La PNL y la escucha activa

La Programación Neurolingüística o PNL es una escuela de pensamiento que se encarga del estudio para preparar sistemáticamente nuestra mente con el objetivo de comunicar eficazmente lo que pensamos con lo que hacemos y decimos. La PNL analiza la comunicación intrapersonal (con nosotros mismos) e interpersonal (con los demás). La conducta humana se fundamenta en una estructura de pensamiento aprendida, la cual puede ser modelada o reprogramada. La mente y el lenguaje se pueden programar de tal forma que actúen sobre la conducta del individuo. La PNL sostiene que cada persona construye su propia verdad, llamada mapa del territorio o del mundo. Todos tenemos distintos mapas o reproducciones del mundo. Las personas percibimos a nivel consciente los estímulos a través de nuestros propios filtros. Nuestros filtros determinan cómo percibimos y en qué clase de mundo vivimos. Si buscamos optimismo, encontraremos optimismo. Además, los filtros están influenciados por los mapas y se retroalimentan mutuamente. Modificando los filtros, cambiaremos la realidad externa. El lenguaje es un filtro a través del cual trasmitimos nuestros pensamientos, emociones y experiencias hacia el mundo real. Y además, a través del lenguaje percibimos la realidad externa. La finalidad de la comunicación es la respuesta que se pretende obtener de nuestro interlocutor. No es suficiente la intención de comunicar, es necesario asegurarse de la correcta interpretación de lo que hemos querido transmitir. Por tanto, un buen comunicador se asegura que sus oyentes comprenden su mensaje y él mismo es capaz de entender el mensaje de los demás. La escucha activa juega un papel fundamental en el proceso de la comunicación. Gracias a la escucha activa obtenemos con atención la totalidad del mensaje, interpretando el significado correcto del mismo, a través del lenguaje verbal y no verbal, indicándole a nuestro interlocutor, mediante la retroalimentación, lo que creemos que hemos comprendido. Si tanto emisor como receptor practican la escucha activa, ambos interpretarán y comprenderán sus respectivos mensajes. Por otra parte, escuchando activamente se reducen los filtros, y en consecuencia, podemos obtener con mayor realidad los mapas del mundo de los demás. De esta forma creamos un clima de confianza que facilita la comunicación. La mejor forma de influir en el cambio de los demás es cambiar uno mismo. Si cambiamos las relaciones, los otros cambiarán también. Por ello, si nosotros practicamos la escucha activa, es posible que nuestro interlocutor comience también a escuchar activamente. Uno de los hallazgos más relevantes de la PNL ha sido los sistemas representativos. Los sistemas representativos son las formas mediante las cuales representamos nuestros conocimientos y experiencias, y a través de ellas nos comunicamos. Los sistemas representativos se basan en los cinco sentidos: vista, oído, tacto, olfato y gusto. Los sentidos son también llamados canales comunicativos. Cada persona está más predispuesta a usar un canal comunicativo que otro en su interacción tanto con el mundo exterior como con el interior. Teniendo en cuenta la predisposición a emplear con mayor frecuencia un canal determinado, obtenemos tres grupos de individuos: visuales, auditivos y kinestésicos. Los visuales procesan la información de forma visual. En su lenguaje utilizan palabras y expresiones relacionadas con la visión tales como: “ver”, “observar”, “mirar”, “echar un vistazo”, “hasta la vista”, “nos vemos” o “las cosas están claras”. Quieren ver imágenes. Suelen hablar rápido y mirar a los ojos. Los auditivos representan la información mediante el sentido del oído. Suelen emplear las siguientes palabras: “escuchar”, “oír”, “sonar”, “hablar”, “nos llamamos”, “hacer oídos sordos”, “alto y claro”, “palabra por palabra”, “en la misma onda” o “eso suena bien”. Les apasiona escuchar y que les escuchen. Son muy buenos oyentes. Los kinestésicos procesan la información por el sentido del tacto. Les apasiona tocar todo. Usan expresiones como “sentir”, “captar”, “presentir”, “acariciar”, “entiendo como se siente”, “estamos en contacto”, “de piel sensible”, “rascar la superficie”, “me enciende” o “no sigo muy bien”. Son más sensibles y abiertos a exponer sus sentimientos. Para establecer comunicaciones afectivas debemos averiguar a qué grupo pertenece nuestro interlocutor según sea su canal predeterminado. Si empleamos canales diferentes a los predeterminados de una persona, se pueden producir dificultades en la comunicación llegando incluso a la desconexión. Escuchando activamente a nuestro interlocutor determinaremos a qué grupo pertenece. Prestando atención al lenguaje que emplea y a su forma de comunicarse, averiguaremos cuál es su canal predeterminado. Una vez que reconozcamos si nuestro interlocutor es visual, auditivo o kinestésico, adaptaremos nuestro lenguaje y nuestro estilo comunicativo al suyo. Fuente: http://www.empleolibre.com/escuchaactiva/articulo_pnl_escucha.htm