SAMUEL HAHNEMANN, SU VIDA Y SU OBRA

Tiempo de textos voluminosos, los ochomiles de la literatura. Y de “vidas y obras”. En el segundo semestre de 2011 estaba yo terminando de leer las casi 2.000 páginas de la espléndida traducción que mi compadre, el difunto Martínez-Laje, realizó y editó de Vida de Samuel Johnson, de Boswell, y que le valió el Premio Nacional de Traducción. Entonces me entero, casi estupefacto por la magnitud de la tarea, de que Editorial Mínima ha traducido y publicado en dos volúmenes nada menos que Vida y obra de Samuel Hahnemann, de Richard Haehl. La coincidencia del nombre de pila del personaje era, por supuesto, casual, anecdótica.

 Recordaba perfectamente el libro en inglés, también dos volúmenes a los que, aprovechando la ocasión, saqué de mi biblioteca a airearse un poco. Los había leído con ganas en los ochenta, no obstante lo cual o, más bien, debido a ello, adquirí presto mi ejemplar de la traducción de Larreta y Morales. Empecé a leerlo, a decir verdad, sin la pasión de la primera vez pero sabiendo lo que llegaba a mis manos. Y unos tres meses después entonaba el “ya está”, terminada la gesta (terminar airoso cualquier texto de más de mil páginas lo es, y este supera las 1.400) de su grata (re)lectura.

Dice Emilio que han invertido mucho tiempo y trabajo en esta empresa, y, a juzgar por el producto, resulta más que evidente. El resultado es una traducción impresionante, de una calidad difícilmente superable. Dicho esto no desde el punto de vista de crítico traductor que no soy, sino desde el de lector que ha leído alguna literatura homeopática en esta treintena de años. Tal es la calidad y el cuidado puesto en su edición que incluso cuesta encontrar erratas, probablemente no más de una docena en todo el texto.
Después de en torno a 90 años de su publicación, tenemos al fin la oportunidad de leer en castellano un material que conserva el “sabor”, la “sonoridad” esperables en un texto de época: toda la información que el bueno de Haehl reunió con dedicación y empeño notables sobre la vida y obra de este gigante. Con este material de partida, la declarada labor de “relativa corrección de estilo” de los traductores, mejorando sin alterar sustancialmente, y algunos arreglos de edición, el resultado es el referido. Un must, que dirían los anglosajones, un libro que hay que tener. Las bibliotecas personales y de nuestras agrupaciones, ahítas a veces de literatura homeopática de inferior y hasta ínfimo nivel, bien lo merecen.
Aquí están ambos, el personaje que le fueron haciendo y la persona que se hizo a sí misma: aquel estudiante brillante pero con recursos familiares limitados, abriéndose camino en su vocación médica con esfuerzos y sacrificios sin cuento, en un entorno de precariedad; el audaz pionero, con una visión y una misión muy claras de mejorar un estado de la medicina que no es que no le convenciera, sino que explícita y reiteradamente repudió; el autor literario de una productividad extraordinaria, incomprensible para el común de los mortales cuando la lleva a cabo el mismo hombre que, simultáneamente, retoma el ejercicio médico, traduce textos de medicina, de química y del cielo sabe qué, saca adelante a una prole considerable y desarrolla todo el trabajo de observación, experimentación, reflexión, contraste y perfeccionamiento necesario para desarrollar todos los aspectos teóricos y prácticos de su insólito método terapéutico.
Sumergiéndonos en el libro (o, más bien, cogiendo altura, si seguimos con la analogía del ochomil), percibimos el ambiente de la práctica médica de la época; de las actitudes cerriles impermeables a la crítica razonada y a la innovación en el campo convencional, algunas de las cuales persisten en nuestros días; de los escasos apoyos con los que contó y los múltiples obstáculos que hubo de superar este sabio de Meissen; de sus a menudo desconocidos u olvidados méritos pioneros en tantos aspectos de higiene y salubridad pública; de su condición de “outsider” en un entorno casi siempre hostil (y del que no siempre se libró de su parte de responsabilidad), desde la que arremetió contra tirios y troyanos, sin miramientos ni siquiera hacia los mismos homeópatas cuando no se hacían las cosas como él quería. En definitiva, el carácter Hahnemann con todas sus luces y sombras, que nos ha llegado en múltiples fragmentos a través de múltiples textos, pero aquí todo reunido. El hombre y el mito.
En verdad, aquí está prácticamente toda la memoria histórica documentada de la persona, del personaje y de su destacable obra. A partir de ahora, los lectores en lengua castellana no tendremos que conjeturar quién, qué, cuándo, cómo o con quién lo dijo o lo hizo en los orígenes fundacionales de la homeopatía; no tendremos que nutrirnos solo de lo que otros nos cuenten al respecto, de sus interpretaciones tan sesgadas en ocasiones con sus absolutamente prescindibles “aportaciones” personales. Como en tantos otros asuntos, deberíamos priorizar las fuentes. Y con esta impecable traducción y cuidada edición de Editorial Mínima, de lo que estamos hablando ahora es, prácticamente, de agua del manantial.
Si es cierto que quien desconoce su historia está condenado a repetirla, hagamos prevención. Ahí tenemos el cómo empezó todo en la homeopatía, un texto imprescindible. Permitidme un par de recomendaciones: consultad siempre que podáis las fuentes y adquirid los dos volúmenes del libro. Atreveos con los ochomiles de la homeopatía. Gracias a vosotros.
Autor: Dr. Marino Rodrigo.
Comentario al libro Vida y obra de Samuel Hahnemann, de R Haehl. Editorial Mínima, 2011.
Fuente: Libros de homeopatía