Oncología integrativa

Las medicinas no convencionales aportan otra visión al tratamiento oncológico. Se trata de cooperar para que el paciente tenga más posibilidades de superar el cáncer.

¿Qué es el cáncer? Según la visión más convencional, el cáncer sigue concibiéndose como una enfermedad fundamentalmente de la genética celular. Se asume que nuestras células acumulan alteraciones en su DNA (material genético que codifica para las proteínas de estructura y función celular) a causa de múltiples factores (herencia, virus, sustancias químicas y físicas, inflamaciones continuadas que obligan a las células a una constante proliferación, etc.). Estas alteraciones genéticas alteran el equilibrio entre el ritmo de crecimiento y muerte celular en un determinado tejido, dotan a la célula de capacidades de autonomía y supervivencia bajo condiciones extremas: las hacen muy resistentes a los mecanismos de control del cuerpo, extremadamente adaptables a entornos diversos, promocionan crecimientos anormales de nuevos vasos sanguíneos (neo-angio-génesis), que les permitirán viajar a distancia e implantarse en tejidos que en condiciones normales les sería inviable (metástasis).
De acuerdo a esta interpretación del cáncer (basada por supuesto en investigaciones científicas y hallazgos empíricos), se ha diseñado la terapéutica. Los tratamientos más estándar siguen siendo la quimioterapia y la radioterapia –que son destructores del material genético, principalmente el de las células tumorales–, junto con la hormonoterapia, ya que hay ciertos tipos de tumores, como el cáncer de próstata y de mama, que responden muy bien al bloqueo del estímulo hormonal del cuerpo para frenar su crecimiento. En los últimos años, industrias biotecnológicas han invertido muchos recursos en eldesarrollo de moléculas con capacidad de bloquear proteínas celulares muy específicas llamadas factores de crecimiento, tanto del tumor como de los vasos sanguíneos tumorales: son los llamados antiangiogénicos y anticuerpos inhibidores. Tanto el tratamiento hormonal como los moduladores de nueva generación tienen un mecanismo de acción más específico y neto que la quimioradioterapia, por ello en general la toxicidad es más asumible.

QUÉ ES LA ONCOLOGÍA INTEGRATIVA
1-Estados Unidos: una experiencia pionera en el marco sanitario institucional. El Centro Nacional Americano para la Investigación de las Medicinas Complementarias y Alternativas, NCCAM, es un organismo institucional dentro del sistema sanitario americano pionero en la investigación y promoción de medicinas alternativas o complementarias para integrarlas en la corriente médica convencional. NCCAM defiende que la finalidad de la Oncología Integrativa (O.I.) ha de ser la de combinar aquellas medicinas complementarias más eficaces y de mayor rigor científico con la oncología convencional, siempre y cuando esta última sea el abordaje terapéutico fundamental. Apunta también a que la Oncología Integrativa tenga en cuenta todos aquellos factores que puedan influir en la salud y el bienestar de la persona, incluyendo los aspectos espirituales y comunitarios; y considera que debe estar abierta a nuevos paradigmas (nuevos planteamientos acerca de la realidad que nos rodea, en este caso, del cáncer), al mismo tiempo que practica una medicina lo más rigurosamente posible basada en la ciencia.
Antes de comparar, recordemos que Estados Unidos posee un sistema sanitario básicamente privado, lo cual condiciona enormemente las políticas de sanidad. En EEUU, las decisiones de política sanitaria están sometidas a los lobbies de presión que ejercen sus consumidores, en este caso, los ciudadanos afectos de cáncer y sus familias. Ellos han sido la causa principal de que sus instituciones se vieran obligadas a incorporar las medicinas no convencionales, primero a regañadientes y después con visión estratégica (un consumo creciente, un mercado interesante para hacerse más competitivos), siempre con un cierto recelo por miedo a perder credibilidad y ser tachados de curanderos. En la actualidad, la aparición de estudios favorables de eficacia y eficiencia acerca de estas medicinas en muchos síntomas y dolencias ha sentado una base de confianza para seguir apostando por el modelo de integración, sobre todo en el área de Oncología.
Según la tendencia más o menos progresista del hospital, se han diseñado programas de O.I. con un perfil y un alcance diferentes: la O.I. más conservadora promociona el uso de medicinas alternativas más blandas, como son las terapias energéticas (acupuntura, reiki, homeopatía, etc.) y las intervenciones cuerpo-mente (meditación, yoga, hipnosis, visualizaciones, etc.); no suele utilizarlas con intención de curar o mejorar la evolución del cáncer, sino para tratar síntomas derivados de la enfermedad o paliar efectos secundarios de los tratamientos oncológicos. Aun así, los beneficios ya son considerables: así lo constatan no solo la experiencia práctica y el testimonio de muchos pacientes, sino un número cada vez mayor de investigaciones: “Las medicinas complementarias son efectivas en el alivio de síntomas físicos y emocionales, mejorando la calidad de vida en las personas que padecen cáncer”, es la conclusión de Z. Nahleh, del National Institute for Clinical Excellence (NICE). (1)
Otros hospitales que practican una O.I. más atrevida incorporan suplementación, fitoterapia, inmunomodulación, ya no solo para paliar síntomas y toxicidades, sino especialmente para incrementar la eficacia de los tratamientos oncológicos convencionales, prevenir la aparición del cáncer y sus recidivas, e incluso tratarlo, esto último en el marco de ensayos clínicos principalmente. (2)

2. Misión y valores de la buena praxis integrativa. La Oncología Integrativa establece las siguientes recomendaciones:
Abordaje multidisciplinar. Los diversos expertos, tanto en oncología convencional como en medicina no convencional, deberían trabajar coordinados, en aras de optimizar beneficios terapéuticos, evitar posibles interacciones y toxicidades innecesarias, con el objetivo conjunto de apoyar a la persona con cáncer en el retorno al estado de salud.
Coadyuvancia. Desde la perspectiva de la Oncología Integrativa Clásica, estas medicinas han de servir de ayuda a la oncología convencional, que será mayoritariamente la indicación terapéutica per se. Especial atención en no aumentar su toxicidad ni entorpecer su eficacia, sino potenciarla.
Evaluación racional del beneficio/riesgo.Ayudar a la persona a ponderar los pros –y contras si los hubiere– de combinar ambos tratamientos. Racional en el sentido de que es importante informar del grado de evidencia científica de cada uno de los tratamientos. Cuanto menos inocuo es un tratamiento, mayor necesidad hay de evidencia científica. El paciente debería poder tener conocimiento acerca de los principios en que basa sus propias decisiones (creencias, intuiciones, testimonios de casos, estudios científicos, etc.), siempre guiado por un profesional.
Prioridad a la investigación de calidad.Aunque se valora la experiencia aportada y los resultados obtenidos en el trabajo de campo (casos clínicos reportados de la práctica clínica diaria), se priorizarán aquellos resultados que provengan de publicaciones científicas de calidad.
Actualización. Guías y recomendaciones en O.I. Las guías elaboradas por centros de referencia o en paneles de consenso nos aportan información contrastada y objetivable, que vale la pena conocer. Recopilan datos de encuestas y analizan resultados de estudios e investigaciones, a partir de los cuales sacan conclusiones que sirven de base a recomendaciones. En Estados Unidos, en el año 2003, se constituyó la Sociedad para la Oncología Integrativa (SIO), compuesta por profesionales de la salud de diferentes disciplinas comprometidos con la investigación, información, formación y uso de las terapias no convencionales para pacientes con cáncer. Esta sociedad ofrece información a usuarios y pacientes, oncólogos y médicos convencionales.
Hace cuatro años, la SIO elaboró unas guías de recomendación para la buena práctica en O.I., que se pueden encontrar en su web. Algunos hallazgos fueron significativos:
- Las terapias más promocionadas y evidenciadas por los estudios científicos, como la acupuntura, se utilizaban con mucho menos frecuencia que otras terapias que estaban poco probadas en su eficacia. (3)
- Curiosamente, las guías no recogían ningún dato –ni a favor ni en contra–acerca de la homeopatía, a pesar de que en los últimos años han surgido interesantísimos estudios acerca del efecto positivo de algunos remedios homeopáticos cuando se inoculan en cultivos de células tumorales (Banerji et al.Texas MD Anderson Cancer Center). Incluso ha habido una serie de diez casos de pacientes con cáncer curados únicamente con homeopatía, que fue presentada y aprobada por el tribunal del Instituto Nacional del Cáncer Americano. Todo esto, sin contar con la efectividad constatada de la homeopatía en paliación de efectos secundarios debidos al tratamiento oncológico. (4)
- Las guías expresaban su preocupación acerca del consumo indiscriminado y sin supervisión médica de los suplementos y las plantas durante los tratamientos convencionales, debido a que no están exentos de posibles interacciones y efectos adversos, aunque sean infrecuentes. Sin embargo, reconocen que pueden ser beneficiosos en los periodos en los que los pacientes no están bajo tratamiento.
No consta en las guías, pero los que trabajamos diariamente con personas afectas de cáncer sabemos que, para optimizar resultados y minimizar riesgos, es imprescindible categorizar a las personas siguiendo criterios homogéneos, tal y como hace la medicina convencional: tipo de cáncer y su extensión, síntomas y secuelas, tratamientos recibidos etc. Según estas categorías, se establecerán programas de actuación compatibles con los tratamientos oncológicos clásicos; personas de categorías similares podrán beneficiarse de estrategias similares, como evitar la soja en las mujeres con cáncer de mama que sean tratadas con hormonoterapia, o prevenir la aparición de toxicidad neurológica en las personas que reciben fármacos neurotóxicos mediante suplementos específicos, o aplicar nutriterapia hepatoprotectora en casos de toxicidad hepática por la quimioterapia.
Simultáneamente, es imprescindible individualizar rasgos psico-biológicos de la persona y su contexto, para identificar las potencialidades y fortalezas de las que dispone (biológicas, psíquicas, de entorno) y alinearlas en la regeneración de la salud mediante tratamientos individualizados (acupuntura, homeopatía, estrategias cuerpo y mente, etc.). Por ejemplo, alguien que pertenezca a una categoría I (cáncer localizado operado, sin secuelas ni síntomas) con bajo riesgo estadístico de recaída por las características de su tumor puede presentar rasgos individuales que aumenten tal riesgo, susceptibles de ser modificados positivamente: estrés psicobiológico, baja implicación en los autocuidados (alimentación, ejercicio físico, etc.), poca conciencia de la toxicidad en su hábitat de vida cotidiana (laboral, familiar, tanto físico como emocional).
La optimización de los resultados finales dependerá de la combinación adecuada de estas dos variables aparentemente contradictorias (individualizar versus categorizar); el uso de medicinas blandas implica una mayor dosis de estrategia, pues con pequeños estímulos debemos conseguir grandes resultados.

HACIA UNA O.I. MÁS INNOVADORA
Dime qué es el cáncer y te diré cómo tratarlo: opciones terapéuticas para diferentes teorías. Einstein nos decía: “La teoría decide lo que se puede observar”. Porque a menudo olvidamos que el modo con que tratamos una enfermedad o abordamos un problema está condicionado por lo que previamente hemos conceptualizado –y consensuado– acerca de qué es y qué causa dicha enfermedad. He aquí algunos ejemplos:

- El cáncer como una alteración del material genético (DNA): Quimio y radioterapia. Hemos explicado al inicio de este artículo que el cáncer, desde el paradigma de la medicina convencional, se concibe básicamente como una alteración de la genética celular. En base a ello, y unido a una dramática casualidad, surgieron los quimioterápicos. Los inicios de la quimioterapia se remontan a los años 40, con el descubrimiento de que el gas mostaza, un agente químico de uso militar, podía ser efectivo para el tratamiento contra el cáncer. Personas afectas de tumores linfáticos que casualmente habían quedado expuestas al gas mostaza habían experimentado una reducción importante de sus tumores, por destrucción de las células linfáticas. Aquel fue el primer paso en la demostración de que el cáncer podía ser tratado con agentes químicos de destrucción celular. Previamente (casi un siglo antes), ya se había incorporado la radioterapia, un destructor celular mediante el proceso de radiación. Afortunadamente, los últimos diseños terapéuticos apuntan a dianas más concretas para inhibir el crecimiento celular.

- El cáncer como una alteración del sistema inmunitario: Terapias de Inmunoestimulación. La ciencia médica ha constatado en los últimos años que el correcto funcionamiento del sistema inmunitario protege al organismo del cáncer, además de muchas otras enfermedades. De hecho, el inmunoenvejecimiento, con disminución de la capacidad inmune, es una de las razones de la mayor predisposición al cáncer en la gente mayor. La medicina preventiva clásica no suele utilizar estos conocimientos en sus indicaciones terapéuticas. Rara es la vez que un médico convencional receta inmunoestimulantes como preventivo. Ello en parte se debe a que la mayoría de las investigaciones en inmunoestimulación preventiva están hechas en sustancias naturales y no en fármacos de síntesis, que es lo que suele administrar la medicina convencional. Un ejemplo de tales sustancias naturales son los inmunógenos contenidos en los hongos como shiitake, maitake, coriollus, reishi agaricus etc. Son moléculas de azúcares compuestos muy bioactivas, que estimulan sobre todo la inmunidad inespecífica (neutrófilos, monocitos, natural killer), la más implicada en la prevención del cáncer (5).
Existen muchas otras sustancias naturales con actividad inmunomoduladora (plantas: echinácea, ginseng, astrágalo; minerales: oro, germanio, litio y un largo etcétera). Si estimular el sistema inmunitario parece ayudar a prevenir el cáncer, ¿sirve también para curarlo?
Existen laboratorios de investigación básica especializados únicamente en el estudio del comportamiento del sistema inmune en personas con cáncer. Han descubierto que, durante un proceso de cáncer, el sistema inmunitario desarrolla la sorprendente capacidad de aliarse con las exigencias de las células tumorales: el tumor secreta proteínas de señal que actúan frenando la respuesta inmunitaria antitumoral y, así, no son percibidas como amenaza. Además, son capaces de despertar en las células inmunitarias capacidades a favor del crecimiento tumoral, como la propiedad de fabricar nuevos vasos sanguíneos para que las células tumorales puedan alimentarse y trasladarse más eficientemente. Debemos asumir, pues, que para mejorar las estrategias terapéuticas desde la perspectiva inmunitaria, una vez existe el cáncer, más que potenciar el sistema inmunitario estimulándolo, quizás deberíamos aprender a modularlo de manera más específica. Este es un campo a explorar tanto en la medicina convencional como en las medicinas complementarias.

- El cáncer como proceso de alcalinización intracelular: La terapia por inhibición de protones. Desde hace años, se sabe por la literatura divulgativa y el conocimiento empírico de las medicinas no convencionales que es bueno “alcalinizar la sangre y los tejidos” (básicamente mediante dietas alcalinizantes exentas de productos refinados y animales, e incluso la ingesta de bicarbonato) para contribuir a eliminar el cáncer. Su teoría descansa en asumir que los tejidos acidificados promocionan el crecimiento de tumores y que las células tumorales acidifican su medio intracelular por los residuos que generan al utilizar un metabolismo sin oxígeno. Un grupo de científicos internacionales miembros de la International Society for Proton Dynamis of Cancer han descubierto lo contrario: la célula tumoral, en su medio interno es alcalina, y no ácida como se pensaba; este estado de alcalinidad bloquea el proceso de muerte celular. La alcalinización dentro de la célula tumoral es provocada por ella misma, pues posee en su membrana celular multitud de dispositivos que extraen de manera activa iones hidrógeno hacia fuera de la célula, provocando de manera secundaria acidificación del medio externo donde se hallan. Este grupo de científicos, alternativos desde la perspectiva de la oncología convencional, investiga actualmente qué sustancias pueden bloquear estas compuertas de membrana: defienden que este abordaje podría contribuir a frenar el cáncer. Entre estas sustancias está el famoso resveratrol, que es una sustancia presente en la uva negra y sus derivados.
¿Esta teoría podría sostener el fundamento de la terapia de inoculación directa de bicarbonato en los tejidos tumorales para frenar la promoción del cáncer? Esta estrategia se ha experimentado en ratones de laboratorio con éxito, y la terapia del doctor Simoncini se aplica de manera alegal en humanos con cáncer con el mismo propósito. La pregunta queda en el aire.
Añadir además una dieta alcalina tiene beneficios generales: contribuye a mantener el entorno de las células del cuerpo más saludables, ayudando tanto a promover la muerte de las células tumorales como a mejorar la salud de las sanas.

- El cáncer como fallo a nivel mitocondrial: la terapia de bloqueo enzimático. Las mitocondrias son las encargadas del suministro energético de las células. Conservan un cierto comportamiento parecido a las bacterias, ya que se alimentan a sí mismas para automantenerse, consumiendo glucosa. Ciertas alteraciones en las mitocondrias se relacionan con la aparición de células tumorales. Según algunas hipótesis, administrando grandes cantidades de acido cítrico se podría bloquear selectivamente la cadena alimentaria de estas mitocondrias y así favorecer la muerte de la célula tumoral. Algunos antiparasitarios presentan también la capacidad de bloquear la mitocondria, y se están realizando estudios al respecto para favorecer la muerte tumoral.

PROYECTO HOX
Tras varios años de exploración de nuevos paradigmas (algunos de ellos expuestos aquí) dentro y fuera de la medicina, y sobre todo en el ámbito de las ciencias de la vida (ecología, veterinaria, biología, microbiología, antropología, psicobiología, etc), me encontré con algunas propuestas interesantísimas que podrían ayudar a redefinir la concepción clásica del cáncer. Sin embargo, estas teorías –aunque muy coherentes internamente– no guardaban en apariencia ninguna relación entre sí. El proyecto Hox surgió con el propósito de hallar un marco de estudio y aplicación práctica para la integración de estos nuevos paradigmas al servicio de la recuperación de la salud de las personas que padecían cáncer. Este propósito inicial se ha ido ampliando enormemente hacia nuevos horizontes. Este es un proyecto en construcción.
El nombre: Hox hace referencia a los genes Hox, genes que son compartidos por los diferentes seres vivos, que codifican para funciones esenciales de supervivencia y se expresan de formas aparentemente muy diversas (ejemplo, la función de la vista, en mamíferos, insectos). Evoca la capacidad creativa de la vida, a la vez que mantiene estable aquello que es necesario para la supervivencia.
El marco. Hox sienta sus bases fundamentales en la Ecosistémica. En los años 80, el auge de una ecología de sistemas, llamada Ecosistémica, despierta la conciencia de que la Tierra y sus hábitats operan como sistemas interdependientes: no son unidades aisladas, sino que se influyen y modifican los unos a los otros, tanto para generar salud como insalubridad. Actualmente, es este paradigma el que ha permitido invocar alternativas al modelo de desarrollo masivo que acarrearon las sociedades basadas en el progreso, y ha generado propuestas de crecimiento sostenible para la desaceleración del crecimiento, recuperación de lo local y sus ciclos naturales, y simultáneamente preservar la interrelación con el resto del planeta. La Ecosistémica ha sido también el motor de arranque de iniciativas en el campo de la ingeniería y la biotecnología para lograr la restauración y biodescontaminación de la Tierra, a favor de una salud ecológica global.
Si el criterio esencial de la Ecosistémica es considerar un organismo-entorno como una unidad en la que no hay entorno independiente del organismo y viceversa, significa que el organismo que destruye su ambiente se destruye a sí mismo. Ello nos conduce a la obviedad de que el ser humano, como organismo immerso en esta red interdependiente, emerge como otro ecosistema más, un sistema viviente de elevada complejidad, permeado por multiples hábitats del entorno y los propios que lo constituyen internamente.
Desde este criterio –el hombre como sistema viviente interdependiente–, el proyecto Hox sostiene y expande su modelo de salud y de vida. Uno de nuestros propósitos es el de facilitar una relación sostenible, consciente y solidaria con nuestro organismo y su entorno como modelo de adaptación, crecimiento evolutivo y preservación dinámica de la vida.
Cáncer: La desestructuración del ecosistema humano llevada al límite. El ecosistema humano es un compendio de ecosistemas celulares de alto nivel de complejidad: microbiotas (poblaciones de microorganismos como la flora intestinal, o los que nos habitan en la piel y ayudan a su mantenimiento), ecosistemas de tejidos especializados, de gran biodiversidad (en los que conviven y cooperan células inmunitarias, células neurológicas, virus, bacterias). La célula en sí es un microecosistema, que contiene porciones de genes víricos y bacterianos insertados en el material genético celular, porque en algún momento de nuestro desarrollo embrinonario cooperaron activamente con nuestras células para asegurar que el desarrollo embrionario llegara a buen fin (M. Sandín et al.) y minúsculos órganos intracelulares que no son más que residuos de bacterias que se incorporaron en algún tramo de la evolución de la vida para mejorar nuestra adaptación, y que ahora cumplen una función beneficiosa para la célula (Margulis et al.). Todos estos ecosistemas, desde el más grande al más pequeño, exhiben una propiedad que emerge de la interrelación que mantienen entre sí: son sistemas irreductiblemente complejos; es decir, la pérdida en algún punto de esta compleja organización es incompatible con la supervivencia del ser en ese estado organizativo. En el cáncer, la célula como unidad básica sobrevive (las células tumorales en los cultivos celulares de laboratorio son inmortales), pero el organismo que la contiene, como tal, ve amenazada su supervivencia.
El cáncer se manifiesta como el desensamblaje de un sistema complejo –nuestro organismo multicelular–, retrocediendo a un orden inferior de complejidad que llevamos implícito en la memoria celular, pues se utilizó en etapas previas de la cadena evolutiva de la vida y durante el desarrollo embrionario. Hay evidencia de que las células tumorales comparten características con las células de un embrión (proteínas embrionarias y vasos sanguíneos inmaduros característicos del embrión, virus y bacterias que se han hallado en el desarrollo embrionario, etc.) y también propiedades de organismos unicelulares evolutivamente más primitivos, como algunas bacterias y parásitos: pobre utilización del oxígeno, capacidad de acidificar el entorno donde viven, capacidad de latencia (una especie de hibernación) y autofagocitosis (autocanibalismo) para sobrevivir en condiciones y ambientes hostiles, etc.
Promotores del cáncer: disruptores en la comunicación celular. Existen factores de grave amenaza para la supervivencia global del organismo: numerosos promotores del cáncer (químicos difícilmente biodegradables, como los plásticos y las hormonas, metales pesados que contaminan el aire y las aguas, contaminación radiactiva, etc.) y el estrés psicobiológico, que fragiliza los sistemas de restauración del cuerpo.
Actualmente, los alimentos, el agua y el aire contienen innumerables moléculas añadidas (conservantes, colorantes, antibióticos, potenciadores de aroma, hormonas, etc). Se comportan como unidades de información intra e intercelular de gran potencia biomoduladora: son capaces de modificar la coherencia electroiónica y química que mantiene a un sistema vivo funcionante. En una palabra, se decodifican los flujos informacionales inter/intracelulares de los sistemas vivos. Además, se alteran la flora intestinal y otros ecosistemas, que participan en los procesos de detoxificación.
Estas alteraciones en los pequeños subsistemas (células, colonias microbiológicas, etc) afectan a los grandes sistemas de regulación: sistema inmunitario, sistema hormonal, etc. Se producen cambios en el metabolismo de órganos esenciales para el mantenimiento de la vida como el hígado, el páncreas, y se reactivan fragmentos de microorganismos latentes (priones, virus, onco
genes) que sólo se hacen presentes en estados potencialmente inviables de los sistemas vivos.

UN ENFOQUE ECOSISTÉMICO
Para incidir en el reajuste global de un organismo que padece cáncer, desde este planteamiento, habremos de manejarnos en el espacio interdependiente del organismo (sistemas de interrelación) y no solo en las unidades concretas que lo componen (células, proteínas…): ayudar al cuerpo a conectar de nuevo con su capacidad innata aurtoorganizativa.
La clave está en diseñar estrategias de nutrición y suplementación y otros abordajes, que más que efectos cuantitativos (carga de antioxidantes, estimulantes de la inmunidad, etc.) consiga efectos cualitativos (mejoría del ecosistema inmunidad en sus diferentes tejidos –hígado, linfa, intestino, etc–, potenciación de
 sus cooperadores –trabajar las comunidades bacterianas, mejorar la calidad del tejido conectivo– y biomodulación de señales intra e intercelulares).
Adaptación es inteligencia biológica. Es un equilibrio que maneja continuos cambios en el organismo y su entorno sin perder la coherencia global del sistema vivo en relación a su hábitat. Por ello, en la transformación de la salud hacia una vida mejor, proteger el ambiente es invertir en la protección de los organismos sean macros (humanos), o micros (células). El cáncer comenzará a desvanecerse si conseguimos que nuestra mirada alcance mucho más que nuestra propia célula enferma, sana, nuestro propio cuerpo, nuestra mente, y alcance a percibir lo que nos rodea (alimentos, aire, relaciones) como algo que nos permea y a lo que permeamos, desde una consciencia de responsabilidad y agradecimiento para con lo que recibimos y devolvemos transformado. Confiar en la vida como un sistema de interrelaciones inteligente es empezar a confiar en nuestro cuerpo y su capacidad para autorrestablecer su equilibrio.
Son estos procesos vitales dotados de autonomía inteligente –y no nuestras intervenciones terapéuticas, que simplemente son facilitadoras– los que garantizarán la transformación adaptativa de nuestro organismo y su pervivencia.
Todas las hipótesis interesantes aquí exploradas no tendrían sentido alguno ni posibilidad de contrastar sin el retorno de las personas afectas de cáncer, sus familias y sus procesos de vida con los que tratamos. Todos y cada uno arrancan de momentos y capacidades diferentes. Todo ello se despliega en forma de proceso, a veces con giros inesperadamente gratificantes, otros más difíciles de encajar. Y no necesariamente hacer todo lo que aquí y en otras partes se dice asegura la recuperación de la salud. Mucho más importante es discriminar qué hacer o no, cuándo y cómo hacerlo, y sobre todo incorporarlo a todos los niveles del ser. Es imprescindible dar espacios para que el trabajo madure y se exprese en un cambio biológico y de conciencia reales. Dar tiempo a los tiempos del cuerpo, sin entrar en pánico irremediable cuando el veredicto del TAC o del análisis es “progresión tumoral”. Entender y transitar un cáncer es mucho más que la desaparición de una masa tumoral. Muchas personas conviven con un cáncer estable u oscilante y viven plenamente: siguen trabajando en la ardua y a veces arriesgada aventura del retorno a la salud.

UN CASO DE SUPERACIÓN
A.C. tenía 38 años cuando desarrolló inesperadamente una parálisis en la parte derecha del cuerpo. Se le diagnosticó un tumor cerebral inoperable, llamado glioblastoma. Se le propuso como mantenimiento radioterapia y quimioterapia, sin previsiones de una fácil reducción del tumor.
Visitó nuestra Unidad de Oncología y Medicina Integrativa al inicio de la radioterapia. Recibió el protocolo de radioprotección, basado en una combinación de inmunopolisacáridos, propóleo y omegas.
Al finalizar la irradiación, añadimos flavonoides cítricos, cúrcuma y lipoico, para restaurar el daño neuronal, y un tratamiento antitumoral basado en homeopatía (protocolo Banerji). La toxicidad a la radioterapia fue mínima y se obtuvo una pequeña reducción del tumor.
Posteriormente, recibió quimioterapia, junto con el protocolo de quimioprotección basado en una combinación de fitoterapia y suplementación. A los dos ciclos de quimioterapia, la respuesta tumoral era escasa. Añadimos potenciadores de respuesta a la quimioterapia para conseguir sinergia (acido cítrico y altas dosis de omegas 3, 6). A los 4 ciclos, la respuesta era considerable, aunque la resonancia destacaba aún aumento de vascularización tumoral.
Se añadió resveratrol y otros compuestos con actividad antiangiogénica. Tras los 6 ciclos de quimioterapia: ausencia de tumor sin vascularización.
A.C. atendió no sólo sus células con la biomodulación combinada con el tratamiento convencional, sino que también siguió a rajatabla el programa de nutrición sistémica (antitumoral, desintoxicante, antiedema). Recibió fisioacupuntura para recuperar movilidad y evitar pérdida muscular.
Comprendió la importancia de abordar su proceso de una manera sistémica no sólo a nivel biológico: exploramos conjuntamente factores de estrés psicobiológicos cercanos a su enfermedad que pudieron vulnerar su resistencia al cáncer (periodo de mobbing intenso y prolongado que aún le ocasionaba intenso estrés emocional); inició psicoterapia específica y supervisión en el Programa de Análisis de Contextos, aprendiendo a identificar situaciones y roles similares, a responsabilizarse de su participación en el sistema y a comprometerse con el cambio.
Se vinculó a un programa de meditación zen, donde aprendió a madurar la conciencia corporal y a optimizar sus visualizaciones para generar efectos biológicos positivos.
A.C. era un perfil de persona muy proactiva, pero aprendió a utilizar esta característica de manera más adaptativa: saber cuándo actuar y cuándo ser proactivo en el permitir; así se gestó en su interior el cambio hacia la salud, descubriendo también que podía vivir una vida más auténtica.
Sigue sano y participa en la vida, con un proyecto profesional y personal propio, a los 19 meses del diagnóstico.

MEDICINAS NO CONVENCIONALES, FINALMENTE ACEPTADAS

En los años noventa, algunos de los investigadores y médicos convencionales que en el pasado cuestionaron las medicinas no convencionales acabaron por estudiarlas y utilizarlas, integrándolas paulatinamente en su quehacer asistencial, en el marco sanitario institucional (hospitales, ambulatorios, etc.). Seguían siendo un complemento del tratamiento ortodoxo, pero había germinado una gran diferencia: la medicina no convencional aportaba a la medicina clásica una filosofía de acercamiento al paciente que iba más allá del tipo de tratamiento utilizado y, además, se practicaba dentro del sistema.
Entramos así en la era de la Medicina Integrativa, que, en el área de la oncología, se especializó tanto y fue de tal interés –posibles beneficios, posibles interacciones y toxicidades– que tomó el nombre de Oncología Integrativa.
En países como Estados Unidos, Canadá y el resto de Europa, el uso de estas medicinas entre las personas con cáncer se estima entre el 35% (Gran Bretaña) y el 88% (Estados Unidos y Canadá). Tales variaciones son debidas principalmente al tipo de sistema sanitario de cada país (público o privado –de menos a más–) y poblaciones investigadas (socioeconómicamente bajas o altas –de menos a más–) (Rees R. 2000; Richardson 2000, Navo 2004).

Autora: Dra. Natàlia Eres, oncóloga experta en Medicina Integrativa.
Publicado en el número 377 de la revista Integral.
Fuente: revista Integral.
Entrevistas a la autora: una aquí y otra aquí.
Un encuentro digital con preguntas y respuestas en casos concretos.
Ponencia en audio sobre Nutrición ecosistémica en cáncer.

1 comentario:

Josep Climent dijo...

Como siempre, una gozada leer la reflexiones de la dra Natàlia Eres sobre el cáncer y las capacidades del propio organismo para sanar. Tras mis lecturas me inclino más a concebir el cáncer, si no totalmente sí de manera importante, como un fallo a nivel mitocondrial.
A este respecto me parecen interesante el uso de agentes antienergéticos como el DCA o el ácido cítrico al que la dra Natàlia Eres hace referencia y que el dr Alberto Halabe, si bien no ha podido evidenciar científicamente de manera concluyente, sí parece haber podido resolver con éste de manera exitosa algunos casos clínicos.
También, sin dejar este enfoque, creo que sería necesario hacer especial hincapié en estrategias sinérgicas como el uso de determinados antidiabéticos como la metformina o la berberina (siempre con cuidado con las posibles interacciones) o la dieta cetogénica para reducir a la mínima expresión el combustible de las células mutadas.
Reciban un cordial saludo y un agradecimiento por el documento que han compartido.