¿A quién le interesa legalizar la Homeopatía?

Me llegan rumores y oigo aquí y allá opiniones encontradas entre los médicos homeópatas respecto a la necesidad de poner en marcha un proceso de legalización de la homeopatía en España. Algunos insisten en concentrar los esfuerzos en tareas educativas o de investigación; otros temen que una legislación restrictiva pueda limitar su actual libertad de acción; en fin, hasta los hay que desprecian cualquier gestión de cariz político para asuntos de ámbito científico, supongo que en base a algún rígido estereotipo. Mal que nos pese la política es algo consustancial al ser humano, sociable por naturaleza, en su necesidad de organizar estructuras socio-económicas que le permitan desarrollarse. Otra cosa es que los políticos cumplan con sus obligaciones, diseñando marcos legales adecuados, que subordinen, como leía hace poco a Antonio Gala, la gloria, la riqueza, el poder y el éxito, a la sabiduría; cosa que sólo es posible, según referencia de este escritor a Averroes, si los políticos son de la clase de hombres que el sabio musulmán llamaba "filósofos", frente a las otras dos clases existentes, los "materiales", que sólo buscan el placer, y los "esforzados", que procuran el honor y la fama. Porque el político, según Averroes citado por Antonio Gala, ha de realizar un auténtico milagro: que los hombres, sin dejar de ser libres, cumplan lo que deben dentro del orden universal. Con estas premisas entiendo, por supuesto, todas las prevenciones hacia la eficacia y la honestidad de las gestiones políticas, pero ello no es óbice para rechazarlas, al igual que no es admisible dejar de tratar a un enfermo por considerarlo incurable. Si el ideal terapéutico, es decir, la curación, no es posible (a priori), ello no exime de actuar paliativamente. De la misma forma, aunque el ideal político se adivine utópico, no puede ser excusa para quedarse cruzado de brazos. Con espíritu tolerante, como nos recomienda nuestra amiga Inmaculada González-Carvajal como conclusión de su trabajo premiado en el I Premio Internacional Dr.D.José Núñez y Pernía sobre "Presente y futuro de la Homeopatía en los albores del siglo XXI", podemos converger desde las distintas perspectivas profesionales y aunar esfuerzos para luchar por unas condiciones dignas de ejercicio de la homeopatía. Enlazando con la cuestión que da título a este escrito, cabe un análisis global para identificar a los protagonistas implicados en este asunto: -los pacientes (presentes y futuros); -los médicos homeópatas (y veterinarios y farmacéuticos); -los laboratorios. ¿A cuál de esos colectivos debe interesar más la legalización de la Homeopatía? Es decir, ¿a cuál de ellos debe proteger la ley de posibles abusos y fraudes? En principio, parece claro que los más directamente afectados sean los pacientes o usuarios, en definitiva la salud de la sociedad en general. Es lógico, pues, que la Administración ponga los cauces legales adecuados para preservar a la población de los abusos a que pueda estar expuesta por parte de intereses personales o económicos de profesionales de la Homeopatía. Pero a su vez, en justa reciprocidad, esos mismos profesionales deben disfrutar de unos derechos que los proteja también de posibles usuarios sin escrúpulos. Esta situación que acabamos de plasmar es común, con pequeñas diferencias, al ejercicio de cualquier profesión libre en nuestra sociedad. Para el caso del ejercicio de la Homeopatía se dan algunas particularidades, entre ellas la dificultad para el profano en la materia de discernir entre las diversas formas ortodoxa y heterodoxas de practicar la Homeopatía, de distinguir al profesional bien cualificado, de identificar incluso la auténtica medicina homeopática en el río revuelto de terapias alternativas. Una regulación completa del ejercicio de la Homeopatía parece la manera más segura de garantizar al usuario: - una asistencia diagnóstica y terapéutica homeopática genuina y diferencial de otros tipos de atenciones médicas; - la profesionalidad altamente cualificada de los médicos que ejercen la Homeopatía; - una rigurosa fabricación de los medicamentos homeopáticos - su correcta dispensación en las oficinas de farmacia bajo prescripción médica. En el momento actual se ha iniciado esta regulación por el aspecto con mayores implicaciones económicas (como corresponde a una sociedad basada en lo económico, esencialmente materialista): la comercialización de los medicamentos homeopáticos. Lo que ha instaurado un estado de cosas muy contradictorio: venta libre de medicamentos homeopáticos en las farmacias, sin necesidad de prescripción médica y dispensados por farmacéuticos carentes -la mayor parte de los casos- de conocimientos farmacológicos homeopáticos. Por un lado, parece implícito que dado que los productos homeopáticos están regulados con la categoría de medicamentos y sólo se expenden en farmacias, sólo los pueden "prescribir" los facultativos (médicos), aunque para ello no precisen de una formación especial, queda a su conciencia su capacitación; por otro lado, dado que la Homeopatía no está considerada explícitamente una actividad médica, cualquier (intruso) desaprensivo puede aconsejar y "escribir" medicamentos homeopáticos, que luego el paciente encontrará en cualquier farmacia. ¿A quién interesa dignificar nuestra profesión sino a los que la ejercemos? Por solidaridad con nuestros pacientes, que merecen la protección frente a todo tipo de desaprensivos, y por solidaridad entre todos los que ejercemos este noble arte de curar, para protegerlo de su malpraxis, creemos que es ineludible el compromiso del colectivo de médicos homeópatas para instar a las autoridades competentes que normalicen el uso de la medicina homeopática, regulando las condiciones necesarias en cuanto a su formación y capacitación (enseñanza universitaria), en colaboración estrecha con las asociaciones de médicos homeópatas existentes, para elaborar un programa de formación básica, un código deontológico y un registro actualizado de profesionales cualificados. Respecto a la práctica de la Homeopatía, la situación actual es de "ciudad sin ley", por ello corresponde ahora trabajar por conseguir una ley lo más justa posible, que abarque las necesidades de todos los implicados. Después, si la ley es injusta o tiene aspectos mejorables, vendrá la hora de luchar por modificarla. Ahora es el momento del consenso para unificar esfuerzos y conseguir para la Homeopatía el rango universitario que le corresponde dentro de las Facultades (de Medicina, de Farmacia, de Veterinaria), el ámbito donde la formación de nivel superior y la investigación se realizan y se alimentan mutuamente, y donde el trabajo interdisciplinario encuentra su mejor morada. Publicado en la editorial de la Revista Española de Homeopatía, nº3, primavera-verano 1996, pág. 3.