Entrevista al médico y filósofo Gabriel Hernán Gebauer sobre la Homeopatía

Lo que sigue es una entrevista realizada al Dr. Gabriel Hernán Gebauer, médico y filósofo, quien ha realizado un excelente trabajo, muy original, en la fundamentación teórica de la Homeopatía. Siendo esta última una medicina alternativa muy conocida y empleada, a la vez que científicamente muy controvertida, la opinión del Dr. Gebauer es no sólo relevante sino muy calificada también.
He intentado que mis preguntas aborden lo que, a mi modo de ver, es lo más esencial de la Homeopatía; y he incluido algunas de las críticas comunes formuladas a ella.
Agradezco inmensamente al Dr. Gebauer por su amabilidad y gentileza en concederme esta extensa entrevista.

1) ¿Podría explicarnos brevemente qué es la homeopatía, y qué la diferencia de la llamada medicina oficial u ortodoxa, y de otras medicinas alternativas?
La Homeopatía es la medicina fundada en la Ley de los semejantes. En otras palabras, si, y sólo si, el tratamiento medicamentoso está basado en dicha ley puede ser considerado un tratamiento homeopático.
Enunciado de la Ley de los semejantes:
"Para toda sustancia -sea de origen mineral, vegetal o animal, si se trata de una especie natural, como para toda sustancia artificial (o sintética)-, si la sustancia tiene la capacidad de producir una enfermedad característica, cuya única expresión la constituye un conjunto específico o estructura de síntomas (y signos), cuando es ingerida a dosis ponderables o atenuadas, por cualquier ser humano sano sensible; entonces esa sustancia tiene también la capacidad de hacer desaparecer la enfermedad característica que se expresa por un conjunto similarmente específico o estructura de síntomas (y signos), cuando está presente en cualquier ser humano enfermo, ya sea de manera espontánea o provocada, al ser ingerida en forma atenuada".

2) ¿A qué enfermedades se puede aplicar la homeopatía? En particular, ¿puede aplicarse a enfermedades tales como los transtornos hereditarios, digamos la hemofilia, o a los trastornos mentales como las psicosis? Menciono estas enfermedades, porque ellas solo tienen un tratamiento sintomático en la medicina oficial, pero sin muchas esperanzas de curación real.
La Homeopatía no trata enfermedades (entes abstractos), trata enfermos (entes reales). Por tanto, puede tratar a enfermos a quienes se les ha diagnosticado psicosis o cualquier otra entidad nosológica (o conceptual), y la repuesta real dependerá tanto de la capacidad de respuesta del enfermo como de la eficiencia del médico que utiliza la Ley de los semejantes. Tal vez el fondo de la pregunta sea si la Homeopatía puede curar a este tipo de enfermedades. Repito lo que decía un profesor mío: la Homeopatía es capaz de curar todo tipo de enfermedades, pero no a todo enfermo. Existen enfermos curables y otros que no lo son. Por supuesto, no siempre es posible saber en el caso de fracaso si es culpa del médico o no (pues si el piano desafina no siempre es culpa del piano).
En el caso específico de las enfermedades hereditarias, obviamente su papel no puede ser curativo, pues la aplicación de la Ley de los semejantes requiere de la indemnidad de la información genética del organismo para poder ejercerse.

3) Dr.Gebauer, como médico y filósofo, usted ha desarrollado una muy interesante línea de investigación y reflexión sobre los fundamentos teóricos de la homeopatía. ¿Podría decirnos en qué se han basado sus principales aportes teóricos a esta medicina?
Aunque parezca pretencioso, mi objetivo como médico homeópata es, y ha sido siempre, sentar las bases científicas de la Homeopatía porque considero que es nuestra obligación continuar el trabajo inconcluso (por razones obvias) de Hahnemann.
Resumiría ese objetivo en tres:
(a) A nivel biofísico, establecer la realidad de la “dilución homeopática” (por ejemplo, véase Revista Esquilo Nº 4: “Primer protocolo experimental homeopático con los grupos sanguíneos A y B”);
(b) a nivel biológico, establecer la realidad de la Ley de los semejantes (por ejemplo, véase Revista Esquilo Nº 5: “Segundo protocolo experimental homeopático con los grupos sanguíneos A y B”); y
(c) a nivel propiamente médico, desarrollar la patogénesis de las enfermedades crónicas (concepto de “Psora”). Este último objetivo está en pleno proceso de elaboración.

4) En sus escritos, usted frecuentemente usa el concepto de “información”. ¿Podría decirnos brevemente qué es la información, qué relevancia tiene este concepto para la homeopatía, y en qué se diferencia de conceptos aparentemente afines como el de “energía”?
Desde un punto de vista físico, la Información (utilizo mayúsculas para distinguirla del uso corriente de información) es una propiedad universal de todas las sustancias al igual que la energía y, más precisamente, es energía no-degradable.
Desde un punto de vista operacional, se ha definido “la significación de la información como el efecto de la recepción de cierta información sobre su destinatario” (Henry Atlan). Ahora bien, si ponemos atención no al cambio de estado sufrido por el receptor de la información (o Información) sino a la capacidad que tiene que poseer ésta para provocar dicho cambio, repararemos en que el ejercicio de esta capacidad es una forma de energía. Una energía que nunca se degrada porque nunca se pierde; pues si no está activa, permanece en estado latente.
Desde otra perspectiva, Mario Bunge distigue entre propiedades manifiestas y propiedades disposicionales, y entre estas últimas distingue propiedades disposicionales causales de propiedades disposicionales casuales. El primer tipo de disposiciones consisten en la propensión a manifestar dicha propiedad (por ejemplo, la solubilidad) bajo circunstancias adecuadas (como, por ejemplo, la solubilidad de cierto soluto en contacto con el solvente); mientras que las propiedades disposicionales casuales son independientes de circunstancias externas, luego, son incausadas (como, por ejemplo, la desintegración radiactiva). La Información es una propiedad disposicional de las distintas sustancias (o cosas), tanto del tipo causal cuando forma parte de un sistema estable (por ejemplo, la solubilidad de un gramo de sal) como de tipo casual cuando, por el contrario, forma parte de un sistema dinámico inestable lejos del equilibrio (como, por ejemplo, el proceso homeopático de dilución sucesivamente creciente y con agitación, o “sucusión”, de ese mismo gramo de sal).
También desde un punto de vista operacional, la Información es una posibilidad improbable (no poco probable sino que no-probable). El mejor ejemplo es la actual crisis económica mundial, que no fue predicha por nadie porque no podía serlo. Una posibilidad improbable, por definición, es imposible de predecir porque solamente puede haber predicciones a base de lo probable, o sea, de lo conocido. Como es evidente por sí mismo, lo nuevo (leyes, inventos, descubrimientos) no puede surgir de lo conocido (aunque use “materiales” conocidos) sino de lo desconocido hoy. Se sigue de lo anterior que toda Información se manifiesta exclusivamente al interior de un sistema dinámico inestable lejos del equilibrio; de otra manera permanece latente.
En el caso particular de la “dilución homeopática”, las diferentes configuraciones moleculares adoptadas aleatoriamente por los polímeros de agua que sirve de solvente de la solución, en el proceso de preparación del medicamento homeopático (un sistema dinámico inestable lejos del equilibrio a causa de la dilución), da lugar a algunas configuraciones que constituyen posibilidades improbables, o sea, diferentes al del estado de equilibrio. Y aquella configuración improbable que entre en resonancia con la configuración molecular del soluto de la solución, se propagará por todo el volumen de la solución hasta encontrar su equilibrio termodinámico, denotando una conducta no-lineal (o sea, sensible a las condiciones iniciales). Ahora bien, es la Información la que se expresa a través de la posibilidad improbable, y siendo ella una energía neguentrópica capaz de organizar al sistema de una manera específica (en este caso, específicamente afín al soluto), produce un fenómeno absolutamente nuevo (vale decir, origina un polímero diferente a los del agua común), o sea, la “dilución homeopática” que sea el caso. Estoy consciente que mi explicación puede parecer muy simplificada, pero es imposible desarrollar aquí más profundamente asunto tan complejo, por tanto remito a: http://homeoint.org/books3/diluciones/index.htm.

5) ¿Qué se entiende por el concepto de “miasma” en la terminología homeopática?
Según mi interpretación del texto hahnemanniano, “miasma” debe ser entendido aproximadamente como “proceso infeccioso”. Sin embargo, en tal sentido debería ser abandonado como explicación por su manifiesta imperfección para explicar las enfermedades degenerativas crónicas que afectan a la Humanidad; y buscar el sentido más profundo que intuía Hahnemann (y que nada tiene que ver con infección aunque él también lo creyera así). Es todo lo que puedo decir ahora en espera de publicar los resultados de mi investigación actualmente en desarrollo.

6) ¿Puede la homeopatía aplicarse a los animales?
Por supuesto. La Ley de los semejantes se aplica a todo ser vivo. Desde luego es más difícil de aplicar en la práctica, pero los veterinarios homeópatas parecen arreglárselas perfectamente bien.

7) Para la homeopatía, ¿qué rol juegan los conflictos emocionales en el origen de la enfermedad? ¿Es posible tratar tales conflictos con métodos homeopáticos?
Prefiero hablar de “estrés emocional”. Y quisiera puntualizar lo siguiente: el estrés emocional no es causa de ninguna enfermedad. ¿Qué hace el estrés entonces? Dos cosas: desencadena y agrava.
Dada una situación de desequilibrio orgánico, que precede al surgimiento del estado patológico, el estrés emocional puede desencadenar ese estado patológico. Dicho de otra forma: si no hubiera existido ese estrés emocional, el estado patológico se mantendría latente. Ahora bien, si el estado patológico ya está activo, toda nueva situación de estrés emocional lo irá agravando cada vez más.
Me gustaría presentar la siguiente hipótesis: como consecuencia del estado de estrés el organismo, que puede ser considerado como un sistema dinámico en equilibrio cuasi-estable, se convierte en un sistema dinámico inestable lejos del equilibrio; y en esas condiciones se manifiestan las Informaciones patológicas que estaban latentes.

8) Los críticos de la homeopatía comúnmente la etiquetan despectivamente de “pseudociencia”, que es tanto como decir falsa ciencia, o ciencia aparente, o imitación de ciencia. Este calificativo se usa en contraposición a la (verdadera) ciencia, por lo que presupone un criterio de demarcación definido entre ciencia y pseudociencia, estando la homeopatía, según ellos, en esta última categoría. Siendo este un asunto epistemológico, y como usted es también un filósofo, su opinión al respecto es muy relevante sobre este punto.
Hay un punto en el cual nuestros detractores tienen razón: no existen al día de hoy contrastaciones experimentales que hayan demostrado científicamente tanto la existencia de las “diluciones homeopáticas” como la realidad de la Ley de los semejantes. Lamentablemente, las que he propuesto para tal fin (véase las citas anteriores), no han sido considerados ni por mis colegas ni mucho menos por otras personas no homeópatas.
Pero el punto en el cual nuestros detractores se equivocan es en emitir sentencia sin consideración de ninguna prueba, lo cual implica un prejuicio que denota poca honestidad intelectual. Es como si dijeran: si no puede demostrarme que la Homeopatía es científica, entonces no es científica. Puedo entender que quien carece de experiencias inmediatas acerca de los efectos curativos de los tratamientos homeopáticos sea renuente a aceptar la realidad de ella, pero para aquel que ha tenido efectivamente esa experiencia surge naturalmente el desafío de resolver y no ignorar este problema. Pues toda investigación científica se inicia con el problema que requiere explicación.
Me pregunto: ¿Quién tiene una actitud más de acorde con la Ciencia: aquel que omite el problema o aquel que lo mantiene como tal en espera de demostrarlo y explicarlo? Ciertamente que la carencia de una explicación científica universalmente aceptada no implica la inexistencia del fenómeno.

9) La ley de la semejanza de la homeopatía ha sido criticada señalando que es absurdo que lo semejante cure lo semejante, porque eso implicaría que si una persona está envenenada, se curaría con más veneno; o que si está desnutrida se mejoraría con más desnutrición; o que si tiene una infección se mejoraría con más microbios. ¿Qué opinión le merece tal crítica?
Efectivamente, una persona que está envenenada se puede curar con el mismo veneno que lo envenenó…sólo que en “dilución homeopática”. No con más veneno en cantidades masivas porque no es la estructura química la que cura sino la Información; o dicho de otra forma, el semejante no es la estructura química sino la Información.
El segundo ejemplo es un sofisma: una negación (des-nutrición) implica la ausencia de algo, o sea, no puede ser usada de acuerdo con la Ley de los semejantes pues no puede ser semejante a algo positivo. El problema surge por la confusión entre predicados y propiedades. Los primeros son entes conceptuales y los segundos, pertenecen realmente a las cosas mismas y ciertamente no hay propiedades negativas (como si hay predicados negativos).
Con respecto al tercer ejemplo, estaríamos hablando de vacunas, que no solamente pueden ser usadas preventivamente sino que también curativamente. Sin embargo, para un homeópata purista no se trataría exactamente de Homeopatía sino de Isopatía.
Por último, digamos que la realidad de cierto fenómeno (asunto ontológico) no depende de consideraciones lógicas, semánticas o epistemológicas, por no decir simplemente de criterios subjetivos de calificación (el calificar de absurdo algo).

10) La ley de los infinitesimales ha sido criticada sobre la base de que viola el llamado principio o número de Avogadro; que es un principio bien confirmado en la química. También se señala, quizá a modo de ejemplo burlón, que si tal ley fuese válida, entonces bastaría con echar una gota de alguna sustancia médica en un gran océano, y tendríamos una fuente inagotable de medicina que podría curar a millones de personas. ¿Qué opina de tales críticas?
La respuesta es muy simple: la “dilución homeopática” nada tiene que ver con la Química y, por tanto, no puede violar el Nº de Avogadro. El nivel donde se sitúa el problema homeopático fundamental es físico, no químico. Por eso pienso precisamente que sin el concepto de Información, que es un concepto físico, no es posible explicar el fenómeno homeopático.
Respecto al “océano de medicamento”, se trata de una incomprensión. Para que una Información (por ejemplo, la de un medicamento homeopático) pueda actuar, se requiere que esté confinada en un sistema cerrado (el envase es un sistema cuasi-aislado) y que se libere de esos límites al momento de actuar en el organismo. La expansión de la Información en un volumen mayor tiene un sentido entrópico; es decir, representa una pérdida de cantidad de información para el sistema inicial, pero una ganancia para el nuevo sistema (el organismo), situación que no se da en un océano.
En todo caso, a la llamada “ley de lo infinitesimal” yo no la llamaría una ley. Es simplemente un hecho empírico y será un hecho científico cuando se le demuestre experimentalmente.

11) La “dinamización homeopática” ha sido criticada, señalándose que la llamada “memoria del agua” (que ha sido propuesta como su posible mecanismo explicativo) no ha sido científicamente confirmada; por lo que solo tiene un carácter meramente especulativo e imaginario, sin base científica alguna, y sin ningún fundamento científico que la haga plausible.
Considero que la “memoria del agua” no es una verdadera explicación del fenómeno homeopático. En mi criterio es solamente un subproducto de la acción ejecutiva de la Información. En aquellas “diluciones homeopáticas” que exceden el Nº de Avogadro, o sea sin soluto, ¿qué puede permitir la mantención de esa “memoria del agua” si no es la Información con su capacidad ejecutiva (que es de naturaleza física y no química), vale decir, su capacidad de organizar moléculas de agua sin organización (las nuevas moléculas de agua aportadas por la dilución)?
Por si no quedara suficientemente clara la respuesta anterior, agreguemos lo siguiente: cuando se realiza el paso de una dilución a la siguiente, 9/10 partes de la solución anterior se pierde y es reemplazada por moléculas de agua ordinaria (para ser precisos también de alcohol, pero eso no cambia el argumento que estamos desarrollando). ¿Cómo adoptan estas nuevas moléculas de agua la configuración específica de los polímeros de agua con “memoria”?
En las primeras diluciones, cuando aún persistían moléculas de soluto, se habría podido atribuir con algún grado de plausibilidad a la acción físico-química de dicho soluto sobre el solvente la transformación de las moléculas de agua en polímeros con “memoria”; pero, ¿cómo explicar dicha transformación cuando ya no existe molécula alguna de soluto pues se ha superado largamente el límite determinado por el Nº de Avogadro?

12) Otras de las críticas hacia la homeopatía es que su eficacia no ha sido científicamente demostrada en los estudios clínicos a doble ciego; y que sus aparentes resultados pueden por tanto atribuirse únicamente al llamado efecto placebo.
Los homeópatas tradicionalmente hemos combatido esa sospecha, me refiero al efecto placebo, dando el ejemplo de la curación lograda en animales y en niños pequeños. Pero no es suficiente con esta explicación porque antes de ordeñar una vaca es necesario tener una vaca. Primeramente, debemos demostrar científicamente la existencia de la “dilución homeopática”; luego, la realidad de la Ley de los semejantes; y por último, los estudios clínicos serán un mero ejercicio de aplicación técnica.

13) Como crítica epistémica, también se ha dicho que las leyes de la homeopatía no son leyes científicas, porque no son “falsables”, es decir, no es posible refutarlas experimentalmente. ¿Qué opina usted sobre el estatus epistémico de las leyes de la homeopatía? ¿Son análogas a otras leyes científicas reconocidas en cuanto a su posibilidad de contrastación experimental?
Ciertamente, y por eso he propuesto dos experimentos con los grupos sanguíneos para tal fin. Si los críticos tuvieran razón y no pudiera someterse a contrastación la existencia de las “diluciones homeopáticas” o la realidad de la Ley de los semejantes, entonces estaríamos hablando de simples mitos.

14) Tengo entendido que, aparte de las 3 leyes clásicas de la homeopatía, existe una cuarta ley llamada “Ley de la enfermedad crónica”, pero que no es muy empleada o conocida. ¿En que consiste dicha ley, y por qué es tan poco conocida o mencionada?
Creo que la única ley que merece ese nombre es la Ley de los semejantes, que es la expresión de la propiedad universal que toda sustancia capaz de enfermar posee, de curar de aquello mismo que enferma. (¿Qué hay en común entre “la enfermedad” que una sustancia es capaz de provocar y “la enfermedad” que la misma sustancia es capaz de curar? Que se trata de la misma Información.)
En relación con las enfermedades crónicas, lo que se requiere es penetrar conceptualmente en su patogénesis. Lo cual presupone que todas las enfermedades crónicas surgen y se desarrollan esencialmente de la misma manera, tal cual lo intuía Hahnemann.

15) ¿Tiene la homeopatía contraindicaciones en algunos pacientes o enfermedades?
En absoluto. Si el medicamento está bien elegido (de acuerdo con la Ley de los semejantes) no puede sino hacer bien. Y si está mal elegido, no tendrá ninguna acción.

16) En su opinión, ¿cuál sería la mayor ventaja de la aplicación de la homeopatía para la salud de las personas?
Si el lugar de la Alopatía fuera ocupado por la Homeopatía (rescatando lo bueno de la Alopatía como la Cirugía, la Medicina de Urgencia, el extraordinario arsenal de exámenes y procedimientos de diagnóstico y algo más que se me puede escapar), el nivel general de salud de la población sería incomparablemente mejor; pues el campo de las enfermedades crónicas es el campo donde la Homeopatía demuestra su superioridad y es también el campo donde la Alopatía fracasa rotundamente.
Por supuesto, la gran capacidad de la Homeopatía para tratar las enfermedades crónicas tiene como condición necesaria la de usarse a tiempo y de manera preventiva (en el doble sentido de tanto antes que la enfermedad se produzca como antes que la enfermedad se agrave).Remito a la última respuesta para entender mejor el porqué de esta superioridad.

17) Si algún estudiante de medicina, o médico graduado, o simplemente el público general desea informarse mejor en fuentes confiables y serias sobre la homeopatía, ¿qué literatura y referencias bibliográficas les recomendaría?
Recomendaría esta verdadera biblioteca homeopática: http://homeoint.org/index.htm.

18) Algo más que le gustaría añadir para finalizar.
La principal diferencia, entre tantas otras, de la Homeopatía respecto a la Alopatía está en la acción de los respectivos medicamentos. Mientras el fármaco actúa reemplazando la función orgánica alterada, con lo cual necesariamente impide que sea corregida alguna vez; el medicamento homeopático, actuando de acuerdo con la Ley de los semejantes, movilizará los propios recursos del organismo en busca de recuperar la salud perdida. Es decir, el proceso curativo es ejercido por el organismo mismo bajo la estimulación de la Ley de los semejantes; en consecuencia, el cambio que experimenta el organismo es real, la recuperación del equilibrio perdido es auténtica y no es el efecto meramente artificial de sustancias químicas extrañas al organismo que, además de intoxicarlo, impiden la manifestación del poder curativo de la naturaleza (metáfora por capacidad de autorregulación).
Para decirlo escuetamente: mientras la Alopatía siempre intenta curar sólo por medio de la acción de los fármacos; la Homeopatía siempre pretende curar por el propio esfuerzo del organismo sometido a la estimulación del medicamento homeopático apropiado (de acuerdo con la Ley de los semejantes).
Se podría agregar que la medicación farmacológica impide que alguna vez el organismo pueda valerse por sí mismo. Como derivación de lo anterior, la Alopatía no cura ninguna enfermedad crónica. Y tan es así que hace de “crónico” sinónimo de “incurable”, cuando la Homeopatía, siguiendo a Hahnemann, hace de ellas el objetivo principal de su praxis.