PLATINA en verso

Es éste un metal bonito con un brillo muy tenaz puesto que nadie es capaz de oxidarlo ni un poquito. Así, como medicina, antes de la homeopatía, ningún médico sabía utilizar la Platina, pero Hahnemann llegó, hizo el proving con esmero y fue algo más que el primero porque solo se quedó, y hasta el momento presente ningún médico alopático, blanco ni negro ni asiático, la ha usado en ningún paciente[1]. Mas yo debo recordar, pese a lo que alguien opine: Platina es un alucine en lo tocante a curar. Es un remedio muy nuestro y que está muy reputado, siendo además un legado que debemos al maestro. Es remedio femenino (aunque nunca en exclusiva), su prototipo es la diva que tiene un halo divino: es orgullosa, arrogante, egoísta y altanera; presta a ofender a cualquiera a causa de su talante. Suele estar muy enfadada, mas puede ser variable: ahora risueña y amable, ahora llorosa y airada. Cualquier cosa la encocora; la muerte teme y desea, siente que la vida es fea; (¿con qué rimo yo esto ahora?). Diría que cualquier cosa que tiene a su alrededor es de un tamaño menor; ella sigue tan hermosa. Actitud tan insolente a alguna causa responde (un cómo, un cuándo y un dónde) que habremos de hacer patente: tal vez cuando era mocita se sintió vilipendiada, ofendida y apartada por gente de mucha guita, o un noviete adinerado, después de gustar su amor, decidió que era mejor no darse por enterado. Y muy dolida, Platina dijo sólo para sí: “Esto no termina aquí: probarán su medicina. Si han despreciado mi amor y me he sentido tan sola, haré que esto traiga cola. Quien ríe al final, ríe mejor”. Como es lógico, el pibón sus recursos utiliza; en la pizarra, con tiza, diseña su plan de acción: “Sexo, poder y dinero me darán supremacía (eso pensaba la tía): conseguirlos, lo primero”. Un marido adinerado o un negocio conveniente cambian todo de repente: ¡la humillación se ha acabado! Y Platina, rediviva, devolverá sus desprecios a todos aquellos necios con el recargo más IVA. No sólo al novio pudiente ni a aquella familia odiosa: sus ademanes de diosa impondrá a toda la gente. De todo su sufrimiento ésta es la causa primera: la revancha no libera y da poco rendimiento. Afectará sobre todo aparato genital. Es, y esto es muy principal, ninfómana, ¡y de qué modo! Hormigueo voluptuoso, sensibilidad extrema, porque la pasión la quema; es un estado morboso. Pero fíjate: lo mismo que la induce hacia el placer puede llegar a doler pues padece vaginismo. Dolor del ovario, ardiente, y prolapso de matriz no la dejan ser feliz, ¡imagina lo que siente! Tiene pronta menstruación que dura demasiado, el menstruo está coagulado y es negro como el carbón. Antes de la catamenia, dolores como de parto; ¡cualquiera estaría ya harto y tendría la neurastenia! En el cuero cabelludo, también en otros asientos, notará entumecimientos: un síntoma macanudo. Al prurito es muy propensa y propensa es al calambre; suele tener mucha hambre, más de la que nadie piensa. Padece un estreñimiento que es inveterado y viejo, y un dolor en cada ortejo que late y es un tormento. Por último, recordar un detalle con solera que de una duda cualquiera tal vez te podrá sacar, y aunque pueda parecer que ese detalle es banal, toda Platina cabal lo deberá de tener: en Platina alternan sín- tomas del cuerpo y la mente, debes tenerlo presente. Y con esto pongo fin. Nota [1] Una perspicaz colega, la doctora Rey Guerreiro, ha llamado mi atención sobre el hecho de que los médicos alópatas hacen uso de medicamentos tales como cisplatino o carboplatino. Pero no se trata simplemente de platino metálico, sino de compuestos que contienen platino, y todo homeópata sabe la gran diferencia que, desde el punto de vista terapéutico, existe entre una sustancia y sus compuestos. Es decir, que podemos mantener la afirmación de que el platino metálico, como tal, sólo se utiliza terapéuticamente en homeopatía. Autor: Dr. Emilio Morales. Publicado en Doctor Similo, los ripios de la materia médica homeopática. Editorial Mínima.