Cortesía entre médicos


Si los ignorantes me censuran o  escarnecen, otórgame que el amor de mi  arte, como una coraza, me torne invulnerable, para que pueda perseverar  en la verdad sin atender al prestigio, el renombre y a la edad de mis  detractores.  
Oración de Maimónides. Fragmento.
(incluída en la introducción del Código de Deontología médica de la Organización Médica Colegial (OMC)

“En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.
La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.
Mis colegas serán mis hermanos.
                Versión del juramento hipocrático de la Convención de Ginebra, 1948. Fragmento.

Recordaré que la medicina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico.
Recordaré que no trato una gráfica de fiebre o un crecimiento canceroso, sino a un ser humano enfermo cuya enfermedad puede afectar a su familia y a su estabilidad económica. Si voy a cuidar de manera adecuada a los enfermos, mi responsabilidad incluye estos problemas relacionados.
Versión del Juramento Hipocrático (1964) de Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, muy utilizada actualmente, sobre todo en países anglosajones. Fragmento.


La Declaración de Ginebra de la Asociación Médica Mundial (AMM) incluye esta promesa: “prometo considerar como hermanos y hermanas a mis colegas”.

Declaraciones de médicos[i] que se han ido produciendo en los últimos tiempos hacen dudar cuando menos que esa declaración de principios éticos se tenga mínimamente en cuenta. Cuando médicos de profesión enarbolan el argumento del insulto y el escarnio público para intentar desprestigiar el ejercicio médico de otros colegas, sin ningún reparo ni vergüenza hacia el mal que pueden infringir, aún sin razón, hacia ellos y, de rebote, hacia sus pacientes, ponen en evidencia por sí mismos su limitada categoría humana y, por ende, profesional.

La sociedad tecnológica digital, bajo una pretendida libertad de expresión indiscriminada, permite que cualquier exabrupto pueda ser dicho, repetido y reproducido hasta la saciedad con total impunidad. Las redes sociales facilitan el mantenimiento de flujos de opinión que, al igual que las tertulias televisivas de amplia audiencia con tertulianos opinando sobre temas totalmente ajenos a su conocimiento y experiencia, fácilmente pueden manipular y tergiversar la información, en la forma y en el fondo, sin respeto alguno hacia la veracidad.

¿Qué hacer ante tantas salidas de tono? ¿Responder con  la misma moneda rebajándose al mismo nivel que el difamador, con una contradifamación, o cuando menos una defensa a ultranza? Pero se sabe que hace más daño una mala noticia, que el bien que hace una de buena. ¿Intentar demostrar que el difamador está en un error  o, al menos, poner en cuestionamiento que su criterio sea válido? Se hace, pero al difamador “profesional” no le interesan argumentos ni razones, sólo le importa denigrar, y cuanto más mejor.

Actualmente, hay un grupo de difamadores profesionales, autodenominados “escépticos”[ii], que pretenden tener el monopolio de la verdad, sin escrúpulos a la hora de agraviar y ofender a quien no comparte sus opiniones. Son los nuevos fanáticos de la ciencia, que en nombre de ella son capaces de crucificar inocentes. Es un movimiento predominantemente europeo[iii], que funcionan como una secta, al elevar a la categoría de dios a la sacrosanta ciencia.

Como decía un filósofo de la ciencia[iv], …la ciencia, hoy en día, es nuestra religión favorita.” Cuando el lugar que pertenece al ámbito de lo divino, es decir, el de las verdades absolutas, de lo absoluto en general, se sustituye por verdades profanas, se invierte la categoría de las cosas, se confunde el observador con lo observado, lo humano con lo divino. Es una visión reduccionista de la realidad, que conlleva muchos fallos, bien representado por Goya en su grabado El sueño de la razón produce monstruos.

Sin embargo, todavía quedan médicos honrados capaces de valorar los desaguisados de esos desaprensivos,  que así llegan a la conclusión de que “La secta de los escépticos es de otro mundo, del que promueve una medicina autoritaria y biológica que ignora las cuestiones antropológicas, éticas, humanas, espirituales, psicológicas y sociales. Es lamentable su afán destructor y el linchamiento de críticas constructivas a la medicina, pues su hostigamiento impide la mejora de la misma medicina.” [v]

También desde otras perspectivas no dogmáticas se critica a esos seudoescépticos[vi] y se pone en evidencia la manipulación de sus argumentos[vii], así como la debilidad de sus postulados[viii].

Por otro lado, desde la ética médica, se reconoce que “El recurso del paciente a personal de salud tradicional o alternativo presenta un desafío particular a la cooperación por el mejor interés del paciente. Al menos algunas intervenciones tradicionales y alternativas tienen efectos terapéuticos y son escogidas por los pacientes, los médicos deben tratar de cooperar con sus profesionales. La manera de hacerlo variará según el país y el tipo de profesional. En todas estas interacciones el bienestar del paciente debe primar sobre todo.[ix]

Además “La independencia profesional es un derecho y un deber del médico, tal como lo señala el Código de Ética y Deontología Médica vigente en su art. 22”, aspecto refrendado por la Asamblea General del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, en sesión celebrada el día 23 de enero de 1.999, bajo el epígrafe de “La libertad de prescripción del médico”.

Lo grave de la situación es que esa, llamémosle –de la forma más cortés-, descortesía profesional llegue a impregnar la mentalidad de las autoridades competentes, que son las que deberían ejemplificar de la forma más cuidadosa la ética médica y el código deontológico, y les lleve a tomar acciones totalmente fuera de lugar. Me refiero concretamente a la creación del Observatorio de la OMC contra las pseudociencias y las pseudoterapias[x], a modo de cruzada en el mejor estilo inquisitorial, animando a denunciar a los propios colegas médicos, sin demasiados miramientos ni cortapisas, y con un criterio muy liviano. De hecho, algunas críticas ya se han alzado considerando que “La Organización Médica Colegial ha abierto una peligrosa y contradictoria puerta contra la libertad clínica y de prescripción” [xi], es decir, un atentado en toda regla contra una de las normas deontológicas básicas de la profesión médica.[xii]

¿Hemos olvidado el objetivo último de la Medicina: curar al enfermo? Ni el enfermo, ni la sociedad,  piden que se le cure “científicamente”. Se pide un alivio, un mejoramiento, y si es posible, la erradicación de la enfermedad, de la forma más rápida, fácil y suave, provocando el mínimo de efectos secundarios (primum non nocere).

Ante el panorama actual de aumento de las enfermedades crónicas, degenerativas, inmunitarias, cancerosas, sin tratamientos etiológicos efectivos, que condenan a la mayoría de los enfermos a la polimedicación, ¿con qué argumentos teórico-filosóficos de peso se pueden condenar técnicas terapéuticas no convencionales, algunas de ellas centenarias y milenarias, cuya eficacia en muchos casos está suficientemente demostrada, empírica y/o experimentalmente?

Los expertos sanitarios a nivel mundial (OMS) aconsejan el uso y desarrollo de esas técnicas, y aseguran que “La medicina tradicional se viene utilizando desde hace miles de años, y sus practicantes han contribuido enormemente a la salud humana, en particular como proveedores de atención primaria de salud al nivel de la comunidad.”[xiii] Por ello, han elaborado una estrategia[xiv], que resumimos a continuación.

“La estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2014-2023 ayudará a las autoridades sanitarias a encontrar soluciones que propicien una visión más amplia respecto del mejoramiento de la salud y la autonomía de los pacientes. La estrategia tiene dos objetivos principales, a saber: prestar apoyo a los Estados Miembros para que aprovechen la posible contribución de la medicina tradicional y complementaria (MTC) a la salud, el bienestar y la atención de salud centrada en las personas, y promover la utilización segura y eficaz de la MTC mediante la reglamentación de productos, prácticas y profesionales. Esos objetivos se alcanzarán por medio del establecimiento de tres objetivos estratégicos, a saber:

  1. desarrollo de una base de conocimientos y formulación de políticas nacionales;
  2. fortalecimiento de la seguridad, la calidad y la eficacia mediante la reglamentación; y
  3. fomento de la cobertura sanitaria universal por medio de la integración de servicios de MTC y la autoatención de salud en los sistemas nacionales de salud.”[xv]

 Ya no se trata de cortesía entre médicos, sino también de cortesía sobre todo hacia los pacientes. Debemos hacer todo aquello que esté en nuestras manos para favorecer el desarrollo de una medicina que aproveche todos los recursos existentes, diagnósticos y terapéuticos, para mejorar la salud de la población.



[i] Dr. Vicente Baos y otros.
[iv] Paul K. Feyerabend. Diálogo sobre el método. Ed. Cátedra. Madrid, 1989.
[ix] El médico y los colegas. Manual de Ética Médica. Cap. IV. https://miranda2901.wordpress.com/2014/11/23/el-medico-y-los-colegas/
[xiv] Estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2014-2023. http://apps.who.int/medicinedocs/documents/s21201es/s21201es.pdf 

2 comentarios:

JKSanguino dijo...

Gracias Isidre. Magnifico artículo, claro, conciso, respetuoso, digno, humano... gracias por recordarnos cual es el camino a seguir.

Anónimo dijo...

Un alivio y un poco de cordura