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EN RECUERDO del Dr. Josep Maria Queralt i Soler, médico homeópata

En otoño o en primavera-

¿Qué importa?

En la juventud o en la vejez-

¿Qué más da?

De todas maneras desaparecerás

en la imagen de la Totalidad

Tú desapareciste, has desaparecido

ahora, hace un instante

o hace mil años

Pero Tu desaparición

persiste

 

               Gunnar Ekelöf.- “Diwan”.

 

                        Nuestro amigo

Nuestro compañero

Nuestro colega

Nuestro maestro

Ha desaparecido

Ha desaparecido para siempre

Pero Su desaparición

Persistirá para siempre.

 

Fue un pionero en nuestro campo

Conoció y aprendió

de muchos grandes de la Homeopatía:

Paschero, Eugenio Candegabe, Masi Elizalde, Ortega,…

y tantos otros.

 

Formó parte del primer grupo español de Homoeopathia Europea (H.E.),

el grupo Sepia, bajo el liderazgo de Jacques Imberechts,

que también nos dejó el año pasado.

Y lideró, él mismo, subsiguientes grupos de H.E. en España.

 

Infatigable, días y noches dedicados a nuestro arte.

Compartiendo y dando lo mejor de sí mismo

por nuestra causa mutua,

desde el principio hasta el final.

 

Organizó las 1as. Jornadas de Medicina Homeopática Unicista

en Mallorca,

germen de la fundación de la

Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH),

con espíritu unificador de todos los colegas,

en todo el territorio español,

desde su cargo de presidente

de la Associació Mèdico Homeopàtica de Mallorca (AMHM).

 

Luchó con pasión para que la Homeopatía

tuviese el estatuto de ciencia y arte

que le corresponde.

 

Integrante de una de las consultas homeopáticas pioneras

en España -tras el resurgimiento de la Homeopatía

en nuestro país en los años 80-, que ha durado más tiempo (unos 35 años)

compartida con otros tres médicos homeópatas: el

Centre de medicina homeopàtica de Mallorca,

en gran parte gracias a su esfuerzo de trabajar en equipo.

 

Estimaba su trabajo:

Entregado a sus pacientes,

-a quienes cuidaba con gran mimo

en todas sus facetas humanas,

no sólo en su dimensión estrictamente médica-

establecía fuertes vínculos de amistad;

era como un padre, un familiar, un confesor,

para muchos de ellos.

 

Investigador incansable –de la doctrina homeopática,

del Repertorio, de la Materia médica-, colaboró con ahínco

en la revisión de la traducción castellana del repertorio Synthesis,

siendo su objetivo el buscar siempre la mejor manera de apaciguar

el sufrimiento de los demás.

 

Su dedicación, su entrega,

eran incluso excesivas, envidiables,

eran inigualables.

 

Tenía madera de líder,

que ejercía con tenacidad, compromiso y máxima responsabilidad.

 

Ha desaparecido uno de los grandes de la Homeopatía, en Mallorca, en

Cataluña, en toda España.

Lo echaremos mucho en falta.

Su recuerdo iluminará el camino

de todos aquellos que lo conocieron,

porque dejaba una huella indeleble en los corazones.

 

Mantengámoslo en  la memoria

para que su ejemplo

sea un modelo a seguir por las nuevas generaciones,

para los que no lo conocieron.

 

¡Así sea!

Adiós, querido amigo.


Jacques Imberechts, MD, in memoriam

En nombre de todos los miembros de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH), a través de este sucinto y sencillo escrito, queremos rendir un pequeño homenaje a uno de los grandes pedestales -quizás el mayor- de la Homeopatía médica en España, y no sólo en España, sino en muchos otros países de casi todos los continentes.


Su llegada a España fue providencial, para avivar la chispa de la Homeopatía –mantenida casi en clandestinidad y en exclusiva por el Dr. Enric Peiró i Rando, de la Academia Mèdico Homeopàtica de Barcelona- en el corazón de unos inquietos estudiantes de Medicina, que buscaban más allá de las asignaturas impartidas en una de las dos facultades de Medicina de Barcelona que existían en aquella época.

De eso ya hace la friolera de más de 40 años. Así se fundó entonces el primer grupo español de Homoeopathia Europea (H.E.), el grupo Sepia, siguiendo la estela de algunos grupos que ya existían en Europa con nombres de remedios homeopáticos, y siendo liderado por el propio Jacques, que tenía su grupo en Bruselas, donde siempre residió.

Si algo lo caracterizaba de forma muy particular era su don de gentes y su facilidad por aprender idiomas diversos; gracias a lo cual colaboró activamente en cosechar el germen de la Homeopatía allá donde fuere, por muy yermo que fuera el terreno. Viajero incansable, era consciente de la utilidad imprescindible de conocer distintos pueblos, culturas diferentes, perspectivas diversas, para tener menos prejuicios y poder observar al paciente de manera más objetiva.

Su caballo de batalla fue, desde el principio, la investigación. Fundó Homoeopathia Europea, que más tarde se amplió a Homoeopathia Europea & Americana, con el objetivo único y primordial de investigar. Repitió hasta la saciedad que H.E. no era una escuela, sino grupos de investigación: grupos de médicos homeópatas que se reunían para homogeneizar su práctica homeopática, partiendo de unos criterios comunes de aplicación de la doctrina (o teoría) homeopática, con el fin de que los resultados prácticos fueran contrastables, y se pudieran sacar conclusiones válidas para el avance de la ciencia homeopática.

Fundó en 1990, durante el Congreso Internacional de la Liga Medicorum Homoeopathica Internationalis (LMHI) en Barcelona, en consenso con todos los vicepresidentes de la LMHI presentes, el Comité Europeo de Homeopatía (ECH – European Committee for Homoeopathy, por sus siglas en inglés), del que fue su presidente durante varios años, participando muy activamente, desde el principio, en fomentar sobre todo las comisiones de Research (Investigación) y de Provings (Experimentaciones puras), que para él eran la columna vertebral del gran edificio de la Homeopatía,  único camino para asegurar su progreso.

Le gustaba la metáfora de la vaca: investigar era para él la forma de nutrir a la “vaca” (a la Homeopatía), para que creciera y diera sus frutos, y no sólo ordeñarla, evitando así que enflaqueciera y muriera de inanición por sobreexplotación.

Por ello se mantuvo siempre independiente en sus criterios: era un librepensador, antiescolástico por naturaleza. No siguió escuela alguna, pero las aceptaba todas. Eso, a ojos de algunos podía parecer contradictorio o incoherente, cuando era precisamente todo lo contrario: extremadamente riguroso y coherente. Aceptaba todos los puntos de vista, siempre y cuando se le ofrecieran argumentos objetivos válidos. Insistía en la importancia crucial de los hechos, frente a la teoría, frente a las especulaciones. Resumiendo: era un hahnemanniano  estricto, pero no dogmático. Era de mente muy abierta.

Se interesó hasta el final de sus días en conocer diversos modos de aplicar la medicina homeopática. Le interesaban ante todo los resultados, pero no se contentaba con ello: quería saber también el proceso que había llevado a esos buenos resultados, para poderlos reproducir dadas circunstancias similares. Es decir, era un científico nato.

Fue gracias a su personalidad por lo que se codeó con toda la élite de la Homeopatía del siglo XX. Allí donde destacaba alguien, ahí estaba él para aprender algo nuevo. No se cansó de viajar y de aprender. Se consideró siempre un aprendiz de la Homeopatía, enmarcado en la tríada aprendiz-artesano-artista, en la búsqueda de otros aprendices, artesanos y artistas de quienes aprender. Nunca se autoproclamó artista, cuando los que lo conocimos sabíamos que lo era. Eso en él era la forma peculiar de manifestarse la humildad, humildad con dignidad, valentía y arrojo.

Una combinación explosiva cuando echaba mano de su hobby preferido (el gin tonic). Entonces podías descubrir quién había realmente detrás de su fachada aparentemente grandilocuente: era todo un caballero, de los que quedan pocos. Pero su fachada –su fuerte personalidad- generaba odios feroces o amores incondicionales, sin medias tintas. Y no tenía reparo alguno en exponer su criterio allí donde hiciera falta, sin reparar en la audiencia, fuera en petit comité –con su muy personal modo de liderar los grupos de trabajo, fuera en sus intervenciones públicas, vociferando desde el fondo de la sala. Ser un líder nato conlleva esas consecuencias.

Podríamos seguir nombrando otras características de su gran personalidad, pero no es el momento ni el lugar adecuados. Podríamos hablar de su sentido agudo del humor (“negro”), de su elegancia, de su impecable comportamiento, en especial con las mujeres, y así… no acabaríamos nunca.

Para terminar, queremos, desde la FEMH, desearle un caluroso viaje al más allá, sea donde sea. Y asegurarle que brindaremos en su honor por haber dejado un legado inapreciable, y una huella indeleble en nuestros corazones.

Nos quedamos con el compromiso de seguir alimentando a la vaca, para evitar que fenezca.

Allí donde estés Jacques, te mandamos un fuerte abrazo, agradeciéndote de corazón todo lo que has hecho por la Homeopatía, dentro y fuera de España.

Descansa en paz, Jacques, con la tranquilidad de que todos tus esfuerzos en pro de la Homeopatía no han caído en saco roto, que somos muchos los que te tomamos el relevo en la gran misión en este mundo de engordar a la vaca, o, al menos, de ordeñarla en la misma medida que la vayamos alimentando.

Aprendiendo de la historia (de la Homeopatía)

Dicen que es bueno conocer la historia para no repetirla, para no caer en los mismos errores que ya cayeron nuestros ancestros. Lamentablemente ese consejo se sigue poco, y se repiten y se repiten las mismas equivocaciones. Aquello de tropezar con la misma piedra varias veces, peor que los burros.

Esta introducción viene a cuento por lo que está ocurriendo con la Homeopatía en España y en el mundo. La oposición a la Homeopatía es constante desde su fundación. Ya Hahnemann tuvo que lidiar con ella. ¿Hemos aprendido alguna lección a lo largo de más de dos siglos de andadura?

Los detractores de la Homeopatía existieron entonces y existen ahora, a pesar de las diferentes condiciones sociopolíticas. La oposición de los médicos alópatas (ahora les llamamos “convencionales”) se ha mantenido a lo largo del tiempo, a pesar de la prevalencia de la práctica homeopática y de sus evidentes resultados beneficiosos para la salud. En distintas épocas los éxitos terapéuticos se han  observado en distintas patologías. 

Al principio, fueron muy definitivos con el tratamiento de las epidemias infecciosas que afectaban a gran parte de la población; ahora son más claros con las enfermedades crónicas, la mayoría incurables con la terapéutica química, que precisan de tratamiento continuo, con añadido de efectos secundarios.

La historia del auge y el declive de la Homeopatía en EEUU es un ejemplo claro de la actitud de los médicos, tanto alópatas como homeópatas. Harris Coulter, un historiador de la medicina y, en especial, de la Homeopatía, realizó un estudio exhaustivo de la historia de la medicina en Occidente, desde Hipócrates hasta el siglo XX, poniendo de relieve los conflictos entre médicos alópatas y homeópatas. Su obra cumbre, en 4 gruesos volúmenes, fue Divided Legacy. Una historia del cisma en el pensamiento médico. Ya sea porque no se ha leído (-se leen poco los libros de historia, además de no estar éste traducido al español-) o si se ha leído porque no se le ha hecho el caso suficiente, la cuestión es que, en la historia del desarrollo de la Homeopatía en EEUU, la actitud de los médicos da indicios suficientes del colectivo con el que estamos profesionalmente implicados. Y debería darnos claves para saber cómo actuar, para no caer en los mismos errores que ya cayeron nuestros predecesores.

Vamos a intentar resumir el problema de la forma más concisa y clara posible.

La medicina es un negocio. La medicina en sí misma no es un negocio, no lo ha sido en otras épocas; lo es sobre todo en el sistema económico capitalista que tenemos ahora. Quien se opone a dicho negocio puede tener graves problemas. Un ejemplo se muestra en la película Un jardinero fiel, del 2005; hasta entonces no se había realizado ninguna película que criticara los tejemanejes de la industria farmacéutica. Para los que no habéis visto la película, se basa en una novela de John Le Carré, donde se investiga un asesinato relacionado con la sospecha de malas prácticas empresariales en la investigación de un nuevo medicamento con riesgo para la población de Kenia a quien se le administra.

Todas las partes son cómplices de dicho negocio. Tanto políticos de la sanidad, gestores de la salud, como médicos,  enfermeros, y, por supuesto, la industria farmacéutica. Son escasas las voces que se alzan criticando esta situación, honrosas excepciones de algunos profesionales, entre ellos, clínicos como los médicos de familia Juan Gervás, del equipo Cesca[i], y Abel Novoa, de la plataforma NoGracias[ii], el farmacólogo Joan-Ramon Laporte, entre algunos pocos, que parece que tienen poca repercusión mediática.

La Homeopatía, dentro de la medicina, supone un negocio limitado. Por un lado, pone en entredicho el uso de muchos medicamentos químicos de escasa o nula utilidad o con demasiados efectos adversos, para los que la Homeopatía ofrece alternativas terapéuticas inocuas y eficaces; por otro lado, supone una competencia con la medicina alopática (llamada ahora “convencional”), al ofrecer tratamientos efectivos para la mayoría de patologías agudas y crónicas. En una reunión de la Asociación Médica Americana, uno de los médicos ortodoxos más respetados dijo que “debemos admitir que nunca luchamos contra los homeópatas por cuestión de principios, sino porque vienen y nos quitan el negocio”.[iii]

Los tratamientos homeopáticos son baratos. Incluso en las condiciones actuales del mercado farmacéutico, cualquier tratamiento homeopático es mucho más barato que cualquier tratamiento químico convencional, empezando por el uso de un solo medicamento, donde la medicina convencional prescribe varios. Hahnemann también tuvo conflicto con los farmacéuticos de su época, por el uso tan limitado de medicamentos, y, además, porque los daba él mismo para asegurarse de su forma de preparación. Sin llegar a la propuesta, ya olvidada, de Hahnemann, de un solo laboratorio nacional, que asegurara el suministro de medicamentos homeopáticos bien elaborados.

Cualquier medicina barata es un peligro. Además de la Homeopatía, cualquier forma de tratamiento que por su idiosincrasia abarate los costes supone un riesgo para el negocio de la salud, entre otras cosas porque pone en evidencia los exagerados recursos que se dedican a la fabricación de medicamentos químicos. Aquí podemos incluir a todas las formas de medicina tradicional, natural, y todas las técnicas que prescinden de medicamentos (higienismo, dietas, masajes, imposición de manos, manipulaciones, etc).

Hay que ser conscientes que estamos hablando del tercer sector de la economía, detrás de la venta de armas y el narcotráfico. La revista Forbes publicó en 2015 un artículo sobre los sectores de negocio más rentables en EEUU. En lo alto de la lista destacaban las tecnologías de la salud, incluyendo las farmacéuticas, con 21%. Las tres principales empresas farmacéuticas: Pfizer, Merck & Co y Johnson & Johnson, todas presentan tasas de beneficio del 25% o superiores. Los EEUU se embolsan la mayor parte (45%) de esos ingresos, seguido por las industrias de la salud europeas, que se encuentran en declive.

Después de la Standard Oil de Rockefeller (hoy Exxon), el segundo conglomerado de empresas farmacéuticas y petroquímicas más grande del mundo durante la primera mitad del siglo XX, fue del grupo IG Farben con sede en Alemania. Este conglomerado de empresas fue el factor principal que explica la subida de Hitler al poder y su invasión conjunta de Europa y del mundo. De hecho, la Segunda Guerra Mundial fue una guerra de agresión preparada, comenzada y dirigida desde los consejos de planificación de IG Farben. IG Farben fue la accionista principal de la Standard Oil de Rockefeller, y viceversa. En el Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg de 1947 contra los directores del cartel IG Farben, algunos de ellos (24 ejecutivos) fueron declarados culpables y condenados por cometer crímenes contra la humanidad, como masacres, pillaje y otros delitos. El Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg también desmanteló el cartel IG Farben, que se disolvió en las empresas Hoechst, Bayer y BASF. Hoy en día, cada una de estas sociedades es más
grande que su antigua sociedad matriz IG Farben en aquel momento.

Una condición previa para el auge de la industria farmacéutica como fulgurante negocio de inversión fue la eliminación de la competencia de las terapias seguras y naturales, ya que éstas no son patentables y sus márgenes de beneficio son escasos. Y  esto es lo que seguimos viendo hoy en día.

Conclusiones
1.- La defensa del gremio médico en su conjunto, por parte de los dirigentes políticos (nacionales y de las organizaciones profesionales) supone siempre un detrimento para los homeópatas, porque siempre son una minoría. Las negociaciones con ellos son inútiles por infructuosas.
2.- La industria farmacéutica dominante hará siempre todo lo posible para evitar el desarrollo de la Homeopatía (y de cualquier terapia que se erija como alternativa a los medicamentos químicos y cuyos productos no sean patentables), porque pone en peligro su propio desarrollo.
3.- Las organizaciones médicas y la industria farmacéutica suelen coincidir y colaborar en muchas cuestiones de interés mutuo, que no incluyen a la Homeopatía, o quizás sí, su crítica.
4.- Pretender que los médicos convencionales escuchen las reivindicaciones de los homeópatas es pecar de inocencia. ¿Por qué les podría interesar a los médicos alópatas llegar a un acuerdo con los homeópatas?
5.- Cuando los homeópatas se esfuerzan en complacer a sus “colegas” alópatas, eso suele ir en detrimento del ejercicio de la Homeopatía: la formación y la práctica homeopáticas se “alopatizan”, se deja de tratar la totalidad sintomática a expensas de prescribir por la patología o la queja principal (sin modalizar).
6.- Lo anterior, junto a otras razones, favorece la desunión entre los propios homeópatas, haciéndoles perder fuerza, la fuerza minoritaria que ya tienen.
7.- La única fuerza que podemos tener los homeópatas son los resultados, valorados por los médicos y los pacientes, y reivindicados a través de organizaciones de homeópatas y de pacientes y usuarios. Por lo tanto, manteniéndonos en una práctica homeopática rigurosa, sin concesiones a la medicina oficial predominante.

Los homeópatas siempre hemos sido minoría en el sector médico, y probablemente seguiremos así durante mucho tiempo. Sólo podemos blandir el argumento ético del respeto a las minorías, en una sociedad supuestamente democrática: la minoría de médicos que ejercen libremente la Homeopatía y la minoría de pacientes que la eligen libremente como opción terapéutica, ambos satisfechos con ella.

¿Seguiremos repitiendo los errores históricos que diezmaron a la Homeopatía en el pasado o miraremos hacia el futuro para forjar un nuevo camino?


Notas sobre la historia de la Homeopatía en EEUU[iv]
Como ya hemos dicho, una de las razones principales por las que a los médicos convencionales no les gusta ni la Homeopatía ni los homeópatas es porque les quitamos el negocio, no es por cuestión de principios, que en todo caso es una buena excusa.[v]

En Estados Unidos los homeópatas crearon una asociación médica nacional en 1844 (el American Institute of Homeopathy), que fue la primera asociación médica americana, dos años antes de fundarse la American Medical Association (A.M.A.) en 1846, en parte para frenar el auge de la Homeopatía.[vi] Varios miembros de la A.M.A., que eran particularmente adversos a la Homeopatía de hacía tiempo, decidieron purgar todas las asociaciones de médicos locales donde hubiera homeópatas.[vii] Además de ello, desalentaron la asociación con homeópatas; en 1855 la A.M.A. estableció un código ético donde sancionaba a los médicos ortodoxos con perder su condición de miembro si tan solo consultaban a un homeópata o a cualquier practicante “irregular”, cosa que en algunos estados suponía la pérdida de la licencia para practicar medicina.[viii]

Hacia el 1900 existían 22 escuelas médicas homeopáticas, más de 100 hospitales homeopáticos, unos 60 orfanatos y residencias de ancianos, y más de 1.000 farmacias homeopáticas en E.E.U.U. Las estadísticas indican que el número de homeópatas en Nueva York se doblaba cada cinco años entre 1829 y 1869. Según la Comisión de Educación de E.E.U.U., tres de las cuatro escuelas médicas con las bibliotecas más grandes eran homeopáticas. Y a finales de siglo XIX, existían unas 29 revistas homeopáticas diferentes.

Probablemente, la razón principal de la popularidad de la Homeopatía fue el éxito en el tratamiento de varias epidemias infecciosas que asolaron América y Europa durante el siglo XIX. Las estadísticas indican que la mortalidad en los hospitales homeopáticos por dichas epidemias a menudo era de la mitad a una octava parte de la que se daba en los hospitales médicos convencionales.

En 1910, la Fundación Carnegie publicó el famoso/infame informe Flexner. El informe Flexner era una valoración de las escuelas médicas americanas presidido por Abraham Flexner, en colaboración con líderes de la A.M.A.[ix] Con pretensiones de objetividad, el informe establecía directrices para sancionar a las escuelas médicas ortodoxas y condenar a las homeopáticas. Como consecuencia de dicho informe, sólo a los graduados de las escuelas que recibían una alta valoración se les permitía realizar los exámenes para licenciarse en Medicina. De los 22 colegios homeopáticos que había en 1900, sólo quedaban dos en 1923. Para hacer frente a las directrices y para poder acceder a los nuevos exámenes de licenciatura que exigían ciencias básicas, los colegios homeopáticos decidieron ofrecer más formación en patología, química, fisiología, y otras ciencias médicas. Aunque ofrecían mejor formación en esas disciplinas, la formación homeopática se resintió.[x] Como resultado, los graduados de esos colegios homeopáticos estaban menos preparados para practicar bien la Homeopatía: en lugar de individualizar los medicamentos según la totalidad de los síntomas de la persona, muchos homeópatas empezaron a prescribir medicamentos en función de las enfermedades. Las consecuencias de ese tipo de práctica eran resultados predeciblemente pobres, con lo que muchos homeópatas renunciaron al ejercicio homeopático y muchos pacientes homeopáticos buscaron otras formas de tratamiento.

Quizás la historia hubiera cambiado si John D. Rockefeller, un fuerte defensor de la Homeopatía, hubiera concedido mayores subvenciones a las instituciones homeopáticas. Instruyó a su asesor financiero, Frederick Gates, para hacerlo así, pero éste, ferviente defensor de la medicina ortodoxa, no cumplió las órdenes de Rockefeller[xi]. Esa pérdida de financiación fue trágica, pues supuso unos 300-400 millones de dólares, a principios del siglo XX, que fueron a parar a instituciones médicas ortodoxas.

Además de varios factores externos que obstaculizaron el crecimiento de la Homeopatía, también hubo problemas entre los mismos homeópatas. El desacuerdo dentro de la Homeopatía tiene una larga tradición. Los más famosos homeópatas norteamericanos fueron hahnemanianos. Sin embargo, la mayoría de homeópatas no prescribían sus medicamentos en base a la totalidad de los síntomas, sino principalmente según la queja principal; eran lo que Hahnemann, ya en su tiempo, llamó pseudohomeópatas. Las escuelas de altas y bajas potencias desarrollaron organizaciones, hospitales y revistas separados. En 1901, debido a ese desacuerdo, en Chicago existían cuatro asociaciones médicas homeopáticas diferentes.

Hacia 1950 todos los colegios homeopáticos de EEUU fueron cerrados o ya no enseñaban Homeopatía. Sólo quedaban 50-150 médicos homeópatas practicantes, y la mayoría tenían más de 50 años.



[iii] Martin Kaufman, Homoeopathy in America, Baltimore: Johns Hopkins, 1971, 158.
[iv] Selección y traducción del artículo A Condensed History of Homeopathy de Dana Ullman, leído en junio 2019 en https://homeopathic.com/a-condensed-history-of-homeopathy/
[v] Martin Kaufman, Homoeopathy in America, Baltimore: Johns Hopkins, 1971, 158.
[vi] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 124-126.
[vii] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 199.
[viii] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 206-219.
[ix] Paul Starr, The Social Transformation of American Medicine, New York: Basic, 1982, 119.  Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 446.
[x] Harris Coulter, Divided Legacy, Berkeley: North Atlantic, 1975, volume III, 444.
[xi] E. Richard Brown, Rockefeller’s Medicine Men, Berkeley: University of California, 1979, 109-111.

HOMEOPATÍA: LA GRAN ACOSADA

Mientras algunas autoridades  intentan coger agua  bendita entre las manos y oficiar el sepelio de las mal llamadas medicinas alternativas (Medicina Tradicional  y Complementaria les llama la Organización Mundial de la Salud, OMS), nuestro Congreso de los Diputados rechazó en febrero pasado una Proposición no de ley  presentada por el partido ¿liberal? Ciudadanos que alegaba la necesidad de proteger a los enfermos de las citadas  medicinas considerándolas “pseudociencias y/ pseudoterapias”  (entre las cuales se encuentran la Acupuntura y la Homeopatía)  proponiendo que los mismos médicos denunciasen a aquellos colegas compañeros  que ejercieran cualquier práctica como estas alejadas, eso dicen, de la evidencia científica.
Siguiendo la estela tan  extravagante  caza de brujas en pleno siglo XXI  la Organización Médica Colegial (OMC) constituyó el  “Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias”  cuya alta misión  es  perseguir, controlar y fiscalizar, y en su caso denunciar,  a los médicos que las prescriben a pesar de la tozuda realidad que supone  que la OMS no solo no ha puesto en duda la eficacia de tales  enfoques terapéuticos, afirmación que  puede verse en su informe “Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2014-2023”. En él se  afirma que, sobre la eficacia y su valoración,  estas terapias presentan  métodos  igualmente valiosos  instando  a los gobiernos de todo el mundo a regular e incluir en los sistemas públicos a las  mismas. En el citado informe la anterior Secretaria General de la OMS  reconoció que la función de  la Medicina Tradicional o Medicina Complementaria en el mundo  es bien “el pilar principal de la prestación de servicios de salud” bien “su complemento”.  Es más, añadió también que tal tipo de medicina es “una parte importante  y con frecuencia subestimada de la atención de salud que se practica en casi todos los países del mundo y cuya demanda va en aumento”. Por otro lado también subrayó que “muchos países reconocen ya la necesidad de elaborar un enfoque coherente  e integral sobre la atención de la salud que facilite a los gobiernos, a  los profesionales sanitarios  y muy especialmente a los usuarios de los servicios sanitarios  el acceso a la Medicina Tradicional y Complementaria de manera segura, respetuosa, asequible y efectiva”. De ahí que uno de los objetivos para la OMS  para el periodo 2014-2023 sea  fomentar la integración de la Medicina no Convencional en los sistemas nacionales de salud.
Para alguno esto ha sido como mentar a la bicha al no coincidir, en esta ocasión, sus propios criterios con los de la citada institución.  El propio  Ministerio de Sanidad  español contestó a la propuesta de Ciudadanos recordándole que si bien no existe regulación estatal específica sobre este tipo de “terapias”  los productos homeopáticos  tienen  en toda Europa la consideración legal de fármacos de venta exclusiva en farmacias. Algo que los farmacéuticos tienen  claro y que aquí, en nuestra Comunidad Valenciana, han dejado claro  a pesar  de la campaña  en contra de su venta a la que  se ha sumado la real Academia de Farmacia. Por lo tanto seguirán vendiéndola (véase el diario Información del día  27 de julio del presente) o la opinión de la  presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Alicante  aparecida  en  el diario El Mundo el mismo día, señalando que  “la Homeopatía no es una cuestión de opinión sino de ley”. Opinión en contra  del peculiar criterio desfavorable hacia la misma  de  nuestra Consellera de Sanidad que quizás desconozca  o calle los preceptos derivados de la OMS y que el ejercicio de la Homeopatía tiene la consideración de “Acto Médico” reconocido por la propia OMC el 17 de diciembre de 2009. La  citada Consellera  remitió, no hace mucho,  una instrucción a todos los departamentos de salud valencianos para recordarles que la Homeopatía está excluida de la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud (SNS) y que su promoción y desarrollo en centros sanitarios públicos están prohibidos. Además solicitó por carta a la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, que  retirase el Real Decreto Legislativo 1/2015, el que reconoce la legalidad del medicamento homeopático.
Este acto de agresión hacia la homeopatía, agravado por el establecimiento del citado Observatorio de la OMC, pertenece a  una estrategia que se inició cuando fue publicado  el informe  sobre “Terapias Naturales” que en 2011 realizo en Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad: primer documento oficial sanitario español realizado por numerosos representantes  de todas las comunidades.  Se da el caso de que la medicina convencional no tacho en ningún momento  dicho documento de no  ser  fiable  y nunca definió a tales  terapias como “pseudoterapias o pseudociencias”. Es más, en dicho documento   jamás se solicitó inhabilitar a  quienes ejercen  tales terapias o cerrar páginas web con tales contenidos.  Estrategia que continuó  mediante la utilización  interesada de los “escépticos” agrupados en dos principales  organizaciones contrarias a estas terapias,  a pesar de que sus miembros poseen escasa formación académica y profesional en materia sanitaria y de salud.  Esta fue la segunda batalla perdida por ellos. La tercera batalla es la que fue enarbolada por determinadas asociaciones de enfermos denunciando a determinados prescriptores de este tipo de terapias. Denuncias que fueron archivadas finalmente. Asociaciones, estas y otras, a las que se les ha demostrado estar financiadas por multinacionales farmacéuticas. No se nos escapa  que al frente del Grupo Español de Pacientes con Cáncer, esté una experta en empresas formada en Harvard y no un paciente afectado por tal patología. La propia patronal farmacéutica española, Farmaindustria,  ya admitió  sin ningún rubor su interés por las asociaciones de enfermos. Interés que fue  denunciado por el Comité Permanente de Médicos Europeos el 11 de septiembre de 2004 en un comunicado oficial y que evidenciaba que  el  mismo  no es más que  puro marketing. Táctica de “acercamiento a los pacientes”  que emplearon cuando se dieron cuenta de la mala prensa que tenían  por su relación “directa” con los médicos a través de sus visitadores médicos. La cuarta batalla es la que todavía se está librando: la batalla de una conspiración perfectamente organizada.
Sin embargo toda esta actividad contraria a la Homeopatía no puede esconder  otras tantas investigaciones,  estudios y posicionamientos favorables – hasta de algún que otro premio Nobel-.  Ejemplo de ello es  el Proyecto CAMbrella, impulsado por la Comisión europea para conocer la actualidad y la radicación  de tales terapias en los estados europeos. Así    19 de los 39 países  tiene una legislación general relativa  a tales terapias; 11 de ellos con una Ley específica y 8 incluyéndolas  en sus leyes sanitarias: Francia, Bélgica, Finlandia,  Alemania y Suiza. Por otro lado y según un informe del Centro de Información Europeo  sobre Medicina  Complementaria y Alternativa más de 100 millones de europeos las utilizan. La propia OMS recoge en el informe citado arriba  que en Europa más de 146.000 médicos  utilizan   terapias complementarias, de los que unos 50.000  son homeópatas. Bien es sabido que  en 1997 el Parlamento Europeo instó a la Comisión Europea  a regular  en la Unión la enseñanza y la práctica de las medicinas no convencionales con numerosos argumentos, entre los que estaban  el derecho y el deber  que los médicos tienen de utilizar  en conciencia y según sus conocimientos todos los métodos terapéuticos de los que disponen. Propuesta apoyada en 1999  por el Consejo de Europa. Es más, la anterior Directora general de la OMS (Margaret Chan) durante la Conferencia Internacional para los países de Asia Sudoriental celebrada en febrero de 2013, afirmo que “para muchos millones de pacientes este tipo de terapias representa la principal fuente de atención sanitaria…//…haciéndola atractiva  en el actual contexto de encarecimiento  de la citada atención”.
Entonces ¿por qué tanto ruido en nuestro país? ¿Qué está detrás de este aquelarre de políticos y médicos contra médicos?  ¿Qué hay en la trastienda de esta campaña de desprestigio contra la Homeopatía y contra los médicos que la prescriben?  ¿Por qué  la OMC, Ciudadanos, algunos políticos y algunas agrupaciones  de escépticos  no reconocen, es más persiguen con saña  la Homeopatía  mientras que su eficacia no la pone en duda ni la mismísima OMS?  El asunto no es baladí y su respuesta es atronadora aunque  deja en el aire varias cuestiones. La primera es que si la OMC tiene razón y estas terapias no son válidas ¿cómo es posible que las consintiesen durante años incluso dentro de sus propios colegios permitiendo que miles de pacientes fuesen estafados? Y si estas terapias, repito avaladas por la OMS, son efectivas ¿no están demonizando y fiscalizando la profesionalidad de aquellos que las ejercen? Puedo aportar documentos que demuestran que un  presidente del colegio de médicos de Alicante, ya fallecido, apoyó y refrendo, dentro del propio colegio, la formación en materia  homeopática, facilitando cursos y espacios de reunión. Eran otros tiempos.
La respuesta, por tanto,  no ha de buscarse en la falta de eficacia de estas terapias, ni en la falta de estudios e investigaciones, ni en la adecuada formación de quienes la practican (en muchos Colegios de médicos, incluido el de Alicante, se crearon para tal fin  comisiones de acreditación) ni siquiera en la pretendida capacidad de la medicina oficial  para solucionar problemas pues ahí están las estadísticas de mortalidad y morbilidad. El sistema sanitario actual, ineficaz, caro e insostenible,  no ha conseguido, pese a los avances tecnológicos, cumplir con su máximo objetivo: aumentar el  nivel de salud de la población. La medicina actual, anclada en el paradigma mecanicista, no ha incorporado los nuevos avances conceptuales ni los descubrimientos que sobre las altas diluciones se han efectuado. Véase, por ejemplo, el artículo en PloS  sobre una investigación realizada en la Universidad de Verona sobre la eficacia del árnica en diluciones homeopáticas o las investigaciones sobre la presencia de nanoparticulas  en las mismas. Por lo tanto es incapaz de dar una respuesta que no va más allá de ofrecer, en la mayoría de casos, soluciones intermedias, sintomáticas y paliativas sin llegar a entender la verdadera raíz o causa de ninguna patología. Tampoco es capaz de responder  al  25 %  de aumento en el número de pacientes que mueren por alguna “enfermedad” en los últimos 15 años. Aumento que también alcanza a los fallecidos por cáncer en nuestro país año tras año. Aumento no explicable siquiera por el aumento de población.  Es insufrible, a la par que insólito que indocumentados e ignorantes sigan negando la existencia de trabajos científicos que avalan la Homeopatía  aun a sabiendas de que muchos pediatras, obstetras y cirujanos la prescriben  de forma sistemática tras sus intervenciones.
La respuesta finalmente, y a pesar de los apoyos institucionales de la máxima autoridad sanitaria, del Consejo de Europa y de  la Comisión Europea,  hay que buscarla en la presión que sobre los estados y sus gobernantes, sobre los médicos y  sus representantes, sobre los planes de estudios dentro de las facultades de medicina y sobre la mayoría de sociedades científicas y de pacientes españolas  ejerce  la  industria farmacéutica.
No se trata, por tanto,  de eficacia tal y como se desprende de las  instrucciones dadas por la Consellera  valenciana señalando además que son “prácticas sin evidencia científica que no curan y generan confusión” y que, por ello, es necesario crear “un instrumento dirigido a sentar criterios uniformes” para los profesionales sanitarios, “contribuyendo a la claridad en la adecuada prestación asistencial”. De hecho si de eficacia  hablamos habrá que colegir que la medicina “oficial”,  a pesar de sus destellantes avances tecnológicos, no ha conseguido fármaco ni  tratamiento alguno que sea capaz de prevenir o curar ni una sola enfermedad crónica o degenerativa. En su día la revista British Medical Journal –uno de los   altares donde genuflexionan  los fervorosos creyentes de  la ciencia médica– en una investigación titulada Clinical Evidence, y que analizó unos 2.500 tratamientos convencionales llegó a la conclusión de que solo el 13 %  de los mismos eran beneficiosos, el 23 % algo beneficiosos, el 8 %  entre beneficiosos y dañinos, el 6 % poco probable de ser beneficiosos y el 4 % ineficaces o perjudiciales. Del resto (46 %)  no se sabía nada. Algún tiempo después esta investigación se  amplió   a 3.000 tratamientos convencionales demostrando que: el 11 % eren claramente beneficiosos, el 24 % algo beneficiosos, el 7 % entre beneficiosos o dañinos, el 5 % poco probables de ser beneficiosos y el 3 % ineficaces y/o dañinos. Del otro 50 % no se sabía, ni se sabe, nada. Otro estudio de la Universidad  de Duke,  aparecido en la revista JAMA  sobre las guías de práctica clínica cardiológica avaladas por el Colegio Americano de Cardiólogos y la Asociación americana del corazón, demostró que solo el 11 %  de los tratamientos  cardiológicos se basaron en ensayos clínicos aleatorios: el más alto nivel de evidencia clínica.
También recomiendo leer  el artículo aparecido en PloS Medicine de título ¿Por qué la mayoría de los resultados publicados sobre investigación son falsos? Escrito por John Ioannidis, uno de los  investigadores más destacados en metaanálisis a nivel mundial. Según sus conclusiones, el 80 % de los estudios no aleatorios y  el 25 % de los aleatorios son erróneos. En otro estudio publicado en la misma revista con el título de ¿Por qué la mayoría de la investigación clínica es inútil? da una medida de lo que está pasando en la medicina oficial.
Un trabajo, aparecido en Acta Sanitaria y fundamentado en otras tantas investigaciones, de un conocido colega, coordinador del equipo CESCA, de título La Medicina como ciencia: menos arrogancia que tiene poca ciencia,  presentó unas conclusiones que deberían hacer sonrojar a muchos. Por ejemplo que el 90 % de la investigación publicada en medicina es falsa; que la mayoría de estudios publicados no se pueden replicar; que el 85 % del dinero usado en investigación es puro despilfarro; que apenas el 11 % de los 3.000 protocolos de la medicina convencional han demostrado ser útiles; que los medicamentos de síntesis causan en la Unión Europea la  muerte de 179.000 personas al año; que las embarazadas, parturientas y madres lactantes están siendo sometidas  a tratamientos y pruebas innecesarias; que millones de varones se vuelven incontinentes e impotentes a causa de los tratamientos que prescriben urólogos al diagnosticarles canceres de próstata inexistentes; que los psicofármacos lleva cada año a la muerte a más de 500.000 personas, etc, etc.
La fracasada medicina oficial, en manos de quienes ya desregularon  la innovación farmacológica,  está causando un  aumento de enfermos y enfermedades, un  aumento del gasto sanitario y el fracaso del sistema de salud. Las Agencias sanitarias casi no intervienen en la investigación preclínica y numerosas investigaciones, véase el artículo de la organización Proyect on Goverment Oversight (POGO), por ejemplo,  describen  como “fantasmas” a los autores en áreas tan específicas como la de los antidepresivos pediátricos. Así se fabrica la “evidencia”. Véase también la denuncia aparecida en el Journal of Nervous and Mental Diseases, sobre el mismo tema efectuada por el investigador Glen Spielmans en 2008, o  la denuncia de Richard Horton, editor de The Lancet sobre este tipo de revistas y su relación con las multinacionales farmacéuticas, o las críticas de la editora del New England Journal of Medicine,o las del ex Editor Jefe del Britisch Medical Journal, o las numerosas denuncias sobre los daños ocasionados por fármacos  realizadas por muchos investigadores, médicos, pacientes, periodistas  y concienciados, incluso premios Nobel. ¿Y aún nos preguntan por qué usamos Homeopatía y defendemos otro modelo sanitario y asistencial?
No, no se trata de hacer una lista de aquello que nos pueda parecer malo o bueno de forma arbitraria, de tachar de pseudoterapias determinadas estrategias terapéuticas avaladas por máximos organismos internacionales. Hay terapias y métodos complementarios  y alternativos, con elementos discutibles como cualquier otra,  cuya seguridad  y eficacia  ya no es discutible  incluso son corrientes en muchos y prestigiosos centros sanitarios del mundo.
La política y el interés  no deben confundirse con la ciencia. El escéptico, médico o no,  y algunos políticos, incluso los  bienintencionados,  se nombran a sí mismos  defensores de la ciencia pero en realidad no se basan en la duda científica sino en la fe en la Ciencia. Y esto  es bastante absurdo porque tener fe, incluso en la ciencia, no es nada  científico. Las sesgadas afirmaciones de los escépticos están repletas   de una enorme confianza  en lo científico y por ello  establecen   una especie de cruzada contra lo acientífico, supuestamente, por el bien de la humanidad, de la cual ellos son su agente mediador y  benefactor. Con ello, utilizando la ciencia como fuente de ética olvidan que la ciencia es una herramienta para conocer las consecuencias de nuestras acciones, pero no para decidir si éstas son buenas o malas. La ciencia no  puede ni deber  ser una religión. Los que  la deifican  no tardaran en levantar hogueras allá donde consideren. Ya lo hicieron y volverán a intentarlo.  A las pruebas me remito.
Autor: Adrián Martínez
Publicado el 23/11/2017.
Fuente: alicantehoy.es

Carta de un colegiado a la cúpula médica institucional sobre las prácticas médicas no convencionales, especialmente la Homeopatía

Carta abierta, dentro del ámbito médico profesional y colegial,
a los Dres. Rodríguez Sendín, Romero Agüit, Garrote Díaz y Fernández Torrente, miembros de la Comisión Permanente del
Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España



Distinguidos colegas:


Medios de comunicación les atribuyen las siguientes declaraciones:

-       La homeopatía es un proceso ilusorio, engañoso y sin ningún tipo de evidencia científica.
-       No se puede seguir engañando a la gente con procedimientos ilusorios que no tienen ningún tipo de justificación y que pertenecen al mundo de las creencias.
-       Otra cosa es que cada uno maneje lo que considere que no hace daño a su paciente, aunque sea del ámbito de la magia o de la fantasía.
-       Esos médicos homeópatas están convencidos de que esa pseudo-terapia funciona; la intención de la OMC en esta Asamblea es ver qué medidas se pueden adoptar para limitarla.
-       Muchas veces (los “mensajes homeopáticos”) retrasan la curación de los pacientes o entorpecen su calidad de vida, además de sacarles el dinero, que a veces es lo único que tienen.

Art. 37.2 y 37.3 del Código de Deontología Médica (CDM):

Los médicos deben tratarse entre sí con la debida deferencia, respeto, lealtad, sea cual fuera la relación jerárquica que exista entre ellos. Tienen la obligación de defender al colega que es objeto de ataques o denuncias injustas.

Los médicos se abstendrán de criticar despectivamente las actuaciones de sus colegas. Hacerlo en presencia de sus pacientes, de sus familiares o de terceros es una circunstancia agravante.

Art. 38.3:

Las discrepancias entre los médicos no han de propiciar su desprestigio público. (…) Se evitarán las polémicas públicas; las divergencias se resolverán en el ámbito profesional o colegial.

   La Asamblea General (AG) y la Comisión Permanente (CP) son los órganos colegiados de gobierno del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), que, junto a los Colegios Provinciales Oficiales de Médicos, constituyen la Organización Médica Colegial (OMC). El 15 de diciembre de 2009, la AG refrendó por unanimidad la homeopatía como acto médico. Tras la última AG, el 3 de diciembre de 2016, el CGCOM ha manifestado su “honda preocupación por las terapias pseudocientíficas, sectas sanitarias e intrusismo”. Aunque en su comunicado no se especifican modalidades, en sus declaraciones públicas dejan Uds. meridianamente claro que incluyen a la homeopatía en dicha categoría.

   En solo siete años, el CGCOM ha pasado de considerar el ejercicio médico de la homeopatía, informe técnico mediante, acto médico a transformarlo primero en acto sanitario pero no estrictamente médico, y, finalmente, a estudiar medidas para limitarlo, informe técnico pendiente. En el mismo período, sus discrepancias han desbordado el ámbito profesional o colegial que propone el Código, para dirigirlas al público general. Los factores determinantes de este radical, quizás precipitado, en todo caso sorprendente viraje merecen un análisis pausado. Entretanto, tiempos de incertidumbre para el ejercicio médico no ortodoxo.

   Cabe suponer que esta valoración en curso es solo la punta de lanza de un proceso que se intuye más amplio; que las acciones que se proponen, debaten y eventualmente ejecuten contra el ejercicio médico homeopático serían aplicables a toda la práctica médica no convencional (PMNC).

   Dejando de lado formas y foros, siento decirlo, cuestionables de referirse en tales términos a un colectivo de colegas, no me cabe duda de que sus motivaciones e intenciones son buenas, acordes a su papel institucional ante la sociedad. Que su referente es el mejor servicio médico a la población, y no el seguidismo, que algunos quieren ver en sus actuaciones, respecto a las hostilidades desatadas por múltiples agentes enfrentados a (y especialmente activos contra) la homeopatía.

   Legítimos o espurios como puedan ser, los intereses comerciales del mercadeo sanitario, las opiniones de los “azotes de las pseudo-ciencias” (entre los que medios incluyen a colegiados), las soflamas integristas de los guardianes del llamado pensamiento crítico/único, como asimismo las razonables, razonadas y constructivas críticas que el asunto merece,  poco o nada tiene que ver todo ello con los derechos y deberes de la praxis médica. A la hora de valorar ésta, convendrán conmigo en que son referentes adecuados, entre otros, el CDM, la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) y la Estrategia 2014-2023 sobre medicina tradicional, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), además de legislación, normativa y recomendaciones europeas al respecto, que Uds. deben conocer. Entiendo que ni son ni deben serlo las presiones, que a veces frisan el acoso, de los furibundos detractores de la PMNC, mediante recurrentes campañas de demonización canalizadas a través de medios reconocidamente contrarios. Y quiero pensar que tales presiones e intereses tampoco son referentes adecuados para Uds.

   En lo referente al Código, creo que se hace un flaco favor al ejercicio médico en los términos en que se redactó el Art. 26.2, el mismo que citan Uds. con frecuencia. A todo el ejercicio médico, también al llamado convencional, al condicionar la ética a la evidencia y vincular empirismo con charlatanismo. El ejercicio médico de base empírica no es charlatanismo. La llamada medicina basada en la pomposa evidencia, por masiva que ésta sea, no la convierte automática, necesariamente en ética.

   El argumento principal en sus declaraciones en contra del ejercicio médico homeopático, que, previsiblemente, harán Uds. extensible a toda la PMNC, es que no tiene evidencia científica. Ciertamente, carece de pruebas (el término correcto en castellano, no “evidencia”) suficientes, sea lo que sea lo que este término signifique, y que probablemente sea distinto según a qué se aplique. Pero cuando alguien declara que la homeopatía no tiene “ningún tipo de  evidencia”, bueno, la impresión es que no lo ha revisado.

   Por otra parte, se ha dicho que en torno al 80-90% de la práctica médica convencional carece de evidencia. Con el mismo criterio, tendríamos que reconocer ante la población (con no menor contundencia que cuando hablamos de PMNC, para ser justos) que en torno al 85% de nuestro ejercicio médico convencional carece de evidencia científica. Y, aplicando la misma vara de medir y empleando sus propios términos, declarar públicamente:

-       que en ese mismo porcentaje, el ejercicio médico empírico convencional sería asimilable a procesos ilusorios y engañosos;
-       que también en la medicina convencional recurrimos al ámbito de la magia o de la fantasía;
-       y que, no solamente aplicamos pseudo-terapias (en el sentido aceptado de carentes de suficiente base científica) sino que, además, creemos que funcionan.

   Si, como ha declarado públicamente uno de Uds., realmente no existiera más medicina que la (suficientemente) científica, asumiendo un significado tan restrictivo del término, la mayor parte de nuestro ejercicio convencional no podría considerarse acto médico. Si asumimos que toda su ética depende en tal grado de la evidencia, nos situamos nosotros mismos en una posición difícil. ¿Tendríamos que valorar también limitarlo, informe técnico mediante?

   Quizás estemos de acuerdo en que la cientificidad no es un valor absoluto, estático, una propiedad que se reconoce o niega a algo a perpetuidad, sino una actitud, una forma de hacer y de comunicar, entre otras, que han de actualizarse continuamente. Proceso, más que status.

   En ese proceso de cientificación está la medicina convencional en grado notable, y es motivo de orgullo profesional para un servidor tanto como lo es para Uds. Y en ese mismo proceso debe estar, evidentemente, la PMNC. En la medida en que el propósito de ésta sea progresar en esa vía, con las limitaciones derivadas de los escasos recursos disponibles, con las dificultades de implementar metodologías estandarizadas no siempre las más adecuadas al objeto de estudio, con el escaso reconocimiento científico y social que hoy día se concede a quienes se dedican a ello, en esa medida su ejercicio no falta a la ética. No es todavía suficiente medicina científica, cierto, pero tampoco “ilusión y engaño.

   Medicina empírica con voluntad de cientificación, no “charlatanismo”, es, por tanto, la mayor parte de la PMNC y en torno al 85% de la medicina llamada convencional. Medicina basada en la experiencia médica, no magia y fantasía”. Ética médica en el ejercicio no ortodoxo, no una forma de  “sacar el dinero.

   Y, por supuesto, frente común con Uds. ante la pura y dura sobre-explotación comercial de la PMNC, como ante cualquier aspecto de la asistencia en que pretenda imponerse el puro beneficio comercial sobre la salud. Pero, si me permiten la sugerencia, no se dejen Uds. impresionar por los referidos agentes hostiles y su cruzada anti-PMNC; no confundan Uds. el negocio que pueda ser, por ejemplo, la venta de productos “homeopáticos” a discreción con el noble, honesto, metódico y bicentenario ejercicio médico homeopático. Se ha dicho que los homeópatas fueron de los primeros médicos (si no los primeros) que registraron sistemáticamente las historias clínicas de cada uno de sus pacientes, desde principios del siglo XIX. Debían hacerlo, para asegurar la correcta prescripción y el minucioso seguimiento del paciente al que obliga el correcto tratamiento médico homeopático. Estamos hablando de ejercicio profesional, no de “mensajes homeopáticos”.

   Integración con las debidas garantías asistenciales y éticas es la opción elegida, por ejemplo, en el Consorcio Académico para la Medicina y Salud Integrativas: en torno a 70 universidades y hospitales de referencia de EE. UU. Esta vía es la contraria a la limitación, la censura y la eliminación de la PMNC, secuencia de actuaciones de fácil progresión una vez que se empieza. La que asoma en el horizonte cuando se fomenta su demonización pública. Cabe suponer que lo tienen Uds. en cuenta en el actual proceso de valoración abierto, cuando hablan de limitar.

   A esta vía de integración vengo aportando mi modesto esfuerzo en los últimos años, del que esta carta es expresión, la cual (de acuerdo con el Código) escribo con la intención de que quede circunscrita al ámbito profesional y colegial. Con todo y las dificultades que a menudo conlleva tender puentes entre orillas enfrentadas y distantes, merece la pena. He publicado mis reflexiones al respecto. No es difícil encontrarlas con una sencilla búsqueda, y estaré encantado de facilitárselas a su demanda. No obstante, cabe pensar que al menos parte de ellas no solo las conocen, sino que las reconocen como propias, a tenor de las declaraciones atribuidas al Dr. Fernández Torrente en la página institucional de la OMC, calcadas del texto de un artículo de mi autoría publicado en 2007 (véase Anexo adjunto). Si estamos de acuerdo en el diagnóstico, abórdese conjuntamente la mejor estrategia terapéutica. Por supuesto, la iniciativa depende en su mayor parte de la voluntad de la PMNC, en cumplimiento de su responsabilidad ante la sociedad. Y a la OMC corresponde ejercer la adecuada tutela, que entiendo debe hacerse en ámbitos profesionales y colegiales, de acuerdo también al CDM.

   No procede extenderme aquí sobre las oportunidades de normalización e integración que brindan las referidas LOPS y Estrategia, pero permítanme una breve referencia.

   La LOPS supuso, sigue suponiendo un poderoso estímulo y un marco adecuado para el desarrollo profesional también del colectivo de la PMNC, de cara a la mejora de su ejercicio profesional, a la optimización asistencial dentro de su campo de actuación. Un tren que en su día recomendé no debía perder la PMNC, actuando principalmente desde su ámbito asociativo, y al que, en mi opinión, no se subió con la debida presteza y decisión.

   Por otra parte, cabe esperar del colectivo médico convencional una actitud colaborativa hacia tales razonables fines de normalización del ejercicio médico no convencional. Como ejemplo, la LOPS solo reconoce la formación continua que esté acreditada. A tal fin, las actividades formativas en PMNC deben cumplir los requisitos que les permita aspirar a su acreditación y las correspondientes comisiones de acreditación no deben denegar la acreditación de una actividad formativa cuando las cumplen, por el solo hecho de tratarse de una PMNC. Ha pasado.

   Respecto a la referida Estrategia de la OMS, se trata de una propuesta a escala mundial para la adecuada integración de terapias convencionales, tradicionales y complementarias en los debidos términos de eficacia, seguridad y equidad. Otro marco integrador que nos propone avanzar, junto a los pacientes y desde el principio de su autonomía, hacia una interacción adecuada entre médicos con distintas aportaciones a la vieja ciencia y arte de curar.

   El bien del paciente, y el propio CDM a su servicio, invitan a nuestro colectivo médico a elegir las condiciones y reglas de juego más adecuadas en este asunto. En lo que es el día a día profesional y en las decisiones institucionales a medio y largo plazo: purgas en clave persecutoria, dinámicas de censura y entornos hostiles, en los que unos ganan porque otros pierden, o pautas colaborativas en entornos amistosos, cooperación para la mejor asistencia, en el que todos, pacientes, profesionales, proveedores, gestores y administradores ganamos.

   Concluyendo, si

-       en el colectivo de la PMNC predomina la voluntad de normalización de los aspectos asistenciales, formativos y de cientificación de su ejercicio profesional;
-       se reconocen abiertamente las carencias, limitaciones, dificultades y, en general, complejidades de su práctica médica, y se disponen a actualizarlas y mejorarlas;
-       a tales fines aspira a obtener la comprensión y ayuda del resto de la profesión, OMC incluida,

entonces no parece quedar mucha justificación racional, deontológica o ética para actuaciones públicas desde la OMC que pueden percibirse como hostiles por sus profesionales y pacientes.

   Reciban, Dres. Rodríguez Sendín, Romero Agüit, Garrote Díaz y Fernández Torrente, mi reconocimiento como colegiado por su labor personal e institucional en bien de la sociedad y de la profesión.


   Atte.,

   Marino Rodrigo Bañuelos
   Especialista en Medicina interna
   Colegiado Nº 313104259


En Pamplona, a 15 de diciembre de 2016



ANEXO

-       Declaraciones atribuidas al Dr. Fernández Torrente en Médicos y pacientes.com (OMC), en crónica del 38 Congreso Nacional de SEMERGEN, publicadas el 29/10/2016:

En un análisis crítico de las TTNC, el Dr. Fernández Torrente aludió a la ausencia de un campo asistencial delimitado, a la “notable fragmentación” de técnicas y procedimientos; a la “incertidumbre como condicionante de sus actuaciones asistenciales ante la escasez de evidencias científicas que la avalen”; a la “carencia de controles de calidad internos y externos”, objetivos y contrastables en lo referente a los aspectos asistenciales, docentes y formativos; a la formación fluctuante, “escasamente estructurada y generalmente no acreditada” y a la interacción con la comunidad científica “puramente anecdótica”.

-       Fragmento de mi artículo Aspectos éticos y legales de la práctica médica no convencional, Revista Homeopática, Nº 59, 2007:

Un análisis en profundidad de la situación actual de la PMNC (práctica médica no convencional) en nuestro país desborda el propósito de este escrito pero sería necesario  para el abordaje de sus implicaciones éticas y legales. Sin entrar en profundidades, podemos apuntar que, considerada en su conjunto o en cada una de sus modalidades, la PMNC presenta las siguientes características:
-          Ausencia de un campo asistencial delimitado, en el sentido ordinario de este concepto aplicado a especialidades médicas y áreas de capacitación específicas.
-          Fragmentación notable de técnicas y procedimientos, y, dentro de cada técnica, de métodos de aplicación de la misma, que condiciona una notable heterogeneidad de la práctica profesional.
-          La incertidumbre como condicionante de sus actuaciones asistenciales, ante la escasez de evidencias científicas que la avalen.
-          Carencia de controles de calidad internos y externos, objetivos y contrastables, en lo referente a los aspectos asistenciales, docentes y formativos.
-          Formación continuada fluctuante, escasamente estructurada y generalmente no acreditada. Ausencia de recertificación periódica.
-          Interacción con la comunidad científica anecdótica en cuanto a comunicaciones, publicaciones y trabajos de investigación conjuntos, condicionada por una serie de factores: falta de interés, escasa formación en revisión crítica de la literatura médica y en metodología de investigación, acceso limitado a recursos estadísticos, carencia de tradición e infraestructura investigadoras y de apoyo académico, entre otros.

La similitud de textos apunta a algo más que a una simple coincidencia, sugiere la copia de un original sin citar el nombre de su autor (fusilar, en la jerga). El Dr. Fernández Torrente sabrá, y quizás tenga a bien ofrecerme la explicación que formalmente le pido aquí. A los efectos de esta carta, lo importante es que coincidimos en la determinación de algunas de las complejidades del ejercicio médico no convencional, las cuales fueron reconocidas públicamente en su propio ámbito 9 años antes que nuestro colega de la CP. La concordancia en el análisis de los problemas no es mal punto de partida para avanzar conjuntamente hacia su solución.


Autor: Marino Rodrigo Bañuelos. Especialista en Medicina interna. Navarra. Colegiado Nº 313104259.