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EL PARADIGMA DE LA HOMEOPATÍA

En el año 2007 inauguré el ciclo académico realizando una descripción del paradigma de la biomedicina, en el que se inserta actualmente la enseñanza médica universitaria y –en general- el manejo de la salud y de la enfermedad.
Decía en aquella oportunidad que la homeopatía se halla en un estado de pre-paradigma o de paradigma alternativo al dominante, y daré hoy el fundamento de tal opinión.

El uso del término paradigma lo tomo del sociólogo e historiador de la ciencia Thomas Kuhn (1), quien, con la publicación de su libro La Estructura de las Revoluciones Científicas, aportó una gran polémica en los círculos de la Filosofía de la Ciencia de los años ’60, polémica que en algún grado aún se mantiene.
Antes de llegar a la noción de paradigma, hagamos un breve recorrido histórico de la ciencia en occidente.


1. La ciencia en Occidente

Recordemos que desde la antigua Grecia la ciencia se vincula con la búsqueda de la verdad de los hechos. Aristóteles fue quien sentó las bases de cómo se debía considerar a una ciencia para que fuera un conocimiento objetivo y se diferenciara de las opiniones subjetivas ante un fenómeno en estudio.
Aristóteles señalaba que para asegurar el conocimiento se debía partir de las observaciones hasta la formulación de principios generales en un proceso de inducción y de allí nuevamente a las observaciones para deducir las explicaciones de lo observado.

La ciencia del medioevo se rigió en general por los fundamentos aristotélicos, pero recurriendo a Dios como último garante de la verdad. Las Escrituras no podían ser contradichas, y ejemplo de esto es la condena a la hoguera de Giordano Bruno.
Luego del Renacimiento, entre los siglos XVI y XVII se produce la llamada “revolución científica”, época en que se cambia la visión del mundo. Los episodios más conocidos son los correspondientes a la física y a la astronomía, con nombres tales como Copérnico, Galilei, Kepler y Newton, pero la revolución se contagió a otros campos de saber.
Si bien algunos de los nombrados eran hombres religiosos, sin embargo pretendían rigurosidad en las explicaciones científicas sin recurrir a fundamentos extraídos de la religión.
De allí el famoso aforismo de la Ilustración del que se hiciera eco Imannuel Kant: “aude sapere”, “atrévete a saber”, sin dogmas religiosos o metafísicos.

En la Modernidad, la ciencia pretendía el conocimiento de la estructura última de la realidad de los fenómenos que se observan, pretensión que de alguna manera para muchos continúa hasta la actualidad.
Al conocer el mecanismo de producción de los fenómenos, se podría dominar a la Naturaleza, proyecto iniciado por Francis Bacon en el siglo XVII.

Según Palma - Wolovelsky:

Durante este período (...) tiene lugar la aparición y constitución de la denominada “ciencia moderna”, que se caracteriza sustancialmente por el interés centrado en el conocimiento de la naturaleza, el recurso a las matemáticas como medio de conocimiento y el uso –o cuando menos la búsqueda- de un método científico. (2)

Así manifestaba Galilei esta pretensión:

La filosofía se halla escrita en el gran libro que está siempre abierto ante nuestros ojos –quiero decir, el universo-; pero no podemos entenderlo si antes no aprendemos la lengua y los signos en que está escrito. Este libro está escrito en lenguaje matemático y los símbolos son triángulos, círculos u otras figuras geométricas, sin cuya ayuda es imposible comprender una sola palabra de él y se anda perdido por un oscuro laberinto. (3)

Por cierto que este proyecto fue en gran medida exitoso, y a la vista están los llamados progresos científicos que permiten al hombre una vida más confortable, una extensión de la expectativa de vida, un dominio del espacio y de la naturaleza.
Estos mismos progresos son los que –mal orientados- han sustentado también la escalada de armas de exterminio más sofisticadas, el control y la vigilancia del hombre tal como aventuraran Bentham con su panóptico y Foucault al comentarlo.
Así también el domeñar la naturaleza se ha convertido en un maltrato hacia la misma que hace peligrar los ecosistemas y la vida planetaria en su conjunto.

Aún hoy, el conocimiento científico es –para muchos- el único posible si se quiere tener la certeza de cómo se producen los fenómenos.
Según esta postura, el único conocimiento serio es el de la ciencia. Y aquellas disciplinas que no tengan una metodología científica son pseudociencias, como gusta calificar Mario Bunge, “pope” de la Epistemología, por ejemplo, al psicoanálisis o a la homeopatía.
El saber de la ciencia cuenta con prestigio, y quien lo posea tiene poder de palabra y de decisión.


2. El concepto de paradigma en filosofía de la ciencia

En los años ’60 Kuhn publica su libro, que en alguna medida socava los cimientos sobre el que se basaba el concepto de ciencia desde la antigüedad, ya que la verdad anhelada es relativa al paradigma en el cual esa ciencia está sumergida. Y una verdad actual puede ser una falsedad en el futuro, por lo que hay una concepción relativista en la teoría acerca de la verdad.

Para Kuhn, un paradigma es un conjunto de ideas que durante un tiempo proveen de problemas y soluciones a una determinada comunidad científica.

Dice Kuhn:

Un paradigma es lo que miembros de una comunidad científica comparten y, recíprocamente, una comunidad científica consiste en hombres que comparten un paradigma (...) Bajo esta perspectiva, una comunidad científica está formada por practicantes de una especialidad científica. Han pasado por una iniciación profesional y una educación similar en un grado que no tiene comparación con la de la mayor parte de otros campos. En este proceso, han absorbido la misma literatura técnica y desentrañado muchas de sus mismas lecciones (...)
Dentro de tales grupos, la comunicación es relativamente completa y los juicios profesionales, relativamente unánimes (...) Por supuesto, existen en este sentido comunidades a muchos niveles. La más global es la comunidad de todos los científicos naturales. (...) Las comunidades de esta clase son las unidades que este libro ha presentado como las autorizadas y productoras del conocimiento científico. (4)

Kuhn llama a la ciencia que se practica dentro del paradigma “ciencia normal”, y los que la ejercen están comprometidos de tal forma que no pueden analizar los fenómenos de otra manera que bajo las consignas propias de ese paradigma.
Dicho de otra forma, aquel que se instala en la práctica de la “ciencia normal” tiene los anteojos propios de ese paradigma, y sólo ve lo que le permite ver el mismo.
El científico habla a su vez con el lenguaje de la comunidad científica, y le es incomprensible todo discurso que se aparte del mismo, todo lenguaje que provenga de un paradigma distinto.
En esto se basa la inconmensurabilidad de los paradigmas: la dificultad de comprensión de los miembros de una comunidad científica de un paradigma respecto del lenguaje que se habla en un paradigma alternativo.

La comunidad realiza una tarea acumulativa de conocimientos y se produce un progreso en el mismo, que es sólo relativo al paradigma en que se encuentra.

Los problemas que se producen como “enigmas” son trabas en el conocimiento que la comunidad se empeña en resolver. Y si no se resuelven, la comunidad los deja momentáneamente de lado ya que confían en que en algún momento –con nuevos descubrimientos dentro del mismo contexto paradigmático- se resolverán.
Sólo que si se cronifican y acumulan, producen anomalías (enigmas recalcitrantes) que a la vez desencadenan un estado de crisis dentro de la “ciencia normal” que puede predisponer a la aparición de otro paradigma, con una ciencia que es revolucionaria respecto de la “normal”, y que termina imponiéndose. Así se convierte en “ciencia normal” dentro de un nuevo paradigma, que era alternativo al predominante.
Este cambio se da -según el autor- en forma brusca, como reacción ante una idea original comunicada por uno o varios pensadores disconformes con el paradigma en el que se mueven.

Dice Kuhn:

(...) el nuevo paradigma o un indicio suficiente para permitir una articulación posterior, surge repentinamente, a veces en medio de la noche, en la mente de un hombre sumergido profundamente en la crisis. (5)

En esto se basan las sucesivas revoluciones científicas que se han dado en la historia de la ciencia: el pasaje de un paradigma a otro que resuelva mejor las anomalías que tenía en su seno el anterior.

Otros elementos pueden coadyuvar para el cambio.

Según Palma - Wolovelsky:

Es importante esta recurrencia de Kuhn al ‘sentimiento’ como uno de los elementos importantes en el cambio de paradigma, dado que dicho cambio no puede explicarse, según Kuhn, en argumentos fundados únicamente en la lógica y la experiencia, sino que obedece a razones de tipo sociológico y psicológico. (6)

La sucesión sería entonces:


3. El paradigma de la homeopatía

La homeopatía fue descubierta por Samuel Hahnemann (Meissen, 1755 – París, 1843) quien creó el nuevo sistema terapéutico, decepcionado de los rudos tratamientos habituales de su época. Observó que el medicamento que se utilizaba para el tratamiento de la fiebre terciana, la cinchona officinalis, era capaz de producir en sus manifestaciones toxicológicas síntomas similares de la misma enfermedad. Concibió entonces la idea de realizar experimentaciones de las substancias en sujetos sanos, comenzando la práctica en sí mismo con la cinchona.

La homeopatía es una terapéutica fundamentada en una filosofía de la biología de corte vitalista, la que sustenta que cada ser humano está animado por una fuerza vital. Para la homeopatía, cuando esta fuerza vital se desequilibra se produce la enfermedad.

Dado que la doctrina homeopática piensa además que no hay una escisión entre la psiquis y el cuerpo, sino una unidad, el desequilibrio mencionado se muestra en forma sintomática en ambos planos. Y las diversas y sucesivas manifestaciones que se producen como síntomas físicos o psíquicos en la vida del paciente son sólo efectos de una misma causa, el desequilibrio vital que es a su vez la enfermedad crónica –en términos técnicos para la homeopatía, -la psora- que aqueja al enfermo desde su nacimiento.

El regreso de la fuerza vital al equilibrio se produce con la adecuada elección de un remedio de origen natural, preparado a dosis infinitesimales, y de acuerdo a la totalidad de los síntomas que pesquisa el médico homeópata en su práctica.

A diferencia de la biomedicina, los síntomas que recava el homeópata no son solamente los que pertenecen a la entidad clínica por la que consulta, sino que es de su interés cualquier manifestación del desequilibrio vital que individualiza a su paciente.

La homeopatía no niega la responsabilidad de que un germen determinado provoque una enfermedad infecciosa, por ejemplo el HIV como agente etiológico del SIDA. Pero si bien el HIV es causa necesaria de dicha enfermedad, no es causa suficiente. Para el homeópata hay una concausa aún más importante que el virus, y que corresponde al terreno, o sea, el ser humano que es susceptible de enfermar.

De acuerdo a la individualización y la jerarquización de los síntomas obtenidos, el médico homeópata aplica la llamada “ley de la semejanza”, la cual promulga que aquella sustancia que produce determinados síntomas en un experimentador sano, cura los mismos en el paciente que los trae a la consulta (similia similibus curantur).

El homeópata tiene un acceso al paciente propio de una medicina humanista, e intenta la comprensión del desarrollo de la enfermedad dentro del proceso vital de cada enfermo. El síntoma homeopático se vuelve un signo de desequilibrio de la totalidad del paciente, dado que la fuerza vital está omnipresente en cada parte del ser humano. Y el objetivo último de la curación no es sólo la desaparición de los síntomas de determinada entidad clínica –asma bronquial, úlcera gástrica o la que fuera-, sino el equilibrio completo del paciente y de éste con su entorno.

Al respecto, decía Tomás P. Paschero:

No se enferma el cuerpo ni la mente por separado, ni el enfermo lo está en su estómago, hígado, pulmones o corazón, sino todo él está enfermo en el centro dinámico motor de su personalidad, en ese núcleo hontanar del organismo donde palpita el ser del hombre y se establece la unidad del cuerpo y de la psique. (7)

De esta forma el tratamiento homeopático le brinda herramientas para que logre su desarrollo personal sin el obstáculo que le produce la enfermedad.

Decía Hahnemann en el recorrido parágrafo 9 de su Órganon:

En el estado de salud la fuerza vital (autocrática) que dinámicamente anima el cuerpo material (organismo), gobierna con poder ilimitado y conserva todas las partes del organismo en admirable y armoniosa operación vital tanto respecto a las sensaciones como a las funciones, de modo que el espíritu dotado de razón que reside en nosotros, puede emplear libremente estos instrumentos vivos y sanos para los más altos fines de nuestra existencia.

De modo que el equilibrio vital que debe lograr el homeópata a través de su tratamiento debe colocar al paciente, como ideal terapéutico, en condiciones de libertad de elección para que pueda cumplimentar una función acorde a su naturaleza humana, sin el parasitismo de la enfermedad que lo encadene a una naturaleza biológica inferior a su condición.

4. Conclusiones

La homeopatía como sistema terapéutico se halla relegada como “medicina alternativa” ya que la filosofía de la medicina que predomina en el paradigma actual es de corte mecanicista.
Para los círculos médicos que predominan en ámbitos de enseñanza e investigación, la medicina debe ser considerada como ciencia, y su objeto de estudio, el ser humano enfermo, debe enfocarse según las premisas de la “ciencia moderna”.

Es así como el paradigma que domina actualmente es el biomédico, heredero del concepto de ciencia de la Modernidad.

Bajo esta óptica el ser humano debe considerarse desde un punto de vista mecanicista, y la enfermedad no es más que un proceso físico, tanto en las patologías del cuerpo como en las de índole psíquica; esta últimas no son más que el resultado de una alteración de la bioquímica cerebral, o sea, también un defecto físico.

Tal como el proyecto de la Modernidad, la biomedicina intenta el dominio de la naturaleza, esta vez del cuerpo humano, único lugar en donde se produce la enfermedad, para restablecer la salud.

En este paradigma la comunidad médica se maneja –como se describió en el caso de cualquier paradigma-, con un lenguaje en común que excluye a cualquier otro, y la enseñanza y la investigación se hacen con el supuesto -en general no explicitado- de una filosofía de la biología de corte –como se dijo- mecanicista y fisicalista en su fundamento.

Por supuesto, existen gradaciones en el culto con el que se ejerce la tarea; hay así médicos y profesionales de la salud que aún insertos en este paradigma ejercitan su tarea con vocación humanística y no sólo con técnica precisa.
En general estos profesionales sospechan del marco paradigmático en donde se mueven, y no comparten la visión del ser humano enfermo –como dije ya sea física o psíquicamente- como un mero mecanismo descompuesto.

Las anomalías que detectan muchos de los que ejercen dentro del paradigma provienen de su percepción de que la enfermedad no sólo es el producto de un agente externo, una inmunidad disminuida o un genotipo determinante, sino que éstas no son más que condiciones que se agregan a un fenómeno de origen dinámico y vital que está en la base de la patología; ellos son los miembros de la comunidad científica que predispondrán al cambio de paradigma, superador del anterior.

Asimismo este cambio estará potenciado por los pacientes que sienten en la actualidad que sus problemas no son resueltos en su totalidad por la medicina que hoy predomina.

Desde las primeras décadas del siglo XX, la física cuántica nos ha enseñado que no existen precisiones últimas en las mediciones ya que el ojo del observador modifica irremediablemente la experiencia. Asimismo, no se puede predecir con exactitud en qué lugar va a estar en un momento “t” una partícula “p”, sino en forma aproximada.
La física, modelo de ciencia dura edificada sobre certezas ya no puede detentar el prestigio de ciencia exacta.

La misma matemática se haya socavada en sus fundamentos. En filosofía de las matemáticas es conocido desde la descripción de los teoremas de la incompletitud de Gödel (1930) la endeblez de la lógica matemática, ya que nunca se podrá encontrar un sistema axiomático que sea capaz de demostrar todas las verdades matemáticas y ninguna falsedad.
Estas investigaciones se dan en el marco de una cosmovisión social de gran sospecha hacia las antiguas verdades.
El proyecto moderno de que “el universo es un libro que se halla escrito en idioma matemático” se ve así debilitado en sus fundamentos.

La homeopatía es el sistema terapéutico ideal para aquellos médicos que deseen abrirse a otros caminos, y que desconfíen de las “certezas” del paradigma biomédico.
Damos la bienvenida a aquellos que deseen una terapéutica de profundidad para su paciente y que se aventuren en nuevos senderos.
Para ellos, reivindicamos el aforismo kantiano (y que utilizara Hahnemann en su Órganon) y que he citado en ocasión del pasaje del concepto de ciencia del Medioevo a la Ilustración: aude sapere: atrévete a saber; en aquel momento invocado por Kant como invitación de atreverse a pensar sin dogmas religiosos o metafísicos, hoy citado por mí para decirles: atrévanse a saber, sin el dogma que nos pretende imponer la llamada ciencia médica predominante.

Muchas gracias.


Notas:

1. KUHN, T. La Estructura de las Revoluciones Científicas, Fondo de Cultura Económica, México, 1971.
2. Héctor Palma-Eduardo Wolovelsky; Imágenes de la racionalidad científica; Eudeba, Buenos Aires, 2001., p. 26.
3. Héctor Palma-Eduardo Wolovelsky; Op. cit, pp. 32-33.
4. Héctor Palma-Eduardo Wolovelsky; Op. cit., pp. 98-99.
5. Héctor Palma-Eduardo Wolovelsky; Op. cit, p. 101.
6. Héctor Palma-Eduardo Wolovelsky; Op. cit, p. 103.
7. Candegabe, M.; Diálogos con Tomás Pablo Paschero, p. 50.

Autor: Dr. Gustavo Cataldi 
Conferencia inaugural del Curso 2007.
Publicado en la web de la Universidad Candegabe de Homeopatía.

Medicina homeopática, simplemente Medicina


Un hito crucial en la evolución del pensamiento médico y la terapéutica, se produjo hace dos siglos: el descubrimiento de la relación que debía existir, para la curación de las enfermedades naturales, entre el estímulo curativo y la enfermedad (la ley terapéutica de la similitud, aspecto particular de la ley general de analogía).
Hasta entonces habían convivido en la práctica médica dos sistemas de tratamiento, el empirismo terapéutico, cuyo origen tradicional se pierde en la noche de los tiempos, y los métodos racionalistas basados en teorías etiopatogénicas, como la famosa teoría humoral hipocrática. Pero la Historia no ha sido suficientemente agradecida con el Dr. Samuel Hahnemann, cuyo descubrimiento fue duramente atacado en su tiempo y pasó a ocupar un lugar anecdótico en los textos de Historia de la Medicina, siendo todavía en nuestra época objeto de ignorancia y escarnio. Los motivos de esa marginación son complejos, y su aclaración  está pendiente de estudios más exhaustivos.

Desgraciadamente, ni la Medicina Naturista ni la Medicina occidental convencional han sabido aprovechar la genial aportación del sabio de Meissen, y aún se devanean entre el empirismo terapéutico y las teorías etiopatogénicas. La primera tiene sus dificultades para avanzar, excesivamente anclada en sus raíces hipocráticas y acumulando técnicas diagnósticas y terapias poco agresivas sin un criterio demasiado definido; mientras que la segunda va desbocada hacia un futuro tecnológico-ortopédico, en el que la panacea se vislumbra siempre en el recambio de la pieza defectuosa (sea hueso, víscera…o gen) y permanentemente obsesionada por la detección y destrucción de los microorganismos potencialmente patógenos (teoría microbiana).

Se conocen pocas teorías médicas que hayan superado la prueba inexorable del paso del tiempo, y sin embargo la singular aportación de Samuel Hahnemann, a pesar del rechazo y el oscurantismo que padeció, ha permanecido inalterable manteniendo la originalidad y frescura propias de las ideas demasiado anticipadas para ser comprendidas en su época. Los descubrimientos de Hahnemann han despertado y siguen despertando el interés de muchos y grandes médicos en todo el mundo que tienen como misión principal restablecer la salud a sus enfermos, es decir, lo que se llama curar.

Durante este siglo se ha producido un gran avance de las ciencias teóricas, se han enunciado nuevas hipótesis en distintas ramas de la investigación científica: Física cuántica, Teoría General de Sistemas, Teoría de los Fractales, Morfogénesis, Holografía, etc., teorías que ponen en entredicho y cuestionan las propias bases y axiomas fundamentales de las ciencias a las que hacen referencia. Pues bien, la Homeopatía converge en esa encrucijada del pensamiento occidental más avanzado y radical que conduce a la concepción de un nuevo paradigma, a una nueva forma de ver el mundo. A las puertas del siglo XXI, la Ciencia, y en particular la Medicina, debe desprenderse irremediablemente de las ideas mecanicistas y reduccionistas , ideas decimonónicas ya caducas, que la medicina académica persiste en mantener a pesar del fracaso evidente de la farmacoterapia en las enfermedades crónicas, del aumento alarmante de la iatrogenia y de la transformación degenerativa de la patología.

El futuro exige una  medicina que, en vez de aferrarse a esas concepciones erróneas, respete los ciclos biológicos, se adapte al ritmo de la Naturaleza, estimule los mecanismos de homeostasis y autorregulación, acelere y oriente adecuadamente los procesos espontáneos de curación, y acepte el nacimiento y la muerte como el principio y el final de un proceso de incumbencia no exclusivamente médica. La medicina del mañana no tratará órganos por separado sino organismos vivientes, complejos sistemas cibernéticos de funcionamiento autónomo y con capacidad de auto-reparación tisular. El médico deberá enfrentarse no a objetos de estudio y tratamiento, a cosas ajenas a él, sino a sujetos sufrientes, a personas enfermas, a múltiples espejos de sí mismo. El médico deberá reasumir su función sagrada de desvelador, de descifrador del sufrimiento profundo del hombre. El médico se habrá de convertir de nuevo en el modesto servidor de la vis medicatrix naturae hipocrática, del prana de los hindúes, del chi de los taoístas, de la fuerza vital hahnemanniana; así recuperará su rango de siervo de la vida, y la Medicina su categoría de arte de curar.

La medicina homeopática se encamina hacia ese porvenir siendo simplemente una medicina profundamente comprometida con el ser humano y consciente del delicado y a la vez complejo papel que le corresponde, de intermediaria entre la potencia curativa y el enfermo, sabiendo que su función radica en poner en manos del enfermo los recursos terapéuticos para que de la forma más rápida, más suave y más duradera lo conduzcan hacia la curación de sus males y de su sufrimiento, es decir, que lo curen. Y cuando la curación sea imposible, que al menos disminuyan el sufrimiento sin mermar la conciencia de ser humano.

Editorial del número 28-29, Invierno-Primavera 1992, de la revista Natura Medicatrix, monográfico de Homeopatía: Medicina homeopática: una medicina para el ser humano. Barcelona.
Autor: Dr. Isidre Lara, coordinador, junto con el Dr. Josep Mª Queralt, de dicho monográfico.

Se ha encontrado la Memoria del Agua

Documental en el que el premio Nobel Dr. Luc Montagnier muestra su investigación sobre la detección de señales electromagnéticas de ultradiluciones de DNA bacteriano.
Esta investigación demuestra que el agua guarda la información de sustancias con las que ha estado en contacto aunque se diluyan más allá del número de Avogadro.


https://www.youtube.com/watch?v=HgtKyJtvlc0&feature=youtu.be

La veu remei

Resum
Document amb arguments per a la coexistència de les veus remei, medicament, medecina [cast. remedio, medicamento], com a termes homòlegs complementaris, en el llenguatge i la comunicació científica mèdica, especialment en l'àmbit de l'homeopatia.
La raó per la qual l'he elaborat és per la tendència existent, també a l'AMH de Barcelona, de voler desterrar, entre d'altres, el terme remei (cast. remedio). Veure Editorial Rev. Médica de Homeopatia Maig-Agost 2011.


REMEI (Remedi)
occ. remèdi ; cànt. remediu ; cast. remedio ; it. rimedio ; fr. remède ; eng. remedy ; d. Arznei
caló
èuscar
anaranià ‘analogia’ ar > gr.
hebr. amen ; sanskr. aum [Om]
gr. μ

liri ‘llei’ r
tarpe ‘èter’ ar
rullipate ‘roda’ r
trutar ‘girar’ r
orsó ‘força’ r
diñar
indar
‘donar’
‘força’
ar
> gr.
μ dynamis
ar ‘força/energia activa o
poder positiu’
ar ® Arzt, Arznei
orobrar ‘reflexionar’ r
zarapià ‘sarna, lepra’ ar > psora
gr. μ terapeia, terapèutica,
tractament, cura de les malalties (la psora)!
retrequé ‘pesta, epidèmia’ r
merdipen ‘malaltia, patiment’ r > remedi,
remei;
remedio
morbus
‘malaltia’
> medeor-mederi ‘cuidar,
posar remei, guarir una
malaltia’
remedium, medicamen-tum
merdó ‘malalt’ r > enfermo
merar ‘morir’ r
choró ‘mal, dany, perjudici’ r > xacra
lacra
Krankheit
chinarar ‘ferir’ ar > nafra
chinarelar ‘tallar, ferir’ ar > rajar
eritu > to
hurt
docurdó ‘mestre, doctor’ r > doctor
fulcheró
salamitó
‘metge’ r > Arzt
mitó > Mittel ; medi, medio
chocoronú ‘remei, medicament,
recurs’
r > fàrmac(o) chocoronú > nei > Arz-nei
fermichina ‘apoteca, farmàcia’ r
ocheritó ‘mèrit’ r > Merizina >
Medicina
chirijà ‘doctrina’ r > Cirurgia
churí ‘coltell’ r > bisturí
(baste ‘mà’ +
churí)
arjirú ‘recurs, mitjà’ ar > Ar
chirijà
sastar
‘doctrina’
‘sanar; salvar d’una
malatia’
r > gr.
iatros
‘metge,
cirurgià’
> Arzt ; Arznei

chivarar/
chivelar
‘guarir’ ar > curar ;
to cure
to heal ; zu
heilen
paratató ‘alleujament, consol’ ar relief
pacuaró ‘ordre preciós’ ar ordre ; orden;
order
disorder of body or mind
juré ‘sofre’ r
arate / ratí ‘sang’ ar > roig; red, rot

En totes aquestes veus calós i èuscars (llengües iberes, càntabres, pre-indoeuropees, pre-romanes;
les més antigues de la humanitat, fins i tot molt més antigues que el sànscrit, el grec o el llatí!) veiem la presència del so R, que sí el trobem a la veu remei , però no pas als mots medicament, medecina.

Tant en català, com en occità, com també en castellà existeix una llarguísima tradició secular –
documentada ja al s.XIII a Ramon Llull – d’ús viu de la veu remei (cult. remedi ), occ. remèdi, cast.
remedio, per a significar “allò que és emprat per a guarir o alleujar una malaltia, un mal.”
Exs. Un remei eficaç. Un remei empíric. Un remei casolà. Un remei heroic. Donar un remei. Prendre un remei. Un remei de bon prendre. És una malaltia, un malalt, inguarible: no té remei. Posar remei a la tristesa d’algú. Si no hi posem remei, això acabarà malament. A grans mals, grans remeis. Qui té mal, cerca remei. Tot té remei, fora la mort. És pitjor el remei que la malaltia. El millor remei és el que cura. L’únic remei per a la superstició és el coneixement,…

A més a més, la llengua catalana es caracteritza i distingeix per la seva riquesa en monosíl labs, mots
pronunciats en un sol cop de veu, la qual cosa palesa el seu esperit d’afinació, de síntesi, de precisió i
brevetat. De tots és sabut que per dir el mateix, el català és més breu que el castellà.
Ens trobem ací davant la veu remei que és bisil.làbica [2], mentre que la veu cast. remedio ja és
trisil.làbica [3]; però tant el mot medicament com el mot medecina són tetrasil.làbics [4], essent el cast. medicamento pentasil.làbic [5]!

En anglès, remedy: applies to a substance or treatment that is known or regarded as effective in bringing about recovery or restoration of health or the normal functioning of the body. (Webster’s New Dictionary of Synonyms).
remedy : medicine, means of relief. : a cure for a disease or other disorder of body or mind; any medicine or treatment which alleviates pain and promotes restoration to health. (Oxford English Dictionary)

En alemany, la diferència semàntica entre els termes següents s’entèn a partir de la seva etimologia caló (arjirú, chirija, sastar, chocoronú; salamitó ) . Veure taula ­:
Arzt ‘metge’ < gr. < arjirú + chirija + sastar
Arznei ‘remei’ < Arzt
Arzneimittel ‘medicament’ < Arznei + salamitó
Heilmittel ‘medicament guaridor’ < chivelar + salamitó.

El terme medicament indica pròpiament el mitjà (medi-o, means, Mittel ) que el metge (fulcheró,
salamitó ) proporciona al malalt per al seu mal. Aquest terme certament conserva el fonema c original del caló chocoronú , el qual és inherent al terme fàrmac (< fermichina), i aquesta és la seva gran virtut, però en haver perdut el fonema r propi de remei (remedi), remèdi, remedio, remède, rimedio, remedy, Arznei,… li manca la força, l’energia (ar) pròpia del recurs (arjirú ) que és característica de tot remei dinamitzat (gr.  μ ‘força, poder’) homeopàtic.

En resum, no hi ha cap raó científica, ni lingüística per haver de prescindir de l´ús de les veus remei,
remedio, remedy, Arznei,… en l’àmbit de la ciència, la medicina i l’homeopatia, i haver de substituir-les pels mots medicament o medecina, medicamento, medicine, Medikament, Medizin,…, ja que l’abandó de la veu remei, remedio, amb la presència del fonema r,… constituïria la pèrdua d’un lexema viu, útil i pràctic que té, gràcies al so r, una força significant ben proporcionada a la terapèutica que, per a guarir de forma previsiblement certa cada cas de xacra individual, aplica ‘iatrògenament’ la llei de guarició per l’analogia i administra una substància medicinal dinamitzada ben coneguda per la seva força patógena experimental.

Així doncs, en base als arguments més amunt esmentats, cal que els termes remei , medecina i
medicament segueixin coexistint, complementant-se com a veus homòlogues, en el llenguatge i la
comunicació científica mèdica, especialment en l’àmbit de l’Homeopatia.

Autor: Dr. Joaquim Nabona, MD. jqmnbn@telefonica.net
Barcelona, 09 de novembre de 2011.

Physics of homeopathic medicines

Introduction by Prof. Louis Rey†
(Abstract of a seminar in Rome 20-21 of October 2009:
Ethique et Spiritualité de la Santé – Médecines traditionnelles
et complémentaires. Recherches et orientations
nouvelles)
A persistent issue in the assessment of homeopathy by
classical academics, especially in the field of so-called
“hard sciences”, is the fact that, in high and ultra-high
dilutions, there are no more traces of any original chemical.
Hence, they claim that these different solutions are,
indeed, all the same and no more than the mere solvent
itself. This radical assumption proved to be wrong, at least
in the light of several centuries of careful clinical observations,
which did show evidence, that high dilutions were
not only active in therapeutics but that they also had
distinct personalities, both properties which could not be
found in the solvent used for their preparation. Quite obviously,
this problem has been a definite challenge for all
researchers in physics, chemistry and material sciences.
  

Different physical methods to assess
high dilutions

 

A/ Nuclear Magnetic Resonance (RMN) by Izel Botha
This paper seeks to perform a meta-analysis of the findings
of these studies and to draw a conclusion on the
nature of homoeopathic dilutions as well as the validity
of performing this type of inquiry into the nature of homeopathically
prepared medicines.
From the studies presented, two conclusions can be
drawn, the first dealing with the evolution of the thinking
processes associated with the studies that needed to be
conducted. The initial studies, conducted by Ross (146)
and Power (147), investigated the nature of Q potencies.
These researchers acknowledged that the theories as
to the molecular organization in solutions existed, but
they refrained from conclusively interpreting the results
in terms of those theories. Their research lead to Cason
(148) investigating the influence of the frequency of the
NMR spectrometer on results obtained. Davies (149)
and Malan (150) investigated the role of dilution on the
physico-chemical structure of the homeopathic solutions,
showing that information storage does take place in the
solution, but that different dilution methods result in different
solutions, even when the theoretical dilution level
is equal. Malan’s (150) mention of dilution level and succussion
opened the door for investigation of the effect of
various potentization methods. Hofmeyr (151), Lyell (152)
and Botha (153) each investigated different variables that
may be introduced during the manufacturing process,
particularly looking at the number of succussions and
the effect of trituration. Erasmus (154) took this one step
further by investigating the mechanics of the succussion
process. These researchers interpreted their results
based on the theories of Resch and Gutmann (155) and
Anagnostatos (156).
This body of knowledge has inspired Allsopp (157) to
look into the effect of energy transfer into the solution
– whether it is imperative that the energy is imprinted
mechanically by hand production of the remedies, or if it
can equally be achieved through electromagnetic means.
In comparing the studies, it is evident that both trituration
and serial dilution change the physico-chemical properties
of the solvent to produce distinct medicines.


Conclusions: The meta-analysis supports the conclusion
that different potentization methods result in medicines
with different physico-chemical properties. One can also
conclude that NMR Spectroscopy is a valuable tool in
assessing the physico-chemical effect that potentization
methods have on the lactose and water/ethanol bases
utilized in the manufacture of homeopathic medicines.
It works well to study a single compound and it is not
adapted to the investigation of a complex mix of different
substances. NMR may be used for low potencies and
only with the best available instrument. Other references,
Weingärtner (158), Williams (159), Barnard (160), Young
(161), Sach (162), Bol (163), Aabel (164), Milgrom (165),
Anagnostatos (166), Bellavite (167), Smith (168), Antonchenko
(169), Shaw (170).


New publication in the same area:
Demangeat JL. NMR water proton relaxation in unheated
and heated ultrahigh aqueous dilutions of histamine: Evidence
for an air-dependent supramolecular organization
of water. Journal of Molecular Liquids 2009;144:32-39.


B/ A new Magnetic Resonance method by K. Lenger
The “homeopathic information” in high homeopathic
potencies on sugar globule could be considered as
photons with frequencies in the MHz-region by scientific
evidence. These photons in high homeopathic potencies
were detected by two magnetic resonance-methods (171,
172): firstly by the modified photomultiplier-method and
secondly by the Tesla-coil method. Both methods allowed
determination of physical properties of these photons:
holistic, coherent quantum behavior, damping of the

magnetic field by resonance effect, at least two resonance
frequencies in the MHz-region, frequency spectra after
being excited by one of their characteristic resonance
frequencies, measurability of the degree of potencies by
separation of the photons from their carrier substances
alcohol or sucrose by increasing the electromagnetic
fields of their resonance frequencies. A device for measuring
the degree of the potencies and their resonance
frequencies must be developed for quality control of
them in future. Further investigations about the stability
of the remedies in different media: water, alcohol, sugar,
are still necessary. A physical model must be developed
in which way matter substance could be converted into
energy, into photons by succussion in alcoholic dilutions
and in triturations.
For a patient, the pathological pathways (173, 174) can be
regulated by this treatment.


C/UV – Visible spectrometry
A promising approach was reached when the dilutions
were studied near the upper limit of their ultra-violet
absorption spectrum (200 to 400 nm). Rao, Roy, Bell
and Hoover (175) obtained some interesting recordings
for ultra-molecular solutions of 3 different products selected
in totally different kingdom (Natrium muriaticum,
Pulsatilla, Lachesis) and were able to discriminate them
at the 30C level. Similar results were equally obtained by
Pollack and Wexler working on Havit, Apis mellifica and
Histaminum. This method, however, proved to be highly
sensitive to rather unforeseen parameters, like the time
of the day. Reproducibility has not yet been possible.
In the same area Wolf U, Wolf M, Heusser P, Thyrneysen
A, Baumgartner S, presented at the 65th LMHI Congress
the following study: Homeopathic Preparations of Quartz,
Sulfur and Copper Sulfate assessed by U.V. Spectroscopy.

D/Raman spectroscopy
Different attempts have been done to see whether a
close investigation of the Raman shift could help in discriminating
the dilutions among themselves. Once more
the operating conditions proved to be determinant: the
position of the tube, recording done in a dark room and
the same instrument. Under those conditions Rao (175)
could demonstrate that the spectral peaks corresponding
to different potencies of the same strain or dilutions
of the same potency from different sources are different.
Even if those differences are small, they look reproducible.

E/Dynamic Electrophotonic Capture:
Gaz Discharge Visualization – EPC/GDV

The introduction of the so-called EPC/GDV technique in
the research on high dilutions is a somewhat accidental
and unforeseen event. It results from the pioneering work
of Konstantin Korotkov who developed a completely
new process to analyze “the energy fields” on multiple
targets thanks to the analysis of the electrophotonic glow
stimulated by a train of controlled pulses of a high-tension
electromagnetic field, a technique based upon the Kirlian
effect. Applied to ultra-molecular dilutions by Iris Bell
(176), very small drops of liquid (0,02cc) gave successive
glow images under electric discharge, which could be
further processed thanks to the elaborative software of K.
Korotkov. The triple analysis of their fractality (shape), size
and brightness did show different patterns which, under
well-selected conditions, could be species-specific, and Iris
Bell discovered that a high dilution of Natrium muriaticum
had definitely a different overall finger-print than its original
solvent (ethanol in that particular case). It is most likely
that this innovative technique might open perspectives in
dilution research.

F/Calorimetric and Electric Measurements
In a completely different field, Elia, et al., (177) were able to
show that when a high dilution was mixed with an acid or
a base, the heat release was much more important than
it should be for a standard reference. He claimed that this
was due to the fact that, in the case of high dilutions, an
excess of energy was basically needed to “rupture” intrinsic
structures (so-called dissipative structures) resulting to
their preparation.
Similar discrepancies were also observed by Elia (178)
when he measured the electric conductivity of high dilutions,
an observation which was shared by Zacharias (179)
and his group in Brazil when they compared succused high
dilutions of Vincristine sulfate an inert solvent.
Another interesting approach in the field of electric measurements
is provided by the use of Impedance spectroscopy.
In that particular technique the behavior of a dilution is
assessed as a dielectric medium in low frequencies and
some preliminary research (Monod – Cemagref) did show
that the loss angle (Tg delta) and the dielectric constant are
substantially different from one dilution to its original solvent.
Another team (180) published a paper on the “Effect of
dielectric dispersion on potentised homeopathic medicines”
and concluded that using this method it is possible
to identify each homeopathic remedy in a solution even
above Avogadro’s number. The same observation was
confirmed by another team in India (181).

G/Thermoluminescence
(abstract Prof. Louis Rey)
(182, 183)
Low-temperature thermoluminescence is a very sensitive
investigation tool and, for instance, could discriminate very
easily different highly diluted alumina colloids that could
not be distinguished by classical chemical analysis. On
that base this method was used to study inter alia, potassium
dichromate, sodium chloride and lithium chloride
preparations made in D20. For potassium dichromate, the
experiments carried out with Ilse Muchitsch and Michael
Frass showed very clearly that their “finger prints” were
totally different from the one of the heavy water alone even
in dilutions above Avogadro’s number.

Conclusions:
This rapid survey of investigations performed on ultramolecular
dilutions by different physical methods confirms
that it is can be proven that, even beyond Avogadro’s
number, they are different from their pure solvent and
also specific to the precise chemicals dissolved at the
initial state of their preparation. Each dilution has its own
personality and can be identified by its own “finger-print.”
Complex fluids carry much more information than could be
expected and this provides a strong, positive background
for homeopathy.
To explain the clinical facts even in very high dilutions and
potentizations (remember that only 25 % of the daily
delivery of homeopathic medicines in a pharmacy – 75 %
being at molecular level), another scientific paradigm is
needed. For many years another scientific paradigm has
existed, the paradigm of body signifiers (184). With the
existence of such a scientific framework, the nature of
the homeopathic medicine begins to be understood and
even identified.






Editor: Dr Michel Van Wassenhoven, LMHI and ECH Secretary for Research.
Part of chapter VII of the document SCIENTIFIC FRAMEWORK OF HOMEOPATHY. Evidence Based Homeopathy 2012. Revised edition after 66th LMHI Congress, December 2011 (New Delhi, India).
Source: European Committee for Homeopathy web

Medicina energética: las bases científicas


Vídeo de la conferencia del Dr. Manel Ballester Rodés, cardiólogo, catedrático de Cardiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Lleida.
Duración: 79 minutos; 61 diapositivas.

http://www.gamisassociacio.org/video/Dr-Manel-Ballester/

Realizada el 29 de enero de 2013, en Barcelona.
Organizada por gAmis (Grup d'Ajuda Mama i Salut).
Fuente: web de gAmis (Grup d'Ajuda Mama i Salut).

¿ES POSIBLE UN PARADIGMA SISTÉMICO O INTEGRAL EN CIENCIA?

Mientras me hallaba investigando el cambio de paradigma en la ciencia moderna, en la intención de escribir un artículo que estoy preparando para su eventual publicación, mi estimado amigo Moisés Garrido ha publicado un excelente trabajo titulado "La irresistible fascinación por lo irracional". Trabajo cuya lectura recomiendo encarecidamente a todos aquellos interesados en desprenderse del velo de Maya, para enfocar la realidad, libre de prejuicios, en torno a los fenómenos paranormales, a las investigaciones científicas y, como no, a las creencias religiosas.

Al mismo tiempo, y en sincronicidad con esta "oportuna casualidad", llevaba unos días pensando y dialogando con mi interior, como consecuencia de un intercambio de "opiniones" e ideas que rondaban el concreto tema de los pre-juicios existentes en los científicos. En ese conjunto de presupuestos que adoptan al investigar y al transmitir su conocimiento en las universidades, sin siquiera pararse a revisar o cuestionar si dicho sistema de creencias es válido o no, si se ajusta al nuevo paradigma, o si es una perpetuación del antiguo. Al transmitir sus conocimientos, lamentablemente, estos científicos impregnan sus exposiciones con una suerte de pre-juicios que acaban siendo adoptados, al menos provisionalmente, por aquellos estudiantes a quienes están enseñando y, en gran medida, educando.

 Todas estas sincronicidades me han movido a escribir este ensayo, con la finalidad de dar al lector una serie de ideas que le permitan poner en cuarentena toda una caterva de pre-supuestos, que solemos tomar como válidos y verdaderos, sólo porque la tradición, o sus representantes, lo asegura con lapidario convencimiento.

Como muy bien apunta Moisés Garrido en su mencionado ensayo, "La irresistible fascinación por lo irracional", los buscadores de la Verdad están abiertos, o deberían estarlo, tanto a replantearse muchos de los pre-supuestos/pre-juicios con los que encaran la realidad (sea en el campo de la religión, de la parapsicología o de la ciencia), cuanto a dudar de los estudios e investigaciones, aparentemente novedosas, pero que, en el fondo de los fondos, continúan manteniendo el paradigma newtoniano-cartesiano, para utilizar el término acuñado por Thomas Kuhn en su libroLa estructura de las revoluciones científicas (1962).

He podido comprobar, en trabajos de científicos modernos, que buena parte de éstos continúan encarando sus investigaciones dentro del marco del paradigma científico de los últimos tres siglos. Cuando, parece mentira que a estas alturas todavía tengamos que decirlo, la Física moderna ha dado al traste con la imagen del mundo que se tenía no hace sino unos pocos decenios. La materia ya no es tan sólida como se creía, y la Teoría del Caos explica algo que la segunda ley de la termodinámica era incapaz de explicar: cómo un sistema complejo, tras entrar en un estado caótico, es capaz de ordenarse. Resulta sorprendente! Y, sin embargo, así parece ser.

De igual modo, la psicología (analítica, transpersonal, etc.) también ha dado al traste con una buena cantidad de ideas, que se mantenían impertérritas dentro del paradigma cartesiano. El reduccionismo es uno de los presupuestos que se resiste al cambio, perpetuándose pese a lo lastrante que resulta. El estudio del cerebro desde una perspectiva holográfica, tal como nos ha mostrado Karl Pribram, también nos hace cuestionarnos buena parte de las ideas que se tenían antes sobre el funcionamiento del cerebro. El alma no es un subproducto del cerebro. Como la idea inversa, que el cerebro sea un subproducto del espíritu, es también un contrasentido. Ni lo uno, ni lo otro. Neti,Neti, que dirían los budistas.

Y es comprensible, por otro lado, que eminentes personalidades de la ciencia, que llevan décadas investigando bajo los presupuestos del paradigma cartesiano, se mantengan dentro de esas "coordenadas", pese a que hace ya unas décadas que se ha puesto en evidencia, cuanto menos, lo cuestionable de las mismas. Dichos científicos, dependen tanto del paradigma, están tan identificados con él, y el propio funcionamiento del Sistema está tan asentado en sus presupuestos, que resulta lógica esta actitud de resistencia al nuevo paradigma. Por más que resulte contraproducente para el avance de la Ciencia, tal como afirmo en mi ensayo El Paradigma Sistémico. También es recomendable, en este sentido, la lectura del ensayo El alma y el mundo, del terapeuta de orientación jungiana Raúl Ortega.

El mismo Kuhn señala que, durante un período de tiempo relativamente largo, "la ciencia normal" continúa realizando sus investigaciones bajo el prisma del paradigma prevaleciente. Se precisa hacer una "ciencia extraordinaria", que, entre otras cosas, se cuestione los planteamientos del paradigma vigente. Y el cambio de paradigma no se produce por la acumulación de datos y más datos a su favor. No (o al menos, eso se desprende de las investigaciones de T. Kuhn y, posteriormente, de otros científicos vanguardistas). Se produce de un modo rápido, puesto que lo que cambian son las reglas básicas, los supuestos fundamentales de la teoría anterior y ello implica una reevaluación de los hechos y de las observaciones.

Uno se pregunta, entonces, ¿está equivocado todo lo anterior? Y la respuesta es un ¡no! Rotundo. No se trata de que lo anterior sea erróneo y haya de desecharse como tal. Se trata de efectuar un esfuerzo por replantearse todo de un modo diferente, y reestructurar lo anterior. Lo antiguo, por supuesto, tiene su validez. Siempre que su aplicación no pretenda sino mantenerse dentro de los límites de los fenómenos que es capaz de explicar adecuadamente. Lo incorrecto es su generalización y su aplicación a otros ámbitos de la realidad que son inconmensurables, desde los presupuestos en los que se asienta el antiguo paradigma.

O sea, no se puede considerar a una investigación como "científica", si se basa en el paradigma antiguo y pretende explicar un área nueva. Al aplicar el nuevo paradigma, los casos del antiguo vienen a constituir casos particulares de la nueva teoría, más abarcadora. Por ejemplo, la mecánica newtoniana puede ser reinterpretada como un caso particular de la teoría de la relatividad de Einstein. La teoría de Newton tiene su validez, por tanto, siempre que no se aplique a cuerpos que se mueven a altas velocidades, o se pretenda una precisión ilimitada de sus predicciones.

La aceptación de un nuevo paradigma, como lo estamos viendo en estos tiempos antiparadigmáticos, no es fácil. Todo lo contrario. Se producen luchas de poder, como poco, pues lo que toca es la seguridad del investigador y de sus propios postulados. Se están cuestionando las raíces mismas de los presupuestos con los que encara la investigación. Y el cambio afecta a factores que son tanto de orden sentimental, administrativo, político, como arquetípico. Sencillamente, está enclavado en el sistema mismo. El mismísimo Charles Darwin, en su obra El origen de las especies(1859), llegó a esta conclusión:

"A pesar de que estoy plenamente convencido de la veracidad de los puntos de vista expresados en esta obra... no espero en modo alguno convencer a los naturalistas expertos, cuyas mentes están repletas de multitud de conocimientos enfocados, a lo largo de muchos años, desde un punto de vista diametralmente opuesto al mío... Pero miro con confianza al futuro, a la nueva generación de naturalistas capaces de evaluar ambos aspectos de la cuestión con imparcialidad".

Max Planck afirma, con mayor contundencia si cabe, una idea semejante en su Autobiografía científica (1968):

"... una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus adversarios y logrando que vean la realidad, sino cuando éstos finalmente mueren y les sustituye una nueva generación que ha crecido familiarizada con ella."

Claro, lo que afirman estos dos grandes hombres de Ciencia, es que todo paradigma acaba convirtiéndose en una especie de extensión personal del científico, en una parte de él, y se identifica hasta tal punto con éste que resulta muy improbable la aceptación de las nuevas ideas (del nuevo paradigma). El paradigma convencional es, por lo tanto, un statu quo, un stablisment científico. Son las nuevas generaciones, que viven y crecen en el marco del nuevo paradigma, quienes están más capacitadas para realizar la reconstrucción necesaria. O sea, un planteamiento nuevo de lo antiguo. Dando a lo antiguo el lugar que le corresponde, dentro de ese nuevo planteamiento, más amplio.


Por eso, al igual que está sucediendo ya con otros investigadores, independientes del sistema -y, cuando digo independientes, me refiero a libres de prejuicios, con independencia del cargo o función que ejerzan-, como, por ejemplo, la psiquiatra Maribel Rodríguez, quien en su excelente artículo¿Es posible una psicología integral?, presenta ideas afines a las aquí expresadas); por ese motivo, decía, cuando encaro una investigación, o estudio los resultados de las investigaciones de científicos, me tomo mi tiempo para ver desde qué paradigma lo están enfocando. O sea, me pregunto: ¿siguen perpetuando el reduccionismo del paradigma antiguo? ¿Dan por supuesto que la materia es un conjunto de piezas inanimadas?, etc.

Como bien dice Moisés Garrido, es muy difícil desprenderse del dualismo cartesiano, por ejemplo, algo que también se manifiesta en el dualismo religioso entre la materia (mala, diabólica, etc.) y el espíritu (el summum bonum), y en la Ciencia, por supuesto, entre lo orgánico y lo psíquico. Pero, como dicen los grandes maestros de todos los tiempos, esto es un espejismo, una ilusión. La realidad es Una, aunque se manifieste ora como espíritu, ora como materia. Eso es lo que pienso. Sin perjuicio de que estamos condenados a percibir la realidad a través de su trasposición en imágenes psíquicas (no vemos longitudes de onda, vemos colores).

Hay otro asunto que resulta de gran importancia. La experiencia. Esta es la base de todo cuanto se diga después, evidentemente. Pero, claro, es un peligro tener ciertas experiencias (llamémoslas como queramos, estados no ordinarios de consciencia, como diría S. Grof, v.gr.), porque en mentalidades estrechas y poco preparadas (o sea, con una consciencia harto angosta, y una carencia de conocimientos previos) puede dar lugar a un auténtico brote psicótico. Algo que ha comprobado, una y otra vez, en su trabajo de campo, Moisés Garrido, por ejemplo en el caso de las visiones marianas, y que ha sabido resumir tan brillantemente en su libro El Negocio de la Virgen.

La psicología analítica nos ha enseñado que lo inconsciente, o sea, lo desconocido, tiende a proyectarse en el mundo. Cuanto más inconsciente sea el individuo, cuanto más mermado su autoconocimiento, tanto más se proyecta lo inconsciente. Y, claro, los arquetipos, los generadores de mitos y leyendas, por así decirlo, tienden a revestirse con el lenguaje de la época. Hoy, como bien sabemos, los dioses ya no pululan por ahí, en los ríos, en los mares, en las fuentes, en la vegetación, etc.; tampoco hay un lugar, llamado Olimpo, en el que residen los dioses, debatiendo, influyendo o condicionando el destino de los seres humanos; sin embargo, dichos dioses no han desaparecido. Vuelven a reproducirse bajo la máscara de extraterrestres, Ovnis, visiones marianas, abduciones, etc...

Autor: José Antonio Delgado.

Medicina Basada en la Evidencia: entre la herramienta científica y el paradigma comercial, y de la importancia de no confundir una con el otro

 
Bueno, entremos en materia. He preparado esta ponencia junto a Amaia Vispe y, por ello, me permitirán que use con frecuencia el plural. Vamos a hablar acerca de la llamada Medicina Basada en la Evidencia. No va a ser ésta una clase magistral. Hay mucho escrito y publicado en relación a las controversias que suscita, en el campo psiquiátrico que es el nuestro, este concepto, y no es posible abarcarlo todo. Nuestra intención es perfilar una idea que creemos capital a la hora de pensar y emplear este constructo y luego podremos, en el debate, profundizar o comentar lo que deseen.

Lo primero es no pasar por alto el error de traducción. El término inglés Evidence Based Medicine se ha traducido habitualmente (y es una tendencia que no nos parece probable que se pueda corregir) como Medicina Basada en la Evidencia. El problema es que, en castellano, “evidencia” significa, según el Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina de Fernando Navarro, “certeza clara, manifiesta y tan perceptible de una cosa, que nadie puede racionalmente dudar de ella”. Por otra parte, “evidence” significa en inglés “indicios, signos, datos, pruebas, hechos indicativos o datos sugestivos”. Como solemos decir, no hace falta ser un lacaniano más o menos obsesionado por el lenguaje para darse cuenta de que confundir ambos significados es un error conceptual grave.

Haciendo un poco de historia, en 1988 Laupacis señaló que los clínicos no tenían un patrón de medida con el que comparar los riesgos y beneficios de los diferentes abordajes terapéuticos. Para que la Medicina, y, en lo que nos interesa, la Psiquiatría, pudiese ser científica, debería someterse a un proceso de verificación empírica, basado en pruebas. En 1992 se publica en la revista JAMA el artículo fundacional de la MBE, firmado por el autodenominado Evidence-Based Medicine Working Group. El grupo de trabajo dirigido por Sackett propugnaba un cambio de paradigma basado en una serie de axiomas:
  • La experiencia clínica y la intuición en ocasiones pueden resultar engañosas.
  • El estudio y comprensión de los mecanismos básicos de la enfermedad constituyen guías necesarias pero insuficientes en la práctica clínica, pudiendo llevar a predicciones incorrectas. El conocimiento psicopatológico y la expe­riencia clínica no son suficientes para establecer juicios como el diagnóstico, el pronóstico y la eficacia de los tratamientos; dan lugar a una medicina basada en la opinión que puede conducir a predicciones inexactas.
  • Es preciso buscar la mejor evidencia disponible a través de búsquedas en la literatura científica.
Como señala Sackett, el ensayo clínico aleatorizado, especialmente la revisión sistemática de varios ensayos clínicos aleatorizados o metaanálisis, es el “patrón oro” para juzgar si un tratamiento causa o no beneficio o daño. Y como afirma por su parte Desviat, la decisión clínica se convierte en el resultado de un pro­ceso supuestamente objetivo y reproducible. Frente al llamado “ojo clínico” y las conjeturas y suposiciones basadas en la experiencia e imposibles de validar se­gún criterios de ciencia natural, la MBE ofrece verificaciones empíricas, pruebas (aunque mal traducidas como evidencias, eso sí).
Dicho esto, quiero entrar en el, para nosotros, núcleo del asunto. La MBE (cayendo en la errónea traducción, que se ha hecho habitual) despierta, especialmente en el campo psiquiátrico, férreas adhesiones y furiosos cuestionamientos. Como tantas cosas y casos a lo largo de la historia de nuestra disciplina, se configura como una especie de raya en la arena respecto a la cual hay que posicionarse: ¿estás a favor o en contra de la MBE? El problema es que, como para todo en la vida, antes de saber si se está favor o en contra hay que saber de qué se está hablando.
 
Y la cuestión es que el término Medicina Basada en la Evidencia hace referencia a dos conceptos diferentes y que suelen confundirse. Por una parte, la MBE se intenta configurar, desde algunos sectores, como una suerte de paradigma en el sentido de Kuhn que va a proporcionarnos las respuestas a todas las viejas cuestiones de la Psiquiatría (aunque sea por el método, poco meritorio, de descartar la mayoría de las preguntas). La MBE como paradigma se sitúa al lado de la llamada psiquiatría biológica, de forma que prácticamente se confunde con ella en una especie de simbiosis no exenta de contradicciones, como luego comentaremos. Si a esta simbiosis le sumamos el interés siempre atento de la industria farmacéutica por conseguir el más difícil todavía de engordar sus cuentas de beneficios sin necesidad de desarrollar ninguna innovación terapéutica digna de ese nombre, llegamos al llamado, en palabras de Mata y Ortiz que suscribimos plenamente, paradigma bio-comercial en Psiquiatría, del que hablaremos tal vez otro día, porque hoy nos han traído a hablar de la MBE…
 
Por una parte, decíamos, tenemos la MBE como paradigma explicativo de la Psiquiatría y la enfermedad mental, desde un punto de vista biológico (o, en realidad, como señalaron Luque y Villagrán, físicoquímico, porque lo biológico es bastante más complejo…).
 
Pero, por otra parte, la MBE son también una serie de herramientas y técnicas de recogida y análisis de datos, para la obtención de resultados que consigan una racionalización de los tratamientos y actividades médicas, en busca de cierta objetividad a la hora de la clínica. Cuando se piensa en la MBE como una herramienta, lo primero que se debe tener presente es que una herramienta no sirve para todo. Una báscula es un gran instrumento para medir el peso de una paciente con un trastorno de la conducta alimentaria, pero será inútil para valorar el grado de sufrimiento que arrastra en su vida cotidiana debido a dicho trastorno. Es decir, lo que intentamos transmitir es que la MBE como herramienta, puede ser muy útil para medir determinadas cosas, pero absolutamente ineficaz para estudiar otras. Si queremos saber la altura de nuestros hijos, usaremos un metro, pero si queremos conocer sus intereses, tendremos que ponernos a escucharles… Y creemos que el ejemplo es pertinente si lo aplicamos a nuestros pacientes.
 
En Psiquiatría trabajamos con personas que sufren. Personas que presentan determinadas conductas, pensamientos o emociones que conceptualizamos como síntomas, pero que cobran sentido en su propia subjetividad (y que entendemos, o intentamos entender, sólo a través de la nuestra). La única forma de pretender que la MBE dé una explicación completa como paradigma psiquiátrico (de la mano de la psiquiatría biológica) es si conseguimos rechazar dicha subjetividad (propia y ajena) o, más bien, creer que somos capaces de hacerlo, y cosificar al paciente en el proceso. Donde hay un ser humano, con sus deseos, miedos, esperanzas, dolores y frustraciones, con su libre albedrío o su ilusión de libre albedrío, pensamos sólo en un organismo biológico, algo más complicado que una ameba pero no mucho más que una rata, y nos dedicamos a evaluar su conducta en términos de neurotransmisores que suben y bajan y condicionamientos que se refuerzan o se extinguen… Algo sobre esta cosificación se comenta en un famoso y polémico editorial contra la MBE, donde se podía leer: “No es sólo que la MBE afecte negativamente la calidad de la relación clínico-paciente sino que la reduce a una táctica neocapitalista para hacer negocios. […] Su problema [de la MBE] deriva de una perversión epistemológica […] profunda, resultante de la cosificación del hecho de prescribir y cuidar de las personas que sufren un trastorno mental. Esta identificación está estrechamente relacionada con las demandas de una economía neo-capitalista que precisa abrir nuevos mercados y crear nuevas necesidades consumistas. […] Y en medio de esta locura, donde todo el mundo quiere hacer negocio, la vieja relación médico-paciente, y el paciente que sufre, han desaparecido para siempre”. Poco se podría añadir a tan contundentes palabras. Su autor es el Profesor Germán E. Berrios, Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge.
 
Llegados a este punto, les daré nuestra opinión, que es para lo que nos han invitado: elevar la MBE a rango de paradigma en psiquiatría es completamente absurdo. Porque un conjunto de mediciones no pueden llegar a proporcionar una explicación completa del ser humano. Salvo que pensemos que el ser humano no es más complejo que una rata o cosa parecida, con lo cual obtendremos probablemente un montón de teorías que serán útiles sólo si se aplican a una rata y no a un ser humano. Además, la MBE de la mano de la psiquiatría biológica se constituyen en autonombrado paradigma de una forma que sólo podemos catalogar de tramposa. Tanto pontificar de datos, mediciones y ciencia pura y dura y, al final, todas las etiologías y fisiopatologías de las llamadas enfermedades mentales quedan despachadas con “sin duda son procesos biológicos, pero todavía no los hemos podido determinar”. Y como hemos señalado repetidamente, “todavía” no es un adverbio aplicable a cuestiones científicas sino a profecías religiosas sobre futuras venidas redentoras… Salvo que uno haga, como hemos leído más de una vez, de nuevo trampa y a la hora de ejemplificar causas biológicas de las enfermedades psiquiátricas se ponga a comentar el parkinson, el alzheimer o la neurosífilis…
 
Pero rechazar la MBE como paradigma totalizador expresado en la casi hegemónica psiquiatría biológica (nos permitirán que señalemos: biocomercial) no supone rechazar el poder de la MBE como herramienta. Estamos totalmente convencidos de que su papel como instrumento de medida es incalculable en Medicina y también en Psiquiatría. Pero, como todas las herramientas, mide lo que puede medir y no otra cosa. Un termómetro pediátrico mide la fiebre de un niño, pero no la preocupación de una madre. Ahora bien, que no sirva para valorar la preocupación de una madre ante la enfermedad de su bebé, no significa que no sea de la mayor utilidad para controlar la progresión de la fiebre en éste.
 
¿Y qué es lo que puede medir la MBE en Psiquiatría? Pues desde luego no, como decíamos antes, deseos, miedos o esperanzas… Pero sí servirá para evaluar, sobre todo, efectos primarios o secundarios de fármacos u otras intervenciones terapéuticas, y eso es de un gran valor a la hora de optimizar nuestros tratamientos y disminuir sus iatrogenias asociadas. Evidentemente, tampoco esta medición será infalible. Y no lo será porque nuestros instrumentos de medida sintomatológicos son la mayoría de las veces escalas cuya fiabilidad y validez puede ser discutible, o cuyos puntos de corte no dejan de tener cierta arbitrariedad. Pero, sin perder de vista estas limitaciones, creemos que la MBE, como herramienta en Psiquiatría, es no sólo útil sino imprescindible a la hora de evaluar nuestros tratamientos y sus efectos. Y sobre todo los tratamientos farmacológicos, porque valorar experimentalmente las psicoterapias lleva a grandes problemas a la hora de diseñar intervenciones placebo o evaluar los distintos resultados que cada psicoterapia busca… Por supuesto, la MBE tampoco es perfecta aplicada a la evaluación de los efectos de los psicofármacos también en gran parte por múltiples sesgos asociados a los conflictos de intereses de quien financia, escribe o simplemente se limita a firmar el estudio en cuestión… Pero de la influencia de la industria farmacéutica en nuestra disciplina habremos de hablarles en otra ocasión…
 
Y no queremos dejar de comentarles una cuestión que nos ronda insistentemente por la cabeza hace ya tiempo: nos llama poderosamente la atención la contradicción de que quienes se posicionan más fervientemente del lado de lo que hemos llamado la MBE como paradigma, más ignoran los resultados que proporciona la MBE como herramienta. Y al contrario, quienes más críticos intentamos ser contra ese intento de paradigma biocomercial basado en la evidencia (lo que Spielmans llamó en un artículo de 2010 Medicina Basada en el Marketing), más nos fijamos e intentamos aplicar en nuestra actividad clínica diaria los resultados de la MBE como herramienta.
 
Lo que tratamos de decir es que la posición casi hegemónica en nuestro entorno de la psiquiatría biológica supuestamente basada en la MBE ignora, en sus teorías explicativas que gustan de confundir correlaciones con causalidades y en sus prácticas de tratamiento, una serie de hallazgos obtenidos de acuerdo con los parámetros de la MBE como herramienta. Vemos y oímos a muchos profesionales defender con absoluta firmeza la psiquiatría biológica y científica como única con derecho a existir para, a continuación, argumentar que no se fían de estudios independientes, metaanálisis muchos de ellos, que resultan ser críticos con los fármacos producidos por las empresas que les pagan obsequios, comidas y viajes diversos. Y como no se fían de dichos estudios independientes, de sus escalas o análisis estadísticos, consideran que es mejor probar cada fármaco nuevo que un amable visitador nos pone delante, sin detenerse a pensar que existe algo llamado el sesgo del observador o que ése es exactamente el mismo argumento con el que defienden los curanderos y chamanes sus pociones (aunque éstas posiblemente sean más baratas y tengan menos efectos secundarios). Ya se sabe: por la mañana anunciamos la muerte del psicoanálisis o las barbaridades de la antipsiquiatría, y por la tarde nos dedicamos a probar (de hecho, más bien a hacer probar a nuestros pacientes) los fármacos que la industria nos indica, sin molestarnos en revisar la evidencia disponible (o muchas veces la falta de ella) sobre eficacia, tolerancia o coste. Igual que cuando vamos rapidito a la manifestación contra los abusos de la gran banca para llegar a tiempo al viaje al extranjero que nos paga la gran farmacéutica. O cuando ponemos a parir a personajes que afirman no venderse por cuatro trajes pero, a la vez, estamos convencidos de que no nos vendemos por cuatro cenas.
 
En fin, para no caer en el mal rollo, nos detendremos en unos cuantos ejemplos de esos estudios críticos que mencionábamos y que muchas veces se prefiere ignorar:
 
Es totalmente habitual que la prescripción de antipsicóticos se inicie por un fármaco de los llamados atípicos: hay varios estudios independientes que no encuentran ventaja frente a los típicos. Lo que eso significa a nivel de coste es sencillamente escandaloso:
(revisión de los ensayos clínicos publicados en el artículo original)

Es totalmente habitual la prescripción de medicación antidepresiva para cualquier episodio depresivo independientemente de su gravedad, aunque hay varios metaanálisis que demuestran que, excepto en las depresiones severas, la eficacia del fármaco no es superior a la del placebo:
(revisión de los ensayos clínicos publicados en el artículo original)


En relación con el aumento continuo de las prescripciones de antidepresivos, hay estudios que hablan del riesgo de disforia tardía causada por ISRS o de dependencia, pero tampoco parece que se haya decidido indicar nada al respecto.
(revisión de los ensayos clínicos publicados en el artículo original)

¿Y qué significa todo esto? En nuestra opinión, aceptar la MBE como paradigma es absurdo, pero rechazarla como herramienta es ridículo. La MBE es usada por la psiquiatría biológica y su entramado comercial como una especie de martillo con el que aplastar cualquier orientación psiquiátrica considerada enemiga, ya sea el psicoanálisis, las terapias sistémicas, las humanistas, los planteamientos sociales, etc. Pero la MBE no es un martillo, es una herramienta de precisión que sirve para medir lo que mide, y no otra cosa. Y debemos emplear dicha herramienta en lo que vale y para lo que sirve. Y, aunque sus resultados sean incómodos para lo que creíamos establecido y lo que durante tanto tiempo hemos dejado que nos contaran, a lo mejor ha llegado el momento de que empecemos a cuestionarnos una serie de cosas sobre nuestros conocimientos teóricos, nuestra actividad clínica y nuestra posición ética, sobre nuestros tratamientos y nuestro trato a las personas que atendemos, que deberían ser la única motivación y el único interés de nuestro trabajo…
 
Autores: Drs. José Valdecasas y Amaia Vispe.
Ponencia presentada en las
XIV Jornadas de actualización en Psiquiatría y Salud Mental, celebradas en el Hospital Insular de Gran Canaria, del 22-23 de noviembre de 2012, y tituladas "Postmodernidad y Enfermedad Mental", dedicadas en homenaje al Dr. Agustín Cañas.
Fuente:
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