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Medicina Basada en la Evidencia: entre la herramienta científica y el paradigma comercial, y de la importancia de no confundir una con el otro

 
Bueno, entremos en materia. He preparado esta ponencia junto a Amaia Vispe y, por ello, me permitirán que use con frecuencia el plural. Vamos a hablar acerca de la llamada Medicina Basada en la Evidencia. No va a ser ésta una clase magistral. Hay mucho escrito y publicado en relación a las controversias que suscita, en el campo psiquiátrico que es el nuestro, este concepto, y no es posible abarcarlo todo. Nuestra intención es perfilar una idea que creemos capital a la hora de pensar y emplear este constructo y luego podremos, en el debate, profundizar o comentar lo que deseen.

Lo primero es no pasar por alto el error de traducción. El término inglés Evidence Based Medicine se ha traducido habitualmente (y es una tendencia que no nos parece probable que se pueda corregir) como Medicina Basada en la Evidencia. El problema es que, en castellano, “evidencia” significa, según el Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina de Fernando Navarro, “certeza clara, manifiesta y tan perceptible de una cosa, que nadie puede racionalmente dudar de ella”. Por otra parte, “evidence” significa en inglés “indicios, signos, datos, pruebas, hechos indicativos o datos sugestivos”. Como solemos decir, no hace falta ser un lacaniano más o menos obsesionado por el lenguaje para darse cuenta de que confundir ambos significados es un error conceptual grave.

Haciendo un poco de historia, en 1988 Laupacis señaló que los clínicos no tenían un patrón de medida con el que comparar los riesgos y beneficios de los diferentes abordajes terapéuticos. Para que la Medicina, y, en lo que nos interesa, la Psiquiatría, pudiese ser científica, debería someterse a un proceso de verificación empírica, basado en pruebas. En 1992 se publica en la revista JAMA el artículo fundacional de la MBE, firmado por el autodenominado Evidence-Based Medicine Working Group. El grupo de trabajo dirigido por Sackett propugnaba un cambio de paradigma basado en una serie de axiomas:
  • La experiencia clínica y la intuición en ocasiones pueden resultar engañosas.
  • El estudio y comprensión de los mecanismos básicos de la enfermedad constituyen guías necesarias pero insuficientes en la práctica clínica, pudiendo llevar a predicciones incorrectas. El conocimiento psicopatológico y la expe­riencia clínica no son suficientes para establecer juicios como el diagnóstico, el pronóstico y la eficacia de los tratamientos; dan lugar a una medicina basada en la opinión que puede conducir a predicciones inexactas.
  • Es preciso buscar la mejor evidencia disponible a través de búsquedas en la literatura científica.
Como señala Sackett, el ensayo clínico aleatorizado, especialmente la revisión sistemática de varios ensayos clínicos aleatorizados o metaanálisis, es el “patrón oro” para juzgar si un tratamiento causa o no beneficio o daño. Y como afirma por su parte Desviat, la decisión clínica se convierte en el resultado de un pro­ceso supuestamente objetivo y reproducible. Frente al llamado “ojo clínico” y las conjeturas y suposiciones basadas en la experiencia e imposibles de validar se­gún criterios de ciencia natural, la MBE ofrece verificaciones empíricas, pruebas (aunque mal traducidas como evidencias, eso sí).
Dicho esto, quiero entrar en el, para nosotros, núcleo del asunto. La MBE (cayendo en la errónea traducción, que se ha hecho habitual) despierta, especialmente en el campo psiquiátrico, férreas adhesiones y furiosos cuestionamientos. Como tantas cosas y casos a lo largo de la historia de nuestra disciplina, se configura como una especie de raya en la arena respecto a la cual hay que posicionarse: ¿estás a favor o en contra de la MBE? El problema es que, como para todo en la vida, antes de saber si se está favor o en contra hay que saber de qué se está hablando.
 
Y la cuestión es que el término Medicina Basada en la Evidencia hace referencia a dos conceptos diferentes y que suelen confundirse. Por una parte, la MBE se intenta configurar, desde algunos sectores, como una suerte de paradigma en el sentido de Kuhn que va a proporcionarnos las respuestas a todas las viejas cuestiones de la Psiquiatría (aunque sea por el método, poco meritorio, de descartar la mayoría de las preguntas). La MBE como paradigma se sitúa al lado de la llamada psiquiatría biológica, de forma que prácticamente se confunde con ella en una especie de simbiosis no exenta de contradicciones, como luego comentaremos. Si a esta simbiosis le sumamos el interés siempre atento de la industria farmacéutica por conseguir el más difícil todavía de engordar sus cuentas de beneficios sin necesidad de desarrollar ninguna innovación terapéutica digna de ese nombre, llegamos al llamado, en palabras de Mata y Ortiz que suscribimos plenamente, paradigma bio-comercial en Psiquiatría, del que hablaremos tal vez otro día, porque hoy nos han traído a hablar de la MBE…
 
Por una parte, decíamos, tenemos la MBE como paradigma explicativo de la Psiquiatría y la enfermedad mental, desde un punto de vista biológico (o, en realidad, como señalaron Luque y Villagrán, físicoquímico, porque lo biológico es bastante más complejo…).
 
Pero, por otra parte, la MBE son también una serie de herramientas y técnicas de recogida y análisis de datos, para la obtención de resultados que consigan una racionalización de los tratamientos y actividades médicas, en busca de cierta objetividad a la hora de la clínica. Cuando se piensa en la MBE como una herramienta, lo primero que se debe tener presente es que una herramienta no sirve para todo. Una báscula es un gran instrumento para medir el peso de una paciente con un trastorno de la conducta alimentaria, pero será inútil para valorar el grado de sufrimiento que arrastra en su vida cotidiana debido a dicho trastorno. Es decir, lo que intentamos transmitir es que la MBE como herramienta, puede ser muy útil para medir determinadas cosas, pero absolutamente ineficaz para estudiar otras. Si queremos saber la altura de nuestros hijos, usaremos un metro, pero si queremos conocer sus intereses, tendremos que ponernos a escucharles… Y creemos que el ejemplo es pertinente si lo aplicamos a nuestros pacientes.
 
En Psiquiatría trabajamos con personas que sufren. Personas que presentan determinadas conductas, pensamientos o emociones que conceptualizamos como síntomas, pero que cobran sentido en su propia subjetividad (y que entendemos, o intentamos entender, sólo a través de la nuestra). La única forma de pretender que la MBE dé una explicación completa como paradigma psiquiátrico (de la mano de la psiquiatría biológica) es si conseguimos rechazar dicha subjetividad (propia y ajena) o, más bien, creer que somos capaces de hacerlo, y cosificar al paciente en el proceso. Donde hay un ser humano, con sus deseos, miedos, esperanzas, dolores y frustraciones, con su libre albedrío o su ilusión de libre albedrío, pensamos sólo en un organismo biológico, algo más complicado que una ameba pero no mucho más que una rata, y nos dedicamos a evaluar su conducta en términos de neurotransmisores que suben y bajan y condicionamientos que se refuerzan o se extinguen… Algo sobre esta cosificación se comenta en un famoso y polémico editorial contra la MBE, donde se podía leer: “No es sólo que la MBE afecte negativamente la calidad de la relación clínico-paciente sino que la reduce a una táctica neocapitalista para hacer negocios. […] Su problema [de la MBE] deriva de una perversión epistemológica […] profunda, resultante de la cosificación del hecho de prescribir y cuidar de las personas que sufren un trastorno mental. Esta identificación está estrechamente relacionada con las demandas de una economía neo-capitalista que precisa abrir nuevos mercados y crear nuevas necesidades consumistas. […] Y en medio de esta locura, donde todo el mundo quiere hacer negocio, la vieja relación médico-paciente, y el paciente que sufre, han desaparecido para siempre”. Poco se podría añadir a tan contundentes palabras. Su autor es el Profesor Germán E. Berrios, Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge.
 
Llegados a este punto, les daré nuestra opinión, que es para lo que nos han invitado: elevar la MBE a rango de paradigma en psiquiatría es completamente absurdo. Porque un conjunto de mediciones no pueden llegar a proporcionar una explicación completa del ser humano. Salvo que pensemos que el ser humano no es más complejo que una rata o cosa parecida, con lo cual obtendremos probablemente un montón de teorías que serán útiles sólo si se aplican a una rata y no a un ser humano. Además, la MBE de la mano de la psiquiatría biológica se constituyen en autonombrado paradigma de una forma que sólo podemos catalogar de tramposa. Tanto pontificar de datos, mediciones y ciencia pura y dura y, al final, todas las etiologías y fisiopatologías de las llamadas enfermedades mentales quedan despachadas con “sin duda son procesos biológicos, pero todavía no los hemos podido determinar”. Y como hemos señalado repetidamente, “todavía” no es un adverbio aplicable a cuestiones científicas sino a profecías religiosas sobre futuras venidas redentoras… Salvo que uno haga, como hemos leído más de una vez, de nuevo trampa y a la hora de ejemplificar causas biológicas de las enfermedades psiquiátricas se ponga a comentar el parkinson, el alzheimer o la neurosífilis…
 
Pero rechazar la MBE como paradigma totalizador expresado en la casi hegemónica psiquiatría biológica (nos permitirán que señalemos: biocomercial) no supone rechazar el poder de la MBE como herramienta. Estamos totalmente convencidos de que su papel como instrumento de medida es incalculable en Medicina y también en Psiquiatría. Pero, como todas las herramientas, mide lo que puede medir y no otra cosa. Un termómetro pediátrico mide la fiebre de un niño, pero no la preocupación de una madre. Ahora bien, que no sirva para valorar la preocupación de una madre ante la enfermedad de su bebé, no significa que no sea de la mayor utilidad para controlar la progresión de la fiebre en éste.
 
¿Y qué es lo que puede medir la MBE en Psiquiatría? Pues desde luego no, como decíamos antes, deseos, miedos o esperanzas… Pero sí servirá para evaluar, sobre todo, efectos primarios o secundarios de fármacos u otras intervenciones terapéuticas, y eso es de un gran valor a la hora de optimizar nuestros tratamientos y disminuir sus iatrogenias asociadas. Evidentemente, tampoco esta medición será infalible. Y no lo será porque nuestros instrumentos de medida sintomatológicos son la mayoría de las veces escalas cuya fiabilidad y validez puede ser discutible, o cuyos puntos de corte no dejan de tener cierta arbitrariedad. Pero, sin perder de vista estas limitaciones, creemos que la MBE, como herramienta en Psiquiatría, es no sólo útil sino imprescindible a la hora de evaluar nuestros tratamientos y sus efectos. Y sobre todo los tratamientos farmacológicos, porque valorar experimentalmente las psicoterapias lleva a grandes problemas a la hora de diseñar intervenciones placebo o evaluar los distintos resultados que cada psicoterapia busca… Por supuesto, la MBE tampoco es perfecta aplicada a la evaluación de los efectos de los psicofármacos también en gran parte por múltiples sesgos asociados a los conflictos de intereses de quien financia, escribe o simplemente se limita a firmar el estudio en cuestión… Pero de la influencia de la industria farmacéutica en nuestra disciplina habremos de hablarles en otra ocasión…
 
Y no queremos dejar de comentarles una cuestión que nos ronda insistentemente por la cabeza hace ya tiempo: nos llama poderosamente la atención la contradicción de que quienes se posicionan más fervientemente del lado de lo que hemos llamado la MBE como paradigma, más ignoran los resultados que proporciona la MBE como herramienta. Y al contrario, quienes más críticos intentamos ser contra ese intento de paradigma biocomercial basado en la evidencia (lo que Spielmans llamó en un artículo de 2010 Medicina Basada en el Marketing), más nos fijamos e intentamos aplicar en nuestra actividad clínica diaria los resultados de la MBE como herramienta.
 
Lo que tratamos de decir es que la posición casi hegemónica en nuestro entorno de la psiquiatría biológica supuestamente basada en la MBE ignora, en sus teorías explicativas que gustan de confundir correlaciones con causalidades y en sus prácticas de tratamiento, una serie de hallazgos obtenidos de acuerdo con los parámetros de la MBE como herramienta. Vemos y oímos a muchos profesionales defender con absoluta firmeza la psiquiatría biológica y científica como única con derecho a existir para, a continuación, argumentar que no se fían de estudios independientes, metaanálisis muchos de ellos, que resultan ser críticos con los fármacos producidos por las empresas que les pagan obsequios, comidas y viajes diversos. Y como no se fían de dichos estudios independientes, de sus escalas o análisis estadísticos, consideran que es mejor probar cada fármaco nuevo que un amable visitador nos pone delante, sin detenerse a pensar que existe algo llamado el sesgo del observador o que ése es exactamente el mismo argumento con el que defienden los curanderos y chamanes sus pociones (aunque éstas posiblemente sean más baratas y tengan menos efectos secundarios). Ya se sabe: por la mañana anunciamos la muerte del psicoanálisis o las barbaridades de la antipsiquiatría, y por la tarde nos dedicamos a probar (de hecho, más bien a hacer probar a nuestros pacientes) los fármacos que la industria nos indica, sin molestarnos en revisar la evidencia disponible (o muchas veces la falta de ella) sobre eficacia, tolerancia o coste. Igual que cuando vamos rapidito a la manifestación contra los abusos de la gran banca para llegar a tiempo al viaje al extranjero que nos paga la gran farmacéutica. O cuando ponemos a parir a personajes que afirman no venderse por cuatro trajes pero, a la vez, estamos convencidos de que no nos vendemos por cuatro cenas.
 
En fin, para no caer en el mal rollo, nos detendremos en unos cuantos ejemplos de esos estudios críticos que mencionábamos y que muchas veces se prefiere ignorar:
 
Es totalmente habitual que la prescripción de antipsicóticos se inicie por un fármaco de los llamados atípicos: hay varios estudios independientes que no encuentran ventaja frente a los típicos. Lo que eso significa a nivel de coste es sencillamente escandaloso:
(revisión de los ensayos clínicos publicados en el artículo original)

Es totalmente habitual la prescripción de medicación antidepresiva para cualquier episodio depresivo independientemente de su gravedad, aunque hay varios metaanálisis que demuestran que, excepto en las depresiones severas, la eficacia del fármaco no es superior a la del placebo:
(revisión de los ensayos clínicos publicados en el artículo original)


En relación con el aumento continuo de las prescripciones de antidepresivos, hay estudios que hablan del riesgo de disforia tardía causada por ISRS o de dependencia, pero tampoco parece que se haya decidido indicar nada al respecto.
(revisión de los ensayos clínicos publicados en el artículo original)

¿Y qué significa todo esto? En nuestra opinión, aceptar la MBE como paradigma es absurdo, pero rechazarla como herramienta es ridículo. La MBE es usada por la psiquiatría biológica y su entramado comercial como una especie de martillo con el que aplastar cualquier orientación psiquiátrica considerada enemiga, ya sea el psicoanálisis, las terapias sistémicas, las humanistas, los planteamientos sociales, etc. Pero la MBE no es un martillo, es una herramienta de precisión que sirve para medir lo que mide, y no otra cosa. Y debemos emplear dicha herramienta en lo que vale y para lo que sirve. Y, aunque sus resultados sean incómodos para lo que creíamos establecido y lo que durante tanto tiempo hemos dejado que nos contaran, a lo mejor ha llegado el momento de que empecemos a cuestionarnos una serie de cosas sobre nuestros conocimientos teóricos, nuestra actividad clínica y nuestra posición ética, sobre nuestros tratamientos y nuestro trato a las personas que atendemos, que deberían ser la única motivación y el único interés de nuestro trabajo…
 
Autores: Drs. José Valdecasas y Amaia Vispe.
Ponencia presentada en las
XIV Jornadas de actualización en Psiquiatría y Salud Mental, celebradas en el Hospital Insular de Gran Canaria, del 22-23 de noviembre de 2012, y tituladas "Postmodernidad y Enfermedad Mental", dedicadas en homenaje al Dr. Agustín Cañas.
Fuente:
blog postPsiquiatría.


10 sintomas psiquiátricos tratables con homeopatía

La Psiquiatría es la disciplina médica que se ocupa de los fenómenos mentales, para su conceptualización divide estos fenómenos en síndromes, conjuntos de síntomas que suelen aparecer agrupados en la práctica, sin embargo este agrupamiento no presupone que linealmente debamos aceptar, sin más, que responda a una entidad preestablecida fija y natural, más bien parece que tales agrupamientos se deben a nuestra manera particular de conceptualizar el sufrimiento psíquico, en una manera de proceder que es calcada del naturalismo. La nosografía psiquiátrica carece de una validación experimental más allá del empirismo observacional que la alimenta desde el siglo XIX.
La homeopatía como la medicina china por el contrario no intenta clasificar los fenómenos mentales separadamente de los físicos, sino que los incluye en un continuo, donde la toxicidad conocida o experimentalmente reproducida del fármaco en cuestión se hace coincidir con el síndrome clínico que presenta el paciente para elegir un medicamento determinado. Su campo de observación no es la clínica sino la toxicologia, su campo de saber procede de los efectos tóxicos de plantas, minerales o productos de origen animal bien conocidos por sus efectos tóxicos y cuando estos efectos tóxicos son desconocidos recurre al proving, a la toma repetida de un medicamento en una persona sana observando qué efectos produce no solamente a nivel físico, sino también a nivel mental incluyendo lo onírico.
Es frecuente en Psiquiatría que resolvamos en un diagnóstico de un síndrome cualquiera ante un paciente que presenta síntomas mezclados de distintos síndromes, por ejemplo el síndrome ansioso, el depresivo, el fóbico y el de despersonalización suelen presentarse muy frecuentemente unidos. El síndrome anoréxico, el síndrome obsesivo y el síndrome bulímico, junto con la impulsividad y la somatización también suelen presentarse agrupados en los pacientes individuales, planteando problemas epistemológicos comunes a la Psiquiatría, no solamente entre síndrome y síndrome , sino también entre síndrome (estado) y rasgo, llevando al absurdo las clasificaciones categoriales en dos ejes.
Otra característica epistemológicamente ambigua de la psiquiatría procede de la tozudez de Descartes y de la negación de lo psíquico que arrastramos desde que se sacara a empujones el hecho anímico del hecho corporal y más aun: se negara el hecho psíquico en si mismo asimilándolo a una forma distinta de manifestación de la materia. La división del hombre en trozos, y más aun, de la medicina en especialidades responde a esta manera de pensar, lo que ha propiciado que ni los médicos somáticos consideren el hecho psíquico como un fenómeno asociado al malestar físico ni los psiquiatras lleguen a considerar el hecho médico o somático que se encuentra detrás de un malestar psíquico. Es evidente que esta manera de pensar ha hecho crecer y progresar algunas disciplinas médicas como por ejemplo la cirugía, tambíén es cierto que se han conseguido dominar prácticamente todas las enfermedades agudas gracias a los antibióticos, sin embargo son de señalar en el debe, la mutación de los gérmenes hacia formas más virulentas, la aparición de nuevos virus patógenos para los humanos, la contaminación con metales pesados y productos de la degradación industrial ,la multiplicación de enfermedades neoplásicas y la elevación de la frecuencia de malestares crónicos que proceden de un mal tratamiento preventivo de casi todas las enfermedades agudas que no responden a los tratamientos con frecuencia demasiado agresivos de la alopatía. El resultado de la compartimentación del saber médico ha sido una profundización en la brecha que separa lo mental de lo corpóreo en la errónea convicción de que un malestar mental reside necesariamente en procesos bioquímicos averiados en el cerebro, usualmente a nivel de sistemas de neurotransmisión, perdiendo de vista el hecho de que un malestar mental puede tener su origen en una víscera alejada y sin lesión estructural alguna.
La homeopatía como la medicina china por el contrario no intenta clasificar los fenómenos mentales separadamente de los físicos, sino que los incluye en un continuo, donde la toxicidad conocida o experimentalmente reproducida del fármaco en cuestión se hace coincidir con el síndrome clínico que presenta el paciente para elegir un medicamento determinado. Su campo de observación no es la clínica sino la toxicologia, su campo de saber procede de los efectos tóxicos de plantas, minerales o productos de origen animal bien conocidos por sus efectos tóxicos y cuando estos efectos tóxicos son desconocidos recurre al proving, a la toma repetida de un medicamento en una persona sana observando qué efectos produce no solamente a nivel físico, sino también a nivel mental incluyendo lo onírico.
A continuación me propongo dar a conocer aquellos síntomas psiquiátricos que son sensibles a un medicamento homeopático cualquiera. Todos los médicos, incluyendo a los psiquiatras deberían conocerlos, no solamente porque no existen alternativas a muchos de ellos en el arsenal medicamentoso convencional, sino porque muchas veces su mecanismo de acción irá más allá de la indicación precisa que propongo, sucederá cuando ese medicamento indicado sintomáticamente coincida con el constitucional, algo que suele suceder con frecuencia y que deja al medico y al propio paciente atónitos ante el alcance terapéutico de la homeopatía.
La homeopatía puede utilizarse de dos modos, uno sintomático, es decir dirigido hacia un síntoma concreto y otro genérico o constitucional, dirigido hacia un modo reaccional específico. Cuando la utilizamos de modo sintomático debemos usar diluciones bajas, usualmente diluciones decimales 4, 8, 12, 18, 20, 28, DH, etc. Cuando la usamos de un modo constitucional precisamos de diluciones más altas, usualmente de 30 CH hacia arriba. Recientemente se ha propuesto un modo terapéutico novedoso, el acorde de potencias, es decir utilizar un preparado con distintas potencias o diluciones en el mismo preparado. Este modo de proceder tiene algunas ventajas sobre el tradicional modelo unicista: por una parte evitar las agravaciones homeopáticas y por otro prestar al clínico un preparado que va a ser útil para un determinado síntoma al mezclar distintas diluciones en una sola toma con independencia de que coincida o no con la reactividad particular del sujeto. En contradicción con esta forma de pensar, el modelo unicista es decir el uso de un solo medicamento para cada individuo solo logrará ser eficaz en el caso de estar bien elegido y si además no existen bloqueos. Dicho de otra manera, el margen de error al prescribir un fármaco por encima de las 30CH es muy grande, tanto que contradice la teoría del placebo para la homeopatía pero también constriñe el uso de la homeopatía a unos pocos iniciados.
Personalmente no he visto nunca ninguna curación homeopática que pueda deberse al placebo, algo que si he podido observar en los tratamientos alopáticos. Además existe otra condición que hace que un medicamento aun bien elegido, no haga ningún efecto, se debe a lo que conocemos con el nombre de bloqueo, un estado hipoérgico donde el sujeto no responde a ningún estimulo, ni siquiera a los pequeños estímulos que representan los tratamientos homeopáticos que siempre trabajan empujando la fuerza vital a través de su flujo natural, dicho de otro modo la homeopatía ayuda a que el organismo se defienda por si mismo algo que sucede en la mayor parte de los casos, incluso cuando de lo que se trata es de morir en paz.
Por último no es necesario decir que cuando se acierta con el medicamento constitucional o con el alma de la situación actual cualquier síntoma puede responder. ¿Todos los síntomas responden? He de decir que me he llevado muchas sorpresas con la homeopatía, pero mi casuística es demasiado poco extensa y circunstrita a mi especialidad – la Psiquiatría- para generalizar resultados, diré sin embargo que en mi opinión la homeopatía resuelve las enfermedades curables y a veces algunos síntomas concretos que no responden a ningún tratamiento alopático conocido. Más allá de eso no me atrevo aun a decir nada más.

1.-Agitación nocturna
La agitación nocturna es un síntoma extraordinariamente frecuente en Psiquiatría, Neurología y Geriatría y tan rebelde que a veces pone patas arriba no solo uno sino casi todo el vademécum psiquiátrico convencional. Los psicofármacos tienen efectos paradójicos en los ancianos, las benzodiacepinas en lugar de sedar puedan provocar excitación paradójica y disforia, los antipsicóticos tan utilizados en la sedación rápida provocan utilizados crónicamente síntomas extrapiramidales y obesidad, los antidepresivos pueden ser mal tolerados debido a sus efectos anticolinérgicos, y hasta los antihistamínicos más suaves pueden provocar somnolencia, caídas con frecuentes fracturas y excitación paradójica en los ancianos.
La homeopatía dispone de un medicamento adecuado para el tratamiento de la agitación o inquietud nocturna. El Arsenicum album, un anhidrido arsenioso que a nivel tóxico da un cuadro similar de agitación e inquietud, pero que en diluciones homeopáticas es ideal para el tratamiento sintomático de estos pacientes inmanejables con medicamentos convencionales que son o muy sensibles a los psicofármacos o por el contrario se encuentran embotados precisamente por un abuso de medicamentos sedativos. El Arsenicum album por si solo puede controlar la sintomatología de agitación de pacientes ancianos, siempre y cuando este estado empeore de noche. Para ello utilizo el preparado de los laboratorios Phinter-Heel en acordes Arsenicum Injeel forte que se encuentra en ampollas que pueden inyectarse o beberse. El Mezereum Homarcord del mismo laboratorio posee diluciones de Chininum arsenicosum en acorde y en gotas. Utilizo 30 gotas diluidas en un litro de agua, a consumir durante un día entero a tragos agitando intensamente antes de beber. Su efecto es realmente sorprendente y todo médico debería de contar con este medicamento en su vademécum alternativo.
El Arsenicum album está descrito en muchas Materias médicas como el medicamento de elección en la anorexia. Personalmente no estoy de acuerdo con esta prescripción, no he visto nunca ninguna anoréxica que mejore con este medicamento, sin embargo esta discrepancia personal procede otra vez de mi epistemología psiquiátrica. Para mi una anorexia es algo distinto a la simple falta de apetito, es un síndrome psiquiátrico de rechazo al alimento por motivos estéticos unido a la amenorrea y la obsesividad. Sin embargo debo decir que es cierto que Arsenicum album es un buen remedio para la anorexia simple, es decir para la inapetencia o para aquellas personas, usualmente mayores que rechazan los alimentos (sitiofobia) y no pueden tolerar su presencia o su olor. Este tipo de cuadros alimentarios no son anorexias, sino cuadros psicosomáticos abigarrados donde probablemente existan otras causas metabólicas o toxicidades tisulares que hacen que el paciente rechace la comida a veces imitando una anorexia mental, este tipo de cuadros cada vez son más frecuentes en población adulta y probablemente respondan a una mimetización del malestar similar a la que hacen las anoréxicas mentales adolescentes a partir de la inanición. Es decir la inanición puede desarrollar síndromes anoréxicos experimentales por si misma, este tipo de inanición responde bien al Arsenicum album y no las anorexias mentales clásicas donde la paciente no presenta dolores quemantes, ni ansiedad nocturna, dos de las condiciones para una buena respuesta al Arsenicum.
Por último, el Arsenicum album es un buen medicamento de senectud, los jóvenes con constituciones simpáticas, rápidos y trabajadores que no pueden estarse quietos responden mejor al Phosphorus. El Arsenicum es el Phosphorus de los mayores, del mismo modo el Kali sulphuricum es la mejor sal de potasio para este tipo de pacientes de edad avanzada que sufren problemas asociados de arteriosclerosis vasculares. Como medicamento coadyudante para este tipo de personas utilizo el Barijodeel (de Phinter-Heel) en comprimidos que lleva Arnica, el propio Kalium Phosphoricum y Anacardium.

2.- Despersonalización
Aunque ubicua en toda la sintomatología psiquiátrica, la despersonalización, la desrealización y la disociación no cuentan en el vademécum psiquiátrico con ningún especifico concreto para mejorar o mitigar estos estados que algunas veces son enormemente desagradables para quien los sufre. Contrariamente a esta idea existen evidencias de que determinados medicamentos como las benzodiacepinas poseen un efecto disociativo por si mismas que se utiliza en anestesia para inducir olvidos del pre o postoperatorio. Las drogas tipo cannabis también tienen efectos disociativos así como el café o las experiencias agudas de estrés. La disociación leve y poco intensa es un síntoma psiquiátrico que afecta muy probablemente al 60-70% de la población en algún momento de su vida bien de forma espontánea o bien después de algún estrés o toma de fármacos o drogas de abuso.
Los psiquiatras consideran con frecuencia la disociación como un síntoma banal que procede de la activación de un mecanismo de defensa universal y probablemente tengan razón, en tanto que se trata de un mecanismo cuya función es mantener determinados materiales (cognitivos, mnésicos, afectivos o conductuales) desagregados entre si con objeto de hacerse irreconocibles para la conciencia. En este sentido la disociación es el mecanismo opuesto a la asociación mediante la cual agregamos aspectos concretos a una determinada experiencia a la vez que la vinculamos con aspectos históricos del Yo. La asociación en este sentido trabaja para conseguir un sentido unitario, histórico de la experiencia humana, mientras que la disociación opera en sentido contrario y nos aleja de la historicidad que como sujetos vamos construyendo con nuestra vida y experiencia acumuladas. Se trata en todo caso de un mecanismo de alarma que tiende a preservar la experiencia del “aquí y ahora” aunque a veces la intensidad de esta experiencia de lugar a situaciones catastróficas como el estupor, la fuga o amnesia disociativa persistente o más frecuentemente a experiencias corporales inusuales, distorsiones perceptivas o el más frecuente fenómeno de la autoscopia, verse a si mismo como si el Yo estuviera fuera del cuerpo, algo frecuente en los postoperados debido a los medicamentos administrados en la anestesia.
Con todo, lo más frecuente es que estos fenómenos disociativos estén incluidos en formas abortivas de trastornos por pánico. Algunas personas son capaces de desdoblar su conciencia cuando se ven sumidos en un ataque de pánico y pueden modificar el miedo y transformarlo en una experiencia inusual de tipo disociativo. Evidentemente siempre será mejor sentir que uno se encuentra fuera del cuerpo unos pocos segundos que el ataque de pánico con el desagradable cortejo vegetativo acompañante y que estas personas logran eludir. Otros consiguen minimizar sus ataques y convertirlos en ataques de vértigo, otros en movimientos coreiformes de las piernas y otros por fin en un cuadro psicosomático como diarrea o vómitos, en todos estos casos existe un fenómeno disociativo asociado que permite eludir si bien no las consecuencias cognitivas del miedo si al menos sus consecuencias glandulares. Hay que recordar que no existe somatización sin disociación, sin ese trabajo de mantener separados los afectos de sus consecuencias viscerales o mentales.
Si la Psiquiatría carece de soluciones especificas para la disociación más allá de los antidepresivos, algunos de los cuales pueden mejorar – no tanto la disociación- sino el estado de ánimo basal. La homeopatía dispone de dos medicamentos enormemente útiles para las vivencias disociativas, se trata de Anacardium Orientale y de Cannabis Indica, ambos son muy parecidos en su mecanismo de acción aunque en el caso de Anacardium nombraré además un síntoma que me parece de interés: su tropismo en el estomago. ¿Qué relación tiene el estomago con la disociación? Para un medico occidental ninguna relación pero un medico chino no se sorprendería tanto de esta comorbilidad. Para la medicina china la disociación no está en el cerebro sino en el estomago y más concretamente en el duodeno, es allí precisamente donde la digestión separa (disocia) lo puro de lo impuro, lo asimilable de lo inasimilable. La función mecánica de la digestión corresponde al duodeno pero la función mental corresponde a las energías del duodeno, es decir a las energías Fuego, hay que recordar que el duodeno es la víscera hueca (Yang) que se corresponde con el corazón (Yin).
Lo cierto es que Anacardium es tanto un buen antidisociativo como un magnifico medicamento para la ulcera gastroduodenal. Hay que recordar que si lo usamos para la ulcera habrá que darlo a bajas diluciones pero si lo utilizamos como antidisociativo habrá que usarlo a 30 CH o 200 CH. recomiendo comenzar por 30 CH si existen problemas gastroduodenales en una persona con ataques disociativos cosa sorprendentemente frecuente. En ocasiones Anacardium es también de utilidad en esas personas que poseen clarividencia, que creen poseer o poseen un don curativo y que efectivamente tienen cierta intuición para tener sueños proféticos o sincrónicos.
Cannabis indica es muy parecido a Anacardium y está indicado en esas personas que habiendo abusado de la marihuana han alcanzado lo que se conoce como un estado amotivacional, suelen ser adolescentes que presentan problemas en sus elecciones a largo plazo, disconformidades con la sociedad o la identidad, experiencias perceptivas distorsionadas generalmente asociadas a las dos mitades del cuerpo, presentan trastornos en la percepción del tiempo, son extremadamente sensuales y relatan experiencias beatificas concretas que sin llegar a ser delirantes resultan cuando menos inusuales, además tienen antecedentes de consumo de marihuana de forma crónica y persistente.

3.-Duelo reciente
Como psiquiatra he de decir que el medicamento homeopático más interesante y el que primero utilicé con éxito fue Ignatia. Lo realmente curioso de Ignatia (cuyo principio activo es la estricnina) es que se adapta muy bien a todas las pérdidas, desengaños, sufrimientos sentimentales o perdidas de seres queridos siempre que esta pérdida sea reciente con independencia del síndrome clínico que presente el paciente. Lo he administrado en trastornos de pánico, depresiones reactivas, o en situaciones de estrés vinculadas al sufrimiento sentimental. Ignatia se adapta muy bien a los terrenos de la mujer liberada, asertiva y competente, pero también a las tipologías matriarcales, madres que sufren por la emancipación de sus hijos, “el nido vacío” a el alejamiento ocasional o definitivo del marido o hijos. Es un medicamento clásico de lo que la Homeopatía llama histeria, un rótulo que en Psiquiatría ya no se usa debido a su ambigüedad, en realidad Ignatia resolverá perfectamente tanto un síntoma psicosomático, como el bolo esofágico (un síntoma que siempre se nombra en las materias medicas acentuando su aspecto paradójico) como cualquier otro, desde la depresión hasta la bulimia siempre y cuando en cuyo origen se encuentre el desengaño, la decepción o la pérdida.
Es evidente que ante una pérdida no todo el mundo reacciona igual, la homeopatía ha descrito en el capitulo sobre “Trastornos por…” múltiples formas reactivas en cuyo origen se encuentra la perdida misma. Si sospechamos que un determinado evento tiene relación con un desarrollo mórbido lo que debemos preguntarnos es ¿Desde qué emoción concreta ha vivido esta persona esa pérdida? ¿La ha vivido, desde la cólera suprimida, desde la pena silenciosa, desde la decepción universal, desde la vergüenza, o desde la indignación? Cada medicamento homeopático se adaptará mejor a unas reactividades que a otras. Por ejemplo, Opium es ideal cuando algo se ha vivido desde la vergüenza y se trata de ocultar, Staphysagria estará indicado cuando se ha ofendido el honor o el pudor y es la indignación evidente la emoción fundamental. Ignatia se adaptará a las pérdidas o desengaños que se viven desde la decepción o la pena silenciosa y Colocynthis es de elección frente a la ira suprimida que se somatiza en aparato digestivo o vísceras huecas.
Usualmente utilizo un preparado de los laboratorios Phynter- Heel llamado Ignatia homarcord, que además de Moschus, un medicamento antihistérico-antisomatización contiene un balanceo en acorde de la propia Ignatia y además se presenta en gotas que pueden diluirse (30 de ellas) en un litro de agua y consumirse a tragos durante un día.

4.-Indiferencia y estupor
Hay que recordar que Hipnos era el Dios del sueño, hermano gemelo de Tanatos, ambos hijos de la noche (Nix). La mitología griega les otorga la condición de necropompos, “los que acompañan al moribundo al Hades”. Existen cuatro personajes fundamentales para esta tarea, primero entra Hipnos en acción provocando un estado similar al sueño, la inmovilidad, luego Tanatos acompaña al moribundo a la tumba, allí le recoge Hermes-Mercurio que le baja al inframundo, Caronte le lleva en la barca hasta la otra orilla y es depositado al cuidado de Hades ya en el Tártaro. Hipnos a su vez tuvo un hijo incestuoso con su madre, Morfeo cuya función es disfrazarse para aparecer en los sueños de los hombres.
La indiferencia afectiva es un síntoma ubicuo en Psiquiatría, lo podemos encontrar en formas muy graves en patologías como la esquizofrenia o la melancolía. No conviene confundir la indiferencia que es un estado de no-dolor, con la anhedonia que es un estado de no-placer, aunque a veces las podemos encontrar mezcladas formando parte de un mismo síndrome psiquiátrico. En sus formas psiquiátricas más graves puede llegar al estupor catatónico y en sus formas somáticas más intensas casi siempre a la parada respiratoria, sin embargo lo más frecuente son esos conglomerados afectivos de embotamiento, desinterés, ausencia de dolor (cuando debería haberlo), un aspecto que se ha señalado como de congelamiento afectivo, anergia e hiporeactividad a los estímulos. En su extremo más intenso puede asimilarse al coma.
Hay que recordar ahora que este cuadro es precisamente la intoxicación hípnica atribuible al opio y a su “similinum” homeopático de Hipnos, el dios del sueño, que imita a la muerte, la inmovilidad y la falta de reacción incluso la más arcaica, de ellas, el dolor. Opium está indicado en este tipo de cuadros, más aun cuando su origen es un traumatismo craneoencefálico, un trauma mental o una pérdida vivida desde la vergüenza o el deshonor y que además trata de ocultarse.

5.- Dolor somatomorfo
El dolor somatomorfo es probablemente la enfermedad crónica por la que los pacientes somáticos son remitidos con más frecuencia a los psiquiatras. Se trata del conocido dilema que presentan los clínicos a la hora de etiquetar un síntoma invalidante que carece de justificación orgánica alguna. Es usual que cuando un médico convencional no encuentre razones para justificar un determinado dolor lo etiquete como histérico, es decir como falseado y lo remita al psiquiatra con intención de conceptualizarlo desde el punto de vista psicógeno. Algo así ha pasado con la entidad misteriosa conocida como fibromialgia, sospechosa en un principio de tratarse de una nueva enfermedad psiquiátrica, ha sido retomada por reumatólogos y rehabilitadores ante la presión de las asociaciones de enfermos por conseguir la depsiquiatrización de este malestar por otra parte muy común y en amplia extensión en las sociedades opulentas. En un principio se sospechó que la fibromialgia era una enfermedad mental, ante la falta de evidencias de lesiones objetivas, además existía otra causa de sospecha: las pacientes con fibromialgia respondían bien a la amitriptilina, un antidepresivo tricíclico y además eran en su mayoría mujeres solas con cargas familiares y en el umbral de la menopausia. Hoy, aunque la fibromialgia ha pasado a formar parte de la clientela de distintos especialistas, es evidente que se encuentra desubicada nosológicamente planteando dilemas a la división de la medicina en especialidades y refractaria a casi todos los tratamientos ensayados con la exclusión de la amitriptilina que mejora en parte el dolor al mejorar el estado de ánimo a expensas de introducir molestos efectos secundarios.
Mi opinión sobre la fibromialgia es que se trata de una enfermedad de origen desconocido, pero presumo que tiene más de orgánico que de puramente psiquiátrico. Estoy al tanto de los avances que sobre ella se van dando y me estimulan las teorías sobre el intestino permeable y la toxicidad muscular de determinados metabolitos del ciclo de Krebs (el ácido tartárico) quizá como consecuencia de una infección crónica del intestino grueso por Candida Albicans. En mi experiencia profesional he tratado a un sin numero de fibromiálgicas, tanto con alopatía (con pobres resultados) y últimamente con una combinación de medicamentos homeopáticos y homeotoxicologia. Concretamente estoy estudiando los resultados de una combinación de fármacos de los laboratorios Phinter en un grupo de 7 fibromiálgicas que siguen además diversos tratamientos rehabilitadores en mi Hospital. Dado que los resultados no están todavía cuantificados debido a que el ensayo no ha terminado, no voy a publicarlo aquí y ahora, pero me gustaría adelantar algunas cosas que han resultado parcialmente eficaces. Se trata de dos medicamentos del laboratorio nombrado más arriba: El Coenzyme Compositum , un medicamento homeotoxicológico que contiene varios enzimas involucrados en el ciclo de Krebs y que se presenta en ampollas, el Lymphomyosot, un drenador linfático de la matriz extracelular y el Spascupreel, un medicamento homeopático a base de acordes de Colocynthis que disminuye el dolor musculo-esquelético. La Chamomila, un medicamento de enorme interés en Pediatría es también aplicable en aquellas personas que reaccionan exageradamente al dolor.
En mi opinión sea cual sea la etiología de la fibromialgia existe un estado de hipereactividad al dolor por probables lesiones difusas de la matriz extracelular que envuelve todo el organismo, es posible imaginarse que esa matriz se haya vuelto rígida por depósitos de sustancias inertes en ella que impidan el normal trasiego de sustancias y detritus. Hay que recordar que en esa matriz extracelular existen fibras nerviosas tanto simpáticas como parasimpáticas que podrían estar microscópicamente comprometidas a partir de estos depósitos (usualmente glicoproteinas). He observado que el drenaje linfático que se consigue de muchas formas pero también mediante el remedio homeopático Lymphomyosot prepara al organismo frente a otros remedios como el Spascupreel que probablemente administrado sin el previo drenaje no mostraría su actividad. Espero más adelante publicar los resultados de mi investigación en algún lugar, pero mientras tanto quiero decir que la homeotoxicología y la homeopatía pueden resultar de un extraordinario interés para tratar esta patología tanto si en su origen se encuentra un factor psicógeno desencadenante, usualmente un divorcio o una mortificación crónica, como un enfriamiento o un tratamiento con antibióticos, tres de los grandes estresores que podemos encontrar como precipitantes.
En cuanto a la personalidad de la fibromiálgica y su relación con el síndrome de fatiga crónica, véase el epígrafe sobre agotamiento y fatigabilidad.

6.- Paranoia y rencor.-
La paranoia es una enfermedad psiquiátrica afortunadamente poco frecuente en sus formas más graves y que carece en la actualidad de tratamiento alguno más allá de la administración crónica de antipsicóticos que la mayor parte de las veces resultan ineficaces en la transformación del delirio de los sujetos. La diferencia que existe entre una paranoia y una esquizofrenia paranoide es que los paranoides conservan una cierta estructura en su personalidad, deliran sobre cosas posibles (engaños, amores, inventos, enfermedades o persecuciones) en comparación con los esquizofrénicos cuyos delirios son fragmentarios, cambiantes, fantásticos o francamente bizarros. Además los paranoides por lo general pueden llevar una vida más adaptada y suelen enquistar su delirio, de manera que pueden aparecer como personas normales siempre y cuando no se hable de la temática concreta que es la base del delirio.
La Psiquiatria ha perdido mucho tiempo clasificando los delirios paranoides según su temática y muy poco tiempo estudiando las actitudes profundas de la personalidad con respecto al propio delirio. La medicina china por ejemplo propone que la paranoia procede del riñón (miedo) y más concretamente de la viscera yang del riñón: la vejiga de la orina, según su fisiopatología podemos encontrarnos con dos formas de paranoia, una por un defecto de yin del riñón que se vería incapaz de controlar el fuego del corazón y otra por el “fuego de agua” es decir por un incendio energético de los excesos yang de riñón. Hablando en términos psicopatológicos es verdad que la paranoia puede desarrollarse en personas que han vivido en ambientes aterradores, en este sentido el miedo podría enfermar al riñón tal y como lo conceptualizan los médicos chinos, pero también existe otra vía de entrada la paranoia: las vivencias de humillación que provocarían excesos yang en el riñón. Siguiendo la ley madre-hijo existiría aun otra posibilidad que la pena (metal) enfermara al riñón (miedo). Dicho de una manera más ortodoxamente psiquiátrica a la paranoia se puede llegar de tres maneras, mediante la repetición de vivencias de terror, de humillación o de pena, sin contar con las desarmonías de Qi innatas.
Naturalmente los síndromes paranoides que corresponderían a estas tres etiologías sería distinta, el primer caso, aquellas causadas por el terror es seguro que se traduciría en una personalidad desconfiada y hostil, pero también con un comportamiento activo, querulante, peleador y malicioso. En el segundo caso podríamos encontrarnos casos de paranoia donde el miedo, la reacción de huida y evitación, la “atmósfera de persecución” o la “atmósfera de evitación o escape social” representarían extremos entre la menos y la más adaptada de las formas. El tercer caso, por fin serían aquellas vivencias paranoides que acompañan a la melancolía o a la depresión, una enfermedad donde lo paranoide puede aparecer entremezclando el sindrome paranoide y el depresivo.
Nitricum acidum es el ácido nítrico (NO3H) y representa a uno de esos medicamentos homeopáticos dirigidos al miasma sifilítico. Para Hahneman la psora, la sicosys, la sífilis y la tuberculosis no eran simplemente enfermedades individuales, sino improntas genéticas que se transmitían al linaje de los humanos mediante la impregnación del material genético , esta idea que en parte contradice la teoría darwinista de que sólo podemos heredar de nuestros padres los caracteres heredables, parece que vuelve a poner de moda el modelo de herencia lamarckiano, que sostenía que los caracteres adquiridos también pueden heredarse. Lo cierto es que existen niños que contraen el SIDA en el útero de sus madres, por no hablar del síndrome alcohólico fetal o de los estigmas dentarios de la sífilis connatal, bien es cierto que en estos casos el feto se infecta en el útero si la madre también es portadora de sífilis, SIDA o es una alcohólica crónica. No está por tanto demostrado que el padre pueda introducir en el código genético de sus hijos mensajes que reproduzcan su alcoholismo, blenorragia, sífilis o tuberculosis directamente. Algunos homeópatas no toman las ideas de Hahneman al pie de la letra y se conforman con admitir la herencia de estas tendencias, algo que por otra parte no necesita demostración alguna y sostienen que en los tiempos del maestro no se sabía lo suficiente de genética para conocer las leyes de la herencia, así que Hahnneman echó mano de una metáfora, el miasma.
Con metáfora o sin ella, lo cierto es que Nitricum acidum es un medicamento a tener en cuenta por los psiquiatras que trabajan con este tipo de personas, paranoides, con antecedentes de alcoholismo en alguno de sus padres, querulantes, hostiles, vengativos, maliciosos y donde el rencor da lugar a fenómenos sociopáticos y conductas disadaptadas. Nitricum acidum tiene una indicación no psiquiátrica que justamente aparece con mucha frecuencia en este tipo de personas: me refiero a la patología rectal o anal, se trata de un magnifico medicamento de los orificios, sobre todo cuando existen grietas, erosiones, sangrados, condilomas, ulceras, neoformaciones o verrugas perianales.
Desde el punto de vista psiquiátrico Nitricum acidum se adapta al síntoma paranoide activo, querulante, donde el sujeto se siente víctima de una injusticia y que no duda en mantener pleitos diversos con todas las instituciones a las que culpa de su desgracia.

7.- Perfeccionismo.-
El perfeccionismo es uno de esos síntomas con que los psiquiatras nos encontramos desvalidos a la hora de dar un remedio para aliviarlo. Nosotros lo conceptualizamos como un rasgo de carácter y no como un síntoma, lo cual le hace, si cabe, aun más refractario a cualquier tratamiento. El perfeccionismo es sin duda uno de esos síntomas que más hacen sufrir a la humanidad, se trata de uno de los grandes enemigos de la felicidad y del bienestar cuando se convierte en una compañía intensa y común de la personalidad, algo demasiado frecuente como acompañamiento de las anorexias restrictivas, una de las enfermedades más comunes de nuestros adolescentes opulentos.
El perfeccionismo es probablemente una solución de compromiso que no tiene un único origen: por una parte existe un modelo social que presiona en una determinada dirección y que consigue abrumar a muchas chicas responsables, que buscan la excelencia y que tienen buenos rendimientos académicos. La paradoja es que estas chicas realizan un esfuerzo extraordinario para mantener estos rendimientos a la vez que intentan responder a las expectativas que sus padres y sobre todo, la sociedad entera pone hoy sobre las mujeres, una tarea heroica, porque conjugar la belleza con los roles tradicionales de la mujer y al mismo tiempo encajar los valores emergentes como la competencia masculina en un mundo fascinado por el dinero, los resultados y las demostraciones de brillo, es una tarea frecuentemente imposible.
Además existe otro factor psicológico y personal: la muchacha debe realizar este esfuerzo en un momento de cambio, donde aun no ha integrado los cambios hormonales, ni las modificaciones de su cuerpo, mientras intenta construir una identidad que dé cabida a las exigencias anteriores, mientras simultáneamente pone a prueba su capacidad de seducción ante merodeadores masculinos y mientras se compara con sus iguales. Semejante tarea precisa de un apoyo similar en intensidad del padre y aquí viene precisamente el conflicto, muchos padres apoyarán a sus hijas si estas se muestran dóciles, obedientes, son cariñosas y extravertidas, es decir si coinciden con los modelos femeninos del padre, pero negarán este apoyo a aquellas muchachas ambiciosas, independientes e introvertidas que son precisamente las que tienen más riesgo de enfermar de perfeccionismo, de excelencia, sin olvidar tampoco a las madres que pueden sentirse humilladas por los rendimientos o voluntad férrea de sus hijas.
Usualmente lo que hacen estas muchachas, es llegar a una situación de negación de lo que de femenino hay en ellas mediante un retroceso de la formula hormonal prepuberal, utilizando una estrategia de retardo del crecimiento a través de la inanición, al mismo tiempo este estado de emaciación electiva favorece la aparición de fenómenos obsesivos, al tiempo que provoca modificaciones del estado de conciencia aumentando la percepción de autoeficacia en la joven que es así incluida en un torbellino o bucle sin fin de ayunos, inanición y perfeccionismo aumentado.
Los médicos chinos conceptualizan los fenómenos obsesivos de tres maneras fundamentales: el exceso de reflexión procede de las energías Tierra cuya función es establecer vínculos, y la Tierra puede enfermar a su vez por un exceso de reflexión u obsesividad. Además, la Tierra nutre el metal, la transformación de los vínculos, el perfeccionismo es un fenómeno obsesivo que procede del metal, que puede enfermar tanto de pena, como de un déficit de las energías Tierra. Por último existe otra estirpe obsesiva en el Agua (miedo), lo que nosotros conceptualizamos como fobias impulsivas y que se produciría a través de una disfunción primaria del riñón o bien de un defecto de las energías del metal que se verían comprometidas a la hora de nutrir el Agua del mismo, este cuadro sería más fóbico que compulsivo, usualmente representado por el miedo a dañar.
Nosotros conceptualizamos el perfeccionismo como un fenómeno obsesivo pero sabemos que existen ciertas diferencias con el trastorno obsesivo-compulsivo verdadero (que estaría ligado a las energías Tierra), y la obsesividad entendida genéricamente. Siguiendo el modelo tradicional chino, el perfeccionismo metálico de las anoréxicas de nuestro tiempo representaría un exceso Yang del metal al que se llegaría mediante una insuficiencia de la Tierra para expandir los vínculos del Metal (o para separarse de él) y que corresponde psicológicamente con las transiciones de las lealtades y afectos desde los padres hacia los iguales, frecuentemente incluyendo los primeros escarceos sexuales y sus ansiedades consiguientes. En este sentido considero la anorexia como una estrategía de evitación de la muchacha por identificarse con la función materna o al menos para retardarla, en esta constelación el perfeccionismo representaría los esfuerzos de la niña para recuperar los apoyos del padre (o de la madre) perdidos en su batalla por lograr emanciparse al mismo tiempo que precisa apoyarse en figuras a veces ausentes, insuficientes o distantes.
Otras muchachas ante este mismo problema optan por estrategias diferentes aun manteniendo su mascarada núbil de inanición, se posicionan hipertrofiando su pasividad femenina, su indolencia, o su dependencia, dando a entender que carecen de deseos y simplemente esperando a que algo suceda, como Perséfone parecen esperar que alguien las rapte o las rescate de si mismas. Otras por el contrario optan por la rebeldía, la insumisión o el desafío social.
Sepia es el medicamento homeopático que mejores resultados da con el perfeccionismo extremo de las muchachas del primer grupo aquellas que optan por la autoexigencia, la excelencia, suprimen su sexualidad y sus reglas y presentan rituales compulsivos como síntoma central. En realidad estos rituales obsesivos, tanto como el perfeccionismo representan la dificultad de estas muchachas para conjugar su sexualidad, con las soluciones que en un determinado momento resultaron adaptativas para asegurarse el apoyo del padre ( o la madre). Hay que señalar que ninguna muchacha puede progresar afectivamente ni desplegará toda su potencialidad sin ese efectivo apoyo paterno, algo que suele ser fácilmente detectable, aunque posteriormente este mecanismo se libera porque provoca una percepción de autoeficacia que resulta en una universalización del mismo para toda situación.
Si Sepia resulta un buen medicamento para reducir el perfeccionismo de las muchachas autoexigentes que buscan la excelencia, Silicea es ideal para aquellas otras que como Perséfone simplemente aguardan, disminuyen sus rendimientos académicos debido a su incapacidad para resultar competentes en esa vorágine y se abandonan pasivamente a su destino. Tanto uno como otro son remedios constitucionales que deben emplearse a altas diluciones para aliviar los síntomas mentales. Silicea es más lento de acción que Sepia.

8.- Agotamiento y fatiga.-
Probablemente la fatigabilidad es una de las demandas médicas más frecuentes en medicina de familia y que usualmente se resuelve mediante la administración de vitaminas, complejos energéticos y con determinada frecuencia mediante antidepresivos.
Nuestra conceptualización acerca del agotamiento está huérfana de teorizaciones y también de ubicación nosológica. Todo pareciera indicar que el agotamiento no puede existir si hay una buena alimentación y en consecuencia una avitaminosis o una carencia, algo que los médicos dan por supuesto con demasiada facilidad. Como decía en el epígrafe anterior la inanición de la anoréxica debería manifestarse en un síndrome de agotamiento, sin embargo las pacientes nos aparecen como vivaces, bien despiertas y en absoluto cansadas, se trata de una consecuencia bien conocida de la inanición por si misma. La hiperactividad de la persona inane es consecuencia de la misma inanición, sin embargo tanto esta hiperactividad como la postración del enfermo febril deben tener el mismo tratamiento médico. Hay que considerar el agotamiento tanto si se encuentra disfrazado de hiperactividad como si es evidente en la postración.
Los acidum son medicamentos homeopáticos extraordinarios para todas las condiciones del agotamiento o la fatigabilidad. Disponemos de dos medicamentos fundamentales, el Phosphoricum acidum (ácido fosfórico) y el Muriaticum acidum (acido clorhidrico).
Muriaticum acidum está indicado cuando el agotamiento está referido a la función materna, tanto en sentido literal como alegórico. Funcionará tanto cuando el agotamiento esté relacionado con partos, lactancias y crianzas prolongadas tanto como si este agotamiento se debe a la “función de cuidado”, algo que ha venido en llamarse el síndrome del cuidador. Es bastante frecuente que aquellas personas que tienen la responsabilidad de cuidar de otros, tanto parientes como enfermeras quiebren su salud durante el tiempo en que ejercen sus cuidados y a veces que inmediatamente después de cesar en estos cuidados inicien ellos a su vez un estado mórbido que muchas veces se confunde con un duelo. He visto casos donde el cuidador ha muerto repentinamente mientras cuidaba de un enfermo que más tarde se recuperaba, este tipo de circunstancias nos obligan a pensar en las energías que se consumen durante el cuidado de un enfermo, sobre todo cuando el pariente se niega a apartarse de él, cosa que es posible observar con madres que cuidan de un hijo grave.
Algunas personas tienen un riesgo más elevado de sucumbir a este tipo de experiencias: se trata de aquellas personas que tienen según la medicina tradicional china, un déficit de Yin de hígado. El elemento madera es el responsable de la agresión de defensa, pero también de la asertividad, la planificación y la decisión. Energéticamente hablando pueden enfermar de dos maneras, o bien por la incapacidad de retirarse o bien por la incapacidad de implicarse o de rendirse o desanimarse fácilmente. La incapacidad de retirada es la que ahora nos interesa conocer para vincularla al tema del agotamiento, se trata de personas que son incapaces de dejar algo a medias, si son amas de casa no serán capaces de aplazar una determinada tarea, si han sido humillados en alguna cosa, no cesarán de acosar al humillador hasta obtener una compensación, si discuten por algo trataran de llevar la discusión hasta el esperpento. Nunca se retiran, se rinden o abandonan. Este tipo de personas son incapaces de descansar, de sobreponerse o de reponer energías, su sueño es además de mala calidad y no reparador. Para ellas no existe la palabra ceder, convalecer o apartarse, si ceden será por un accidente, un colapso nervioso o una enfermedad grave.
El elemento madera (sistema energético del hígado) tiene entre otras funciones la nutrición de músculos y tendones, es usual que este tipo de personas asimilables a lo que nosotros clasificamos como personalidad masoquista o pasivo-agresiva, planteen problemas de agarrotamiento muscular, pinzamientos, protusiones, hernias y contracturas musculares. En relación con la fibromialgia que antes nombré, existen muchas evidencias de que el síndrome de fatiga crónica y la propia fibromialgia participen de un cuadro clínico común y que dinámicamente exista una supresión de la agresividad que a veces puede alcanzar incluso a la autoafirmación de cualquier área del ser que puede estar inhibida, algo que podría explicar la acción benefactora de Colocynthis.
El agotamiento de la función materna como cualquier otra ansiedad puede llegar a traspasar los limites del individuo y contagiarse a otros, usualmente a los hijos. Es frecuente que un niño pueda responder a Muriaticum acidum cuando su madre se encuentre en una situación de agotamiento debido a los cuidados que pueda estar brindando a otra persona, usualmente a un anciano.
Phosphoricum acidum es un magnifico medicamento de agotamiento físico y psíquico, por ejemplo el que encontramos en jóvenes que se someten a dietas excesivas, ejercicio o planes de estudios devoradores. En este sentido Phosphoricum acidum es un buen medicamento coadyudante de la anorexia, adelgazamiento, y de primera elección en la fatigabilidad y agotamiento psico-fisico.

9.-Déficits cognitivos ligados a la edad.-
Los especialistas estamos tan acostumbrados a trabajar con diagnósticos operativos que cuando vemos a un paciente que presenta un problema de memoria lo primero que hacemos es iniciar una larga tarea de diagnóstico para demostrar un cuadro demencial – de base orgánica- que siempre sospechamos ante un paciente de edad que inicia problemas de memoria.
Esta actitud es seguramente adecuada, pero la mayor parte de las veces no encontramos ninguna prueba de neuroimagen (costosísimas), ni de neuropsicologia que demuestre nada más allá de una cierta perdida cognitiva sin filiación alguna. Es decir nos encontramos lo normal, lo esperable: un sufrimiento casi siempre sin filiación que deja al paciente sin ningún remedio que pudiera mitigar sus déficits subjetivos. Además de eso nos podemos encontrar un paciente abotargado, excesivamente sedado y multitratado con medicamentos que tienen en el hígado la primera barrera de detoxificación, múltiples malestares tratados crónicamente con antihipertensivos, antidepresivos, sedantes, por nombrar tan sólo algunos de los más utilizados y que en los pacientes de edad avanzada debido a la ralentización de su metabolismo operan como auténticos venenos.
En este contexto es muy característico que los pacientes mejoren después de suprimir o de redefinir la toma de fármacos. En Psiquiatría es muy frecuente observar que un paciente que nos ha sido remitido por una sospecha psiquiátrica mejore después de suspender alguna de estas explosivas mezclas que representan la dispersión del saber médico en especialidades sin que nadie ponga un cierto orden o priorice qué fármacos son necesarios y cuales son prescindibles. Es realmente curioso que seamos los psiquiatras que hemos sido con frecuencia acusados de utilizar fármacos peligrosos los que con frecuencia pongamos un cierto sentido común en las multiprescripciones.
Cuando me llega un paciente así, usualmente me dedico a descargar el sistema hepático de tanta agresión externa, a veces simplemente retirando fármacos convencionales y utilizando fármacos homeotoxicológicos. Para el drenaje y limpieza de un organismo sobrecargado de este modo utilizo, la solución detoxificante de Phinter-Heel, un combinado de tres frascos, uno lleva Lymphomyosot, ya nombrado, otro Berberis, un mágnifico drenador del riñón y el tercero Nux vomica el drenador digestivo universal. 30 gotas de cada frasco en 1 litro de agua y día. También son útiles el Chelidonium Homarcord, y Galium heel, ambos existen en forma de gotas
El déficit de memoria suele responder a dos medicamentos, uno de ellos es el Plumbum y el otro la Ambra grisea. El Plumbum (plomo metálico) es un medicamento asombroso, cuando está indicado mejora notablemente las capacidades cognitivas y afectivas de los sujetos que lo toman, se trata de un metal que está indicado en aquellas personas que derivan hacia la esclerosis desde una posición de rigidez o dureza emocionales, también en el Parkinson y en realidad en cualquier enfermedad neurodegenerativa, sin embargo mi experiencia con él no pasa de algunos casos tratados con éxito de pacientes que presentan déficits cognitivos, usualmente la dificultad para recordar nombres, fechas, citas o quehaceres.
Los metales pesados como se sabe no se deben encontrar en el organismo humano pero también sabemos que se encuentran con frecuencia debido al problema de la contaminación de la cadena alimentaria. Una fuente común de contaminación con el plomo son las industrias de esmaltes y cerámica y también en linotipistas o los que trabajan en imprentas con materiales tóxicos que contienen el metal. La intoxicación crónica con plomo provoca una enfermedad llamada saturnismo que probablemente ha desaparecido de nuestro ambiente, desde que las conducciones de agua fueron sustituidas por cobre, sin embargo mi opinión es que es posible presuponer que existan reacciones de hipersensibilidad al plomo (y al resto de metales pesados) que sean idiosincrásicas para determinadas personas. Cuando sospecho un paciente “Plumbum metallicum” suelo pedir una determinación en sangre y siempre me encuentro con algún que otro picogramo de plomo, que no permite por supuesto diagnosticar una intoxicación (un saturnismo), pero si permite especular con una especial sensibilidad al metal sobre todo cuando el paciente responde al plomo homeopático. Eludir los metales pesados es probablemente imposible en una sociedad contaminada e industrializada como la nuestra y donde nadie parece decidido a renunciar al bienestar que esta industrialización y gran consumo nos depara, pero al menos el médico debe saber que determinados contaminantes pueden resultar mórbidos en ausencia de intoxicación franca o letal, algo que en el futuro nos vamos a encontrar cada vez con más frecuencia, en los plásticos, el mercurio y otros contaminantes, incluyendo a lo que ya se conoce con el nombre de disruptores hormonales, sustancias químicas que funcionan como estrogenos-like y que pueden estar implicados en la baja fertilidad masculina de determinadas zonas geográficas.
Plumbum como Silicea en la infancia-adolescencia se adapta a la constitución fluórica, melancólica, lenta y simpática que se manifiesta por asimetrías, implantación dental incorrecta, paladar ojival e hiperlaxitud ligamentosa que se corresponde con el miasma sifilítico de Hahneman.
La Ambra grisea es un medicamento de senilidad pero también de transiciones, retardo en la dentición o retardo en abandonar “el paquete”, está indicada en la vejez prematura y en todas las situaciones ligadas a la senilidad. Uso un preparado llamado Cerebrum compositum en ampollas, que lleva todos los principios homeopáticos ligados al envejecimiento.

10.- Terrores nocturnos
El miedo es una emoción universal en el ser humano y probablemente una señal de alarma arcaica e innata. Al margen de que algunos pacientes tienen motivos más que sobrados para ser miedosos, debido a que han sido expuestos a condiciones de terror durante su crianza, bien por proceder de entornos aterradores como aquellos que tienen padres maltratadores o abusivos, la verdad es que existen personas más miedosas que otras. La constitución cárbónica que en homeopatía se describe como gordos y fofos, pero que pueden ser conceptualizados como parasimpáticos y lentos son las constituciones más vulnerables al miedo y a desarrollar estructuras fóbicas o evitativas en la época de adultos.
La manifestación más común del miedo en los niños, son sin duda tres: el miedo a estar solo, el miedo a la oscuridad y el terror nocturno. Los tres síntomas suelen ir unidos y suelen responder a medicamentos de la serie carbónica como Calcarea carbonica o Kali carbonicum, ambos como tratamientos de fondo, pero quiero referirme sobre todo a los terrores nocturnos que se manifiestan con pesadillas.
La pesadilla es un ensueño de carácter terrorífico que suele despertar al soñante que no recupera el estado de vigilia hasta después de haber pasado un cierto tiempo y haber despertado del todo, a veces es necesario ser despertado, de tan vividos que son los contenidos de la pesadilla, de manera que en cierto modo la pesadilla supone la irrupción de material inconsciente en la interfase de sueño-vigilia. Los materiales que suelen componer estas pesadillas son mágicos y primitivos, contenidos del inconsciente que aun se encuentran activos entre los infantes, a veces monstruos, fantasmas, vampiros o seres mitológicos alimentados por películas o narraciones a las que los niños se exponen demasiado precozmente debido a la ubicuidad de la televisión y a la sobrecarga de imágenes a las que se ven sometidos.
Este tipo de niños suelen poseer una intensa vida imaginativa y presentar alucinaciones hipnopómpicas (al despertar) e hipnagógicas (al dormirse) muy vividas y que suelen recordar estando despiertos confundiéndolas con experiencias reales en estado de vigilia.
Los terrores nocturnos suelen desaparecer con la edad a veces dejando ciertas secuelas de evitación, rasgos de personalidad temerosa o ansiedad o hipersensibilidad sociales. Por el contrario los adultos también pueden tener pesadillas después de haber sido afectados por alguna clase de estrés, destacan sobre todo las pesadillas recurrentes sobre un hecho traumático que acaecen en un trastorno por estrés agudo o postraumatico, quizá el síndrome clínico que con más frecuencia involucra a las pesadillas en el adulto.
El Estramonium es el mejor medicamento homeopático antipesadilla, se trata de una solanácea (datura estramonium) cuyos principios activos (como en el beleño y la belladona) son alcaloides bien conocidos por los médicos, ya que todos ellos contienen atropina. La atropina es un agente anticolinérgico que tiene la capacidad de inducir una intoxicación del SNC con hipertermia que puede ir desde una psicosis con delirio alucinatorio visual, hasta la muerte. Las psicosis atropínicas han sido bien estudiadas a partir de la intoxicación accidental de pacientes que la ingerían y también a través de ciertas practicas psicodislépticas comunes en la cuenca mediterránea con el uso folcklórico de los extractos secos de estas tres plantas, que se utilizaban para inducir trances místicos, midriasis y visiones en el contexto de ceremonias rituales. La atropina sigue utilizándose en medicina como midriatico y sus derivados como la Buscapina como antiespásmodicos, sin embargo el beleño y la belladona han dejado de utilizarse debido a su toxicidad.
Sus formas homeopáticas – sin embargo- poseen enormes indicaciones en psiquiatría homeopática como antipsicóticos homeopáticos, de ellos el estramonio posee indicaciones en los delirios de tipo religioso y el Hyosciamus (beleño) en los celos delirantes o delirios eróticos (erotomania de Clerambault). Mi experiencia sin embargo con estos fármacos se limita al tratamiento de algunos casos de estrés postraumático con pesadillas terroríficas y en las pesadillas infantiles. El estramonio homeopático (Estramonium Injeel Forte) junto con el Aconitum son los medicamentos de elección con estos pacientes infantes que en ningún caso deberían ser tratados con psicofármacos.

Autor: Francisco Traver.
Fuente: Neurobudismo

On evidence-based medicine

I am grateful to Matilde for asking me to write this preface. ‘Evidence-based medicine’ (EBM) is a theme which has exercised me for years. Superficially innocent and well-meaning it is however a destructive confidence trick and one which needs determined opposition before it is adopted by developing countries. The damage it has caused to the practice of psychiatry in the ‘developed’ world may well prove to be irreparable.

Since EBM came into fashion, the concept of evidence itself has come under scrutiny, particularly in the hands of those who have taken issue with the view that to be ‘scientific’ (and hence ‘ethical’) medical practice should be exclusively governed by guidelines. Undertaken from the perspective of historical etymology and semantics, the said scrutiny triumphantly shows that because the signifier ‘evidence’ refers to an ambiguous ‘signified’, EBM is just a confusing and confused fashion.

Although useful, this criticism is insufficient. The Achilles heel of EBM is to be found elsewhere, deep into the concept of science that it peddles and in the links it has with the business subculture which from the start has been its driving force. Were it not because of the fact that EBM is negatively affecting the quality of doctoring and patient care many might just want to dismiss it as a little neocapitalist ploy to make an ‘honest buck’.

The deeper issues
There is little ‘evidence’ available to show that running medicine on the basis of EBM has statistically significant advantages upon the old system that it has replaced, namely the one based on medical experience, authority, and the placebo effect generated in the bosom of the doctor-patient relationship. This is not surprising for after all such ‘evidence’ could only be obtained from running a major ‘controlled trial’ comparing the two systems, and most people would consider such a trial as practically impossible to carry out. So, we are faced with the paradoxical situation of doctors being asked to accept a radical change in the way they practice their trade (i.e. abandon the wise counsels of their own experience and follow some impersonal statistical dictates) NOT on the basis of actual ‘evidence’ but only on the ‘say so’ of statisticians, theoreticians, managers, purpose-built enterprises (like the Cochrane Institute) and investment capitalists, i.e. on the ‘say so’ of precisely those who stand to make money out of EBM.

The real issue with the term ‘evidence’
It was mentioned above that critics had commented upon the way in which the multivocalness of ‘evidence’ rendered EBM unworkable. This needs to be unpacked. In English ‘evidence’ has two central meanings. There is the ‘ontological’ usage (the oldest) which goes back to ‘Energeia’, which was one of the Greek criteria for ‘truth’ and ‘objectivity’. ‘Energeia’ referred to the basic situation where an object presented itself fully and ostensibly to the observer’s perception. Given the metaphysics of perception predominant at the time, this meant a ‘physical’ contact between object and man. This constituted primary, unmediated ‘evidence’ for the existence of the object in question.

The second English meaning is epistemological and relates to having ‘grounds for belief’ in something. Now, what actually constitutes ‘having grounds for saying so and so’, however, has never been part of the ‘definition’ of evidence. The reason is obvious: throughout history such grounds have been negotiable for they depend upon epistemological fashion. So, in relation to its etymology it is not so much the problem that the term ‘evidence’ is confusing, but that its correct application requires an epistemological apparatus whose specification has changed over the years.

Thus whilst it is true that in some cases (e.g. a Court of Law) the epistemological usage can be made to be based on a putative ontological meaning (the fact that witness saw X doing a deed can be taken as evidential grounds to believe that ‘X is the murderer’), in the case of EBM this cannot apply, as the ‘grounds for believing’ that treatment T works (epistemological usage) is not based on any objective ‘perception’ (ontological meaning) of any type but on a numerical sleight of hand, namely, that an arbitrarily chosen statistical significance (say 5%) is present and that this 5% is tantamount to ‘seeing’ some kind of ‘object’ that can be defined as objective or truthful.

The Achilles-heel of EBM
To deal with this it is necessary to provide a modicum of background information. The story starts during the 1920s when the old definitions of ‘scientific objectivity’ (as sponsored first by 17th century Baconianism and 19th century Comtian positivism) came under attack. Both had been based on different forms of inductivism and experimentalism, i.e. on the view that nature can be interrogated or even tricked into ‘giving answers’ - Galileo, Newton, and the whole of Enlightenment descriptivism illustrate this trend. Finally, in the 1840s, John Start Mill put all this together by listing in a canonical inductivist textbook the logical rules that allowed to obtain universal knowledge from the analysis of a sample of specimens. Interestingly enough, all that Mill did was to re-state the way in which the mind of any expert (whether medic, plumber, lawyer or engineer) operated to extract ‘generic information’ from their experience.

By the end of the 19th century, everything that Mill had stood for came under attack. To the new philosophy of science (as developed by Frege, Russell, etc.) the view that knowledge could be based on personal ‘experience’ (a psychological concept) was abhorrent; instead it proposed that logic and mathematics were to be the new foundations of knowledge. This marked the end of ‘psychologism’ and Comtian positivism and led directly to the development of the logical positivism of the Vienna circle, that is, of the idea that a statement could only be truthful when ‘verified’, i.e. that its meaning consisted in the set of operations that specified how such verification could be implemented.

Soon enough it became clear that ‘operational verificationism’ was unworkable and modifications were introduced to make it work such as softening the definitions of ‘truth’, ‘verification’, and ‘knowledge’. Another opportunity was offered by the development of statistical techniques, most of which were constructed in England by men like Fisher, Pearson, and Kendall. What has been called the ‘probabilistic revolution’ describes the importation of probabilistic thinking into biology and the social sciences. Additional help came from the erosion of Newtonian fixed time-space ‘objectivity’ occasioned by the views of Einstein, Heisenberg and Gödel according to which definitions of reality needed to be corrected or completed by the perspectival presence of the observer or by information which was not contained within such definitions. By the end of the interbellum period ‘objectivity’ and ‘truth’ had been recast as ‘probabilistic concepts’ capturable by means of statistical analysis and determined by an (arbitrary) level of statistical ‘significance’.

Probability arrives in Psychiatry
Without realizing the important epistemological and ethical repercussions that this major change in scientific Weltanschauung was going to have, the probabilistic proposals were soon embraced by all and sundry. An immediate consequence of such a change was that crucial epistemological rights and duties (the sense of responsibility that all ‘scientists’ must have in relation to the narratives they create) were abolished. Somehow, knowledge was now to be determined by impersonal mathematical mechanisms, knowledge was value-neutral, and science was the only generator of knowledge. Personal experience and wisdom, the noble notion of Sophia was to be discarded as a source of bias and of distortion of the truth.

Achieved first in the hard natural sciences, this shift reached medicine and the social and human disciplines only after the Second World War. Psychiatry resisted until the 1960s but via the Trojan horse of drug trials it allowed a modicum of statistical analysis. I do vividly remember this change for at the time I was assistant to Professor Max Hamilton from Leeds University and the man who introduced medical statistics into psychiatry. Ab initio, such analysis was only used to evaluate drug trials and most psychiatrists were sensible enough to believe that once the results of the trial were determined, Sophia (wisdom) and Empeiria (experience) took over and the psychiatrist could freely negotiate in the intimacy of the doctor-patient relationship what was best for his/her individual patient.

The birth of EBM
But as it is always the case, greed prevailed. Research groups and Institutions that originally had been created to garner information on cancer trials were emboldened into believing that their activity could be extended to all areas of medicine including psychiatry. To do this a new ‘philosophical justification’ was needed. Meta-analysis, an old and weak statistical technique was elected as the best candidate to become the ‘final arbiter’ and all its mathematical and statistical weaknesses were dismissed as minor when compared to its wonderful synthesizing advantages. The magic word ‘evidence’ was dusted up and imported into medicine with blatant disregard for its meaning and usefulness, and ‘evidence-based’ medicine was born as a post-hoc conceptual justification for what was just the obvious new business of constructing and selling clinical information.

Not surprisingly, the pharmaceutical industry supported these manoeuvres for they soon realized that drugs that could ‘pass’ the meta-analytical test would acquire a new legal and ethical force, particularly if Governments were persuaded to issue prescribing ‘guidelines’. It is likely that the brighter in their midst also realized that such guidelines would in practice destroy therapeutic spontaneity in Psychiatry and change the ancient creative and flexible art of prescribing into a regimented, mechanical activity which in practice not even requires that issuers of psychiatric prescriptions be medically qualified.

Summarizing
To summarize, the nonsense of, and harm caused by, EBM does not stem out of the semantic ambiguities of the word in question nor of the fact that the court-philosophers that constructed it did not observe historical niceties. Its problem stems out of a much deeper epistemological travesty itself the result of a reification of the activity of prescribing and looking after people suffering from mental disorder. This reification in turn related to the needs of the neo-capitalistic economy to open up new markets and create new consumeristic needs.

First of all, it is an epistemological travesty for it proposed a view of the activity of doctoring which is inappropriate and harmful. This view relates to old-fashioned verificationism, an epistemological approach to meaning that has been abandoned even by physics, the mother of the old natural sciences. Given that next to nothing is known about the causes of mental disorder, the idea that it is possible to create systems of assessment based on speculative aetiologies is ludicrous, dangerous, and unethical. Given that throughout history all treatments meted out in psychiatry seem to have worked according to Black’s law of thirds (one third recovers, one third recovers partially, and another does not, thus giving a good 66% recovery rate - which is what we still get nowadays), and that we know very little as to the nature and role of the placebo effect in these figures, then it is irresponsible to cover this up by means of meta-analysis and related techniques which have little mathematical sensitivity to detect detail at the lower levels (i.e. at the level of people actually taking the pills).

It is also an epistemological travesty for psychiatrists are being asked to accept EBM without any evidence other than the moral blackmail created by claims that mathematics are the highest form of science and hence anything which is ‘mathematically demostrable’ trumps everything else. No defender of EBM has ever explained why it is that a large scale trial designed to demonstrate that prescribing and therapeutic decision-making based by EBM is significantly better than decision-making based on the wisdom and experience of physicians.

It is a moral travesty for in order to quantify, cost and govern ‘prescribing’ (which should be considered as just a minor component of the doctor-patient relationship) EBM needs to implement a wholesale reification of the contents of such a relationship including the deep emotional human negotiations and the elusive intersubjective placebo response it contains. In this context ‘reifying’ means rendering human relationships into inanimate objects or things, divesting them of all dynamism, personal value and meaning. Once reified these human relationships by themselves can no longer explain change, and any change that is measured by ‘outcome studies’ has to be attributed to the ‘active’ ingredient, namely the drug in question. To say that such dynamic changes are perfectly managed by the fact that fair drug trials are ‘controlled’ and ‘double-blinded’ etc, etc. is not sufficient as interactions between such dynamic factors and the drug effects may occur at a non-conscious level and remain beyond the reach of the controlled design.

It can even be granted that reification does not result from the malfeasance of a few court philosophers. Since the classical writings by Marx and Lukács it is known that such changes come from deep in the heart of the economic system still pervading the West. Considering Health as just another commodity that can be sold and bought is part of this process. Cleverly sold to people as the right to choose when and where to buy health with their own money (witness of this is the current debate going on in the USA just to create a timid generic and free national health care system), the language in which health services are currently sold imitates the language of supermarkets. There are no longer patients but ‘purchasers of health’, doctors ‘sell health’ and hence it is expected that like a pair of shoes the goods sold must come under strict regulations and be perfect.

The illusion of having a supermarket of health has for good destroyed the doctor-patient relationship. The latter has become a business contract subjected to all the legal paraphernalia of the market place, and the press and internet have made sure that ‘purchasers’ of health are aware of their rights to get perfect health. Since doctoring will for ever remain an imperfect art, a defensive industry has been born to ‘protect’ doctors from selling faulty goods and this has enlarged an already expensive health budget. EBM thrives in this environment for it sells ‘evidence’ to lawyers working for both purchasers and sellers of health.

And in the middle of this feeding frenzy, where everyone wants to make an ‘honest buck’ the old doctor-patient relationship, and the old suffering patient, have disappeared for ever. This is what is really wrong with EBM.


Author: Professor German E. Berrios. University of Cambridge, UK.
Published as editorial in psicoevidencias.es the 26th. february 2010.
Source: Psicoevidencias