LA LEY DE LOS SEMEJANTES Y SU FUNDAMENTO CIENTÍFICO EN LA LEY DE LA HORMESIS Y EN EL CONCEPTO DE INFORMACIÓN BIOLÓGICA

RESUMEN. A partir de la Ley de la Hormesis, que goza de un amplio sustento científico-experimental, y del concepto de Información biológica, es posible conferir fundamento científico a una teoría que explique la acción homeopática regida por la Ley de los semejantes.

Palabras clave: Información biológica, Ley de la Hormesis, Ley de los semejantes.

INTRODUCCIÓN. Para dilucidar el fenómeno de la Hormesis, establecerlo como ley y luego conectarlo con la Ley de los semejantes, es necesario partir primero por instituir el concepto de Información biológica, una forma especialmente relevante de Información. Desde un punto de vista estrictamente físico, la Información es una propiedad universal de toda materia al igual que lo es la energía o la masa y, más precisamente, es una forma de energía no-degradable. (1) El concepto de Información es de una mayor generalidad que el concepto de Información biológica, pero este último es más interesante por tender un puente entre la Biología y la Física; y lo estudiaremos previamente al fenómeno biológico de la Hormesis.

DESARROLLO. La Información biológica es un rasgo característico de cualquier estructura física molecular, y de cualquier grado de complejidad, si, y sólo si, en presencia del cual una estructura biológica, de cualquier grado de complejidad (gen, genoma, membrana nuclear, organelo, receptor de membrana, enzima, célula, tejido, órgano, organismo), reacciona con una respuesta organizada (o sea, en el sentido de conservar o recuperar la homeostasis).

Definición: un rasgo característico c presente en una estructura física molecular M es igual por definición a la Información biológica Ib, para el caso: si existe Mc, entonces Mc es una Ib si, y sólo si, alguna estructura biológica B responde de forma organizada Rorg a Mc:

V(x, y), Mc(x) =df Ib(x) [!3Mc(x) → (Ib(x) ↔ B(y) Rorg Mc(x))]

[“Para todo x e y, tenemos que Mc(x) es igual por definición a Ib(x), si, al existir en x el rasgo característico Mc, entonces se atribuye a x la propiedad disposicional Ib, si, y sólo si, alguna estructura biológica B(y) responde de forma organizada Rorg a Mc(x)”.]

Toda estructura biológica posee la capacidad de responder a diferentes clases de Informaciones biológicas asentadas en las diversas estructuras físicas moleculares existentes; pero la capacidad de discriminación entre las diversas Informaciones biológicas presentes en la naturaleza, por parte de estas diferentes estructuras biológicas suele ser ampliamente variada.

Por ejemplo, si una estructura biológica B1 responde de forma organizada a cierta Información biológica Ib1, y no responde de forma organizada frente a la Información biológica Ib2 (a la cual responde de forma organizada la estructura biológica B2); entonces, Ib1 es una Información biológica para la estructura biológica B1 e Ib2 no lo es (concepto de especificidad).

La Información biológica como una propiedad disposicional.
Ahora bien, desde una perspectiva estrictamente biológica, la Información biológica constituye una propiedad disposicional que está presente en toda estructura física molecular, algunas veces latente, otras manifestada; y que consiste en una propensión a inducir, bajo las condiciones adecuadas como son el contacto mediato o inmediato, respuestas organizadas (o sea, respuestas siempre en el sentido de mantener la homeostasis o de recuperarla si se ha perdido) de parte de estructuras biológicas que sean específicamente sensibles a la Información biológica que sea el caso; por tanto, la especificidad es una propiedad derivada de toda Información biológica así como lo es de toda estructura biológica.

Que la respuesta inducida por la Información biológica sea una respuesta organizada, la distingue de ser un mero estímulo, aunque también sea físicamente un estímulo; pero si bien toda Información biológica es estímulo, no todo estímulo es Información biológica.

Es decir, debe distinguirse cuidadosamente entre el concepto de Información biológica, un concepto rigurosamente biofísico, y el concepto de mero estímulo, un concepto más general e impreciso, porque son dos conceptos diferentes aunque relacionados.

Primeramente, porque el estímulo qua estímulo es independiente de la naturaleza del objeto que lo produce; mientras que la Información biológica es un rasgo característico que pertenece propiamente a la estructura física molecular que sea el caso y, más aún, que está necesariamente asociado a su organización molecular. Si la percepción de la hembra (en cuanto hembra de su misma especie) por parte del macho es para él una información biológica, la percepción de una hembra de especie diferente, no lo es; pues en este caso sólo sería un estímulo inespecífico. En el primero, el estímulo en forma de ondas electromagnéticas transmite el rasgo característico –que es el conjunto de rasgos basados en su organización molecular- hasta su campo visual, induciendo una respuesta organizada; no así en el segundo.
La dependencia de la Información biológica respecto de la estructura física molecular que la posee permite que, cuando no está activa, la Información biológica pueda persistir en un estado de latencia –de hecho es el estado de la mayor parte de ellas la mayor parte del tiempo-; por el contrario, resultaría absurdo hablar de “estímulo latente”. En verdad, es sólo cuando la Información biológica se hace activa –vale decir, cuando está en contacto con su receptor específico-, que podría ser confundida con un mero estímulo (pero sólo a causa de no reparar en su especificidad que la caracteriza como Información biológica).

En segundo lugar, si bien tanto la acción del estímulo sobre un receptor suyo como la acción de la Información biológica sobre su receptor específico se dan solamente en la interacción, la especificidad de dicha acción –esto es, el tipo determinado de respuesta organizada que desencadena- se debe exclusivamente a la Información biológica.

Realmente, si un cierto estímulo biológico puede ser considerado más o menos específico en su acción sobre cierto receptor, es precisamente porque expresa una cierta Información biológica. De esa manera se puede hablar apropiadamente de estímulo inespecífico en contraste con estímulo específico, cuando de la Información biológica no se podría hablar en ningún caso de ser inespecífica.

Toda Información biológica es específica y la única diferencia que podemos observar entre las distintas Informaciones biológicas es su grado relativo de complejidad: se puede encontrar mayor o menor cantidad de notas al compararlas –es decir, cantidad de rasgos característicos posibles de discriminar-, pero siempre dentro de un alto grado de especificidad.

En tercer lugar, mientras el concepto de estímulo es un concepto esencialmente cuantitativo (pues no hace referencia a las diferencias cualitativas que puedan existir entre los estímulos), el concepto de Información biológica es un concepto esencialmente cualitativo. Y este contraste guarda relación con el punto anterior de la especificidad. La especificidad entre una determinada Información biológica y su receptor adecuado depende de compartir una cualidad en común. Así, se podría decir que el receptor adecuado es aquel que “reconoce” a la Información biológica apropiada mediante la cualidad de su rasgo característico.

La Información biológica propia de la estructura biológica y la Información biológica externa.
Sin embargo, no debe omitirse la siguiente consideración: la especificidad no sólo depende del carácter cualitativo de la Información biológica misma sino también de la capacidad que presentan las diversas estructuras biológicas de ser receptores distintamente específicos de las diferentes Informaciones biológicas externas.

Vale decir, las estructuras biológicas a la vez que son sensibles a unas son insensibles a otras; por tanto, las primeras constituyen Información biológica para ellas y las segundas, no. Empero estas últimas constituyen Informaciones biológicas para otras estructuras biológicas diferentes. Ninguna Información biológica puede serlo para cualquier receptor así como ningún receptor puede serlo para toda Información biológica –el receptor universal no existe-, porque la especificidad es una propiedad de toda Información biológica y de toda estructura biológica.

Hagamos notar que la estimulidad (o capacidad de responder a estímulos) expresa simplemente una forma de sensibilidad general de parte de las estructuras biológicas frente a cambios de la energía de su entorno, condición sine qua non para su sobrevivencia; a diferencia de la capacidad particular de recibir y responder (en un mismo acto) a Informaciones biológicas de su medio que estas mismas estructuras biológicas presentan y que se funda en la forma característica de constituirse esta estructura biológica, o sea, en su propia y determinada organización, que es su patrón individual al cual debe volver cada vez que es desequilibrada (concepto de homeostasis).

En otras palabras, la capacidad de recibir Informaciones biológicas externas específicas y responder de forma organizada a ellas por parte de cada estructura biológica se basa en la presencia de Información biológica propia, que condiciona cuáles son las Informaciones biológicas del ambiente adaptadas para su determinada estructura y cuáles no.

Ciertamente que la existencia de Información biológica propia implica a esta estimulidad como una condición previa, ya que es de suyo una propiedad de toda estructura biológica, pero no debe confundirse con ella.

Si el concepto de Información biológica y el concepto de estímulo fueran el mismo no podría explicarse esta capacidad de las estructuras biológicas de disponer de respuestas organizadas frente a Informaciones biológicas externas apropiadas, y de carecer de ellas frente a aquellas inapropiadas, que entonces constituyen meros estímulos inespecíficos; es decir, de esta capacidad de discriminación que poseen todas las estructuras biológicas, y que es el origen primario de su especificidad.

En el proceso de transducción de señal, por ejemplo, tenemos que la señal extracelular es una Información biológica, y no un mero estímulo, porque consiste en una estructura física molecular que posee un rasgo característico, que es como su código, y que es reconocido por el receptor correspondiente; de otra manera no habría diferencia entre las distintas señales potenciales ni diferencia tampoco entre los diversos receptores. Además, porque en presencia de ese rasgo característico, su receptor específico responde con una respuesta organizada.

No es solamente la presencia de las moléculas de la señal extracelular en una concentración superior a cierto umbral, como se supone habitualmente en una visión mecanicista, lo que desencadena la modificación de su receptor y la subsiguiente activación enzimática para producir el segundo mensajero sino que la activación del proceso depende, de una manera decisiva, de la condición de la homeostasis orgánica total (concepto de Hipergenoma: véase más adelante); vale decir, de cuán apropiado sea para el funcionamiento total que dicha activación se produzca (lo que puede variar según el momento considerado).

Esto es, puede darse el caso y con bastante frecuencia se da, que una cierta señal extracelular –a pesar de seguir siendo un estímulo por estar en una concentración superior a determinado umbral- no provoque ninguna respuesta (por ejemplo, la insulina de parte de su receptor habiendo resistencia a la insulina). Por tanto, no es en este caso una Información biológica porque, como ya sabemos, ésta necesariamente exige una respuesta organizada.

Digamos, por último, que si bien la Información biológica no puede ser disociada del estímulo biológico, es ella y sólo ella la que proporciona la cualidad de su acción específica. Aunque la simple interacción entre un emisor y un receptor de la Información biológica, pueda ser considerada un estímulo; esa interacción, amén de ser mera interacción, o sea, de ser mero estímulo, es principalmente un medio a través del cual se expresa la Información biológica. (Agreguemos igualmente la siguiente diferencia desde la perspectiva de la Física: si el estímulo desnudo es energía degradable, la Información es energía no-degradable.)

El concepto de Información biológica es un concepto no-observacional.
Podríamos decir, en síntesis, que el concepto de estímulo, además de ser únicamente cuantitativo –y, por ende, no referirse a diferencias cualitativas-, es más bien indefinido (se refiere escuetamente al hecho de provocar respuestas sin especificar su tipo). Y que el concepto de Información biológica, por el contrario, además de diferenciarse del estímulo por referirse a diferencias cualitativas, es un concepto perfectamente definido: es un concepto no-observacional, y más precisamente es una construcción hipotética (2), es decir, posee un correlato real (la organización molecular); constituyéndose así en un mecanismo explicativo.

El hecho de constituirse en un mecanismo explicativo quiere decir que es la Información biológica propia de cada estructura biológica la que condiciona –y por tanto explica para quien lo mira desde fuera- a cuales de todas las Informaciones biológicas externas posibles puede responder de manera organizada y a cuales no. Así, si conociéramos la Información biológica propia de la estructura biológica de que se trate, podríamos predecir su conducta. Por ejemplo, toda enzima –que es una Información biológica interna de origen genético-, responde organizadamente sólo frente a su sustrato específico –que es una Información biológica externa-, formando el complejo enzima-sustrato correspondiente.

En conclusión, la Información biológica interna propia de cada estructura biológica condiciona en cada caso a cuales de las diversas Informaciones biológicas de su entorno responde organizadamente y a cuales no responde (por in-adaptación o por des-adaptación); pero, a la vez, la condicionan ineludiblemente a responder de forma organizada cuando las Informaciones biológicas son las pertinentes, esto es, cuando se trata de Informaciones biológicas a las cuales está adaptada. Luego veremos, al tratar de la Ley de los semejantes, que las Informaciones biológicas del entorno pueden ser, según su cualidad, beneficiosas (alimento), por su semejanza positiva, o nocivas (veneno), por su semejanza negativa.

A continuación, estudiaremos el fenómeno de la Hormesis y descubriremos que en el fondo de este fenómeno siempre subyace la presencia de la Información biológica. Todavía más, pensamos que este fenómeno es inexplicable sin el concepto de Información biológica.

El fenómeno de la Hormesis.
El fenómeno de la Hormesis cuenta con bastante apoyo científico-experimental –en especial por los trabajos de E.J. Calabrese- como para servir de base de sustentación empírica a la Ley de los semejantes (con la cual está íntimamente articulada); revisemos, por ejemplo, el siguiente texto que es una síntesis sobre la importancia de este fenómeno:

The present article represents a comprehensive effort to assess the hypothesis that hormesis is a highly generalizable biological phenomenon independent of environmental stressor, biological endpoint, and experimental model system. The evaluative methodology and complementary approaches employed to assess this question are (1) evolutionary biology-based theoretical paradigm; (2) evaluation of > 20,000 toxicology articles using a priori entry and evaluative criteria; (3) evaluation of 17 large-scale studies each providing data on numerous agents tested in the same experimental model by the same research team; (4) the assimilation of experimental pharmacological data on 24 receptor systems in which biphasic dose responses have been established reproducibly along with hormetic mechanism elucidation; and (5) assessment of the original hormesis database with 1600 dose-response relationships demonstrating evidence consistent with the hormesis hypothesis. The complementary approaches for assessing hormesis provided strong support for its credibility as a central biological theory based on its high frequency of occurrence and quantitative features of expression within microbe, plant, and invertebrate and vertebrate animal Systems”. (3)

Consideremos ahora algunas definiciones estándares del fenómeno de la Hormesis:

“La Hormesis es un fenómeno de respuesta a diferencia de dosis caracterizado por una estimulación por dosis baja [estímulo infraliminal] y una inhibición para dosis altas [estímulo supraliminal]”. (Así formulada correspondería a la llamada “ley de Arndt-Schulz”.)

“Hormesis has been defined as a dose-response relationship in which there is a stimulatory response at low doses, but an inhibitory response at high doses, resulting in a U- or inverted U-shaped dose response”.

“La Hormesis es un fenómeno biológico de relación dosis-respuesta caracterizado por el efecto de estimulación de las dosis bajas y el efecto de inhibición de las dosis altas, ya sea de un agente químico, ya sea de un agente físico”.

Las definiciones anteriores se refieren exclusivamente a la parte del fenómeno de la Hormesis que consiste en la acción de la sustancia o agente químico (o del agente físico) sobre el organismo, sin considerar la parte que activamente juega éste –pese a que en la tercera definición se reconozca que es un fenómeno biológico-, y cuya importancia es fundamental.

“La Hormesis es un fenómeno que se presenta en la interacción entre un organismo y una sustancia de manera tal que, al variar considerablemente la dosis de esta última, varía también la capacidad de reacción orgánica: si la dosis es alta, el organismo es sobrepasado y se daña; si la dosis es baja, el organismo es estimulado a responder recuperando su homeostasis”. En esta última definición, en cambio, se recobra el papel esencial jugado por el organismo y la Hormesis es considerado como un fenómeno esencialmente biológico.

Una definición semejante: “Hormesis should be considered an adaptive response characterized by biphasic dose responses of generally similar quantitative features with respect to amplitude and range of the stimulatory response that are either directly induced or the result of compensatory biological processes following an initial disruption in homeostasis.” (4)

Rescatemos de esta última definición, la siguiente frase relativa a la respuesta orgánica: la de ser “the result of compensatory biological processes following an initial disruption in homeostasis”. He aquí lo decisivo: es una respuesta organizada –o sea, con el objetivo de recuperar la homeostasis alterada- del organismo ante una Información biológica que, cuando se expresa a través de un estímulo supraliminal, provoca una perturbación de la homeostasis. Pues, ¿cómo podría el organismo responder con el fin de compensar la alteración de la homeostasis sin reconocer la forma específica en que ésta ha sido alterada?
Es decir, con la dosis alta (estímulo supraliminal) el organismo es sobrepasado en su capacidad de reacción y, por consiguiente, su actividad se inhibe. Al contrario, con la dosis baja esa reacción de compensación de la homeostasis se hace presente y, más aún, es estimulada.

Y si el fenómeno de la Hormesis puede considerarse como una respuesta adaptativa, entonces es la respuesta orgánica a dosis menores al límite (estímulo infraliminal) la que puede propiamente considerarse como una respuesta de adaptación. Por tanto, es perfectamente legítimo tomar esta parte por sí misma, como se reconoce a continuación en el mismo texto:

Even though hormesis is considered an adaptive response, the issue of beneficial/harmful effects should not be part of the definition of hormesis, but reserved to a subsequent evaluation of the biological and ecological context of the response”.

Es decir, “the issue of beneficial/harmful effects”, como señalan los autores, siendo un asunto médico-terapéutico, desborda el fenómeno de la Hormesis; sin embargo, deriva naturalmente de él y nos conduce así del fenómeno de la Hormesis a la Ley de los semejantes. Por ejemplo, la siguiente definición desde un ángulo propiamente médico, se refiere más a una consecuencia terapéutica del fenómeno de la Hormesis que al fenómeno mismo: “Hormesis refers to the beneficial effects of a treatment that at a higher intensity is harmful. In one form of hormesis, sublethal exposure to stressors induces a response that results in stress resistance”. En esta definición lo que se destaca es la derivación terapéutica del fenómeno de la Hormesis.

Pero se esté o no de acuerdo en considerar la derivación terapéutica del fenómeno de la Hormesis como parte de él, lo cierto es que es una consecuencia que deriva naturalmente del fenómeno mismo; y de esta manera se conecta lógicamente con la Ley de los semejantes: pues según ésta toda sustancia que sea capaz de enfermar tiene la capacidad de inducir la curación de aquello en que consiste la enfermedad que provocó (y, agreguemos, usada en dosis bajas). Por supuesto, el fenómeno de la Hormesis (como Ley de la Hormesis) no es la Ley de los semejantes, pero la Ley de los semejantes sí que se sigue lógicamente de aquélla.

El estatus científico del fenómeno de la Hormesis como concepto y como Ley.
Resultará claro, luego de tan variadas definiciones del fenómeno de la Hormesis, su naturaleza multifacética que podría llevar a mucha confusión. Pero de lo que no cabe duda es de su existencia real. Por ejemplo, G.R. Hoffmann en una revisión reciente se expresa así: “The first question that one may ask about hormesis is whether it is real. An accumulation of evidence calls for an affirmative answer”. (5)

Sin embargo, la falta de consenso acerca de los mecanismos que subyacen a este fenómeno biológico es fuente de confusión y controversia. Como dice Hoffmann: “A criticism that has been raised about the hormesis concept is that there is insufficient understanding of mechanisms to form a coherent view of hormesis within the broader context of biology”.

Se sostiene que no hay un mecanismo único sino muchos mecanismos implicados en este fenómeno. Y Hoffmann nos da la siguiente lista de estos probables mecanismos:

Mechanisms Contributing to Hormetic Responses at Low Doses:
Overcompensation to a disruption in homeostasis by overshooting homeostatic feedback controls.
Adaptive responses based on inducible repair processes.
Enhanced defenses against oxidative stress.
Activation of transcription factors and upregulation of genes for cytoprotective proteins, growth factors, cytokines, and enzymes involved in various signaling pathways.
Interaction of exogenous agents with stimulatory and inhibitory receptor subtypes of endogenous regulatory systems.
Interactions among cell proliferation, cell-cycle delay, apoptosis, and DNA damage.
Selective induction of apoptosis in transformed cells and death of cells predisposed to spontaneous transformation.
Preferential induction of adaptive responses in normal cells relative to cancer cells.
Enhancement of gap junction intercellular communication at low doses but inhibition at high doses.
Enhanced immune responses”.

Nuestra opinión es que toda esta diversidad de mecanismos parciales compone un solo mecanismo central. Y éste es precisamente el implicado por el concepto de Hipergenoma, esto es, la Información genética total del organismo –entendiendo la Información genética como Información biológica interna- que regula funcionalmente la red constituida por todos los genomas celulares individuales y que es el ente ejecutor que permite al organismo responder a las situaciones de estrés (que son pérdidas transitorias de la adaptación), coordinando los diversos mecanismos que comparten el mismo objetivo de mantener el equilibrio homeostático o de recuperarlo si se ha perdido.

Tomemos como ejemplo uno de los mecanismos descritos en la lista anterior: “Selective induction of apoptosis in transformed cells and death of cells predisposed to spontaneous transformation”. (6) El Hipergenoma controla cada célula del organismo a través del genoma celular individual correspondiente, pudiendo así detectar la transformación anómala de cualquier célula para luego ejecutar su eliminación mediante la apoptosis.

Aprehendiendo la ley detrás del fenómeno de la Hormesis.
Ahora bien, nuestra definición de la Ley de la Hormesis es la siguiente:

“Para toda sustancia o agente químico (y para todo agente físico), si tiene la capacidad de alterar el equilibrio homeostático de un organismo de una forma determinada en dosis superiores al límite definible para la sustancia considerada y la sensibilidad individual del organismo (estímulo supraliminal); entonces tiene la capacidad de inducir en el mismo tipo de organismo una respuesta compensatoria en el sentido opuesto a dicha alteración de la homeostasis, si es usada en dosis inferiores a ese mismo límite (estímulo infraliminal)”.

Si bien es cierto que la Ley de la Hormesis parece referirse sólo a cantidad (dosis) y no a cualidad, esta apreciación es engañosa como veremos a continuación. La cualidad del estímulo –o sea, la Información biológica involucrada por el estímulo- es esencial para explicar la diferencia entre la acción de una dosis mayor y una dosis menor (estímulo supraliminal versus estímulo infraliminal) de un agente químico sobre el organismo: si bien el organismo no puede responder a la dosis mayor (al ser inhibido por ella), responde organizadamente a la Información biológica correspondiente en el caso de ser estimulado por la dosis menor.

Lo que esto quiere decir es que el organismo reacciona específicamente al estímulo cuya intensidad es débil (estímulo infraliminal), con una respuesta organizada que es de sentido opuesto a la acción patogénica del estímulo cuya intensidad es fuerte (estímulo supraliminal); por lo cual primero debe reconocer la cualidad subyacente al estímulo para poder responder buscando recuperar su homeostasis. Por tanto, el organismo responde al estímulo por su Información biológica. Esto es, la respuesta del organismo cuando hay fenómeno de la Hormesis es una respuesta organizada porque es una respuesta a una Información biológica.

Se dan dos situaciones: Cuando la dosis del agente químico que sea el caso es alta (o estímulo supraliminal), el organismo sufre pasivamente su acción estresante, experimentando como consecuencia ciertos cambios patológicos sólo atribuibles a la naturaleza del agente químico utilizado; y en este caso no hay fenómeno de la Hormesis porque no hay una respuesta organizada por parte del organismo. Pero el organismo responde activa y organizadamente cuando la dosis del mismo agente químico es menor a cierto límite (o estímulo infraliminal), acción ahora moderadamente estresante, oponiéndose a los cambios específicos desencadenados en el primer caso: tenemos así el fenómeno de la Hormesis.

Debemos destacar la importancia decisiva del límite en el cual se invierte la acción del agente químico. Por sobre ese límite, la cantidad de información es de tal manera redundante a causa de la gran cantidad de moléculas actuando por largo tiempo (dosis alta), que inhibe la reacción del organismo por saturación; impidiendo que exista el fenómeno de la Hormesis.

Por debajo de ese límite, en cambio, y a causa de la menor presencia de moléculas (dosis menor), pasa a predominar la reacción orgánica, lo cual se traduce en una estimulación (en promedio, 30-60% mayor que el control) (7); o sea, en el fenómeno de la Hormesis.

Es evidente por todo lo anterior que no se trata de un fenómeno meramente químico sino esencialmente biológico; lo decisivo en este fenómeno es la reacción potencial del organismo frente al agente químico en cuestión: si, y dependiendo de la dosis, le es posible reaccionar efectivamente o no con una respuesta organizada (estimulación versus inhibición).

En resumen, independientemente de la intensidad del agente agresor (sea éste un veneno o un tóxico), y por tanto de la intensidad del estado de estrés desencadenado (alto o moderado), el agente provocador de la alteración de la homeostasis actúa sobre el organismo distintamente según su naturaleza, lo cual depende de cuál sea su Información biológica. Esta es la parte cualitativa del fenómeno de la Hormesis, aspecto inadvertido hasta hoy.

El estado de estrés, y su mayor o menor intensidad, entonces, es una consecuencia de la acción agresiva del agente; pero para que se produzca el fenómeno de la Hormesis, se requiere de un estrés moderado, y que, además de ser moderado, el organismo en su reacción pueda responder en el sentido correcto; es decir, en el sentido opuesto al cual actúa la dosis alta del agente agresor provocador del daño, y para lo cual debe responder organizadamente a la Información biológica que sea el caso para restablecer la homeostasis perdida.

Una vez demostrado mediante las anteriores consideraciones que el fenómeno de la Hormesis opera a causa de la Información biológica que subyace al estímulo de la sustancia que lo produce, reformularemos la Ley de la Hormesis de la siguiente manera:

“Para toda sustancia o agente químico (y para todo agente físico), si su Información biológica tiene la capacidad de alterar el equilibrio homeostático de un organismo de una forma determinada en dosis superiores al límite definible para la sustancia considerada y la sensibilidad individual del organismo (estímulo supraliminal); entonces su Información biológica tiene la capacidad de inducir en el mismo tipo de organismo una respuesta compensatoria en el sentido opuesto a dicha alteración de la homeostasis, si la sustancia es usada en dosis inferiores a ese mismo límite (estímulo infraliminal)”.

De la Ley de la Hormesis a la Ley de los semejantes.
La semejanza tiene una faz positiva y otra negativa:

La faz positiva se refiere a que las Informaciones biológicas del medio al cual está adaptado un organismo, son semejantes a la Información biológica interna de ese organismo; en otras palabras, su Hipergenoma es la síntesis de la totalidad de las Informaciones biológicas externas a las cuales está adaptado. El gusano de seda contiene la Información de la hoja de morera y, viceversa, la hoja de morera contiene la Información del gusano de seda.

La faz negativa se refiere, en cambio, a las Informaciones biológicas del medio al cual dicho organismo no está adaptado y, en consecuencia, son potencialmente dañinas para él. Es la diferencia que hay entre el alimento (semejanza positiva) y el veneno (semejanza negativa). Ahora bien, la Ley de los semejantes, fundamento de la Homeopatía, expresa la faz negativa de la semejanza, y se conecta con la Ley de la Hormesis precisamente por los efectos dañinos de las altas dosis (estímulos supraliminales) –lo cual da lugar a las patogenesias- y por los efectos terapéuticos de las bajas dosis (estímulos infraliminales) de sustancias o agentes químicos (y también de agentes físicos) a los cuales el organismo no está adaptado.

Decíamos anteriormente que el fenómeno de la Hormesis sólo surge cuando la dosis de la sustancia es menor a cierto límite (o estímulo infraliminal) y el organismo responde activa y organizadamente a su acción; a saber, cuando actúa oponiéndose a los cambios específicos desencadenados si la dosis de la sustancia es mayor a ese mismo límite (o estímulo supraliminal). Pues bien, el paso siguiente por el cual este fenómeno y ley de la Hormesis se conecta con la Ley de los semejantes es cuando un organismo presenta de manera espontánea un tipo de cambios patológicos semejante al provocado por la dosis alta de alguna sustancia –o sea, expresado por síntomas y signos característicos semejantes-.

Si el cuadro patológico espontáneo es semejante por sus síntomas y signos característicos al cuadro patológico desencadenado por la dosis alta de alguna sustancia, al hacer uso de la dosis menor de esta última, se produce el efecto estimulante del fenómeno de la Hormesis y, a la vez, el efecto terapéutico de la Ley de los semejantes; es decir, ambos efectos coinciden en el mismo sentido, cual es el de corregir la alteración de la homeostasis.

Luego, lo que une lógicamente a la Ley de los semejantes con la Ley de la Hormesis es el concepto de Información biológica. Pues la Información biológica de la sustancia que provoca la alteración de la homeostasis –si es usada en dosis alta (efecto cuantitativo)-, es la misma que provoca los síntomas y signos que le son característicos (efecto cualitativo).

Y de acuerdo con la Ley de la Hormesis, esta misma sustancia usada ahora en dosis baja tiene la propiedad de estimular el proceso curativo (en el sentido de ayudar a recuperar la homeostasis); pero no a causa de la semejanza de los síntomas y signos entre el enfermo espontáneo y el sujeto experimental sino porque éstos son la expresión característica de la Información biológica pertinente, que es la que realmente provoca la acción estimulante. (8)

Señalemos finalmente que sin el concepto de Información biológica permanecería sin explicación la relación que existe entre el tipo determinado de alteración de la homeostasis y la especificidad correspondiente de los síntomas y signos producidos por esta misma alteración.

Vale decir, aunque no se usaran los síntomas y signos característicos como parámetro para establecer la semejanza, la semejanza entre el enfermo espontáneo y el experimental existe de hecho porque está fundada en el compartir una misma Información biológica; la cual se expresa a través de los mismos síntomas y signos característicos y la que explica que la dosis alta enferme –a través de los mismos mecanismos fisiopatológicos utilizados por la enfermedad natural- y que la dosis menor estimule el proceso curativo. Sin embargo, sin el conocimiento de la semejanza de los síntomas y signos no lo sabríamos, por lo cual dicho conocimiento cumple una finalidad pragmática:

Ley de los semejantes: “Para toda sustancia, si su Información biológica tiene la capacidad de alterar el equilibrio homeostático de un organismo de una forma determinada en dosis superiores al límite definible para la sustancia considerada y la sensibilidad individual del organismo (estímulo supraliminal), lo que se expresa a través de síntomas y signos característicos; entonces su Información biológica tiene la capacidad de inducir en todo organismo afectado espontáneamente por síntomas y signos semejantes una respuesta compensatoria en el sentido opuesto a dicha alteración de la homeostasis, si la sustancia es usada en dosis inferiores a ese mismo límite (estímulo infraliminal)”.

Dosis homeopática versus dosis farmacológica y dos problemas.
La acción homeopática es exclusivamente informacional. En cambio, la sustancia química actúa tanto por la ley de acción de masas, como por su Información biológica –la que le da su especificidad, es decir, determina a qué sistemas enzimáticos en particular afecta-.

A diferencia de una dosis homeopática, que al estar desprovista de masa se la puede considerar como un estímulo único, a una dosis farmacológica –sea mayor o sea menor- se la debe considerar como un estímulo múltiple, o sea, un estímulo que se repite persistentemente. En otras palabras, el estímulo químico es repetido incontables veces y permanece por largo tiempo; de hecho, hasta que el agente químico sea metabolizado completamente y eliminado.

La acción terapéutica de la “dilución homeopática” representa un estímulo simple, pero además débil (o estímulo infraliminal); y de esa forma siempre corresponderá a la parte del fenómeno de la Hormesis que sí permite (y además estimula) la respuesta organizada del organismo en busca de recuperar el equilibrio homeostático, pero actuando por semejanza. (9)

Surgen en este momento dos problemas en forma de preguntas: (a) ¿cómo puede una “dilución homeopática” ser considerada Información biológica si no contiene ni una sola molécula de soluto siendo que el rasgo característico está asociado necesariamente a una estructura molecular?; y (b) ¿cómo puede esta misma “dilución homeopática” afectar el funcionamiento orgánico finamente regulado por las enzimas si su acción no obedece ni puede obedecer a la ley de acción de masas?

La información biológica y su relación con la “dilución homeopática”.
Normalmente, la Información biológica parece requerir, como condición necesaria, de una estructura molecular que le de sustentación (salvo si está asociada a energía radiante).

El rasgo característico de la estructura física molecular es sólo una parte, pero una parte especialmente significativa de la estructura total; y, además, puede no ser la misma parte para diferentes estructuras biológicas que posean la capacidad de ser sus receptores.

Surge inmediatamente la pregunta: entonces, ¿qué sustentación física puede tener la Información biológica del soluto en la “dilución homeopática” que supera al Número de Avogadro? ¿Persiste la Información biológica a la dilución más extrema? O en otras palabras, ¿persiste el rasgo característico de la estructura física molecular a la dilución post-Avogadro de dicha estructura? La respuesta definitiva sólo puede lograrse mediante el experimento científico apropiado. Exclusivamente la experiencia científica correcta puede responder a dicha pregunta, ya sea de forma afirmativa, ya sea de forma negativa. (10)

Sin embargo, a priori puede sostenerse lo siguiente: A partir del supuesto de una respuesta experimental positiva, tal resultado implicaría que el rasgo característico de la estructura física molecular no consiste, en último análisis, en ser únicamente una determinada organización espacial de dicha estructura molecular, y por tanto en ser exclusivamente una geometría tridimensional (veremos porqué más adelante); sino más bien en ser una propiedad disposicional inherente a esta misma estructura física molecular (Información biológica).

Aunque contenido en su específicamente determinada organización estructural, el rasgo característico de la estructura física molecular no sería entonces mera geometría tridimensional, mera forma, sino que sería algo más, como lo plantearemos a continuación.

Una propiedad disposicional es una propiedad que, a diferencia de una propiedad manifiesta, irrumpe únicamente bajo las condiciones apropiadas; o sea, si, y sólo si, esas condiciones apropiadas están presentes.

Así como la fragilidad es una propiedad disposicional que se manifiesta con la rotura de la estructura física que la posee sólo cuando concurren las condiciones ambientales pertinentes, de la misma forma la Información biológica se expresa solamente cuando se dan las condiciones apropiadas a su manifestación (como es el contacto con el receptor adecuado).

Que un objeto es frágil quiere decir que, bajo las condiciones apropiadas y sólo bajo ellas, se rompe; es decir, en ese caso la propiedad disposicional de la fragilidad se hace manifiesta. Similarmente, el rasgo característico de la estructura molecular es una propiedad disposicional que se hace manifiesta exclusivamente en contacto con la estructura biológica que sea su receptor adecuado (véase el concepto de Información biológica en las primeras páginas). Vale decir, sin el contacto con el receptor adecuado (concepto de especificidad), no hay ni puede haber Información biológica activa; sólo sería forma sin función.

Pero hablemos primeramente de un paso previo. Nos referimos a un paso intermedio indispensable para que la Información (potencialmente biológica) se haga activa, o sea, para transferirse al receptor adecuado; y que es, habitualmente, la presencia del agua. Es decir, gracias a que el agua tiene la capacidad de servir como portador universal de la Información (potencialmente biológica) con la cual interactúa, puede servir como medio de transmisión. De esa manera la Información (potencialmente biológica) se hace manifiesta al transferirse desde su estructura molecular original a la estructura molecular del agua.

De hecho, tal manifestación es parte de otra propiedad disposicional, y de carácter más general, cual es la propiedad de solubilidad. Y el agua, al ser el solvente universal, permite la transferencia de la Información (potencialmente biológica) a su receptor específico. Esto convierte al agua en un medio de la Información (potencialmente biológica), o sea, en un intermediario de su acción sobre el receptor final, que es siempre una estructura biológica.

En el caso concreto de la “dilución homeopática”, también el rasgo característico así como todo el resto de la estructura molecular del soluto que sea el caso, interactúa con una estructura molecular distinta, pero muy dúctil, como es el agua (el solvente), y de esa manera la propiedad disposicional presente en el soluto se hace manifiesta. Y se hace manifiesta al disolverse en la dilución y provocar un cambio en la estructura física del agua (la cual pierde así parte de su ductilidad haciéndose más rígida con la formación de numerosos polímeros).

O sea, el soluto se disuelve en el solvente y, como consecuencia de ello, se hace posible al mismo tiempo la transferencia de la Información (potencialmente biológica) al agua para, posteriormente, a través de ella alcanzar hasta el receptor final (la estructura biológica). Tanto biológica como homeopáticamente el papel del proceso de disolución por dilución es fundamental –aunque también conviene agregar el papel jugado por la fricción (“sucusión”)-.

Ante todo, el proceso de dilución requiere como condición previa la solubilidad del soluto en el solvente. A su vez, la disolución entraña la liberación de la energía potencial acumulada en los enlaces químicos que unen la estructura molecular. Pero lo más importante de señalar aquí es que esta energía liberada no se pierde como sucedería en un sistema abierto sino que se conserva en el solvente (que funciona como un sistema cuasi-aislado); es decir, esta energía se conserva en las moléculas de agua en la forma de polímeros acuosos.

Se podría decir que el agua posee la capacidad de recoger prácticamente todo tipo de Informaciones (potencialmente biológicas) por ser una estructura molecular extremadamente simple. Por esta razón, y en contraste con la mayor complejidad de otras estructuras físicas, su simplicidad estructural y plasticidad convierten al agua en la base fundamental de la vida.

Ahora bien, para que la Información (potencialmente biológica) se transfiera desde la estructura física molecular original (el soluto) hasta el agua, es imprescindible que pueda perdurar al proceso de dilución homeopático; ya que el proceso de dilución destruye los enlaces químicos que mantienen la organización macromolecular.

Seamos claros: Si el rasgo característico de la estructura física molecular consistiera únicamente en ser una determinada geometría tridimensional, se destruiría al momento mismo de la destrucción de la organización molecular de dicha estructura espacial.

Por tanto, se hace lógicamente necesario postular que hay algo más que esta organización estructural molecular dispuesta en un espacio tridimensional, y ese algo más, sea lo que fuere, siendo capaz de subsistir a la dilución más extrema.

Vamos a postular, entonces, que la Información (potencialmente biológica) no sería exclusivamente una determinada organización de cualquiera sea la estructura molecular considerada (el soluto), una mera forma sin función; sino que, por decirlo así, una “estructura energética” específica de tal organización molecular.

Pues en cualquier estructura física molecular que se considere, la energía potencial asociada a la particular organización estructural molecular constituye por sí misma una determinada organización y, como tal, igualmente representa una determinada “estructura”; ya que es esta energía potencial precisamente la que organiza a las moléculas de esa forma particular y no de ninguna otra.

En otras palabras, los átomos que componen una estructura molecular cualquiera están unidos entre sí por enlaces químicos que no son otra cosa que energía potencial. Y la forma específica como esa energía potencial une a esos átomos para constituir una organización espacial tridimensional determinada, constituye también, como ya dijimos, una determinada estructura; mucho más que aquella disposición de los átomos considerados aisladamente de sus energías de enlace, como sería, por ejemplo, la representada por una maqueta para fines pedagógicos (lo cual, por supuesto, es solamente una abstracción).

Y así como esta energía potencial asociada a la estructura molecular tridimensional es la que permite, en ausencia de dilución, que la organización de dicha estructura persista en el tiempo, conjeturamos que es también la que permite que subsista al proceso de dilución.

Efectivamente, si no existiera tal “estructura energética”, entonces la simple destrucción de la estructura molecular –por ejemplo por la acción del mismo proceso de dilución o por cualquier otro proceso que rompa esa organización molecular (como el calor, la presión u otros)-, acarrearía la pérdida definitiva de la Información (potencialmente biológica).

Esta “estructura energética” específica –que antes de sufrir el proceso de dilución se podría considerar una composición de geometría molecular tridimensional y de su energía potencial asociada- no es degradable y por esta misma razón expresa un muy alto nivel de neguentropía (de orden), lo cual le proporciona la capacidad de organizar a la estructura molecular del agua con la cual interactúa.

Es de fundamental importancia destacar este alto nivel de neguentropía que representa la “estructura energética” específica de cada estructura física molecular; es decir, destacar el orden molecular (u organización molecular) como un componente esencial de dicha estructura, porque es lo único que explica el asombroso cambio que experimenta el agua en su contacto.

Destaquemos eso sí que, salvo por un leve instante de transferencia, en todo momento del proceso de dilución esta “estructura energética” encuentra una base de sustentación en una estructura física molecular; por eso, al destruirse la estructura física molecular original por acción de la dilución, ella se transfiere como un todo –es decir, como una entidad indivisa- a la estructura molecular del agua que le va a servir como nuevo sustento.

Ciertamente que este proceso de transferencia de Información implica necesariamente un reordenamiento estructural de las moléculas de agua –representado por la formación de polímeros acuosos-; reordenamiento determinado por la nueva Información (potencialmente biológica) asentada en ella, la que le impone su impronta.

Ahora bien, es precisamente a esta “estructura energética” específica –que además de ser específica de cada estructura física molecular y así caracterizarla cualitativamente, está dispuesta en un espacio acotado de tres dimensiones-, a la que llamamos “Información”.

Es esta Información –alojada en la estructura molecular del soluto, en su inicio, pero que es puramente energética al momento de su transferencia-, la que se transfiere desde el soluto al agua, quedando almacenada en la estructura molecular de los polímeros acuosos.

Debemos precisar eso sí que la estructura molecular del polímero de agua no es de ninguna manera una copia de la disposición molecular de la estructura física original. Es decir, en ningún caso el polímero acuoso copia a la estructura molecular original sino que únicamente encierra a la Información (potencialmente biológica) en el espacio interno de su propia estructura. Pues sólo se trata de un cambio físico del agua y, obviamente, no de un cambio químico.

Cada una de las “estructuras energéticas” específicas (correspondientes a los más diversos tipos de estructuras físicas moleculares) se confina en la estructura acuosa hecha de polímeros utilizando el lenguaje binario del agua constituido por sus numerosos “puentes de Hidrógeno” –“hidrogeniones”, (H+), por un lado, y “grupos hidroxilos”, (OH¯), por el otro-. En pocas palabras: el agua almacena digitalmente la Información, pero no la reproduce estructuralmente; pues debe quedar muy claro que la Información no es el polímero de agua, la Información es la “estructura energética” específica encerrada en el polímero de agua.

Por su parte, la estructura biológica apropiada “reconoce” a esta “estructura energética” específica cada vez que se trata efectivamente de una Información biológica para ella. Si se nos permite usar un símil, la estructura biológica “reconoce” en esta “estructura energética” específica el rasgo característico de la estructura física molecular correspondiente así como el lector de códigos “reconoce” el artículo del supermercado mediante el código de barras que le pertenece.

Lo notable es que la estructura biológica “reconoce” a esta “estructura energética” específica de la misma manera tanto si forma parte de la estructura molecular original como si está confinada en los polímeros del agua en la cual el soluto se ha disuelto. Es así porque la Información biológica propiamente tal es esta “estructura energética” específica –que al ser físicamente energía no-degradable persiste sin degradarse nunca-, ya sea que esté formando parte de la estructura molecular original o ya sea que esté confinada en los polímeros de agua.

Estamos en condiciones ya de responder a la pregunta que hacíamos antes: ¿qué sustentación física puede tener la Información biológica del soluto en la “dilución homeopática” que supera el Número de Avogadro, o sea, cuando toda molécula de soluto ha desaparecido?

La respuesta es que el agua, al recoger dicha Información (potencialmente biológica) en sus polímeros acuosos, le proporciona su nueva base de sustentación física. Y que el agua le sirva de nuevo sustento es posible porque la Información –como ya lo hemos dicho, pero lo repetimos-, es más que una determinada organización estructural molecular, es más que una mera forma, es una “estructura energética” específica de cada soluto con la propiedad de ser transferible desde éste a la estructura molecular del agua.

Pasaremos a examinar a continuación la Información biológica asentada en una estructura física molecular diferente al agua, como es la estructura macromolecular de una proteína: hablamos de la enzima.

La enzima es una estructura biológica capaz de almacenar una extraordinaria cantidad de información, y por ello se constituye en el eje de la organización funcional y estructural de todo organismo viviente.

Para desarrollar este magnífico instrumento de orden, la naturaleza debió echar mano de las proteínas, un material mucho más estable que los polímeros de agua. Los polímeros de agua que espontáneamente surgen en la naturaleza, al igual que los polímeros de agua que transportan la Información (potencialmente biológica) del soluto con el cual se preparó la “dilución homeopática”, tienen el defecto de ser inestables, pues al entrar en contacto con su receptor y entregar su Información, inmediatamente se destruyen; en cambio, las proteínas en forma de enzimas representan un vehículo de Información biológica muchísimo más estable.

La Información biológica explica la catálisis enzimática.
Todas las complejas y numerosas reacciones bioquímicas que tienen lugar en nuestro organismo son reguladas por enzimas, a través de la capacidad catalizadora específica que ellas poseen. Esto quiere decir que aceleran las reacciones químicas sin ser consumidas en el proceso.

En presencia de enzimas, una reacción química en el seno de nuestros tejidos requiere de una energía de activación mucho menor que en su ausencia y de esa manera se incrementan de una forma decisiva las probabilidades de que se realice. Sin enzimas, la mayor parte de las reacciones intracelulares serían irrealizables.

La explicación es la siguiente: en el medio acuoso celular, las diversas moléculas presentes en él son lo bastante estables como para que el evento de reaccionar y formar productos sea más bien un hecho ocasional. Se le denomina “energía de activación” a esta especie de barrera energética a la reacción de las moléculas, o sea, a esta energía necesaria para hacer que se produzca la reacción.

Pues bien, salvo que se aportara energía extra desde afuera –por ejemplo en forma de calor, lo cual por supuesto dañaría a la célula-, la única otra forma de superar el problema de vencer esta barrera es mediante las enzimas y la capacidad que éstas tienen de formar un compuesto intermediario inestable, que corresponde al estado de transición de la reacción química, llamado “complejo enzima-sustrato”.

Siendo termodinámicamente inestable, este complejo rápidamente se rompe para dar lugar a productos estables y a la enzima libre, la cual no ha sufrido ningún cambio en el proceso y que puede volver así a cumplir su rol de catalizador innumerables veces más.

Estos son los hechos, pero ¿cuál es la razón profunda de esta capacidad catalizadora de la enzima? ¿Cuál es la razón por la cual la simple presencia de la enzima apropiada determina que se produzca la catálisis?

La enzima es una macromolécula proteica de un peso molecular que oscila entre varios miles y varios millones –mientras su sustrato no tiene usualmente más que varios cientos-, y que posee una estructura muy compleja, lo cual implica que posee también una gran cantidad de información.

La causa de esta gran cantidad de información está en la Información que la enzima trae consigo desde su origen en el genoma celular individual –que forma parte de la red de genomas que constituyen el Hipergenoma-, y la que explica sus propiedades tan especiales.

Ahora bien, es la Información enzimática –cuyo origen, repetimos, es genético- la que determina que se produzca el complejo enzima-sustrato y, como resultado de este hecho, que la energía de activación se reduzca a un mínimo. Pues la enzima posee la Información estrictamente apropiada para unirse a su sustrato, y solamente a él, lo que se conoce como especificidad enzimática; pues el Hipergenoma posee la Información biológica propia para reaccionar con una respuesta organizada ante cada uno de los sustratos que el organismo requiere en sus reacciones bioquímicas, o sea, ante sus Informaciones biológicas externas.

Digámoslo de esta manera: si Ud. ya ha ordenado una pieza, no necesita hacerlo de nuevo. Es decir, si la enzima ya posee esta especie de código que es su sitio activo –el cual permite que se una al sustrato-, no se requiere gastar energía para favorecer su encuentro con él, gasto que constituiría parte importante de la energía de activación necesaria en reacciones en ausencia de enzimas. Por tanto, la formación del complejo enzima-sustrato no consume energía porque el trabajo de adecuar el sitio activo de la enzima a su sustrato correspondiente ya ha sido realizado previamente. La existencia de la Información enzimática de origen genético asegura que ese sea el caso.

En consecuencia, es la mera presencia de la Información de la enzima –junto con la Información biológica correspondiente del sustrato- la que permite superar la barrera a la reacción química (la llamada “energía de activación”) al propiciar el complejo enzima-sustrato correspondiente, y sin necesidad de consumir energía extra en este proceso de formación del complejo.

Por su parte, el complejo enzima-sustrato representa un estado muy inestable por su alto nivel de complejidad, complejidad debida principalmente a la gran cantidad de información aportada por la enzima. Así, entonces, con muy poca energía libre extra suministrada como energía interna por la célula, esta inestabilidad puede dar lugar rápidamente al equilibrio con sus productos de la reacción y la enzima nuevamente disponible para otra reacción.

En este último punto, las enzimas también cumplen un papel relevante al permitir un uso más eficiente de la propia energía interna del sistema celular –energía constituida fundamentalmente por las colisiones al azar de sus moléculas-, al inmovilizar a su sustrato permitiendo así que estos choques sobre él se conviertan en energía libre; vale decir, en energía capaz de hacer posible la superación de la barrera energética que la reacción química necesita consumar para completarse.

Como se puede ver, aunque el proceso catalizador es indivisamente uno solo, presenta dos etapas que fluyen naturalmente una de la otra, y que son: primero, la formación del complejo enzima-sustrato, que constituye un proceso termodinámicamente reversible, o sea, sin variación de la entropía (sin degradación de energía, por tanto); y, segundo, la vuelta al equilibrio inmediatamente después, con consumo de la energía interna del sistema celular y variación positiva de la entropía.

En resumen: Nada de esto sería posible sin la presencia indispensable de la Información biológica propia de la enzima, la cual, como estructura intermediaria de la Información biológica del genoma celular individual –y, en último término, del Hipergenoma-, transporta dicha Información al encuentro de su sustrato específico. Pero, además, porque en cuanto estructura biológica la enzima responde organizadamente a la Información biológica del sustrato uniéndose a él por medio de su sitio activo.

Dejemos en claro, entonces, que el sustrato constituye una Información biológica para la enzima (o, más propiamente, para el Hipergenoma): la enzima “reconoce” el rasgo característico del sustrato y responde organizadamente ante él. Pues el sustrato es una Información biológica para la enzima correspondiente porque la enzima contiene en sí la Información del sustrato, a partir de su origen en el genoma celular individual, el cual a su vez forma parte de la red del Hipergenoma. Pero mientras la enzima es parte de la Información biológica interna propia del organismo, el sustrato es parte de la Información biológica externa.

Antes de terminar, puede ser instructivo describir desde un nuevo ángulo la que hemos llamado “respuesta organizada” que una Información biológica induce en el receptor adecuado, esto es, no solamente como aquella respuesta que busca mantener la homeostasis, o recuperarla si se ha perdido, sino como aquella respuesta que consiste en una secuencia encadenada de reacciones que se siguen una de otra (cascada de reacciones) hasta culminar el “programa” genético correspondiente.

Aunque es un concepto semejante a lo que en inglés se denomina “signaling pathway”, no es sin embargo una denominación que se aplique cuando es todo el organismo el involucrado en la respuesta (lo que exige una visión holística de la cual la Biología molecular carece). Pero éste es siempre el caso, pues hasta la reacción de una sola enzima comprende no solamente al genoma celular individual de la célula donde se desarrolla esa reacción enzimática sino también al Hipergenoma, el cual funciona como una red global autorregulada y, por tanto, esto implica que siempre esté involucrado el organismo entero.

Finalmente, a la pregunta: ¿cómo puede la “dilución homeopática” afectar el funcionamiento orgánico finamente regulado por las enzimas si su acción no obedece ni puede obedecer a la ley de acción de masas?, la respuesta es: porque la “dilución homeopática” es una Información biológica externa que actúa directamente sobre el Hipergenoma –y a través de éste sobre la Información biológica asentada en cada genoma celular individual-, que controla los diversos sistemas enzimáticos que gobiernan funcional y estructuralmente al organismo.

CONCLUSIÓN. El concepto de Información biológica es la clave para explicar la Ley de la Hormesis, que goza de un amplio sustento científico-experimental; establecer a partir de ella la Ley de los semejantes y poder explicar así el modus operandi de la Homeopatía desde una base teórica enteramente consistente. En último análisis, la semejanza entre el enfermo espontáneo y el enfermo experimental, que rige el proceso curativo homeopático según la Ley de los semejantes, está fundada en el hecho que comparten una misma Información biológica.

BIBLIOGRAFÍA:
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(8) Gebauer, G.H. (2008) “Segundo protocolo experimental homeopático con los grupos sanguíneos A y B”. Esculapio (Nº 5, pág. 49-51).
(9) Wiegant F, Van Wijk R. (2010) “The similia principle: Results obtained in a cellular model system”. Homeopathy. 99(1):3-14.
(10) Gebauer, G.H. (2007) “Primer protocolo experimental homeopático con los grupos sanguíneos A y B”. Esculapio (Nº 4, pág. 44-45).


ANEXO:

Diagrama que muestra la relación que existe entre la Ley de la Hormesis (LH) y la Ley de los semejantes (LS) por medio de la Información biológica (Ib):
 Arriba, de acuerdo con la Ley de la Hormesis (LH), la dosis alta (D↑) de un agente químico provoca, por medio de la Información biológica Ib, un estado patológico (EP), el cual se expresa por síntomas y signos característicos [(SyS)C].

Abajo, igualmente de acuerdo con la Ley de la Hormesis, la dosis baja (D) del mismo agente químico provoca, y por medio de la misma Información biológica Ib, una estimulación del proceso curativo (EPC) de respuesta al EP provocado por la D.

En diagonal, tenemos la Ley de los semejantes (LS): si los (SyS)C provocados con la D de un agente químico (patogenesia) y los (SyS)C presentados de manera espontánea por un enfermo son semejantes, al ser producidos por la misma Ib, entonces la D del mismo agente químico induce en este último una EPC (de acuerdo con la LH).     


Autor: Dr. Gabriel Hernán Gebauer, gebauerj@mi.cl, médico-cirujano, Universidad de Chile. Homeópata. Magister Artium Fil. Ciencia, Universidad de Santiago (Chile).
Publicado en Esculapio, revista de los médicos acupuntores, homeópatas y naturistas de Asturias, nº 10, año 5, otoño-invierno 2010, 5-15.