LA LEY DE HERING

Constantino Hering enunció el Principio Fundamental que rige la dirección de la curación de las enfermedades en su llamada “Ley de Hering”, en la Introducción a la segunda edición alemana de las Enfermedades Crónicas de Samuel Hahnemann, como sigue: "GUIA PARA EL DESARROLLO FUTURO DE LA HOMEOPATIA" "Hay un cierto número de afecciones agudas que terminan en una afección cutánea, donde los elementos se aclaran, se desechan y después desaparecen, y esto se puede observar igualmente en varias afecciones crónicas. Todas las enfermedades, en su evolución hacia la curación, disminuyen inicialmente de intensidad, se mejoran y se curan, desembarazándose poco a poco de una manera centrífuga. Ellas se desarrollan hacia la periferia para ir a parar al revestimiento cutáneo. Por una parte, todo médico homeópata algo observador se habrá fijado en que la mejoría de las afecciones dolorosas se operan de lo alto a lo bajo y en las enfermedades de dentro afuera. Esta es la razón por la cual las enfermedades crónicas, si se curan totalmente, terminan siempre por alguna erupción cutánea, variando según la constitución de las diferentes enfermedades. Esta erupción cutánea puede producirse también cuando la curación radical es imposible e incluso cuando el medicamento homeopático no ha sido correctamente seleccionado. La piel, representando el revestimiento más externo del cuerpo; es quien constituye el último receptáculo -si se puede llamar así- de toda afección mórbida. Esta erupción cutánea no es solamente el resultado de la secreción humoral patológica que es despejado desde las partes internas del organismo en forma gaseosa, líquida o sólida; es la totalidad de la acción mórbida que es echada fuera del interior hacia el exterior y que es característica del resultado de un tratamiento completo y verdaderamente curativo. La acción mórbida interna puede continuar evolucionando en el organismo, entera o parcialmente a pesar de la aparición de esta dermatosis. Sin embargo ella constituye un síntoma favorable: alivia los sufrimientos del paciente y en general juega el rol del preventivo de una afección más peligrosa. La cura radical de una enfermedad crónica que ha afectado la mayor parte de los órganos, se revela a la observación en que los órganos más importantes son los primeros en ser aliviados; la afección desaparece en en el orden en que los órganos han sido afectados, los más importantes se mejoran los primeros, los menos importantes a continuación y en último lugar el revestimiento cutáneo. Un observador, incluso superficial, no dejará de reconocer esta ley de dirección. No se confiará jamás de una mejoría que se produzca en un orden diferente. Un acceso de histeria se puede terminar por una eliminación urinaria, por otros accesos de la misma manera o por una hemorragia; un acceso subsecuente muestra qué poco la enfermedad real a sido curada. La enfermedad puede tomar una dirección diferente, puede cambiar de forma y de esta manera revelarse menos desagradable, pero el estado general del organismo sufrirá siempre de las consecuencias de esta transformación. Esto es por lo que Hahnemann insiste con tanto rigor sobre la regla importante que concierne a los síntomas mentales y del plan adoptado en la adaptación homeopática entre el remedio y la enfermedad, por la mejoría que se produce en el estado psíquico y la sensación de bien estar que debe experimentar el paciente. La ley de dirección de la que hemos hablado más arriba es la causa de numerosas erupciones cutáneas que se observan a continuación de un tratamiento homeopático, incluso si no se las ha observado jamás previamente. Ella es la causa igualmente de la obstinación con la cual una cantidad de erupciones de herpes y de úlceras se desarrollan y persisten en la piel, mientras que otras desaparecen tan rápida y verdaderamente como la nieve bajo el sol. Las lesiones externas que persisten y se hacen inveteradas, lo son precisamente porque la enfermedad interna no está extinguida. Esta ley de dirección explica también la insuficiencia de transpiraciones colicuativas cuando la enfermedad interna no puede o no está dispuesta a dejar sus últimas trincheras. Ella explica también la sustitución de dos afecciones cutáneas, la una con la otra. La transformación que se opera también de una afección interna, con localizaciones en el organismo que son de interés vital, hacia afecciones periféricas y cutáneas difieren absolutamente de las reacciones violentas que se producen por el ungüento de Autenriath, por el amoníaco, el aceite de crotón, la cantárida, la mostaza, etc., y principalmente se producen bajo el efecto de homeopsóricos. Otros medios terapéuticos pueden a veces efectuar una transformación parecida, incluso la hidroterapia, el cambio de ambiente o de ocupación, pero por la medicación homeopsórica se obtiene también este resultado pero de una manera cuánto más suave, más completa y, sobretodo, sin ningún peligro."
Fuente: CONSTANTINO HERING, Les Maladies Chroniques, trad. de Pierre Schmidt, 2a ed., Introducción en pg. 25 y 26.
Traducción: Dr. Enrique González Peirona
Publicado en la Revista Española de Homeopatía, otoño 2002. 13: 19.