizantes, herbicidas y otros agroquímicos tóxicos. Esta situación se acentúa con el consumo de alimentos procesados –más atractivos en su empaque– que contienen conservantes, colorantes, saborizantes y sustitutos de todos tipos y formas que envenenan desde temprana edad y predisponen al organismo a enfermedades degenerativas. Las sucesiva aplicación de los agrotóxicos que pasan de la tierra a los frutos, de los frutos a los animales y de los animales al hombre a ser ingeridos –aún cuando aumentan la producción de forma temporal– a la larga propician la destrucción de la naturaleza y la del hombre que forma parte de ella. Podemos confirmar con claridad: el futuro de la salud del ser humano dependerá del cuidado que tenga con su tierra, las medicinas más poderosas se encuentra en la comida sana, aire y agua limpia y no en los fármacos más potentes o novedosos.Si aprenderemos a cuidar de la tierra, de su salud y fertilidad, ella se encargará de cuidar de nuestros cultivos –y lo sabe hacer mucho mejor que nosotros– cuidará de nuestros animales y finalmente dará la posibilidad de vivir una larga y sana vida a los humanos.
I. Homeopatía agrícola o agrohomeopatía Para entender a la homeopatía agrícola hay que regresar al tiempo de Hipócrates y la escuela de Cos en el siglo IV y V antes de Cristo. Hipócrates creó la teoría de los humores aprovechando la enseñanza de los cuatro elementos formulada por Empedócles que dice: cada uno de los elementos constitutivos del mundo: aire, agua, tierra y fuego, contienen ciertas características básicas. Aire: es húmedo, caliente y corresponde a la primavera Agua: es húmeda, fría y corresponde al verano Fuego: es caliente, seco y corresponde al otoño Tierra: es fría, seca y corresponde al invierno
Hipócrates designó a cada uno de los elementos y estaciones del año un humor o esencia y el equilibrio entre las esencias las describió como un estado saludable; mientras que al desequilibrio entre las esencias lo señaló como enfermedad. Este fue uno de los primeros intentos de sistematizar a las enfermedades.
Aunque sus investigaciones fueron ligadas principalmente a la salud humana, Hipócrates creó tres principios de curación válidos en todos los organismos vivos hasta la época actual.
1. Vis medicatrix naturae. Fuerza curativa de la naturaleza que hoy conocemos como la fuerza vital. 2. Contraria contrariis curantur. Los contrarios son curados por los contrarios. Esta afirmación hoy da base a la atención alopática a los cultivos y utiliza a las sustancias agroquímicas en la agricultura. 3. Similia similibus curantur. Lo semejante cura a lo semejante, ley principal de la homeopatía.
Hipócrates comprobó que las dolencias tienen origen natural, es decir, no son castigos de Dios ni resultado de un embrujo o consecuencia de enojo de un poderoso ser misterioso que habita en la sierra o en el cielo. Por esto consideramos a Hipócrates el padre de la medicina.
Principio de trasmutación Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, conocido como Paracelso, fue un alquimista y precientífico que retomó las ideas de Hipócrates. Él decía que el mundo está compuesto por tres elementos: azufre, mercurio y sal; creía que las enfermedades pueden tener cinco causas principales debidas a: sustancias tóxicas, causas naturales, predisposiciones de cada organismo, motivos psíquicos y la intervención divina. Estableció el principio de trasmutación: “Al igual que la enfermedad nace de la salud, la salud nace de la enfermedad“. Quiere decir que dentro de cada enfermedad se encuentra codificada la curación y dentro de un estado saludable se encuentran las posibles enfermedades. Paracelso propuso la homeopatía funcional, diferente de la homeopatía sintomática, es decir, mientras que los anteriores médicos se guiaban sólo por los síntomas, Paracelso propuso una relación entre ciertos órganos del cuerpo y algunas sustancias.
Observó la sintomatología de las enfermedades y dedujo que ciertas sustancias –por ejemplo los extractos de plantas– tienen un efecto directo sobre el funcionamiento de ciertos órganos del cuerpo humano como riñón, corazón o hígado.
Homeopatía científica En el siglo XVII el médico inglés Thomas Sydenham fundó la corriente vitalista que propone sanar al organismo eliminando de él las sustancias mórbidas causantes de las enfermedades y recurriendo a la naturaleza como una de las principales fuentes de la salud. Pero no fue hasta el siglo XVIII que Christian Samuel Hahneman fundamentó la homeopatía científica, le puso nombre y propuso la manera de potencializar las medicinas, es decir, medir la fuerza de una medicina y predecir sus efectos en los organismos vivos. Mientras que la idea de la homeopatía antes del siglo XIX flotaba en el aire, nadie antes de Hahnemann podía predecir y medir científicamente el efecto de cada sustancia en el organismo. Hahnemann retomó de Hipócrates la ley de semejantes, es decir, que lo similar cura a lo similar. Descubrió que las sustancias una vez homeopatizadas tienen con frecuencia un efecto contrario en el organismo vivo, estableciendo así a la ley de efecto inverso. De esta manera potentes venenos se convierten en benéficas medicinas de espectro amplio al ser potencializadas e incluso las sustancias inocuas, como sal de cocina, pueden tener efectos sorprendentes al ser potencializados homeopáticamente.
Hahnemann estipuló que las sustancias cambian sus propiedades curativas en un proceso llamado potencialización que conjunta dos procesos: en primer lugar la dilución en agua o solución hidroalcohólica (mezcla de alcohol con agua) o trituración en lactosa o azúcar que se utiliza en sustancias no solubles en el agua; y en segundo lugar las sucusiones –como denominó a los movimientos enérgicos de la sustancia en forma de una solución hidroalcohólica o en el agua. Por medio de los procesos de dilución y sucusión Hahnemann logró enumerar con exactitud a las potencias de sus medicamentos y dedicó la vida a observar sus efectos en los organismos vivos para después lograr resultados de curación repetibles. Su libro Organon es la obra de consulta básica para todo el homeópata hasta los días actuales y contiene definiciones y descripciones básicas en la homeopatía. Hahnemann trabajó con pacientes humanos y algunos animales (caballos), y hasta donde se sabe, no experimentó con plantas, pero él mismo reconocía que si las leyes descubiertas por él eran universales, tenían que tener la validez para todos los seres vivos. Sus investigaciones dieron pie a ensayos realizados en los años 30 del siglo XX en Alemania por Rudolf Steiner y sus colaboradores: Eugene Kolísko y Lili Kolísko.
Rudolf Steiner, en cuyo sistema de antroposofía y agricultura biodinámica se mezclan ideas religiosas y científicas, redujo el enorme listado de las medicinas homeopáticas, propuso y usó sólo nueve sustancias básicas para atender un cultivo agrícola, manejar cualquier plaga o enfermedad y mantener a la tierra junto con los cultivos en estado de salud y fertilidad. Estos son los nueve remedios que utilizaba Steiner en sus granjas biodinámicas: Achilea millefolium (Milenrama) Chamomilla officinalis (Manzanilla) Equisetum arvense (Cola de Caballo) Estiércol bovino añejado en un cuerno Quercus robur (corteza de Encino) Taraxacum officinale (Diente de León) Urtica dioica (Ortiga) Valeriana officinalis (Valeriana) Cuarzo de rocas silícicas (Silicea terra)
Lo interesante es que los nueve remedios pueden conseguirse incluso en una localidad bastante apartada de la sierra de México y los productores biodinámicos, seguidores de Steiner, los utilizan con éxito hasta ahora.
Lili Kolísko y Eugen Kolísko (1893-1939), esposos contemporáneos a Rudolf Steiner, observaron los efectos de la posición de los planetas en la elevación capilar, documentaron cómo la luna, el mercurio y otros planetas influyen en el vigor de las plantas, en su crecimiento, en su fertilidad y realizaron los primeros experimentos agrohomeopáticos, por ejemplo sobre la germinación del trigo bajo la influencia de nitrato de plata, conocido en la homeopatía como argentum nítricum. Los esposos Kolísko comprobaron experimentalmente hechos conocidos por los campesino de que la luna (y otros planetas) influyen sobre la calidad de la madera, su durabilidad, fertilidad de las semillas, contenido y durabilidad de los frutos, dependiendo en qué posición de luna sucedió la cosecha, siembra o labranza de la tierra. Desarrollaron el método de la “cromatografía capilar sobre papel filtro” y realizaron pruebas de cristalizaciones sensibles en particular sobre las plantas.
La agricultura del mañana es la obra principal de los esposos Eugene y Lili Kolísko donde resumen sus experiencias y descubrimientos. Y aquí es donde nace la agrohomeopatía como una ciencia, como una técnica que permite la fertilización homeopática a los cultivos, manejo homeopático de las plagas, de las enfermedades y, en consecuencia, conduce a una producción ecológica y limpia.
Autor: Radko Tichavsky
Publicado en el Manual de Agrohomeopatía