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Aprendiendo de la historia (de la Homeopatía)

Dicen que es bueno conocer la historia para no repetirla, para no caer en los mismos errores que ya cayeron nuestros ancestros. Lamentablemente ese consejo se sigue poco, y se repiten y se repiten las mismas equivocaciones. Aquello de tropezar con la misma piedra varias veces, peor que los burros.

Esta introducción viene a cuento por lo que está ocurriendo con la Homeopatía en España y en el mundo. La oposición a la Homeopatía es constante desde su fundación. Ya Hahnemann tuvo que lidiar con ella. ¿Hemos aprendido alguna lección a lo largo de más de dos siglos de andadura?

Los detractores de la Homeopatía existieron entonces y existen ahora, a pesar de las diferentes condiciones sociopolíticas. La oposición de los médicos alópatas (ahora les llamamos “convencionales”) se ha mantenido a lo largo del tiempo, a pesar de la prevalencia de la práctica homeopática y de sus evidentes resultados beneficiosos para la salud. En distintas épocas los éxitos terapéuticos se han  observado en distintas patologías. 

Al principio, fueron muy definitivos con el tratamiento de las epidemias infecciosas que afectaban a gran parte de la población; ahora son más claros con las enfermedades crónicas, la mayoría incurables con la terapéutica química, que precisan de tratamiento continuo, con añadido de efectos secundarios.

La historia del auge y el declive de la Homeopatía en EEUU es un ejemplo claro de la actitud de los médicos, tanto alópatas como homeópatas. Harris Coulter, un historiador de la medicina y, en especial, de la Homeopatía, realizó un estudio exhaustivo de la historia de la medicina en Occidente, desde Hipócrates hasta el siglo XX, poniendo de relieve los conflictos entre médicos alópatas y homeópatas. Su obra cumbre, en 4 gruesos volúmenes, fue Divided Legacy. Una historia del cisma en el pensamiento médico. Ya sea porque no se ha leído (-se leen poco los libros de historia, además de no estar éste traducido al español-) o si se ha leído porque no se le ha hecho el caso suficiente, la cuestión es que, en la historia del desarrollo de la Homeopatía en EEUU, la actitud de los médicos da indicios suficientes del colectivo con el que estamos profesionalmente implicados. Y debería darnos claves para saber cómo actuar, para no caer en los mismos errores que ya cayeron nuestros predecesores.

Vamos a intentar resumir el problema de la forma más concisa y clara posible.

La medicina es un negocio. La medicina en sí misma no es un negocio, no lo ha sido en otras épocas; lo es sobre todo en el sistema económico capitalista que tenemos ahora. Quien se opone a dicho negocio puede tener graves problemas. Un ejemplo se muestra en la película Un jardinero fiel, del 2005; hasta entonces no se había realizado ninguna película que criticara los tejemanejes de la industria farmacéutica. Para los que no habéis visto la película, se basa en una novela de John Le Carré, donde se investiga un asesinato relacionado con la sospecha de malas prácticas empresariales en la investigación de un nuevo medicamento con riesgo para la población de Kenia a quien se le administra.

Todas las partes son cómplices de dicho negocio. Tanto políticos de la sanidad, gestores de la salud, como médicos,  enfermeros, y, por supuesto, la industria farmacéutica. Son escasas las voces que se alzan criticando esta situación, honrosas excepciones de algunos profesionales, entre ellos, clínicos como los médicos de familia Juan Gervás, del equipo Cesca[i], y Abel Novoa, de la plataforma NoGracias[ii], el farmacólogo Joan-Ramon Laporte, entre algunos pocos, que parece que tienen poca repercusión mediática.

La Homeopatía, dentro de la medicina, supone un negocio limitado. Por un lado, pone en entredicho el uso de muchos medicamentos químicos de escasa o nula utilidad o con demasiados efectos adversos, para los que la Homeopatía ofrece alternativas terapéuticas inocuas y eficaces; por otro lado, supone una competencia con la medicina alopática (llamada ahora “convencional”), al ofrecer tratamientos efectivos para la mayoría de patologías agudas y crónicas. En una reunión de la Asociación Médica Americana, uno de los médicos ortodoxos más respetados dijo que “debemos admitir que nunca luchamos contra los homeópatas por cuestión de principios, sino porque vienen y nos quitan el negocio”.[iii]

Los tratamientos homeopáticos son baratos. Incluso en las condiciones actuales del mercado farmacéutico, cualquier tratamiento homeopático es mucho más barato que cualquier tratamiento químico convencional, empezando por el uso de un solo medicamento, donde la medicina convencional prescribe varios. Hahnemann también tuvo conflicto con los farmacéuticos de su época, por el uso tan limitado de medicamentos, y, además, porque los daba él mismo para asegurarse de su forma de preparación. Sin llegar a la propuesta, ya olvidada, de Hahnemann, de un solo laboratorio nacional, que asegurara el suministro de medicamentos homeopáticos bien elaborados.

Cualquier medicina barata es un peligro. Además de la Homeopatía, cualquier forma de tratamiento que por su idiosincrasia abarate los costes supone un riesgo para el negocio de la salud, entre otras cosas porque pone en evidencia los exagerados recursos que se dedican a la fabricación de medicamentos químicos. Aquí podemos incluir a todas las formas de medicina tradicional, natural, y todas las técnicas que prescinden de medicamentos (higienismo, dietas, masajes, imposición de manos, manipulaciones, etc).

Hay que ser conscientes que estamos hablando del tercer sector de la economía, detrás de la venta de armas y el narcotráfico. La revista Forbes publicó en 2015 un artículo sobre los sectores de negocio más rentables en EEUU. En lo alto de la lista destacaban las tecnologías de la salud, incluyendo las farmacéuticas, con 21%. Las tres principales empresas farmacéuticas: Pfizer, Merck & Co y Johnson & Johnson, todas presentan tasas de beneficio del 25% o superiores. Los EEUU se embolsan la mayor parte (45%) de esos ingresos, seguido por las industrias de la salud europeas, que se encuentran en declive.

Después de la Standard Oil de Rockefeller (hoy Exxon), el segundo conglomerado de empresas farmacéuticas y petroquímicas más grande del mundo durante la primera mitad del siglo XX, fue del grupo IG Farben con sede en Alemania. Este conglomerado de empresas fue el factor principal que explica la subida de Hitler al poder y su invasión conjunta de Europa y del mundo. De hecho, la Segunda Guerra Mundial fue una guerra de agresión preparada, comenzada y dirigida desde los consejos de planificación de IG Farben. IG Farben fue la accionista principal de la Standard Oil de Rockefeller, y viceversa. En el Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg de 1947 contra los directores del cartel IG Farben, algunos de ellos (24 ejecutivos) fueron declarados culpables y condenados por cometer crímenes contra la humanidad, como masacres, pillaje y otros delitos. El Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg también desmanteló el cartel IG Farben, que se disolvió en las empresas Hoechst, Bayer y BASF. Hoy en día, cada una de estas sociedades es más
grande que su antigua sociedad matriz IG Farben en aquel momento.

Una condición previa para el auge de la industria farmacéutica como fulgurante negocio de inversión fue la eliminación de la competencia de las terapias seguras y naturales, ya que éstas no son patentables y sus márgenes de beneficio son escasos. Y  esto es lo que seguimos viendo hoy en día.

Conclusiones
1.- La defensa del gremio médico en su conjunto, por parte de los dirigentes políticos (nacionales y de las organizaciones profesionales) supone siempre un detrimento para los homeópatas, porque siempre son una minoría. Las negociaciones con ellos son inútiles por infructuosas.
2.- La industria farmacéutica dominante hará siempre todo lo posible para evitar el desarrollo de la Homeopatía (y de cualquier terapia que se erija como alternativa a los medicamentos químicos y cuyos productos no sean patentables), porque pone en peligro su propio desarrollo.
3.- Las organizaciones médicas y la industria farmacéutica suelen coincidir y colaborar en muchas cuestiones de interés mutuo, que no incluyen a la Homeopatía, o quizás sí, su crítica.
4.- Pretender que los médicos convencionales escuchen las reivindicaciones de los homeópatas es pecar de inocencia. ¿Por qué les podría interesar a los médicos alópatas llegar a un acuerdo con los homeópatas?
5.- Cuando los homeópatas se esfuerzan en complacer a sus “colegas” alópatas, eso suele ir en detrimento del ejercicio de la Homeopatía: la formación y la práctica homeopáticas se “alopatizan”, se deja de tratar la totalidad sintomática a expensas de prescribir por la patología o la queja principal (sin modalizar).
6.- Lo anterior, junto a otras razones, favorece la desunión entre los propios homeópatas, haciéndoles perder fuerza, la fuerza minoritaria que ya tienen.
7.- La única fuerza que podemos tener los homeópatas son los resultados, valorados por los médicos y los pacientes, y reivindicados a través de organizaciones de homeópatas y de pacientes y usuarios. Por lo tanto, manteniéndonos en una práctica homeopática rigurosa, sin concesiones a la medicina oficial predominante.

Los homeópatas siempre hemos sido minoría en el sector médico, y probablemente seguiremos así durante mucho tiempo. Sólo podemos blandir el argumento ético del respeto a las minorías, en una sociedad supuestamente democrática: la minoría de médicos que ejercen libremente la Homeopatía y la minoría de pacientes que la eligen libremente como opción terapéutica, ambos satisfechos con ella.

¿Seguiremos repitiendo los errores históricos que diezmaron a la Homeopatía en el pasado o miraremos hacia el futuro para forjar un nuevo camino?


Notas sobre la historia de la Homeopatía en EEUU[iv]
Como ya hemos dicho, una de las razones principales por las que a los médicos convencionales no les gusta ni la Homeopatía ni los homeópatas es porque les quitamos el negocio, no es por cuestión de principios, que en todo caso es una buena excusa.[v]

En Estados Unidos los homeópatas crearon una asociación médica nacional en 1844 (el American Institute of Homeopathy), que fue la primera asociación médica americana, dos años antes de fundarse la American Medical Association (A.M.A.) en 1846, en parte para frenar el auge de la Homeopatía.[vi] Varios miembros de la A.M.A., que eran particularmente adversos a la Homeopatía de hacía tiempo, decidieron purgar todas las asociaciones de médicos locales donde hubiera homeópatas.[vii] Además de ello, desalentaron la asociación con homeópatas; en 1855 la A.M.A. estableció un código ético donde sancionaba a los médicos ortodoxos con perder su condición de miembro si tan solo consultaban a un homeópata o a cualquier practicante “irregular”, cosa que en algunos estados suponía la pérdida de la licencia para practicar medicina.[viii]

Hacia el 1900 existían 22 escuelas médicas homeopáticas, más de 100 hospitales homeopáticos, unos 60 orfanatos y residencias de ancianos, y más de 1.000 farmacias homeopáticas en E.E.U.U. Las estadísticas indican que el número de homeópatas en Nueva York se doblaba cada cinco años entre 1829 y 1869. Según la Comisión de Educación de E.E.U.U., tres de las cuatro escuelas médicas con las bibliotecas más grandes eran homeopáticas. Y a finales de siglo XIX, existían unas 29 revistas homeopáticas diferentes.

Probablemente, la razón principal de la popularidad de la Homeopatía fue el éxito en el tratamiento de varias epidemias infecciosas que asolaron América y Europa durante el siglo XIX. Las estadísticas indican que la mortalidad en los hospitales homeopáticos por dichas epidemias a menudo era de la mitad a una octava parte de la que se daba en los hospitales médicos convencionales.

En 1910, la Fundación Carnegie publicó el famoso/infame informe Flexner. El informe Flexner era una valoración de las escuelas médicas americanas presidido por Abraham Flexner, en colaboración con líderes de la A.M.A.[ix] Con pretensiones de objetividad, el informe establecía directrices para sancionar a las escuelas médicas ortodoxas y condenar a las homeopáticas. Como consecuencia de dicho informe, sólo a los graduados de las escuelas que recibían una alta valoración se les permitía realizar los exámenes para licenciarse en Medicina. De los 22 colegios homeopáticos que había en 1900, sólo quedaban dos en 1923. Para hacer frente a las directrices y para poder acceder a los nuevos exámenes de licenciatura que exigían ciencias básicas, los colegios homeopáticos decidieron ofrecer más formación en patología, química, fisiología, y otras ciencias médicas. Aunque ofrecían mejor formación en esas disciplinas, la formación homeopática se resintió.[x] Como resultado, los graduados de esos colegios homeopáticos estaban menos preparados para practicar bien la Homeopatía: en lugar de individualizar los medicamentos según la totalidad de los síntomas de la persona, muchos homeópatas empezaron a prescribir medicamentos en función de las enfermedades. Las consecuencias de ese tipo de práctica eran resultados predeciblemente pobres, con lo que muchos homeópatas renunciaron al ejercicio homeopático y muchos pacientes homeopáticos buscaron otras formas de tratamiento.

Quizás la historia hubiera cambiado si John D. Rockefeller, un fuerte defensor de la Homeopatía, hubiera concedido mayores subvenciones a las instituciones homeopáticas. Instruyó a su asesor financiero, Frederick Gates, para hacerlo así, pero éste, ferviente defensor de la medicina ortodoxa, no cumplió las órdenes de Rockefeller[xi]. Esa pérdida de financiación fue trágica, pues supuso unos 300-400 millones de dólares, a principios del siglo XX, que fueron a parar a instituciones médicas ortodoxas.

Además de varios factores externos que obstaculizaron el crecimiento de la Homeopatía, también hubo problemas entre los mismos homeópatas. El desacuerdo dentro de la Homeopatía tiene una larga tradición. Los más famosos homeópatas norteamericanos fueron hahnemanianos. Sin embargo, la mayoría de homeópatas no prescribían sus medicamentos en base a la totalidad de los síntomas, sino principalmente según la queja principal; eran lo que Hahnemann, ya en su tiempo, llamó pseudohomeópatas. Las escuelas de altas y bajas potencias desarrollaron organizaciones, hospitales y revistas separados. En 1901, debido a ese desacuerdo, en Chicago existían cuatro asociaciones médicas homeopáticas diferentes.

Hacia 1950 todos los colegios homeopáticos de EEUU fueron cerrados o ya no enseñaban Homeopatía. Sólo quedaban 50-150 médicos homeópatas practicantes, y la mayoría tenían más de 50 años.



[iii] Martin Kaufman, Homoeopathy in America, Baltimore: Johns Hopkins, 1971, 158.
[iv] Selección y traducción del artículo A Condensed History of Homeopathy de Dana Ullman, leído en junio 2019 en https://homeopathic.com/a-condensed-history-of-homeopathy/
[v] Martin Kaufman, Homoeopathy in America, Baltimore: Johns Hopkins, 1971, 158.
[vi] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 124-126.
[vii] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 199.
[viii] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 206-219.
[ix] Paul Starr, The Social Transformation of American Medicine, New York: Basic, 1982, 119.  Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 446.
[x] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 444.
[xi] E. Richard Brown, Rockefeller’s Medicine Men, Berkeley: University of California, 1979, 109-111.

FAQ (Preguntas y Respuestas Frecuentes) sobre homeopatía

La homeopatía es polémica.

Es fácil encontrar personajes públicos que hacen declaraciones sonadas contra la homeopatía. Pero muy poca gente ha tenido la oportunidad de leer los hechos scientíficos sobre la investigación homeopática.

Vamos a tomar las frases que más se suelen repetir sobre la homeopatía y vamos a ver hasta qué punto son precisas, según la evidencia científica de la que se dispone hasta ahora.


“No hay evidencia científica (de que) lhomeopatía funcione”

“No hay ni un ensayo de buena calidad que demuestre (que la) homeopatía funciona”

“Los científicos dicen la homeopatía es imposible”

“No llevan nada – solo son bolitas de azúcar”

“La homeopatía es solo efecto placebo”

“La homeopatía es un despilfarro del dinero de los contribuyentes”

“Si se hiciera una prueba comparando la homeopatía con la medicina convencional se vería que no funciona”

“La investigación (que se ha hecho sobre) homeopática es de mala calidad”

“Los mejores ensayos demuestran que la homeopatía no funciona”

“La idea de que “lo similar cura lo similar” no tiene sentido”

“No se debe utilizar la homeopatía porque no se puede explicar cómo funciona”

“La medicina convencional está demostrada – la homeopatía no”

“La homeopatía no es una ciencia”

Fuente: Homeopathy Research Institute

Flawed report on Homoeopathy by NHMRC, Australia


Sir

This refers to a news item on Homoeopathy published recently in your newspaper. I write to you as a representative of LMHI, an international body which strives to preserve and promote the homoeopathic science worldwide.

I am to mention that the scientists of the research committee of LMHI have carefully studied the report on which your news was based and found that the recent statement released on 11 March 2015 by National Health and Medical Research Council (NHMRC), Australia is erroneous and unscientific. LMHI has prepared a press release to counter the report. I request you to publish the press release enclosed with this letter, along with a rejoinder conveying the sentiments of the homoeopathic community.


It is worthy to mention here that there is dire need to inform public that the NHMRC report is flawed in the following ways:

1. Inappropriate Methodology was adopted for review of a few selected studies on Homoeopathy, ignoring Randomised Control Trials with strongly positive results (evidence level 1 as per international standards).

2. Selective Research of limited database was carried out, with exclusion of many studies with encouraging to positive results, as well as the studies published in a language other than English. Many positive studies in favour of Homoeopathy, since they come from France or Spain, have, therefore, been ruled out.

3. Lack of Expertise was conspicuous with NHMRC not appointing a single homeopathic expert to the Review Panel, and its reviewers did not have even basic knowledge of Homoeopathy, let alone understanding the sensitivities while analysing the outcomes of research studies in Homoeopathy.

4. Weak evidence picked up for this review is another matter of concern. The review committee analysed only one set of reviews, ie, systematic reviews. In scientific terms, these reviews do not hold a high seat as per the concepts of Evidence-based science. One cannot expect a review based solely on weak evidence to lead to a reliable or strong outcome.

5. Ignoring opinion of experts who were consulted prior to publication of the report reflects the autocracy of NHMRC, breaching the standard protocol adopted for such reviews. Two out of three experts had expressed numerous concerns about the report, which seem to have been conveniently ignored.


Such flawed reports are highly misleading and negatively impact the users and professionals of Homoeopathy, who have been benefitted from Homoeopathy. It is best to investigate the viability of such a report before it is rolled out to masses. Homoeopathy is more than 200 years old science which has been effectively used for several clinical conditions, both sub-acute and chronic, ranging from respiratory, skin, gastric complaints to joint problems, psychological or behavioural problems and many childhood illnesses. Homoeopathy is safe and free from adverse drug effects or drug dependence, which is a common problem of many other kinds of treatment methods. It is increasingly becoming the most preferred system among alternative therapies.

In India, Homoeopathy has been practised since the advent of the 19th century. India produces finest quality of homoeopathic drugs and has well-qualified doctors who after a rigorous education and training of 5.5 years, are well verse with the concepts of biomedicine as well as with Homoeopathy.
These registered homoeopathic doctors, the count of which is over 300 thousand in India, are providing healthcare and benefitting the public with the gentle science of Homoeopathy. It is heartening to see how an average patient using Homoeopathy in India is able to save his money and still get cured in the most gentle and permanent manner at the same time. In fact, in India, unlike in the other developed parts of the world, where a substantial part of the budget is allocated only to health, the cost-effectiveness of Homoeopathy makes it an economically viable alternative therapy in healthcare delivery model.

Moreover, the body of evidence on Homoeopathy is building stronger by the day. Recent analyses by several international homoeopathic research bodies have provided adequate evidence that homeopathic medicines have beneficial clinical effects. Amid all this upward growth of Homoeopathy in the world, a biased and flawed review by a small group of non-homoeopaths has to be taken with a pinch of salt. Similar attempts to bring defame Homoeopathy have been made earlier, but to not much success. However, every time such a report or news is published, the users and advocates of Homeopathy feel disgusted, chiefly because of the lack of truth or evidence in such reports.

The magnitude of worldwide condemnation that has followed upon release of the NHMRC report itself explains the dubious nature of the report. The concerns and reactions of several scientific bodies representing the homoeopathic and/or the Complementary & Alternative Medicine (CAM) community have followed this release (URLs mentioned below).

In the best interest of the public, I again request you to publish this rejoinder to the public statement by NHMRC on Homoeopathy, along with the press release of LMHI.


Responses to the NHMRC report:

HRI response

https://www.hri-research.org/wp-content/uploads/2014/10/HRI-Response-to-Australian-NHMRC-Report-2014.pdf

CMA response
http://www.cmaustralia.org.au/Media-Releases/3246880

Australian Homoeopathic Association response 
http://www.homeopathyoz.org/images/news/Open_response_letter_by_AHA_to_NHMRC.pdf

British Homoeopathic Association response
http://www.britishhomeopathic.org/bha-blog/response-nhmrcs-position-statement/

LMHI response
http://www.lmhi.org/home/article/bias-and-flawed-methodology-in-the-nhmrc-report-on-homeopathy


Author: Dr. SPS Bakshi, National Vice-President for India LMHI. March 16, 2015.
Source: LMHI documentation.  

Revisión crítica de la traducción del §9 del Órganon del arte de curar de S. Hahnemann


Alemán original:

Im gesunden Zustande des Menschen waltet die geistartige, als Dynamis den materiellen Körper (Organism) belebende Lebenskraft (Autocratie) unumschränkt…”

Geistartige = como espiritual

Geist = espíritu, mente

Geistesart = mentalidad, carácter, genio

Artig = formal, bueno, cortés, atento

[…artig im adj & adv …-like; apfelartig Geschmack: apple-flavo(u)r; chamäleonartig Anpassung: like a chameleon; schachbrettartig gemustert like a chess board; turbanartig Frisur: like a turban] (Wörterbuch Englisch-Deutsch © WordReference.com 2012)


En el contexto del parágrafo, se entiende geistartige como opuesto a materiellen. El cuerpo material (organismo) y la fuerza vital inmaterial que lo anima. Pero Hahnemann no utiliza immateriell (inmaterial) o unkörperlich (incorpórea), sino el término más equívoco geistartige (como o de aspecto/apariencia/naturaleza/carácter mental o espiritual), aunque quizás en su época no fuera un término tan polémico como ahora y estuviera más en consonancia con el uso popular. Pero, en ningún caso, el término geistartige puede confundirse como un adjetivo de la Lebenskraft, pues se trata de una fórmula comparativa para describir algo por aproximación. Para adjetivar a la fuerza vital como espiritual, en alemán se escribiría “spirituell Lebenskraft” o “geistig Lebenskraft”, pero no “geistartige Lebenskraft”, que es la expresión utilizada por Hahnemann.




Traducciones inglesas:

In the healthy condition of man, the spiritual vital force (autocracy), the dynamis that animates the material body (organism), rules with unbounded sway,…” (Dudgeon/Boericke)

In the state of health the spirit-like vital force (dynamis) animating the material human organism reigns in supreme sovereignity.” (J. Künzli)

In the healthy human state, the spirit-like life force (autocracy) that enlivens the material organism as dynamis, governs without restriction…” (Steven Decker/Wenda Brewster)




Traducción francesa:

« Dans l´état de santé, la force vitale (1) qui anime dynamiquement la partie matérielle du corps exerce un pouvoir illimité. » (A. J. L. Jourdan/Pierre Schmidt)

  1. Texte original : "force vitale immatérielle". (Note de l´éditeur)




Traducción italiana :

« Nello stato di salute, la Forza Vitale (Autocratica) che anima come dynamis il corpo materiale (organismo) governa con potere illimitato… » (Giuseppe Fagone)




Traducciones españolas:

En el hombre en estado de salud la fuerza vital espiritual, la energía (“dynamis”) que anima al cuerpo material (organismo), gobierna con poder irresctricto (autocracia)…” (Jorge C. Torrent)

En el estado de salud, la fuerza vital (autocrática) que dinámicamente anima el cuerpo material (organismo), gobierna con poder ilimitado…” (F. D. François Flores)

En el hombre en estado de salud la fuerza vital como un espíritu de vida (autocrática), que dinámicamente anima al cuerpo material (organismo), gobierna con poder irrestricto,…” (José Matuk Kanan)

En el hombre sano la fuerza vital de naturaleza espiritual, la dynamis que anima al cuerpo material (organismo), gobierna con poder irrestricto (autocracia)…” (Emilio Morales)

Propuesta nuestra: “…la fuerza vital de apariencia inmaterial, a guisa de dynamis (autocrática) del cuerpo material (organismo)…”




La primera traducción del original (de la 5ª edición alemana), la francesa de A. J. L. Jourdan, que data del 1873, consideramos que es de las más fidedignas en este parágrafo, traduciendo en una nota a pie de parágrafo, “geistartige” por “immatérielle”.

Pero la traducción más distribuida y que ha tenido más repercusión internacional fue la inglesa de Dudgeon, que data del 1893, en la que introduce por primera vez el término equívoco de “spiritual” como traducción del “geistartige” alemán.

Todas las traducciones españolas del s. XIX (M. Valero, J. Sanllehy, López-Pinciano, J. Sebastián Coll), anteriores todas ellas a la francesa de Jourdan, obvian la traducción de ese término, lo que hace pensar que efectivamente era un término confuso y/o conflictivo para la época, al menos en la comunidad homeopática hispanoparlante. La traducción mexicana de Higinio G. Pérez de principios del s. XX sigue la misma línea de prescindir del término en cuestión.

La traducción mexicana de Torrent, siendo en realidad una traducción a partir de la inglesa de Dudgeon/Boericke, reproduce la misma confusión. En las traducciones españolas posteriores, hasta las más actuales, dicho término no ha tenido mayor fortuna, consolidándose en la misma idea de “espiritual”, excepción hecha de la traducción de François Flores, quien recupera la tradición de no traducir el susodicho controvertido vocablo, sin tampoco una nota aclaratoria, como al menos había hecho Jourdan. La traducción italiana obvia también la controversia eliminando igualmente la palabra conflictiva, y las más modernas de Künzli y Decker/Brewster recuperan también una traducción previa del s. XIX, a cargo de Wesselhoeft, tomando partido con una traducción algo más fiel al original (spirit-like) pero sin alejar totalmente la confusión.

La veu remei

Resum
Document amb arguments per a la coexistència de les veus remei, medicament, medecina [cast. remedio, medicamento], com a termes homòlegs complementaris, en el llenguatge i la comunicació científica mèdica, especialment en l'àmbit de l'homeopatia.
La raó per la qual l'he elaborat és per la tendència existent, també a l'AMH de Barcelona, de voler desterrar, entre d'altres, el terme remei (cast. remedio). Veure Editorial Rev. Médica de Homeopatia Maig-Agost 2011.


REMEI (Remedi)
occ. remèdi ; cànt. remediu ; cast. remedio ; it. rimedio ; fr. remède ; eng. remedy ; d. Arznei
caló
èuscar
anaranià ‘analogia’ ar > gr.
hebr. amen ; sanskr. aum [Om]
gr. μ

liri ‘llei’ r
tarpe ‘èter’ ar
rullipate ‘roda’ r
trutar ‘girar’ r
orsó ‘força’ r
diñar
indar
‘donar’
‘força’
ar
> gr.
μ dynamis
ar ‘força/energia activa o
poder positiu’
ar ® Arzt, Arznei
orobrar ‘reflexionar’ r
zarapià ‘sarna, lepra’ ar > psora
gr. μ terapeia, terapèutica,
tractament, cura de les malalties (la psora)!
retrequé ‘pesta, epidèmia’ r
merdipen ‘malaltia, patiment’ r > remedi,
remei;
remedio
morbus
‘malaltia’
> medeor-mederi ‘cuidar,
posar remei, guarir una
malaltia’
remedium, medicamen-tum
merdó ‘malalt’ r > enfermo
merar ‘morir’ r
choró ‘mal, dany, perjudici’ r > xacra
lacra
Krankheit
chinarar ‘ferir’ ar > nafra
chinarelar ‘tallar, ferir’ ar > rajar
eritu > to
hurt
docurdó ‘mestre, doctor’ r > doctor
fulcheró
salamitó
‘metge’ r > Arzt
mitó > Mittel ; medi, medio
chocoronú ‘remei, medicament,
recurs’
r > fàrmac(o) chocoronú > nei > Arz-nei
fermichina ‘apoteca, farmàcia’ r
ocheritó ‘mèrit’ r > Merizina >
Medicina
chirijà ‘doctrina’ r > Cirurgia
churí ‘coltell’ r > bisturí
(baste ‘mà’ +
churí)
arjirú ‘recurs, mitjà’ ar > Ar
chirijà
sastar
‘doctrina’
‘sanar; salvar d’una
malatia’
r > gr.
iatros
‘metge,
cirurgià’
> Arzt ; Arznei

chivarar/
chivelar
‘guarir’ ar > curar ;
to cure
to heal ; zu
heilen
paratató ‘alleujament, consol’ ar relief
pacuaró ‘ordre preciós’ ar ordre ; orden;
order
disorder of body or mind
juré ‘sofre’ r
arate / ratí ‘sang’ ar > roig; red, rot

En totes aquestes veus calós i èuscars (llengües iberes, càntabres, pre-indoeuropees, pre-romanes;
les més antigues de la humanitat, fins i tot molt més antigues que el sànscrit, el grec o el llatí!) veiem la presència del so R, que sí el trobem a la veu remei , però no pas als mots medicament, medecina.

Tant en català, com en occità, com també en castellà existeix una llarguísima tradició secular –
documentada ja al s.XIII a Ramon Llull – d’ús viu de la veu remei (cult. remedi ), occ. remèdi, cast.
remedio, per a significar “allò que és emprat per a guarir o alleujar una malaltia, un mal.”
Exs. Un remei eficaç. Un remei empíric. Un remei casolà. Un remei heroic. Donar un remei. Prendre un remei. Un remei de bon prendre. És una malaltia, un malalt, inguarible: no té remei. Posar remei a la tristesa d’algú. Si no hi posem remei, això acabarà malament. A grans mals, grans remeis. Qui té mal, cerca remei. Tot té remei, fora la mort. És pitjor el remei que la malaltia. El millor remei és el que cura. L’únic remei per a la superstició és el coneixement,…

A més a més, la llengua catalana es caracteritza i distingeix per la seva riquesa en monosíl labs, mots
pronunciats en un sol cop de veu, la qual cosa palesa el seu esperit d’afinació, de síntesi, de precisió i
brevetat. De tots és sabut que per dir el mateix, el català és més breu que el castellà.
Ens trobem ací davant la veu remei que és bisil.làbica [2], mentre que la veu cast. remedio ja és
trisil.làbica [3]; però tant el mot medicament com el mot medecina són tetrasil.làbics [4], essent el cast. medicamento pentasil.làbic [5]!

En anglès, remedy: applies to a substance or treatment that is known or regarded as effective in bringing about recovery or restoration of health or the normal functioning of the body. (Webster’s New Dictionary of Synonyms).
remedy : medicine, means of relief. : a cure for a disease or other disorder of body or mind; any medicine or treatment which alleviates pain and promotes restoration to health. (Oxford English Dictionary)

En alemany, la diferència semàntica entre els termes següents s’entèn a partir de la seva etimologia caló (arjirú, chirija, sastar, chocoronú; salamitó ) . Veure taula ­:
Arzt ‘metge’ < gr. < arjirú + chirija + sastar
Arznei ‘remei’ < Arzt
Arzneimittel ‘medicament’ < Arznei + salamitó
Heilmittel ‘medicament guaridor’ < chivelar + salamitó.

El terme medicament indica pròpiament el mitjà (medi-o, means, Mittel ) que el metge (fulcheró,
salamitó ) proporciona al malalt per al seu mal. Aquest terme certament conserva el fonema c original del caló chocoronú , el qual és inherent al terme fàrmac (< fermichina), i aquesta és la seva gran virtut, però en haver perdut el fonema r propi de remei (remedi), remèdi, remedio, remède, rimedio, remedy, Arznei,… li manca la força, l’energia (ar) pròpia del recurs (arjirú ) que és característica de tot remei dinamitzat (gr.  μ ‘força, poder’) homeopàtic.

En resum, no hi ha cap raó científica, ni lingüística per haver de prescindir de l´ús de les veus remei,
remedio, remedy, Arznei,… en l’àmbit de la ciència, la medicina i l’homeopatia, i haver de substituir-les pels mots medicament o medecina, medicamento, medicine, Medikament, Medizin,…, ja que l’abandó de la veu remei, remedio, amb la presència del fonema r,… constituïria la pèrdua d’un lexema viu, útil i pràctic que té, gràcies al so r, una força significant ben proporcionada a la terapèutica que, per a guarir de forma previsiblement certa cada cas de xacra individual, aplica ‘iatrògenament’ la llei de guarició per l’analogia i administra una substància medicinal dinamitzada ben coneguda per la seva força patógena experimental.

Així doncs, en base als arguments més amunt esmentats, cal que els termes remei , medecina i
medicament segueixin coexistint, complementant-se com a veus homòlogues, en el llenguatge i la
comunicació científica mèdica, especialment en l’àmbit de l’Homeopatia.

Autor: Dr. Joaquim Nabona, MD. jqmnbn@telefonica.net
Barcelona, 09 de novembre de 2011.

La Philhoméosophie


Traçons brièvement un schéma de l'évolution historique de la matière médicale.

Nous pouvons distinguer clairement plusieurs temps successifs dans son élaboration. Et à ce propos, que l’on parle de la matière médicale dans son ensemble et de ses deux siècles d’existence ou d’un remède en particulier, nous pouvons écrire deux histoires totalement superposables. Nous n’en écrirons qu’une et ferons d’une pierre deux coups.
Avertissement : ce texte est un court passage du tome 3 de philosophie homéopathique que j'ai publié en 2011.


Ceci me permettra de vous donner mon avis sur les nouvelles tendances actuelles de l'homéopathie et de justifier ma position en me servant de ma connaissance historique de la philosophie homéopathique et de ses deux siècles d'histoire.

 
Traçons brièvement un schéma de l'évolution historique de la matière médicale.
Nous pouvons distinguer clairement plusieurs temps successifs dans son élaboration. Et à ce propos, que l’on parle de la matière médicale dans son ensemble et de ses deux siècles d’existence ou d’un remède en particulier, nous pouvons écrire deux histoires totalement superposables. Nous n’en écrirons qu’une et ferons d’une pierre deux coups.
• Le premier temps, bien entendu, est l’expérimentation du remède.
• Ce premier temps est immédiatement suivi, est-il besoin de le préciser, d’un second : ranger et publier le matériau ainsi obtenu.

Pas d’expérimentation, pas de matière médicale donc pas d’homéopathie ! Affirmation péremptoire concernant une situation que l’on souhaiterait idéale mais la réalité est tout autre ! Parmi les entorses à cet idéal, des positives et d’autres qui le sont moins ! Dans les premières, un exemple concret, très connu : Carcinosinum, enfant naturel de l’unicisme né du seul usage clinique … et dans les secondes, la vedette incontestée des labos : Oscillococcinum[1] ! Entre ces deux poids lourds, une kyrielle de remèdes ayant obtenu leur place dans la matière médicale par la petite porte soit par le biais de l’usage clinique soit par celui de la seule toxicologie. Exemples … Bellis perennis et Symphytum, pour n’en citer qu’un ou deux.

• L’incorporation répertoriale constitue le troisième temps important dans la vie d’un remède. Mais le plus souvent, son importance est ignorée tant cette phase nous paraît évidente. Intégrer un remède dans un répertoire, c’est le rendre utilisable !

Voici un des points, souvent ignoré qui, aujourd’hui, disqualifie à coup sûr la méthode Boenninghausen. En effet, tous les nouveaux remèdes expérimentés sont naturellement incorporés dans les répertoires “kentistes”, ceux de deuxième génération, les produits dérivés du Kent[2]. Ils ne le sont pas dans les répertoires de première génération (c'est-à-dire dérivés du répertoire de Von Boenninghausen). Peut-être dans celui de Dimitriadis mais jusqu’à présent, la diffusion et l’usage de ce dernier ouvrage semblent rester confidentiels.

Aussi valable, aussi complète, son expérimentation soit-elle, un remède ne sera utilisé que s’il fait l’objet d’une intégration répertoriale sérieuse. Deux superbes exemples sont là pour étayer mon propos : Samarskite, expérimenté par Boger en 1934, un an à peine avant sa mort, une vingtaine de pages de symptômes, jamais intégré, jamais prescrit[3] ; Tungstène expérimenté en 1997 par une équipe anglaise et personne ne connaît son existence malgré un opuscule de plusieurs dizaines de pages !

• Le temps suivant est le temps de la compilation … démarche qualifiée par son caractère exhaustif … le plus grand nombre possible de remèdes … et pour chacun d’eux, le plus grand nombre possible de symptômes. Les porte-drapeaux de ce temps de compilation : hier, Allen (Encyclopedia of materia medica), Hering (Guiding symptoms of our materia medica), Clarke (Dictionnary of practical materia medica) et aujourd’hui, Vithoulkas (Materia medica viva) et, dans une moindre mesure, Vermeulen (Concordant materia medica) pour le support papier.

Mais le support informatique va plus que probablement mettre celui-ci partiellement hors jeu dans les décennies à venir. Ce temps de compilation réalise la mise à disposition du matériau. Compiler, c’est rendre disponible !

• Ensuite vient le temps de la synthèse imposée par les limites de la mémoire humaine et basée jusqu’à présent sur les symptômes caractérisants de la matière médicale c'est-à-dire ceux, physiques ou mentaux, rencontrés le plus fréquemment en clinique donc les plus fiables. Nous pouvons citer ici de nombreux exemples : Boericke, Lippe, Tyler, Vithoulkas (Essence), Lathoud, Vannier, etc. La liste n’est pas exhaustive[4]. Et cette fiabilité est symbolisée le plus souvent, par une mise en relief typographique du matériau en relation directe avec le degré jusqu’ici utilisé dans nos répertoires : le degré de fiabilité de présence du remède dans la rubrique. Synthétiser, c’est rendre accessible ! Notez qu’il s’agit déjà d’une forme de relecture du matériau.

• Le sixième et dernier temps est le temps des relectures. Celles-ci sont multiples.
Tâchons de dresser un état des lieux en ce début de 21e siècle.

Si nous les analysons, nous distinguerons aisément celles dont le but est de faciliter la tâche de l’homéopathe et celles, par contre, dont l’objectif est d’améliorer encore et encore la qualité de la prescription.

Parmi celles qui visent à rendre notre travail moins malaisé, nous venons à l’instant d’évoquer les relectures synthétisantes. Leur but : rendre le matériau accessible en installant un filtre reposant sur la fiabilité des symptômes.

Mais, outre synthétiser, il existe, pour certains homéopathes, une autre façon de poursuivre cet objectif : il s’agit, pour eux, de classifier la matière médicale. Initiative moins heureuse, me semble-t-il.

Avant de poursuivre notre analyse, notons toutefois que rechercher la facilité peut se faire dans deux directions différentes : ou rendre le choix du remède à prescrire moins difficile, ou rendre la mémorisation de la matière médicale moins fastidieuse. Les deux ne sont d’ailleurs pas incompatibles ! Et cela dans le but immédiat de diminuer le nombre d’échecs mais sans tenir compte, malheureusement, de la profondeur et de la pérennité des résultats obtenus.
 
Parmi les relectures classifiantes, nous pouvons distinguer les individuelles et les collectives.

Je classe dans la catégorie “individuelles”, toutes celles où la relecture d’un remède se suffit à elle seule, où elle constitue en soi un travail complet. Elles ne rendent pas obligatoire la relecture d’un deuxième remède pour être utilisable, même si c’est l’ensemble des relectures qui fait l’intérêt du travail. Ces relectures continuent à mettre en évidence ce qui individualise le remède mais dans l’optique cette fois-ci d’obtenir une classification de l’ensemble de la matière médicale. Parmi elles, celles de Woodward et de Hodiamont ou encore de Kollitsch sont les plus représentatives.

Hodiamont revisite la matière médicale à la lumière de la physiologie et de la toxicologie du troisième quart du vingtième siècle. A travers ce filtre, il la classifie. Son unique but est de rendre la matière médicale plus facilement mémorisable. Il n’y ajoute pas un iota ; il éclaire le contenu de façon particulière tout en le respectant.

La relecture de Woodward, basée sur la recherche de la chronologie d’atteinte des fonctions, tente, quant à elle, de faciliter la découverte du simillimum en neutralisant le caractère subjectif de la valorisation des symptômes.

Et je classe parmi les “collectives”, celles où il est obligatoire d’avoir relu un certain nombre de remèdes pour retirer un intérêt du travail. Ici, la relecture d’un remède isolé ne se suffit plus. Ces relectures ne cherchent plus ce qui individualise le remède lui-même mais ce qui caractérise le groupe qui le contient c'est-à-dire ce qui est commun aux différents remèdes qui appartiennent au groupe. Et cela, afin de distinguer chaque groupe soit des autres groupes soit de l’ensemble de la matière médicale. Voilà pourquoi je qualifie ces relectures de collectives.

La notion de groupe peut varier très fort. Le groupe peut avoir son importance par lui seul : les acides, les venins, les drogues, … Ou le groupe peut acquérir son utilité par son “intersection” avec un autre groupe : les préfixes et les suffixes des doubles sels, les lignes et les colonnes du tableau de Mendeleïev. Ou le groupe peut implicitement revendiquer une place particulière dans un système qui prétend, tout aussi implicitement, embrasser la totalité de la matière médicale. Prétention tout à fait utopique d’ailleurs !

Citons les auteurs actuels les plus connus partisans de cette façon de classifier : Lou Klein, Massimo Mangialavori, Jan Scholten, et Rajan Sankaran.

Quant à ces relectures, elles ont toutes ceci en commun qu’elles ont classifié les remèdes pour tenter d’en faciliter la prescription. Leur notoriété est proportionnelle à l’étendue du champ qu’elles embrassent. Aussi Scholten et Sankaran sont-ils les plus intéressants à étudier.

Aucune de ces relectures ne prétend à l’amélioration qualitative de l’action du remède prescrit. Sauf peut-être celle de Sankaran ! L’intérêt de ce dernier pour ce qu’il nomme la “sensation vitale” du patient pourrait nous porter à le croire mais sa non-prise en compte du facteur temps lui fait alors manquer totalement cet objectif.

Ces relectures collectives modifient fondamentalement la façon de rechercher le simillimum. Il ne s’agit plus, comme l’avait défini Hahnemann, de rechercher la similitude entre la symptomatologie d’un malade et la symptomatologie d’un remède. Il ne s’agit plus non plus d’individualiser la connaissance de chaque remède jusqu’à son point le plus ultime. Il s’agit d’organiser l’ensemble de la matière médicale, d’y tracer, d’une façon ou d’une autre (quadrillage, arborescence … peu importe!), une cartographie qui doit amener le praticien à découvrir plus facilement le simillimum.

Ni l’une ni l’autre de ces relectures ne semblent accorder d’importance au facteur temps. Ni à l’historicité des symptômes du patient pour les valoriser ni surtout à la pérennité des résultats obtenus par leurs méthodes de prescription. L’absence totale de prise en compte de ce dernier élément me paraît très dommageable, rédhibitoire même parce que contraire à l’objectif clair défini par Hahnemann dans ses “maladies chroniques”. Effets collatéraux négatifs de ces démarches, en même temps qu’elles rendent inutiles la mémorisation de la matière médicale, qu’elles l’escamotent même carrément, elles mettent toutes deux à la disposition du prescripteur, de façon systématique et par extrapolation, un nombre important de produits n’ayant fait l’objet d’aucune expérimentation. Elles s’excluent dès lors du champ de l’homéopathie. Mais elles continuent, exactement pour ces deux mêmes raisons d’ailleurs – mémorisation inutile et arsenal thérapeutique étendu –, à séduire de nombreux praticiens. Façon aussi perverse que silencieuse de mettre l’homéopathie en péril. Elles présentent un autre vice rédhibitoire supplémentaire car elles invitent le praticien à extrapoler aux petits remèdes du groupe, les symptômes caractéristiques du remède principal de ce même groupe. Ainsi, un auteur connu a-t-il ajouté tous les serpents dans la rubrique “forsaken feeling” juste parce que Lachesis possédait ce symptôme à un haut degré. Et c'est le même raisonnement qui en a poussé un autre à incorporer tous les sels de zinc dans la rubrique “vaccination after”.

Ces relecteurs n'ont pas reformulé les objectifs conceptuels d'Hahnemann, ils les ont carrément redéfinis sans même en avoir conscience, semble-t-il.. 
Et puis, il y a les relectures qui veulent au contraire améliorer la qualité de la prescription – il s’agit des relectures spécifiantes masistes puis souchistes. Elles prétendent plus ou moins implicitement que la diminution du nombre d’échecs est un effet collatéral positif de cette recherche de résultats plus profonds donc plus durables. Elles savent, de surcroît, qu’elles rendent la mémorisation de la matière médicale plus facile parce qu’elles apportent une cohérence certaine à l’histoire de chaque remède.

Ici, il s'agit d'une reformulation et non d'une redéfinition des objectifs hahnemanniens.

Quel est le principe de la relecture spécifiante ?

Avant Masi, voici comment nous pouvions schématiser le contenu symptomatique de la matière médicale d’un remède:
L’amas de symptômes se transforme alors, non seulement en une histoire cohérente plus facile à mémoriser, mais surtout en une espèce d’édifice hiérarchisé, le plus subtil en haut, le moins subtil en bas.

Après cette relecture, chaque remède peut être dès lors être schématisé par un cône ; dans ce cône, tous les symptômes du remède vont être reclassés suivant la relation plus ou moins proche qu’ils ont avec la problématique dégagée par la relecture ; les plus proches en haut et à l’inverse, les plus éloignés en bas. À ce moment, seuls, les symptômes mentaux du remède ont fait l’objet de cette nouvelle façon de relire les remèdes.  
Voilà l’état conceptuel en lequel Masi a laissé les choses. À quelqu'un d’autre de continuer …
Reprenant l’idée géniale de Masi et remplaçant le filtre thomiste par l’individualisation de la souche, j’ai permis l’incorporation, jusque là difficile voire impossible, de toute la symptomatologie physique dans la relecture spécifiante. Ce faisant, j'ai concrétisé l'idée de Ghatak prétendant qu'un lien, aussi étroit qu'indissoluble, existe entre le mental et le physique. 
Ensuite, j’ai pensé à couper ce cône en tranches horizontales, c'est-à-dire à attribuer à chaque symptôme, un degré de spécificité et à concevoir dès lors un répertoire de troisième génération. Il s’agit tout simplement, de réaliser la modélisation mathématique de l’expression nouvelle de la matière médicale née de cette relecture. Notez bien que cette relecture ne provoque pas la disparition du degré de fiabilité. Vous pouvez, sur le schéma, les voir, répartis au hasard, dans les cinq “tranches” du cône. Elle vient seulement y adjoindre un degré de spécificité. Au passage, vous remarquerez le cône situé à droite sur le schéma où les chapitres sont représentés en pointillé.

Vous venez de le voir, tracer l’histoire de la matière médicale dans son ensemble, ou tracer l’histoire d’un remède en particulier, son évolution depuis sa première expérimentation jusqu’à sa relecture spécifiante, c’est en fait raconter deux histoires presque identiques.




[1] Dans le monde francophone du moins !
[2] Reportez-vous à nouveau au chapitre “Etude de l’outil répertorial, passé, présent, avenir”.
[3] Il fut, en son temps, intégré par Boger dans son propre répertoire “Boenninghausen’s characteristics  and repertory” datant de 1905 mais déjà surclassé en 1934 par le répertoire de Kent ; il ne le fut jamais dans le “Kent” ni dans les répertoires qui en sont dérivés.
[4] Un autre chapitre développe plus avant ce sujet des matières médicales synthétiques ; il est intitulé “Les drug pictures”.

Auteur: Marc Brunson, vet. homéopath.
Avertissement: ce texte est un court passage du tome 3 de philosophie homéopathique que j'ai publié en 2011.
Présenté au V Congreso Nacional de Homeopatía, Oviedo (Asturias. España), 2012.